Intereses.

Capítulo 14: Solos y fríos.

Después de una semana de vivir juntos, Karin podía decir que ya estaba bastante acostumbrada a la convivencia con Hitsugaya Toshiro. Era aterradoramente mucho más fácil de lo que pensó en un principio, y le resultaba ventajoso para los nuevos planes que había ideado.

El bastardo de Vorarlberna despidió a Yuzu, no solo sin razón alguna, sino que hasta tratándola mal como si fuera alguna especie de enfermedad incurable y asquerosa. Así que sí, él no podría ser conquistado por su hermana, ella falló su misión. No sabía si estar aliviada o devastada por eso. Ahora todo dependía de que las cosas con Hitsugaya le funcionaran.

Habían armado mil planes para conquistar al peliblanco, pero la pelinegra no podía decidirse por uno a pesar de que todos estaban al alcance de la mano ahora que vivían juntos.

Seducirlo se le había vuelto más sencillo aunque ni ella misma terminaba de creérselo. Salir al pasillo después de ducharse vestida solo con una toalla y cruzarse "accidentalmente" con él excusándose con haberse olvidado de algo en su habitación era muy eficaz para tenerlo babeando sobre su figura bien trabajada, eso y usar ropa muy reveladora, tenía una amplia variedad de pijamas listos para captar su atención y no tenía reparos en abrir un poco su escote siempre que podía.

La verdad, en esta última semana no podía evitar sentirse como una puta, pero no tenía opción. Yuzu había perdido y les quedaba poco tiempo para salvar la vida de su padre, a quien le quedaba poco más de un mes según habían dicho los doctores. Su padre estaba al borde de la muerte, y ahora ella era la única que tenía posibilidades de salvarlo. Su consciencia no la iba a detener ahora.

-¡Buenos días, Toshiro!- le sonrió a su jefe cuando ingresó al comedor ya vestido y preparado para irse a trabajar al hotel en cualquier momento. Él se veía fresco como lechuga, mientras que ella aún tenía que soportar las ojeras por no estar acostumbrada a levantarse tan temprano todos los días, pero quería despertar antes que él y llegar a darle su desayuno antes de que partiera. –Prepare bollos dulces y café, también pique algunas frutas, si quieres.-

-¿Sandía?- ella reprimió una risa al ver sus ojos iluminarse ante la sola idea de su fruta favorita. Se veía… tan tierno.

-Por supuesto.- había tardado media hora en picar media sandía en trozos pequeños, pero finalmente había logrado llenar un tazón con una cantidad de frutas variada en tamaños y colores, aunque la sandía seguía siendo la fruta predominante. –Puedes comer un poco ahora, pero guarda para el postre del almuerzo.- instruyó, sabiendo muy bien que era capaz de comérselo todo a menos que le dijera lo contrario.

Esas actitudes de niño pequeño que le había encontrado le parecían sumamente adorables, y a veces tenía que recordarle a su corazón el hecho de que no podía permitirse encariñarse con él, ella debía usarlo, usar su dinero.

-¿Vienes a la empresa hoy también o prefieres quedarte a limpiar?- preguntó, pues ahora que era su ama de llaves no tenía la obligación de ir a trabajar con Orihime-chan, pero aun así de vez en cuando iba solo porque se le agotaban las cosas que hacer en la mansión, teniendo en cuenta que allí solo vivían ellos dos.

-No, está bien. Creo que me quedare por hoy. Quiero encargarme del jardín, está algo descuidado.- había estado regando las flores y quería terminar de podar el césped y arrancar la maleza. –De todos modos, Orihime-chan sabe que sí me necesita solo tiene que llamarme y estaré encantada de ir.- había hablado las cosas con ella y la convenció de aquel acuerdo.

-Muy bien.- suspiró en medio de masticar uno de sus bollos. –Vendré al mediodía para almorzar, entonces.- después de una pequeña discusión, habían terminado acordando que cuando ella no fuera al hotel, él tendría que venir a la mansión a almorzar. El hotel no estaba muy lejos así que terminó cediendo.

