Han pasado 64 años, pero no me rindo, aquí sigo. Todos los créditos a Marvel, yo solo tomé prestados sus personajes.
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Yeah, I, I know it's hard to remember
The people we used to be
It's even harder to picture
That you're not here next to me
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Steve no sabía sí era la adrenalina del momento, el calor del ambiente, la furia en su interior, el remordimiento en su mente o el gigante de la culpa creciendo en su corazón. Pero deseó con todas sus fuerzas que ese instante jamás se acabara.
Tener a Tony en sus brazos ahora figuraba como uno de los momentos más reconfortantes que había experimentado en toda su existencia, solo siendo reemplazado por el día en que tuvo entre sus brazos por primera vez a sus pequeños. Quería apretarlo contra su pecho, esconderlo de todo el daño que los demás quisieran causarle porque Steve no podía imaginar un mundo en donde existiera alguien con la maldad de herir a algo tan preciado para él.
Steve había aprendido la lección a un costo muy caro. Nunca iba a poder sacarse de la mente la sonrisa altanera que el imbécil de Gustav le dedicó un par de horas atrás cuando se vieron en la torre y entonces Steve se había enterado de que algo había sucedido. La furia en su interior se encendió y de no haber sido detenido por Howard, muy probablemente aquel encuentro hubiese terminado fatal.
Había perdido el control, algo totalmente inusual para él. Había dejado que sus sentimientos se involucraran en su trabajo y eso no debía de ser posible. Él era el muro entre Howard y su familia, sí Steve fallaba, todos ellos pagarían el precio.
¿Pero qué era lo que Howard esperaba de él, sí también Steve era el muro de Tony?
Con cuidado deshizo el agarre que tenía sobre Tony. El contrario abrió los ojos y se quedó estático por unos segundos sin hacer nada. Dios, Tony era perfecto. Steve revolvió sus cabellos y le regaló la más sincera sonrisa que tenía en ese momento. Una punzada cruzó por su pecho, un calor que no sabía que podía existir recorrió sus venas y en su mente nació un pensamiento difícil de procesar.
Él no podía amar, no lo merecía.
Uno de sus dedos acarició el labio hinchado de Tony y una mueca de dolor adornó el rostro de Steve. Tal vez no pudo hacer nada para protegerlo, pero en ese instante juró a los cuatro vientos que se encargaría de hacer pagar a quien fuera que le pusiera una mano encima.
—Realmente espero que mi comida esté intacta. —
Tony dijo mirando hacia el suelo en dirección a la bolsa que se le había caído de las manos segundos atrás. Steve soltó una leve risa y se agachó para recogerla y dársela en el momento.
—Creo que no le ocurrió nada, aunque por otro lado…— Steve le dedicó una mirada de asombro mientras levantaba una ceja y trataba de descifrar como rayos el contrario había terminado con algo tan ridículo puesto. No iba a preguntar por la herida en el rostro de Tony, sabía que aquél no estaría muy contento de revivir la historia y tampoco lo estaría Steve. — ¿Qué hay con esa camisa? — preguntó y el rostro de Tony se encendió de un color rojizo y Steve no pudo contener una pequeña risa.
—En mi defensa, esto fue lo más decente que pude encontrar en el guardarropa de Clint. —
Tony mencionó con cierto tono de reproche y sus palabras hicieron cosquillear el estómago de Steve. Maldición, el hijo de Howard era perfecto.
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Tony se apresuró a abrir las puertas del pent-house y Steve lo siguió por detrás. Todo seguía en su lugar, los muebles nuevos sin mucho uso, los lápices que Tony solía dejar regados por todo el apartamento en caso de que alguna idea se le ocurriera, el hermoso cuadro de Ororo (que en opinión de Steve, además de Tony, era lo único bello en el lugar) e incluso el odioso olor a limpio y lavanda que golpeaba su nariz de manera molestosa estaba presente.
Steve se paseó por el apartamento observando cada uno de los rincones de este mientras Tony guardaba sus cosas en la cocina. Su vista fue a parar a una esquina de uno de los muebles donde un botón de metal destellaba bajo la luz del lugar. Steve se agachó y lo tomó para observarlo más de cerca. Era color dorado y las letras L y V adornaban con elegancia la pieza de metal. Louis Vuitton. Steve apretó el botón con todas sus fuerzas que sintió como se doblaba entre sus dedos.
