Son varias notas las que tengo pero todas las dejaré ahí abajito. Los quiero y como siempre, los personajes no me pertenecen, todos los derechos reservados para Marvel.

I think I'm losing my mind now
It's in my head, darling I hope
That you'll be here, when I need you the most

Los labios de Steve quemaban cada que estos se estampaban en la piel de Tony. Sus manos firmes recorrían cada centímetro de su cuerpo despertando un sinfín de sensaciones que jamás había imaginado experimentar, todo su interior peleaba por detenerse, porque era algo prohibido. Tony sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando las manos de Steve se aventuraron a tocar por debajo de su camisa, un jadeo escapó de sus labios y un sentimiento que no sabía que existía, creció en su pecho. Más allá de su libido y del deseo, era un tipo de calor. No era abrazador, si no cálido, puro, lleno de esperanza y amor.

Amor.

¿Así era como se sentía el amor? ¿Cómo iba a saberlo? si jamás había probado algo similar. Sus ojos se llenaron de lágrimas y un sollozo escapó de su garganta. Steve se detuvo y rápidamente su mano viajó al rostro de Tony y enjugó sus lágrimas con uno de sus dedos. Suavemente acunó su rostro con ambas manos y besó la frente de Tony con dulzura, luego el puente su nariz y finalmente sus labios.

Tony sentía que el alma se le escapaba con cada toque y cada beso, un sentimiento de pertenencia había despertado en su interior, el deseo de que Steve lo escondiera de todo lo malo que existía en el mundo. Howard, Gustav, su madre y sus amigos dejaron de existir en ese momento, sólo eran él y Steve. Todo era perfecto.

Oh.

De pronto todo le pareció lejano, la perfección y el calor del momento, invisible, casi inexistente. Un sueño.

Tony luchó contra la corriente y se aferró al instante con todas las fuerzas de su alma. Tenía miedo y estaba asustado, porque todo lo que tenía se le estaba yendo de las manos. Como si nunca hubiese existido. Luchó y luchó hasta que la corriente fue demasiada y lo arrastró a la realidad.

Y ahí, en medio de la oscuridad y en una cama fría, Tony se despertó.

.

Todo había sido un sueño. No el beso, ese había sido real y perfecto, pero todo lo demás había sido irreal. Y es que ¿en qué mundo Steve iba a amarlo? Debió imaginarlo desde un principio, todas esas fantasías en su mente, en donde Steve se revelaba en contra de su padre y de su esposo para llevárselo a algún otro lado al fin habían cobrado vida y tristemente en su imaginación.

No me ama. Tony pensó por milésima vez en la mañana. Como si con eso fuera suficiente para convencerse de que todas esas ideas en su cabeza eran erróneas, incorrectas y sobre todo, estúpidas.

Aquel beso había sido fantástico, pero también había sido un error. O al menos eso había dicho Steve en cuanto terminaron de compartir ese momento tan íntimo. Su guardia se disculpó y segundos después había salido disparado del pent-house dejando a Tony solo en la terraza. Solo con sus pensamientos y sus sentimientos y mil cosas pasando al mismo tiempo.

¿Qué había sido eso? Ciertamente él había iniciado el contacto pero Steve lo continuó. Aquel beso no fue nada fingido o simple euforia del momento. Tony no era indiferente para Steve como tampoco Steve lo era para Tony y eso él lo sabía ¿Pero cómo iba a hacérselo entender a Steve? ¿O si quiera todo aquello tenía algún tipo de sentido? Tony estaba casado y Steve era algún tipo de agente 007 para su padre.

Tony soltó un suspiro mientras trataba de olvidarse de aquel asunto al menos por lo que quedaba del día, sobre todo porque su esposo se había dignado a llegar a la casa a desayunar. Había tomado una ducha y se había vestido casual, un par de pantalones de tela, sandalias y una camisa cómoda sin magas, pues tenía planeado trabajar un rato en su taller improvisado. Pensó hacerlo y dejar que Gustav desayunara solo pero supuso que aquello sería una grosería y lo que menos quería era tener algún tipo de problema con su marido

El ama de llaves del pent-house se encargó de las cosas del desayuno. Al parecer a su esposo le gustó la idea de comer al aire libre, así que el desayuno se había trasladado a la terraza en vez de la cocina, Tony pensó que no era una mala idea, al menos hasta que a su mente volvieron los recuerdos de aquel beso que seguía grabado en su memoria como si hubiese ocurrido segundos antes y no horas.