-Que tengas un buen día.- lo besó en la mejilla cuando se levantó para retirarse.

Él le sonrió levemente. La primera vez que ella le deseo un buen día acompañado de un beso en la mejilla se sonrojó cual tomate y tartamudeó, pero ahora parecía apreciar el gesto. Lentamente, iba ganando confianza en ella y perdiendo la vergüenza y timidez. Bien, necesitaba apresurar las cosas.

Cuando el mayor finalmente se retiró, la pelinegra soltó un largo suspiró, antes de disponerse a cumplir con todas las tareas de limpieza y mantenimiento. Terminó en solo cuatro horas con tiempo de sobra para hacer el almuerzo para el peliblanco, y justo al terminar de prepararlo fue cuando el teléfono sonó. No contestó y dejó al contestador hablar.

-¡Shiro-chan!- era su hermana, Hinamori Momo. –Sé que yo… emm… sé que tengo prohibido visitarte en la mansión, o al menos eso recomendó mi psicólogo, pero… Ya ha pasado bastante tiempo sin ningún… ataque y… ahora tu novia linda va a estar allí también así que pensé que podría ir a visitarte mañana que es sábado y sales temprano del trabajo, si quieres. Llámame cuando escuches este mensaje, por favor.- sin más colgó.

Karin se quedó mirando el teléfono, el recordatorio de la historia de esa pobre mujer con el bastardo de Aizen haciéndola sentir aun peor por lo que quería hacer con el peliblanco. Ella era una persona horrible, no mejor que ese hombre tan malo. Pero no tenía opción. Debía hacerlo, Toshiro la odiaría pero debía hacerlo.

Cuando llegó al mediodía, le avisó del mensaje en la contestadora y él escuchó con el ceño fruncido, marcando en el teléfono segundos después de terminar de escuchar.

-Hola, Hinamori.- lo oyó comenzar a hablar. –Sí, estoy bien. No, solo vine a almorzar. En cuanto a tu propuesta… Sí la abuela está de acuerdo, entonces me encantaría tenerte aquí, pero sugiero que la visita sea corta. ¿Te parece solo venir a tomar el té? Bien, Karin y yo te estaremos esperando…- de pronto él se sonrojó. -¡No parecemos un matrimonio, Hinamori! Como sea, saluda a la abuela de mi parte.- sin más colgó con un poco de fuerza excesiva. Ella reprimió una risa. -¿Crees que puedas hacer unos bocadillos y mi mejor té para mañana?- preguntó a lo que asintió. –Genial. Tendremos que volver a la farsa de ser novios.- suspiró.

-No es tan difícil.- murmuró risueña, amando el sonrojo que apareció en sus mejillas. -¿Vamos a comer?-

-Sí…- almorzaron conversando amenamente, hasta que él terminó su almuerzo y tuvo que despedirse otra vez. –Vuelvo a las cinco.- le sonrió, esta vez él besándola en la mejilla. Ella amaba el hecho de que ahora casi nunca hacia horas extras para volver a casa más temprano, aunque eso también la asustaba, porque no debería tener ese tipo de pensamientos.

-Aquí te esperó.- lo despidió.

Terminó de limpiar lo que quedaba pendiente y luego se decidió por hacerle una llamada a su hermana gemela.

-Hola, Karin-chan.- la saludó animadamente. -¿Cómo te está yendo? ¿Ya lograste llevártelo a la cama?- era obvio que estaba impaciente con que lo lograra teniendo en cuenta que ella falló.

-No, Yuzu.- suspiró. –Aún estoy en eso, pero ya tiene que pasar pronto.-

-¡No puedo creer que te estés tardando tanto aun viviendo en la misma casa, Karin-chan!- su ánimo de inmediato se esfumó. –Esperaba que pudieras darme buenas noticias, porque me temó que yo tengo una noticia muy mala.-

-¿Qué pasó? ¿Es algo con papá?- el miedo la invadió.