El botón encajaba con el saco que Gustav estaba usando en la mañana. El fuego se avivó nuevamente en sus entrañas y cuando reaccionó, el metal en sus manos estaba casi hecho añicos y una pequeña cortada apareció en la palma de su mano. Mierda. Rápidamente escondió lo que quedaba del botón en uno de los bolsillos de su chaqueta.
Habían pasado seis años desde aquella dolorosa noche, pero sí le preguntaban, Steve aún no se acostumbraba al sentimiento de vacío dentro de su pecho, irreal, no humano. Y ese pequeño arranque de ira le había recordado una vez más que aquel frágil chico de Irlanda no existía más, en su lugar había un monstruo con las manos llenas de sangre, un corazón congelado y una conciencia que muchas veces no lo dejaba dormir.
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— ¡La cena está lista! —
Steve escuchó a Tony gritar desde la cocina y todos sus pensamientos regresaron a ese momento. Todo estaba hecho, el suero corría por sus venas de manera exitosa y ahora lo único que tenía que hacer era proteger a Tony, encontrar a los traidores de los Stark y acabar con los estorbos en el camino. Era sencillo, él podía hacerlo. Steve se repetía a sí mismo que era lo correcto, aún si sabía que se estaba mintiendo.
Steve se adentró a la cocina del lugar y se topó con un plato lleno de lo que parecía carne junto con algunas cebolletas y un vaso que parecía estar lleno de soda de limón con un par de hielos. No pudo reprimir una pequeña risa, Tony se había tomado el tiempo de armarle algo para cenar.
—Hey, no cociné nada sí es lo que te preocupa, sólo lo metí al microondas que para tu información, ya puede calentar las cosas decentemente después de… un par de modificaciones. —
Tony caminó hasta uno de los taburetes de la cocina y se sentó frente a él, observándolo fijamente como si tratara de adivinar por qué demonios Steve estaba ahí.
—Eres muy considerado Tony. — Steve dijo con la intención de rechazar la comida, pero se detuvo al instante cuando notó que la felicidad de Tony se desvanecía al momento. No podía hacerle eso a él, no cuando su vida hasta ahora había sido un infierno. Y sí para verlo sonreír lo único que Steve tenía que hacer era comer lo del plato que Tony le había servido, eso haría. —Es sólo que… tengo que hacer una llamada primero ¿está bien? — Steve dijo mientras una de sus manos se metía en uno de los bolsillos de su gran abrigo y sacaba su teléfono.
—Oh… claro, está bien, adelante. —
Tony dijo mientras estiraba una de sus manos para tomar una pera que estaba en el centro de la mesa junto a varias frutas frescas y la observaba como si fueran la cosa más interesante en toda la habitación. Steve asintió y buscó la puerta a la terraza del lugar no sin antes soltar un largo suspiro y girar levemente para ver a Tony. Una sonrisa se formó en su rostro, definitivamente no iba a dejar que nada más le sucediera. Por primera vez en su vida tenía la capacidad de actuar como un escudo para los demás, no iba a desperdiciar la oportunidad.
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— ¿¡Te volviste loco?! Tres días, tres días sin saber absolutamente nada de ti. —
Steve podía imaginarse la cara que Bucky tenía en ese momento, también podía imaginarlo caminando de un lado a otro por toda la casa mientras se agarraba el cabello y trataba de no alzar la voz o soltar alguna mala palabra. Probablemente los niños estaban a lado de él o durmiendo, dios, los extrañaba demasiado.
—Ni siquiera has puesto un pie en casa desde hace más de un mes pero por lo menos llamabas y cuando no lo hiciste…—
Un largo silencio se hizo presente y Steve soló soltó un suspiro, sabía que si interrumpía a su hermano aquel no se iba a detener.
—Dios… pensé que jamás iba a volver a escucharte ¿qué le iba a decir a Lucy y a Milo? De por si es difícil explicarles porque no regresas a casa en mucho tiempo Steve… dime qué estás bien por favor. —
Su hermano soltó bufido molesto que hizo que Steve alejara el teléfono un poco de su cara.