Tony trató de serenar su mente, caminó directo a la mesa que estaba en la terraza con pasos lentos, como si su cuerpo no tuviera las ganas de acercarse a ese lugar. No podía culpar a su subconsciente de reaccionar así, si tan solo un par de noches atrás su marido lo había tomado por la fuerza, un recuerdo que pintaba sus memorias con asco y le revolvían el estómago. Pero no era tiempo de quejas, él era un Stark y como tal tendría que enfrentar las cosas.

La mesa era redonda y lo suficientemente grande para seis personas, además de estar perfectamente centrada en una especie de glorieta con un techo que dejaba pasar la suficiente luz sin ser algo molesto. En su camino le echó un vistazo a la pequeña alberca, que al fin tenía agua después de un par de semanas de estar vacía y se dijo a sí mismo que tomaría un largo baño una vez que su esposo se fuera. Realmente esperaba que este se fuera, inmediatamente el miedo invadió su interior ¿qué tal si su marido solo había regresado para repetir lo de la otra noche? Trató de no pensar en eso y de todas maneras tenía a Steve, su guardia al que había besado la noche anterior. Tony se maldijo a sí mismo, menuda manera de complicarse la vida.

Gustav estaba sentado en una de las sillas, aparentemente concentrado en el periódico matutino de New York pero en cuanto vio que Tony se acercaba, lo dejó de lado. No sabía qué hacer o cómo actuar, realmente era la primera vez que los dos tenían ese tipo de convivencia... ¿normal? De alguna manera no podía creer que se sintiera más familiarizado en la compañía de Steve que de su legítimo esposo. Con todo el esfuerzo de su alma, jaló una de las sillas más alejadas y se sentó en la mesa tratando de no hacer contacto visual con el contrario.

En la mesa había fruta fresca, café, galletas recién horneadas, panecillos rellenos con queso crema, huevos revueltos con mantequilla, jugo de naranja recién hecho y yogurt griego. Había olvidado lo hambriento que estaba hasta que su estómago empezó a gruñir cuando el olor de toda la comida golpeó a su nariz.

Se estiró lo suficiente para alcanzar un plato, un tazón del centro de la mesa y un par de cucharas. En el tazón vertió un poco de yogurt y algunas moras con un par de fresas y en el plato unas cuantas galletas y un panecillo. No era el desayuno más saludable que pudiera comer pero estaba tan hambriento que no le importó.

—Buenos días.

Tony escuchó a su esposo decir y juró que su cuerpo había sufrido algún tipo de colapso o alguna falla en su sistema porque la cuchara que tenía en sus manos fue a parar al suelo. Si hubiese tenido algo de comida en la boca, estaba cien por ciento seguro que ya se habría ahogado. Tony tragó un poco de saliva y el suficiente aire para responder.

—Buenos días...— repitió mientras uno de sus pies hacía el esfuerzo por alcanzar la cuchara que había caído, estaba algo lejos así que se estiró un poco más pero no logró alcanzarla. Gustav estaba observándolo con cuidado, se dio cuenta por lo que alcanzó a ver con el rabillo de su ojo. Su esposo soltó una leve risa y Tony sintió como la sangre le subía a las mejillas.

—Hay más cucharas aquí.

Gustav dijo a la vez que le pasaba una cuchara limpia del centro de la mesa y Tony la tomó con un poco de recelo.

—Lo siento. — Se disculpó, clavó la cuchara en su yogurt y dio el primer bocado a su comida. El desayuno se estaba tornando un poco incómodo, tanto que Tony no se atrevía a mirar otra cosa que no fuera su tazón. Quería salir corriendo de ahí, llevarse la comida y encerrarse en su taller improvisado pero sus piernas no le respondían, algo lo mantenía atado a la silla y sabía lo que era, miedo.

Quería llorar. Se suponía que no debería sentirse de esa manera, Gustav era su esposo, había prometido ante un altar cuidarlo y amarlo para siempre, pero lo primero que hizo fue herirlo de la manera más horrorosa que pudiera imaginar. Le gustaba imaginar que había un universo alterno en donde su esposo lo quería y ambos eran felices y en vez de un escenario tan incómodo, Tony y Gustav disfrutaban del pequeño tiempo que estaban juntos. De alguna manera deseaba ahogarse con la fruta y que su sufrimiento terminara.