-Sí… El doctor llamó.- la respiración se le enganchó en la garganta. –Dijo que sí planeamos pagar la operación deberíamos comenzar a darle una medicación especial para que la soporte desde ahora, porque tiene que empezar a tomarla desde unas semanas antes. El medicamento… tampoco es muy barato que se diga.- sonó preocupada.

-Estoy ganando muy bien ahora mismo, Yuzu.- suspiró. –Ya te envié todo mi dinero y quiero que gastes lo que tengas que gastar para su beneficio. No importa si tienes que usarlo todo.- ahora que la rubia estaba desempleada ella era el único sustento.

-De acuerdo. Seguro tendrá que bastar para cuando logres embarazarte de él y quitarle el dinero suficiente. Pero apresúrate, se nos está agotando el tiempo.- suplicó oyéndose al borde del llanto. –Hoy él está tranquilo, pero ayer tuvo dos ataques. Cada vez empeora más.- sollozó.

-Va a estar bien, Yuzu. Lo salvaremos, lo prometo.- suspiró. Hablaron un poco más antes de colgar para que ella pudiera terminar de limpiar y luego se dispusiera a preparar un té para Toshiro que ya debía estar llegando, junto con algunos bocadillos. -¿Debería cambiarme?- se miró a sí misma, viendo su ropa cubierta de tierra. –Así no lo conquistare nunca.- bufó, corriendo a su habitación.

Se puso los shorts más cortos que tenía y una musculosa que apenas contenía sus pechos y dejaba descubierta buena parte de su vientre plano. Era provocador y parecía ropa cómoda para trabajar, por lo que no la haría parecer como si hubiera estado holgazaneando todo el día.

Volvió al comedor atándose el cabello en una coleta alta justo a tiempo para ver a Toshiro llegar con su maleta, los hombros tensos y los ojos cansados. De inmediato corrió a tomar su maleta y lo ayudó a quitarse su abrigo, para luego besar su mejilla.

-¿Alguna novedad?- preguntó él en medio de un bostezo.

-Nada interesante.- se encogió de hombros. -¿Cómo estuvo tu día?-

-Agotador.- bufó. –Llegaron unos inversionistas europeos para renegociar un contrato sobre una construcción en su continente. Prácticamente me estafaron, pero no podía rehusarme o muchas personas perderían su empleo.- suspiró cansinamente.

Karin sintió su corazón ablandarse, recordando de nueva cuenta lo realmente bondadoso que era su jefe. Y ella era una persona horrible y malvada.

-Te hice algunos bocadillos y ahora te prepararé un té suave. Ve a sentarte y relájate.- lo guió hacia la sala y lo hizo sentarse en un sofá antes de correr a prepararle un té y llevarlo en una bandeja con unos bocadillos. –Solo una cucharada de azúcar como te gusta.- sonrió amablemente antes de colocarse detrás de él y posar las manos en sus hombros, comenzando a masajear.

-¿Qué haces?- por un momento se tensó, pero entonces ella apretó los dedos en sus músculos. –Mmm…- tuvo que evitar estremecerse ante su sorpresivo gemido tan… sensual. –Hmm… Mejor no te detengas.- hizo el cuello a un lado, visiblemente complacido con sus atenciones.

Ella se sonrojó como tomate por los repentinos pensamientos e imágenes indecentes de su jefe haciendo sonidos similares solo que en otro tipo de situaciones. Cielos santos, el encierro debía estarla alterando, se estaba convirtiendo en una pervertida.

Él sorbió de su té mientras disfrutaba de su masaje y comía un par de bocadillos, contándole los detalles. Ella puso todo su empeño en hacerlo sentir más relajado de su día, hasta finalmente recibir una sonrisa de agradecimiento y ser jalada para sentarse junto a él en el sofá y tomar un par de bocadillos también, charlando alegremente hasta que salió el tema de la visita de Momo mañana.