— ¿No vas a decir nada? ¿Cómo siempre? —
¿Qué es lo que le podía decir a Bucky de todas maneras? Era lo mismo que había estado haciendo desde hacía seis años atrás, protegiendo a la familia aun si algunas veces su hermano no lo entendía.
—Estoy bien Buck… han sido unos días muy largos. — Steve caminó un poco más, alejándose de la puerta por donde había salido. La terraza era muy amplia y la vista hermosa. Las noches en Nueva York seguían dejándolo sin aliento como la primera vez vio los edificios con sus propios ojos. Enormes rascacielos con luces que iluminaban todo a su alrededor, el aire cargado de múltiples olores y la sensación de sentirse invencible en la cima del mundo. Tomó un largo suspiro. —Estuve en Belfast, Buck…— Steve dijo y pudo escuchar un jadeo al otro lado del teléfono.
—Steve…—
Su hermano dijo tratando de ocultar la preocupación de su voz.
— ¿Por qué? ¿Realmente estás bien? —
—No, pero lo estaré. — Steve trató de sonar convincente al mentirse a sí mismo, nunca iba a estar bien mientras siguiera atrapado en esa vida en la que se había metido.
—Regresa a casa Steve, no olvides quién eres. Ven a ver a los niños ¡demonios! Ellos te necesitan, yo también ¿me entendiste? —
Steve asintió aunque su hermano no pudiera verlo, pero sabía que él entendería.
—Iré a casa Buck, lo prometo… pero no hoy. — dijo y sin desperdiciar un segundo más y colgó.
Steve guardó el teléfono en uno de los bolsillos de sus pantalones y soltó un gran suspiro.
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Belfast era para Steve y Bucky la ciudad de los mil recuerdos. El lugar en donde crecieron juntos, jugaron y casi todas sus buenas memorias provenían de ahí, cuando aún eran una familia; No habías tristeza en sus vidas en aquella época dorada y era por esa razón que Howard sabía que también era la debilidad de Steve.
Observó la palma de la mano en donde se había hecho la herida con el botón, ya no había rasgo alguno de esta, ni siquiera una cicatriz que le indicara que se había hecho daño. Esa era una de las partes que más odiaba del suero, tal vez al principio las heridas dolían pero con el tiempo esa sensación se iba, su cuerpo la olvidaba y de nuevo podía seguir funcionando, no existía esa parte suya que lo ayudara a detenerse en caso de necesitarlo.
Con pesadez en sus pasos se encaminó nuevamente al interior del pent-house y vio a Tony algo entretenido con las frutas; peras, manzanas y un par de uvas estaban esparcidas por casi toda la mesa mientras Tony hacía el esfuerzo en agarrarlas todas para que ninguna se cayera de la mesa. Steve se apresuró a ayudarle y tomó un par de manzanas con sus manos y las volvió a acomodar en el bowl de cristal que estaba en el centro.
— Quería otra. —
Tony dijo encogiéndose de hombros como si esa explicación funcionara para excusar el incidente de las frutas, pero Steve sabía que Tony había escuchado su conversación. El suero le permitía tener un oído agudo y ciertamente escuchó con claridad el momento en que Tony quiso regresar a su lugar pero terminó organizando un desastre frutal.
— ¿la cena sigue en pie? — Steve dijo, así dándole a entender a Tony que el incidente no importaba. Caminó un poco más hasta una silla y se sentó. Tomó el tenedor que estaba a un lado del plato y rió al ver lo pequeño que este era entre sus manos.
—No sé en dónde están los otros, es un tenedor para postres pero si quieres busco uno… normal. —
Tony dijo a la par que se despegaba del asiento.
— ¡No! — Steve mencionó pero se dio cuenta que alzó un poco la voz cuando vio el rostro desconcertado de Tony. —Quiero decir, está bien, es solo que se me hizo curioso lo pequeño que es. — Observó de nuevo el cubierto y pensó en sus hijos y en las palabras que Bucky le había dicho, tal vez si era hora de volver a casa después de todo.
—O tal vez tienes manos muy grandes. —
Tony dijo con esa típica sonrisa sagaz en su rostro.