Dio otro bocado y escuchó como Gustav se removía un tanto inquiero en su asiento. Era un hecho de que entre ambos existía una larga barrera que muy probablemente nunca se rompería pero si de algo estaba seguro, era que su esposo trataba de iniciar una conversación.

Tony había pasado toda su vida a lado de Howard, algunas veces su padre le pedía una opinión pero la mayoría del tiempo solo estaba ahí para escuchar y aprender así que lo mejor que había aprendido era a leer el lenguaje corporal. Sabía cuándo una persona estaba nerviosa, enojada, alterada o deseaba hablar, tal como su marido estaba tratando de hacer.

—No tienes por qué hacerlo. — Tony dijo mientras aún escudaba su mirada en el tazón que tenía frente a él. —Todo esto, creo que está más que claro que jamás seremos un matrimonio normal. — escupió de una vez. Un lado suyo se preocupó de que el contrario fuera a enojarse pero su otra mitad por fin se sintió liberada de haber dicho todo eso.

No podía aguantar un segundo más ahí. De alguna manera se sentía humillado e infeliz. Le tomó al menos medio minuto en reunir todas las fuerzas y el coraje necesario para empujar la silla y ponerse de pie, no se iba a quedar un momento más en esa mesa.

—Tony... no te vayas.

Su esposo dijo y por primera vez en toda la mañana la mirada de Tony se chocó con la de Gustav.

— ¿Por qué debería de quedarme? Creo que no hay nada más que decir por hoy.

Tony dijo, aunque se detuvo en su escapada, pues de alguna manera esperaba que el contrario dijera algo convincente para detenerlo. Tal vez muy en el fondo Tony deseaba que su matrimonio funcionara o tal vez deseaba que su esposo lo amara para así no tener que pensar en Steve. Muy probablemente la última opción aún si su orgullo no lo admitía.

Pero en vez de eso, Gustav se levantó de su asiento y caminó un par de pasos, lo más cerca de Tony. El corazón del Stark más joven comenzó a palpitar en un conjunto de latidos desenfrenados, si no supiera que era imposible que su corazón saliera disparado por la fuerza, muy probablemente ya estaría llamando a sus amigos para que planearan el funeral más glamuroso de toda New York.

Gustav se puso frente a Tony y a este no le quedó más remedio que mirarlo frente a frente, lo suficientemente cerca que pudo escuchar su respiración. Su esposo olía a menta fresca y crema de afeitar. Sus ojos curiosos lo llevaron a ver la ausencia de cualquier rastro de cabello en la barba o bigote y ahora que recordaba nunca había visto a su esposo con algún tipo de bello facial.

Una de las manos del contrario quiso tocar la cara de Tony pero en un reflejo, se hizo hacia atrás. No es que no confiara en su esposo, bueno ¿a quién engañaba? Realmente no lo hacía.

—Lo siento.

Gustav dijo y si alguien le preguntara a Tony, eso era lo que menos que esperaba escuchar en el día o en la vida.

—Por todo, muy probablemente sea la última vez que diga algo como esto.

Tony pudo ver que a su esposo le estaba costando trabajo decir aquello, muy probablemente le debió de haber dolido.

—Tampoco creo que seamos el matrimonio perfecto.

—Eso es algo en lo que estamos de acuerdo por primera vez en mucho tiempo.

Tony dijo y Gustav rió. Era la primera vez que lo había visto reír desde que empezaron a vivir juntos. Las hebras doradas del cabello de su esposo se movían suavemente con el viento de la terraza, Tony tampoco había notado lo apuesto que el contrario era. Lo había bloqueado de su mente ¿realmente existiría esperanza para ambos? Necesitaba una señal, necesitaba olvidarse de Steve y ese estúpido beso que no dejaba sus pensamientos en paz. Es por eso que la única solución era enamorarse de su esposo de una vez por todas, si tan solo el contrario no le hiciera la vida imposible.

—Tal vez solo nos falta conocernos Tony, sé que sabes lo que quiero. Eres un chico inteligente.

—El más inteligente de todos, no lo dudes.