-No te pongas nervioso, seguro que todo saldrá bien.- le aseguró cuando él expresó su inquietud por el asunto.

-Es solo que…- frunció el ceño. –Será la primera vez que ella vuelva aquí desde… la última vez que tuvo uno de sus ataques frente a mí.- se mordió el labio. –Puede ponerse realmente agresiva y no quisiera que tú… veas eso.- suspiró.

-No creo que pase, pero sí llegara a pasar…- posó una mano en su hombro. –Te apoyare en todo lo que pueda, lo prometo.- lo miró intensamente a los ojos con toda la sinceridad que pudo reunir. Al menos en esto sí era sincera.

-Gracias, Karin.- sonrió levemente, acercando su rostro tanto al suyo que pudo ver cada pequeño detalle. Y cielos, él era realmente guapísimo. –No sé qué haría sin ti.- susurró quedamente.

-Toshiro, tú…- acercó más sus rostros. –Te volverías un adicto a la cafeína sin mí.- después de ese comentario planeaba plantarle un sorpresivo beso en los labios, pero ella fue la sorprendida cuando él de repente se apartó para sofocar una risa cubriendo su boca con su mano, pero aun así un pequeño sonido escapó fuera de su prisión mientras sus ojos brillaban con una alegría infantil que nunca antes creyó ver en su jefe.

-Dios, tienes tanta razón.- apartó su mano de su boca, permitiéndose soltar una pequeña risa entre dientes. -¿Quieres ir de compras para mañana?- cambió de tema aun viéndose de buen humor. –No traje papeleo para hacer en casa así que tenemos tiempo.-

-Umm, claro. Suena bien.- no sería la primera vez, de todos modos. Siempre que tenía tiempo quería ayudarla aunque sea en algo. Lo consideraba un lindo detalle de su parte, aunque no lo diría en voz alta o se ofendería, en verdad le gustaba ser útil en todo.

Cuando volvieron de su entretenido viaje de compras, prepararon la cena juntos. Sí, juntos, él últimamente había adquirido el deseo de aprender a cocinar, y ella se comprometió a enseñarle lo más que pudiera. Era una buena excusa para pasar tiempo juntos.

Después de cenar, la acompañó hasta su habitación y besó su mejilla suavemente. Ella suspiró, triste porque aún no habían pasado la etapa de los besos en las mejillas. Ni siquiera un beso en los labios había conseguido desde que vivía en su casa y ella que quería llevárselo a la cama. Tenía un largo camino por recorrer, y muy poco tiempo.

-Buenas noches.- él se dio la vuelta para alejarse, pero ella tomó la manga de su camisa y lo jaló hacia atrás, decidida a que esta vez se armaría de valor y trataría de llevar las cosas más lejos. -¿Qué…?...- por desgracia o por fortuna, la fuerza de su tirón no fue la esperada en su cálculo inicial, y terminó jalando lo suficientemente fuerte para que el peliblanco, al estar distraído, al voltearse terminara cayendo sobre ella terminando ambos en el suelo él encima de ella.

Sus labios no llegaron a conectarse, pero acabaron tan cerca que Karin no resistió la tentación y terminó de abarcar el espacio que los separaba. Lo besó, solo por un segundo, pero lo besó, antes de separarse con las mejillas ardiendo.

-Lo siento.- se disculpó apartándolo de un empujón y poniéndose en pie sacudiendo su ropa.

Su sorpresa fue enorme cuando sintió uno de sus brazos rodear su cintura pegándola a su cuerpo a la vez que su boca se estrellaba contra la suya en un beso feroz que a ambos les robó el aliento y encendió sus corazones con el fuego del deseo puro.

Esta era su oportunidad.

Profundizó el beso y recordó los consejos de Yuzu pegándose a él y usando su lengua para persuadirlo más. Cuando sus manos empezaron a pasearse por todo su cuerpo, ella metió las manos bajo su camisa mientras comenzaba a frotar su pelvis contra la suya, ganándose un gemido y ser pegada contra la pared comenzando a mecer sus cuerpos y acariciarse sin dejar de besarse como unos locos desesperados sedientos de pasión.