—Anda come, que se te va a enfriar y realmente estoy muy cómodo en esta silla como para levantarme a calentarlo de nuevo. —
Steve rió y sin demorarse un minuto más dio el primer bocado a su comida. El sabor de la carne le supo a gloria, después de tantos días encerrado el simple sabor de la comida lo hacía sentir él mismo una vez más. Miró a Tony quien lo observaba con ánimos y pensó que tal vez, solo tal vez existiera una manera de redimirse a sí mismo y era procurando que el futuro de Tony no fuera tan negro como su presente.
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Steve trató de conciliar el sueño una vez más como por quinceava vez en la noche, o madrugada. Había dejado de observar el reloj cuando ni siquiera pasaban veinte minutos de haberse dormido. Algo estaba preocupándolo o tal vez era el hecho de que se encontraba durmiendo en la sala del apartamento de Tony. Estaba dispuesto a irse del departamento una vez que se disculpó con Tony por no haberlo protegido, pero antes de que pudiera decir alguna palabra, el contrario le había propuesto que se quedara a dormir. Steve lo había rechazado pero también observó algo en los ojos del más joven que muchas veces había visto en otros lados, miedo. Después de eso, Steve no tuvo el corazón para dejarlo solo, al menos no esa noche.
El sillón era cómodo y Tony se había encargado de que tuviera más de una almohada y una frazada lo suficientemente e en caso de que le diera frío, pero cada vez que cerraba los ojos se imaginaba la posibilidad de que Gustav entrara por la puerta, no había miedo en su interior pero si una gran furia contra aquel imbécil y sabía que tarde o temprano tendría que sacarla.
Tal vez lo que le preocupaba era saber sí estaba haciendo lo correcto.
Los intentos de Steve por regresar a dormir fueron en vano, de todas maneras su cuerpo estaba diseñado para aguantar sin dormir por mucho tiempo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que tuvo un buen sueño? Todo le parecía tan lejano últimamente.
Se frotó la cara con ambas manos y se levantó del mueble dejando que sus pasos lo guiaran hasta la puerta que conectaba con la terraza. El aire fresco acarició su rostro cuando puso un pie en esa parte y Steve aspiró profundamente como si tratara de beberse la tranquilidad del momento. Una de sus manos se deslizó al bolsillo izquierdo de su pantalón y sacó su teléfono y como lo había previsto, tenía varios mensajes sin leer de Bucky.
Pensó que tal vez había sido mala idea contarle a su hermano sobre Belfast, sobre todo porque no recordaba ni la mitad de las cosas que habían sucedido ahí, solo que Howard se encargó de recordarle una vez de donde lo había sacado.
Steve abrió el primer mensaje y algo en su corazón se encendió. Algo que había olvidado últimamente gracias a la agitada vida que tenía. Sonrió amplio y uno de sus dedos tocó el cristal de su pantalla en donde la foto de sus pequeños profundamente dormidos estaba grabada con un mensaje de "vuelve pronto". Realmente los extrañaba, pero el hueco en su pecho le impedía entregarse a ese sentimiento completamente una vez más. Aquel pensamiento que siempre venía a molestar en momentos como éste, regresó: su familia estaría mejor sin él.
Muchas veces había tratado de convencer a Bucky que se fueran de ahí, que tomara a los niños y se los llevara lejos a donde ni Howard pudiera encontrarlos. No importaba que Steve tampoco, si su familia estaba a salvo, él podía vivir con eso. Pero Bucky había ignorado sus propuestas y siempre alegaba que sí ellos habían llegado juntos a América la única forma para que ellos se fueran era también irse todos juntos.
Guardó su teléfono al ser incapaz de leer los demás mensajes, entre más sentía, más vulnerable se ponía y eso no podía pasar. No cuando tenía que seguir adelante con su misión, esta vez no habría fallas.
De su chaleco sacó una pequeña libreta y comenzó a hojearla desde la primera página. Una pluma color azul cayó de entre las hojas y Steve la atrapó antes de que esta tocara el suelo. Comenzó a leer el contenido de esta y todas parecían tener sentido; fechas, nombres, momentos, algunos dibujos o bocetos de lugares o personas y sus recuerdos más preciados estaban plasmados ahí. Cada que cometía un error, Howard se encargaba de quitarle uno como si de una maquina se tratara y con el simple click la pudiera reprogramar. Howard no estaba consciente de que Steve sabía sobre esa treta suya y esperaba que jamás lo averiguara.