Tony estaba maravillado, esa había sido la charla más natural y larga que había mantenido con su esposo.

— ¿Te parece si cenamos esta noche? Elige el lugar, pasaré por ti a las nueve.

Podría jurar que se le fue el aire al escuchar aquellas palabras. Todos sus sentidos le gritaban que no lo hiciera, que no aceptara. Su parte racional insistía en que se negara porque nada bueno podía salir de ahí. Pero necesitaba olvidar a Steve.

—Me gusta la comida Italiana.

—Entonces italiana será.

—Bien, perfecto.

Tony respondió con toda la naturalidad que pudo fingir y Gustav metió ambas manos a los bolsillos de sus pantalones y se encogió de hombros.

—Hasta al rato entonces, disfruta de tu mañana.

Asintió y su esposo se dio la media vuelta para irse y cuando lo vio desaparecer por la gran puerta, Tony volvió a plantearse que si aventarse al vacío desde donde estaba podría aún ser una muy buena opción. Porque ¿a quién engañaba? Jamás podría sacarse de la cabeza a Steve por más que lo intentara. No había fuerza sobrenatural ni magia alguna que viniera a borrar todo aquello que estaba en su corazón, sabía que Steve era el indicado pero no se pertenecían, aún no.

Así que por primera vez, la idea de tener un matrimonio normal le pareció tentadora. Tal vez no podría olvidarse de su guardia, pero sí podía ser feliz... al menos lo intentaría.

...

Sí alguien le hubiese dicho que en el futuro se iba a ver rodeado de una vida doméstica, encerrado con dos niños y un hermano desaparecido casi la mayoría del tiempo, se hubiese reído y dicho que ni en mil años algo así iba a suceder.

Sin embargo Bucky no cambiaría por nada del mundo el tipo de vida que le tocó vivir.

—Y este es el número de emergencia, solo llama sí es una situación que no puedas manejar ¿entendido?

Bucky dijo con voz seria a la chica que tenía enfrente, la niñera de sus sobrinos.

—Claro que sí señor Rogers, cuente conmigo como siempre.

La chica dijo con una alegre sonrisa y Bucky asintió.

—Recuerda que a Milo le gusta que le lean un cuento antes de dormir y Lucy te va a rogar que la dejes dormir con el gato, pero siempre la respuesta es un no.

—No se preocupe, yo sé cómo cuidar a estos angelitos ¿verdad niños?

La niñera dijo y el par de niños que se escondía detrás de ella abrazados de cada una de sus piernas asintió

—Nunca me porto mal tío Bucky.

El más pequeño de los hermanos dijo.

— ¡Yo tampoco!

La mayor gritó con entusiasmo a manera de reproche y a Bucky no le quedó nada más que reír.

—Lo sé, lo sé. Anden, vayan a terminar de ver la película antes de que Liz se arrepienta de verla por doceava vez.

Los niños mostraron cara de sorpresa y sin esperar un segundo más, salieron disparados hacia la habitación con la televisión.

—Cuídalos mucho Liz, no tardo en volver.

—Claro que sí señor Rogers.

Bucky soltó un suspiro y asintió, se dio la media vuelta y tomó la chaqueta que había dejado colgada en el perchero junto a las llaves de la casa. Siempre le resultaba difícil dejar su hogar aunque fuera por un par de simples horas, la idea de sus sobrinos solos sin alguien que pudiera protegerlos siempre le comía el alma, tal vez después de todo si deseaba que algún par de cosas fueran diferentes.

.

Bucky miró la pantalla de su celular por quinta vez en un minuto. Leyó las instrucciones una vez más y se aseguró de que estuviera en el lugar correcto, el puente que conectaba Brooklyn con Manhattan. Casi nunca entendía la manera en que su hermano se manejaba, pero si él lo había citado ahí, era para algo importante, algo que no podía decirle por teléfono o por mensaje.

Demonios.

Miró su reloj y marcaban las cinco de la tarde con dos minutos, la ansiedad lo estaba comiendo vivo. Acomodó el cuello de su chaqueta y comenzó a caminar lentamente entre la gente que paseaba alegremente esa tarde. Turistas o simples ciudadanos parecían pasar un buen rato, algunas parejas y familias también.