Enredó una pierna en su cintura y se frotó más contra el peliblanco, jadeando y soltando pequeños gemidos, tratando de tentarlo a llevar las cosas a más sobre todo cuando sintió sus manos temblar vacilantes.

Sintió un bulto crecer contra su muslo y un poco de miedo la invadió, pero no dejó que eso la detuviera y en cambio se pegó más a él, rasgando suavemente la piel de su espalda por debajo de la ropa. Él gruñó, y entonces se apartó de ella como si quemara.

-No…- murmuró quedamente. -¡NO!- gritó, haciéndola estremecer mientras ahora se pegaba a la pared repeliendo de él y su estado de horror absoluto. –L-lo siento… E-eres… eres una niña.- negó con la cabeza. –Lo siento.- sin más corrió lejos de ella probablemente a su habitación.

Ella se quedó parada allí, sin entender el motivo de su rechazo, dolida. ¿Acaso había malinterpretado las señales y realmente él no se sentía lo suficientemente atraído por ella como para llevar las cosas a más? No, hace rato parecía dispuesto a todo. La pregunta era ¿qué estaba deteniéndolo?

Se abrazó a sí misma mientras entraba en su cuarto y se desnudó entrando al baño privado de la habitación y sentándose en la bañera dejando que el chorro de agua fría la empapara. Entonces unas lágrimas se deslizaron a la par que un sollozo escapaba.

¿Por qué? ¿Por qué este era el único modo de salvar a su padre? Toshiro realmente le gustaba, no podía negarlo. Le gustaría dejar surgir las cosas entre ellos naturalmente, que ninguno de los dos tuviera miedo o estuvieran inseguros de lo que querían. Pero no tenía tiempo para dejar surgir las cosas naturalmente, ni siquiera podía permitirse amarlo.

Sí no hacía esto, su padre moriría. Y estaba desesperada.

Apagó el agua de la ducha y fue así, completamente empapada y completamente desnuda, que abandonó el cuarto de baño y su habitación, caminando por los pasillos dejando huellas húmedas y gotas que esparcía su cabello suelto a medida que su andar aumentaba su rapidez y su determinación.

Abrió la puerta de Toshiro, sorprendiéndose gratamente de que no estuviera con seguro, y entró con paso firme. Él no estaba en su cama. La luz de su cuarto de baño estaba encendida y se escuchaba correr el agua de la ducha, el hecho de que el vapor no se asomara por las rendijas de la puerta delataba que era una ducha fría.

Tomó aire y también entró al cuarto de baño, encontrándose con su jefe gloriosamente desnudo bajo el chorro de agua helada.

Él tenía los ojos cerrados mientras se enjuagaba el cabello casi con furia. Ella decidió no pensarlo dos veces y cerró la llave del agua. Los ojos turquesa de inmediato volaron a ella, y de inmediato su boca y ojos se ampliaron mucho al contemplar su forma completamente desnuda.

Ambos se recorrieron con la mirada descaradamente, con las mejillas rojas de vergüenza. Su jefe abrió la boca para decir algo, y fue entonces cuando la Kurosaki decidió que era el mejor momento para tirársele encima, tomándolo de los hombros para sumirse en un beso feroz y apasionado que afortunadamente no tardó mucho en corresponder. Él llevó sus manos a sus caderas y la pegó a su cuerpo, las cosas subiendo su intensidad rápidamente.

Los dos estaban desnudos, empapados y acalorados. La chica dio el primer paso, y el chico no se le pudo resistir.

Sus lenguas se juntaron a medida que sus cuerpos se pegaban más y más. Sus respiraciones se salieron de control y pronto su excitación se hizo evidente en su miembro erguido clavándose en su muslo y sus pezones endurecidos clavándose contra su pecho. Sus manos exploraron lugares que antes solo podían soñar. Ella se estremeció cuando él palpó su pecho, pasando el pulgar por su pezón, y él gruñó cuando ella fue bajando la mano lentamente desde sus abdominales hasta su bajo vientre, rozando la leve capa de su vello púbico, entonces él tomó su muslo y subió hasta rozar su entrepierna y quedarse ahí un buen tiempo mientras sus bocas seguían devorándose hambrientamente.