El nacimiento de sus hijos, sus primeras palabras, sus primeros pasos, todo eso estaba en orden, podía cerrar sus ojos y traer esas memorias al presente como si apenas hubiesen pasado el día anterior. Siguió leyendo hasta que se topó algo nuevo entre todas las letras; el día que conoció a Tony.
Un largo suspiro salió de sus labios y la frustración llenó su interior, Howard había borrado esa memoria. Steve estrujó la pequeña libreta en sus manos y estuvo a punto de arrojarla desde lo alto del edificio pero se frenó casi al instante. De pronto muchas cosas cobraron sentido en su mente, a ese rompecabezas que era Howard Stark, una nueva pieza se agregó al tablero.
Ese era el problema, Howard creía que estaba perdiendo a su arma a causa de Tony, lo único que tenía que hacer para recuperarlo era que olvidara esa lealtad intangible que Steve tenía por el chico.
Todo tenía sentido ahora, Steve estaba olvidando a Tony; era por eso que el vacío en su pecho había aumentado.
Sus dedos buscaron en el pequeño cuaderno la hoja en donde el retrato de Tony se encontraba dibujado a carboncillo. La sonrisa que tenía el día de su boda, el día que bailaron juntos y había experimentado un sinfín de sensaciones nuevas mientras sostenía al Stark más joven entre sus brazos.
Su interior se aferró a ese momento y volvió a anotarlo. Los nervios se apoderaron de él cuando su mente lo llevó a otro instante, uno que había estado ignorando desde hacía algún tiempo, uno que creía que conforme pasaran los días se borraría.
Pero al contrario, el sentimiento continuó anidándose en su corazón y creció como un retoño en plena primavera. Porque aunque no le gustara admitirlo, Tony era ese primer rayo de sol en su vida después de haber pasado un oscuro invierno.
Steve podía seguir toda la noche haciendo comparaciones estúpidas de lo que Tony representaba en su vida pero se detuvo al querer evitar que más pensamientos de ese tipo llegaran a su mente. Steve relajó su cuerpo y se recargó contra el barandal de metal que delimitaba la zona de la terraza, su vista se dirigió al cielo buscando la luna que brillaba en forma de un completo círculo blanco y dejó que todo lo que le atormentaba se esfumara con el brillo del astro a mitad del cielo.
—Y pensar que te di mis mejores almohadas. —
Steve pensó que estaba alucinando con la voz del Stark más joven pero se llevó una sorpresa cuando sintió como Tony se acomodaba a lado suyo, muy pegado a su brazo derecho.
Steve río levemente, su mirada se concentró en el piso, específicamente en el brillo que sus zapatos reflejaban a causa de las pequeñas luces de la terraza y luego en el más joven de los Stark. Tony se abrazó a sí mismo, pues la brisa de la noche en la cima del edificio era fría a pesar de estar en medio del verano. Steve se dio cuenta de que Tony estaba usando unos pantalones de franela y una camisa con un garabato que parecía ser de una caricatura antigua, sus cabellos estaban un poco alborotados y no traía sandalias, el muchacho se acababa de levantar y lo primero que hizo fue ir a buscar a Steve.
—Pensé que te habías ido, así que vine a tirarme por el barandal. —
Tony volteó a verlo y le regaló una sonrisa.
—Sigo aquí, solo necesitaba un poco de aire. — Steve dijo mientras giraba su cuerpo un poco para recargar uno de sus costados en el barandal y así poder ver mejor a Tony quién imitó sus movimientos quedando ambos cara a cara.
Tony dio un paso al frente y por instinto Steve retrocedió uno también pero al instante se maldijo, pues el momento se había tornado un tanto incómodo. Malditos reflejos, no todo el mundo desea hacerte daño, Steve. Pensó.
—Lo siento, la costumbre. — Steve se excusó y Tony asintió levemente.
—No voy a hacerte daño Cap. —
Tony dijo y una pequeña risa escapó de sus labios, al parecer la idea de enfrentarse a Steve lo estaba maravillando o tal vez le parecía absurda.