Bucky pensó en sus sobrinos y todas las bellas experiencias que se estaban perdiendo. Ciertamente Steve los amaba y él mismo se encargaba de cuidarlos y darles los cariños necesarios, pero no eran una familia normal.

Los niños no tenían amigos además de su niñera, no conocían más allá del parque, tampoco sabían lo que era ir a una escuela, pues Steve no lo permitía, la educación en casa con un par de maestros contratados por Howard era lo más cercano que tenían pero no era la manera correcta. Tampoco tenían una figura materna, aunque Bucky no dudaba que los niños lo vieran de esa manera, pues técnicamente él fue quien los crío desde que eran un par bebés berreantes y necesitados del calor de una madre. Estaba seguro que Steve no planeaba volver a tener a alguien en su vida, no después de lo que había pasado con la madre de sus pequeños. Su hermano cargaría con ese remordimiento para toda la vida.

Él sabe lo que hace. Bucky pensó, jamás había cuestionado las decisiones de Steve aún si no estaba de acuerdo con la mayoría de estas.

Detuvo sus pasos una vez que se alejó lo suficiente de la masa de personas que parecían tener una vida normal y que para nada Bucky envidiaba. Un suspiro escapó de su boca y se recargó en uno de los barandales del puente, ambos brazos cruzados. Cerró sus ojos y dejó que la brisa de la tarde acariciara su rostro, a pesar de todo tenía esperanza en que algún día las cosas mejoraran. Tenían el suficiente dinero para abandonar la ciudad, lejos de las garras de Howard, solo necesitaba convencer a Steve de que aquella era la idea indicada y que deberían tomar sus riesgos. No importaba si se iban a alguna isla apartados de todo el mundo, mientras su pequeña familia estuviese a salvo, lo demás no importaba.

— ¿Terminaste de soñar despierto?

Bucky dio un salto y rápidamente se volteó para encontrarse con la sonrisa habitual de su hermano.

— ¡Steve!

Dijo a la vez que se aventaba por un abrazo. Habían pasado meses desde la última vez que se vieron, Steve rió y los hermanos compartieron un momento de felicidad, breve, pero al fin felicidad.

—Yo también estoy feliz de verte.

Steve dijo mientras soltaba del agarre al contario.

— ¡Caray Steve! Pensé que no volvería a verte en otro milenio.

—No seas exagerado Buck, sabes que siempre regreso a casa.

Bucky lo sabía, pero eso no quitaba la probabilidad de que algún día no lo hiciera. Steve se dio la media vuelta y comenzó a caminar, así que sin más remedio Bucky siguió a su hermano.

.

Ambos decidieron que un restaurant pequeño les serviría para su charla.

Bucky llevaba medio minuto dándole vueltas a su café con la cuchara de metal mientras Steve daba pequeños bocados a una dona de chocolate y pedía otras tres más para llevar.

—No me hiciste dejar la casa solo para tomar café y comer donas ¿verdad?

Bucky fue directo al punto.

—Me has leído la mente.

Steve rió.

—Anda, escúpelo. Mientras más te tardes, más tiempo estarán solos los niños.

No supo si haber mencionado a sus sobrinos había sido buena idea, pues pudo ver claramente cómo se tensaba Steve.

—Ellos... ¿ellos están bien?

Steve preguntó mientras extendía una de sus manos y apretaba el brazo de Bucky. Un quejido de dolor escapó de su boca y rápidamente su hermano lo soltó.

—No sé si has estado haciendo ejercicio de más o qué demonios pero recuérdame nunca pelear contigo y si... los niños están bien y no gracias a ti.

Eso salió a manera de reproche y a decir verdad, Bucky no se arrepintió de nada de lo que dijo.

—Lo siento Buck es solo que...

Steve se removió incomodo en su asiento.

—Mira, sabía en qué nos metíamos el día que Howard se paró en la puerta de nuestra casa. Pero esto ya se salió de control. No sé qué haces, ni qué tipo de cosas te pide ese Stark y no quiero saberlo, créeme. Pero los niños necesitan a su padre en sus vidas Steve.

—A mí también me gustaría estar con ellos y lo sabes, pero las cosas no son tan fáciles cómo crees.

Su hermano soltó un suspiro, se veía cansado tanto física como emocionalmente.

—Tenemos que irnos Steve, el dinero nos alcanza para empezar una vida lejos de aquí, donde ni el mismísimo Howard nos encuentre.