No supo en que momento volvieron a la habitación, ni cuando se acercaron a la cama, solo se dio cuenta de que ya no estaban junto a la ducha cuando él la arrojó sobre el colchón y acarició sus caderas con las manos mientras su boca volaba a besar su cuello, chupando y lamiendo, mordiendo de vez en cuando, arrancándole jadeos y pequeños gemidos, hasta bajar hasta su pecho. Lamio el inicio de sus pechos, antes de tomar su pecho izquierdo en la mano, estrujándolo suavemente, mientras su boca se encerraba alrededor de su pezón derecho, chupando y lamiendo con ahínco.

Karin se retorció debajo de él, llevando sus manos a tirar de sus blancos cabellos y apretando sus muslos juntos ante la repentina pero intensa punzada de placer y deseo que incrementó la humedad entre sus piernas.

Las sabanas debajo de ellos estaban empapadas y retorcidas, no es que les importara.

No reprimió sus gemidos cuando él cambio su boca a su pecho izquierdo y su mano al derecho, y lo dejó acariciarla por un momento antes de perder la paciencia y tirar de su cabello para unir sus bocas y sus lenguas en un beso desordenado y jadeante.

La excitación y el deseo la consumieron, y no dudo en abrir sus piernas para él, queriendo que entienda lo que quería ahora.

-Toshiro…- gimió al sentir la cabeza de su pene contra su entrada caliente y mojada.

-No tengo…- se apartó de su boca jadeando pesadamente. –No tengo condones…- la miró como disculpándose.

-Tomó pastillas.- mintió descaradamente, agradeciendo que su voz no temblara. –Hazlo. Por favor.- él le sonrió confiado y ella lo besó para evitar que el peso de la culpa la aplastara.

Cuando comenzó a penetrarla, el dolor lleno de lágrimas sus ojos y la hizo doblar los dedos de los pies. Él presionó besos gentiles en su mejilla acariciando reconfortantemente su muslo, pero reprimió un gemido de puro placer sin detenerse de llegar hasta tocar fondo, entonces se retiró y volvió a introducirse, con los ojos cerrados y una mueca de placer mientras ella trataba de no llorar, no solo por el dolor, sino por el hecho de que esto no le estaba gustando nada. E incluso después de varios minutos, mientras él seguía penetrándola lentamente y el dolor comenzaba a transformarse en placer, aquello siguió sin gustarle en lo absoluto.

Las embestidas aumentaron su ritmo y el sudor comenzó a perlar sus cuerpos. Ella enterró sus manos en su cabello revolviéndolo mientras gemía de placer, pidiéndole más, excitándose más por los gruñidos que él soltaba en su oído. Pero aun así, aquello simplemente no podía gustarle para nada.

Lágrimas se deslizaron por sus ojos mientras el orgasmo los golpeaba con fuerza a los dos al mismo tiempo, haciéndolos gritar sus nombres. Pero aquello aún no pudo gustarle.

No le gustaba porque así no fue como se imaginó su primera vez. Llena de mentiras y confusiones, apresurada, casi forzada y solo porque buscaba embarazarse para perjudicar al hombre que… al hombre que había llegado a amar.

Le sonrió falsamente cuando él salió de su interior y la miró. Se inclinó para besar su frente con dulzura, y ella volvió a derramar lágrimas, sollozando cuando el peliblanco se apartó de ella vacilante, como sí no tuviera idea de qué hacer ahora.

Y así, después de ese acto tan caliente e íntimo, los dos se acostaron lo más lejos posible el uno del otro en los bordes de la cama y se durmieron sintiéndose solos y fríos.

Continuara…