—Nunca te haría daño. —
Tony repitió pero esta vez miró fijamente a Steve a los ojos, más que una simple frase, aquello sonó como una promesa. Steve no supo que hacer o cómo reaccionar cuando una de las manos de Tony tocó su rostro y suavemente acarició su mejilla. Ese calor en su corazón ardió como si alguien hubiese lanzado un fosforo ahí; y sin detenerse a buscarle un significado a ese momento, la mano de Steve atrapó la de Tony.
El tacto era suave, nada que hubiese experimentado anteriormente o tal vez ya había olvidado esa sensación. Tony recorrió su rostro desde la mejilla hasta casi llegar al rabillo de su ojo. La mano del Stark más joven tembló un poco pero el toque de Steve le hizo ganar confianza una vez más.
—¿Qué te hizo Howard? —
Tony preguntó en un hito de voz preocupada, casi rosando al dolor. Los pensamientos de Steve se revolvieron gracias a aquel nombre que lo regresó a la realidad.
—Nada que no se pueda arreglar. — Steve respondió y alejó lentamente la mano del contrario.
Al parecer Tony tomó aquello con más importancia de la que Steve hubiese planeado, pues aquel de inmediato se volteó y comenzó a balbucear un montón de cosas tan rápido que a Steve le costó entenderlo.
—Yo... L-lo siento. —
Eso fue lo único que pudo entender y en respuesta un suspiro escapó de la boca de Steve, parecía que habían pasado siglos desde la última vez que se vio envuelto en un malentendido así.
—Está bien Tony. — Steve le contesta mientras uno de sus brazos se estira para hacer que Tony lo vea. Mejillas rojas y el corazón desembocado es con lo que Steve se topó cuando sus ojos se centraron en la mirada de Tony y su oído decidió ponerle atención a ese ritmo acelerado en el pecho contrario. Steve pudo oler que Tony estaba nervioso y… ¿acalorado? Eso no podía ser posible. —No tenemos por qué complicarnos la vida Tony. — Steve trató de convencerse de que eso era lo mejor, alejarse de él y dejar que las cosas fluyeran como ya estaban dispuestas. Hizo su mayor esfuerzo en sonar lo más amable posible, trató de enterrar esa amargura en su voz, es por el bien de ambos, de todos, algunas veces no se podía nadar en contra de la corriente, sobre todo si la corriente era Howard Stark.
—Pero yo quiero hacerlo. —
Tony dijo y sin darle tiempo a reaccionar, ambos brazos del Stark se encargaron de rodear su cuello y abrazarlo sin dar señales algunas de querer soltarlos. Los labios de Tony se unieron con los suyos en un beso intrépido, sin ningún tinte de duda en éste ni arrepentimiento. Los brazos de Steve atraparon la cintura del contrario y sus labios se movieron como si ambos estuviesen hechos el uno para el otro, porque todo encajaba y se sentía perfecto.
Steve sonrió entre el gesto y sintió esperanza por primera vez en mucho tiempo.
…
El sirviente llenó su copa una vez más, vino tinto, ella odiaba ese tipo de vino pero no dijo nada para no ser descortés con sus invitados que muy amablemente habían traído a la reunión.
—No pude asistir a la boda de tu hija pero me he encargado de que reciba un buen regalo. — La mujer dijo con una voz de encanto que al escucharse le dieron ganas de devolver todo el vino que había tomado esa noche.
—Lara estará encantada con tu generosidad. —
Luisa rió en un gesto de mostrarse a gusto con la conversación pero a decir verdad estaba más que aburrida. Pero necesitaba a esa gente si quería destruir a Howard.
—Lara es como una hermana para mí, querida Frigga. — la chica dio un nuevo sorbo a su copa. —Su felicidad es importante como si fuera la mía propia. — De todas las mentiras que ha dicho esa noche, ciertamente esa última no lo era. Luisa quería a Lara, era por eso que el plan estúpido de su madre por conseguir aliados le hacía hervir la sangre. Lara era aún una niña, tan llena de vida y corta de experiencias, ella debería estar disfrutando el sol en su casa, jugando en los jardines, teniendo un sinfín de sirvientes mimándola, no atendiendo los deseos de un esposo que casi le llevaba una década de ventaja. Eso no se lo iba a perdonar nunca a Frigga, pero no era momento de rencores, el tiempo de ajustar cuentas vendría pero no hoy. Su vista se dirigió a Jake que parecía estar más entretenido con el vino que con a platica de dos mujeres.