—Es más complicado que eso Buck, no puedo irme ¿crees que Howard no nos encontraría? Mira a tu alrededor, ese hombre tiene a todo y todos a su alcance. No dejaré que les ponga las manos encima.

— ¡Maldición Steve!

Bucky golpeó la mesa con una de sus manos hecha puño y un par de personas voltearon a verlos pero al menor de los Rogers no le importó.

—Tengo una misión y no puedo abandonarla.

Steve soltó con algo de angustia en su voz y fue entonces cuando Bucky cayó en cuenta de lo que se trataba.

—¿Esto tiene que ver con el hijo de Howard? Porque desde que se casó, no has puesto un pie en la casa.

—Todo tiene que ver con Tony, todo gira alrededor de él.

—Steve... sé honesto conmigo ¿hay algo más qué no me estés diciendo?

Steve no se atrevió a mirarlo a los ojos y entonces Bucky supo que definitivamente había muchas cosas de las que su hermano no se atrevía a hablar.

.

Caminaron por la banqueta de las calles de Manhattan sin algún rumbo fijo. El sol estaba casi oculto, solo pequeñas pinceladas de naranja, amarillo y azul podían observarse en el cielo. El atardecer siempre había sido su momento favorito del día.

Steve le contó sobre la última misión que Howard le había pedido y el trato que habían hecho, que se había convertido en la sombra del hijo del señor Stark y tan pronto como el esposo de este desapareciera del mapa, Steve tendría su libertad, esa era la razón por la cual no podía escapar.

—Estoy seguro que hay algo más que no me estás contando Steve, pero confío en ti...

Bucky soltó un suspiro.

—Y eso es todo lo que necesito, que confíes en mí un poco más.

Steve le revolvió los cabellos, justo como solía hacerlo.

— Y... ¿a dónde iremos? Belfast no es una opción.

¡Belfast! Fue ahí en dónde Bucky recordó que su hermano había estado en esa ciudad hace poco.

—La última vez que llamaste dijiste que habías estado en Belfast ¿qué pasó?

—No tiene importancia Buck, estoy bien.

—Tú no tienes remedio Steve...

¿Qué más podía hacer Bucky si así era la manera de actuar de su hermano? Además todo eso ya no importaba, pronto serían libres, Howard ya no tendría control sobre Steve. Una enorme sonrisa se curvó en sus labios.

—Ten las cosas listas. Pasaportes, actas de nacimiento, identificaciones. En cualquier momento puedo mandar a Sharon por ti y los niños.

— ¡Wow! ¡Wow! Un momento. Nunca mencionaste nada de esto ¿por qué Sharon? ¿No vienes con nosotros? No me vayas a jugar chueco Steve que me regreso y te encuentro y yo mismo te mato.

Dijo exaltado aunque se arrepintió de lo último, pues no había fuerza sobre natural en el mundo que lo hiciera querer dañar a su hermano.

—Nunca dije que no iría, moron.

—Pero tienes algo más en mente y sé que como siempre, vas a arruinar todo con alguno de tus planes innecesarios. Lo que sea que estés pensando, no te atrevas Steve. Después de tantos años al fin podremos librarnos de Howard y ¡vas tú y lo arruinas!

Bucky estaba a punto de perder la paciencia.

—Hay alguien a quién no puedo dejar atrás Buck. No puedo, simplemente no puedo.

Su hermano parecía más dolido que animado ante la idea y Bucky pudo imaginarse sobre quién estaba hablando.

— ¿Estás seguro de esto? Cuando Howard se entere...

—Más seguro que nunca.

Lo interrumpió Steve y cuando al soquete se le metía una idea a la cabeza, dios librara al mundo de su terquedad.

— ¿Eres algún tipo de superhéroe? Esa estúpida debilidad tuya por ayudar a todos te va a terminar matando.

Steve rió pero Bucky solo rodó los ojos.

— ¿Estamos juntos en esto?

Preguntó su hermano.

—Hasta el final de la línea.

Respondió Bucky con una enorme sonrisa en su rostro.

El sol terminó de ocultarse dando paso a la noche y a las estrellas y a un millar de posibilidades nuevas.

...