— ¿Algún postre? — Luisa preguntó mientras su vista se concentraba en Jake. No se iba a mentir a sí misma, su amigo era sin duda una cara más que bonita y con el tiempo su cuerpo había tomado una forma casi perfecta. Hombros marcados, espalda ancha y un perfecto cabello dorado que éste solía amarrarlo en una pequeña coleta. Cuando Luisa se ponía a pensar en todos esos atributos que Jake poseía, Gustav se le borraba de la mente.
Jake negó y alzó su copa meneándola de un lado a otro.
—Pero algo más fuerte que el vino no me vendría mal. —
Luisa asintió y se levantó de su asiento. Uno de los sirvientes la siguió pero ella lo detuvo, quería tener esa gracia de servirle algo al hijo de su socia para hacer más interesante el rato. Se acercó a la barra y tomó la botella de Drambuie y vertió un poco en un mezclador y la dejó a un lado cuando terminó, su vista se enfocó en Jake quién veía algo sorprendido a su amiga, ella le guiñó un ojo y regresó a su trabajo. También jaló la botella de whisky y echó un poco del líquido al mezclador en compañía de un par de hielos; selló el frasco con la tapa y le dio un par de agitadas.
Uno.
Dos.
Tres.
Contó mentalmente y se detuvo para después vaciar el contenido del mezclador de metal en dos vasos diferentes, una para Jake y otro para ella. No se molestó en servirle uno a Frigga, sabía que la dama seguiría encantada con el vino que ella misma había traído. De nueva cuenta se acercó a la mesa en donde se encontraban sentados y le tendió el vaso al rubio.
—Rusty Nail— Luisa dijo mientras le daba un trago a su bebida. Jake tomó el vaso y también bebió de éste.
—Nada como un buen whisky, gracias linda—
Luisa acercó el vaso a su boca y sonrió mientras observaba la escena, muy pronto el mundo estaría comiendo de la palma de su mano. Ten paciencia, todo saldrá perfecto. Luisa pensó y nuevamente se deleitó en la idea de ver caer a Howard Stark.
—Creo que es el momento preciso de hablar de negocios. — Luisa dijo
—Brindo por eso. — Frigga dijo con la copa en alto.
—Por Howard, que al fin pruebe la derrota. — Jake dijo a la par que también alzaba su vaso.
Luisa no pudo reprimir ese sentimiento de felicidad que creció en su interior. La semilla de la venganza apenas estaba dando fruto, nunca pensó que Howard fuera tan estúpido como para dejar a sus enemigos con vida o con fuerzas suficientes para pelear de nuevo. Ese era uno de los mayores errores de la mayoría de las personas con poder; subestimar a los que están debajo de ellos.
Yo pude haber sido tu respuesta. Luisa pensó amargamente, la hija y heredera que él había deseado siempre, pero Howard había decidido que ella ni su madre valían la pena el esfuerzo.
—Cheers! Que mi querido padre sepa lo que es perder. — Finalizó.
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La cena se había alargado más de lo deseado. Entre pláticas y reportes de lo que los Stark estaban haciendo. Frigga le había dicho que Howard tenía intenciones de expandir el mercado de armamentos hacia Asia, al parecer los coreanos y chinos estaban interesados en los nuevos modelos de explosivos con dispositivos remotos. Luisa tomó nota mental de buscar algún contacto en esas tierras.
Jake también le había dicho que oficialmente la cadena de hospitales le pertenecían a Bruce Banner; después de la muerte de su madre, había nacido una pelea legal entre Bruce y Jennifer Walter, casi un año y medio después los jueces habían decidido que Bruce era el heredero legítimo, Luisa podía ver la obra de Stark en todo eso, necesitaba deshacerse de los aliados de su padre y la mejor manera era ofreciéndoles un mejor trato o borrándolos del mapa. Jake le había asegurado que Stephen se encargaría de llevar a Banner a la bancarrota.
Tenía tantas cosas que arreglar pero los pies la estaban matando. Los tacones no eran su fuerte, así que una vez que puso pie en el elevador del edificio, se deshizo de ellos. Sacó su celular de su bolsillo y una risa escapó de sus labios cuando abrió los mensajes y la imagen de Tony besándose con su guardia se extendió por toda la pantalla. Era cuestión de tiempo, a Gustav no le haría ninguna gracia así que simplemente borró el mensaje deshaciéndose de toda evidencia, no le convenía una escena o escándalo en estos tiempos cuando al fin sus planes comenzaban a alinearse. Anotó en su mente darle una buena recompensa a su informante.
La campanilla anunció su llegada al pent-house y las puertas se abrieron ante ella, pensaba en tenderse en la cama y tener una buena noche de sueño una vez que llegara a su habitación pero sus planes se fueron al caño en cuanto vio a Gustav sentado en la sala, Luisa soltó un suspiro, otro imbécil con quien lidiar, pensó.
Puso su mejor sonrisa y se acercó lentamente a él.
— ¿Se te ha perdido tu casa? — Preguntó mientras arrojaba sus tacones por un lado. —Deberías estar con tu esposo, no aquí perdiendo el tiempo. — Luisa dijo pensando en la foto que había borrado, la idea de que Tony pudiera engañar a Gustav le hacía gracia.
—El chico no me interesa, son sus millones. — Gustav dijo.
—Y sus millones están entre sus piernas, con un hijo en la barriga. — Luisa comenzaba a exasperarse, pero necesitaba jugar su papel de princesa enamorada, así que sin más, se sentó a un lado de su amante y recargó todo su peso en él. —Aún si esa posibilidad me llena de rabia. — enredó sus brazos en uno de los de Gustav. A los hombres les gusta pensar que dependemos de ellos, su madre le había dicho alguna vez.
—Después de eso y de que todo haya terminado, nuestros hijos serán los únicos que me van a importar. — Dijo y se giró levemente para besarla.
Luisa correspondió el gesto, mordiendo levemente el labio de su amante cuando éste se alejó.
— ¿Siempre piensas en mí? — Sonrió.
—Siempre, no es difícil… los dos tienen los mismos ojos. — Gustav dijo mientras se inclinaba de nuevo para un beso pero Luisa se volteó. No le importaba que la compararan con el Stark, al fin de cuentas eran hermanos pero un poco de celos no le harían daño a nadie, tenía que hacerlo sentir deseado.
—Pero los míos son más hermosos. — Luisa dijo mientras encajaba sus uñas en el brazo de Gustav. —Tony y yo tenemos muchas cosas en común. — dijo.
— ¿A sí? — Gustav alzó una ceja, perdido en el sentido de no saber qué rumbo tomaría la plática.
Luisa asintió. Soltó el agarre que tenía con sus brazos y se recostó en las piernas de su amante, lo observó por unos segundos y una de sus manos se alzó para acariciar una de las mejillas de él.
—Varias… ¿pero sabes qué es lo que nos diferencia? — Preguntó. Su mano indagó más allá hasta topar con el cabello de Gustav.
— ¿Qué cosa? — Las manos de su amante fueron a parar a los botones de su vestido, desabrochándolos uno por uno.
—Tony tiene una madre, yo la perdí. —
Gustav soltó una pequeña risa.
— ¿Qué quieres que haga por ti, mi amor? —
Gustav parecía embelesado por el momento, bien. Luisa pensó y casi dejó escapar una carcajada, los hombres eran tan fáciles de manipular, al parecer solo pensaban con el miembro.
—Deshazte de María…— Luisa susurró. —Hazlo por mí…— dijo nuevamente, dejando que el contrario hiciese lo que quisiese con ella.
—Tus deseos son órdenes…— Su amante dijo y la atrapó en sus brazos, fundiéndose en un arranque pasional. Algunas veces disfrutaba del acto, pero en ese momento en todo lo que podía pensar era la posibilidad de que Tony engendrara un bastardo con el capitán, la idea de Gustav haciéndose cargo de un hijo que no era suyo le era más placentera que los besos y las caricias de éste.
…
Ya sé que tardé mil años en actualizar ): pero aquí ando, no me he rendido con ésta historia así que me van a seguir leyendo un ratito más (?) espero pasen un bonito puente largo y me den señales de vida. Los quiero 3