Él podía ver su reflejo en el espejo que estaba enfrente suyo. Vestía un traje sastre a tres piezas color gris aunque el chaleco era color verde, las piezas combinaban a la perfección. Una corbata del mismo color que el traje y un pañuelo en el bolsillo del saco eran las piezas faltantes para una impecable vestimenta. Sin embargo no dejaba de atormentarlo el hecho de que esa no era su verdadera apariencia.

Dio un vistazo por encima de su hombro derecho asegurándose de que no hubiese nadie y con un chasquido de sus dedos, la ilusión desapareció. El cabello dorado y el color casi purpura de sus ojos desapareció dando paso a una cabellera castaña y ojos del mismo color.

Ese era su verdadero ser, no Gustav Svennson, si no Víctor Von Doom.

Su magia no era tan poderosa como antes gracias a Howard y el descarado robo de los fractales de Latveria. Preciosas y ancestrales joyas encantadas y con el suficiente poder para proveerles magia a los humanos y sobre todo el legado de su familia.

Howard se había encaprichado con los cristales por mera vanidad pues al principio no sabía de lo poderosos que estos podían ser pero cuando descubrió de lo que eran capaces, decidió jugar sucio y saquear su hogar por completo.

Aún recordaba aquella noche como si hubiese ocurrido ayer. Howard había acudido al país para negociar la adquisición de uno de los fractales y su padre lo había recibido con todas las atenciones necesarias para alguien de su clase.

Debieron haberlo sabido en cuanto Howard entró al gran salón acompañado de una mujer que irradiaba energía similar a la de los fractales, magia pura. Ciertamente su madre supo que eso no podía ser una buena señal así que cuando tuvo la oportunidad, apartó a Víctor de los demás y lo llevó con uno de sus los hombres de confianza. Su madre se había quitado el collar en donde el fractal estaba incrustado, lo había partido por la mitad y se lo había dado a él.

Víctor cerró ambas manos formando puños. Recordar todo aquello le causaba una enorme rabia, Howard había asesinado a sus padres, destruido toda Latveria con la ayuda de una hechicera y se había llevado los fractales que existían en su reino. Casi todos.

No había sido coincidencia que poco después del atraco, Howard fundara el reactor autosustentable del que tanto alardeaba, los fractales debían estar ahí.

Observó el anillo de su mano derecha y la piedra incrustada que emitía un brillo intenso en respuesta a sus emociones. Era lo último que quedaba de los fractales, de Latveria, de su madre y su legado, no lo desperdiciaría hasta ver a Howard muerto, aún sí eso era lo último que hiciera.

Haber encontrado a la hija del Stark no había sido una coincidencia y dejar que ella creyera que estaba a cargo le facilitaba las cosas, al final del día todos los Stark pagarían el precio sin duda.

Sus pensamientos se centraron en Tony y casi lamentó que tuviera la misma sangre que Howard, tal vez en otra vida...

Borró todo pensamiento de duda, no podía permitirse fallar por un simple capricho.

Víctor chasqueó sus dedos otra vez y la ilusión de su falsa apariencia se asomó de nuevo. Se acomodó el saco y miró la hora en su reloj.

Justo a tiempo para su cita.

AHHHH ¿Por dónde empiezo? De nuevo una mega disculpa si me desconecté por mucho tiempo pero mi trabajo me impedía venir por estos sitios. También una disculpa por no contestar reviews/mensajes. Muero lento sin tiempo.

Espero no sean demasiados datos que metí en el cap de hoy, traté de resumirlo lo más que pude fhsdkfh sobre los niños de Steve, los imagino como Sheldon y Missy de pequeñitos de la serie "Young Sheldon" y pues Gustav/Víctor como el de los comics de Infamous Iron Man (léanlo ¡está hermoso el arte!) y si su apariencia es similar a la de Steve, ya verán por qué ;)

En general creo que es todo, al menos que tengan una duda pueden preguntar. Al igual que si tienen alguna sugerencia, pueden decirla con confianza. Los quiero y unf espero estar pronto por aquí.

Gracias por sus votos, kudos, mensajitos y demás

¡Hasta la próxima!

Por si quieren pasar a saludar, mi Tumblr es shieldiron.

Pd; no sé si los cambios les aparezcan como actualización pero por si las mocas, solo vine a cambiar el tumblr que me di cuenta que lo escribí al revés. JAJA