Intereses.

Capítulo 15: Solo amor.

Cuando Hitsugaya despertó esa mañana, le tomó un momento recordar lo que había pasado la noche anterior y apenas hacerlo se horrorizó por completo y volteó espantándose aún más al hallarla dormida en el otro extremo de la cama, totalmente desnuda.

Tragó saliva, sin poder creer lo que había sucedido entre ellos. No es que se arrepintiera, le gustó hacerlo y realmente quería a la chica, pero… sentía que no fue el mejor momento, tal vez hubiera sido mejor esperar un poco más, solo esperaba que ella no se arrepintiera y lo odiara por esto. Con lo que pasó el día anterior, no creía poder soportar estar sin ella desde ahora.

Suspiró y extendió su mano para acariciar con delicadeza su brazo, preguntándose cómo reaccionaría al despertar a su lado, aunque él mismo no sabía cómo se sentía en ese momento. Por un lado estaba feliz de que ella se sintiera tan atraída a él como él a ella, pero por el otro realmente no estaba seguro de qué significado tuvo lo que compartieron la noche anterior, casi parecía que su iniciativa salió de la nada, casi como sí… se estuviera forzando a sí misma a hacerlo. Y luego estaba… su llanto.

Hizo una mueca y miró por la ventana, frunciendo el ceño al recibir los rayos del sol con más fuerza de la que esperaba. Miró al reloj sobre su mesilla y casi se desmaya al ver que eran las dos de la tarde. ¡¿Cómo es qué había dormido tanto?! ¡Ya faltó al trabajo y faltaba solo una hora para que Hinamori viniera a tomar el té con ellos!

Con el pánico aflorando en su pecho, no lo pensó dos veces y tomó el hombro de la pelinegra, sacudiéndolo para que despertara rápidamente. Sus ojos se abrieron lentamente y por un segundo pareció tan horrorizada como él se había sentido antes, pero luego solo lo miró confundida y roja como tomate al verlo levantarse de un salto completamente desnudo comenzando a vestirse a toda prisa solo con su ropa interior y pantalón para luego buscar en su armario ropa más decente y correr a su baño dejando a la chica sola y perpleja en la habitación.

Se ducho a toda prisa tratando de mantener su mente ocupada y libre de pensamientos que pudieran hacerlo reflexionar acerca de su relación con su joven empleada, lo que sinceramente en este momento lo asustaba con la sola idea. Una vez terminó su ducha, volvió al cuarto solo para encontrar que Karin y sus ropas antes regadas por el suelo de su habitación ya no estaban.

Cuando bajó al comedor después de juntar el valor suficiente, la encontró ya duchada y vestida poniendo una tetera al fuego y comenzando a preparar los ingredientes para hacer pastelillos. Lo miró con una sonrisa nerviosa al verlo acercarse.

-Recordé que Momo-san vendrá hoy y ya estamos cortos de tiempo, ni siquiera pudimos ir de compras así que solo haré lo que pueda con lo que tenemos, creo que bastara para unos cuantos bocadillos.- dijo sin dejar de concentrarse en cocinar.

-Uhh… de acuerdo.- se pasó una mano por el cabello, sintiendo sus mejillas arder. Recordaba los besos, las caricias, su voz… sus lágrimas. –Karin…- su voz no fue más que un tenue susurro. -¿Por qué llorabas anoche? ¿Acaso te lastime o hice algo que no te gusto?- se sentía terriblemente incómodo con sacar el tema, pero su curiosidad podía más que su pudor.

Ella se tensó visiblemente y el ambiente en la cocina se sintió pesado y silencioso por los tortuosos segundos que pasaron después de esa incómoda pregunta y el hecho de que ella permanecía sin decir nada solo haciendo decaer sus esperanzas de que todo esto fuera solo un gran malentendido, definitivamente de alguna forma la había disgustado anoche.

-Yo…- finalmente habló volteándose hacia él con una sonrisa nerviosa. –No lo sé, supongo que… solo estaba un poco molesta porque no fue como lo imagine, pero no me disgustaste en lo absoluto y n-no me arre-arrepiento.- su voz tembló un poco.

-Hmm.- la miró dudoso. –Supongo que tampoco fue lo que yo imagine.- había estado seguro de que perdería la virginidad en su noche de bodas con alguna mujer que acababa de conocer por un matrimonio arreglado como el tipo anticuado que era. –Pero tengo la sensación de que esto es algo a lo que le das más importancia de lo que yo pueda imaginar, y siento que de alguna forma te forcé a hacerlo.- bajó la mirada avergonzado. –Por eso, sí hay algo que pueda hacer para compensártelo, por favor dímelo.-

-P-p-pero ¡¿qué dices, idiota?!- su tono irritado lo tomó por sorpresa. -¡Claro que tú no me forzaste a nada! ¡No pienses estupideces!- dejó lo que estaba batiendo por un segundo para mirarlo mal. –No me arrepiento de lo que pasó anoche y no estoy enojada contigo en lo absoluto, y sí vamos a echar culpas aquí la única culpable soy yo.- apartó su mirada de la suya. –Así que… no pienses eso.-

-Yo solo…- comenzó él, solo para frenarse a sí mismo y suspirar antes de completar la oración. –Supongo que tienes razón, no tiene sentido buscar culpables, tú eres una adulta inteligente y lo que pasó fue porque ambos así lo decidimos, aun así…- quería decir que le pareció un poco apresurado, pero no quería ofenderla sí llegaba a tomarlo a malas. -¿Qué te parecería tener una cita esta noche?- sonrió algo tímido. –Aún nos falta conocernos y creo que me gustaría… darle un poco de verdad a nuestro falso noviazgo.- ante esas palabras ella lo miró con los ojos muy abiertos. –S-si tú quieres, claro.- ¿tal vez prefería que lo suyo no pasara de algo de una noche?

-Y-yo…- sonrió nerviosa, desviando su mirada de la suya para concentrarse en su cocina. –Me gustaría tener esa cita.-

El peliblanco suspiró aliviado, tal vez lo suyo pudiera funcionar, tal vez pronto repitan la experiencia de la noche anterior solo que esta vez sin remordimientos ya sabiendo los sentimientos de cada uno y la naturaleza de su relación, tal vez… tal vez ya no estaría solo.

Hubiera dicho algo más, pero en ese momento oyó el timbre de la puerta y maldijo al pensar que Hinamori había llegado temprano, pero cuando fue a abrir la puerta solo se encontró con una pequeña carta sobre la alfombra de bienvenida. La tomó confundido y frunció el ceño al ver que no tenía firma. Entró de nuevo a su casa y abrió el sobre no sin algo de duda.

"Hitsugaya Toshiro, esperó que puedas entender que esta no es una carta de amenaza, todo lo contrario: intento ayudarte." Decía la primera oración. "Kurosaki Karin no es quien tú crees que es, ella solo es una puta que quiere tu dinero o el de quien sea para su propio beneficio." Arrugó el rostro ante las palabras tan horribles que decía sobre la chica que quería. "Aleja a esa pequeña ramera de tu vida antes de que sea demasiado tarde y arruine tu vida. Despídela y échala de tu casa, deshazte de ella y nunca vuelvas a verla o terminaras mal, eso puedo asegurártelo." Bueno, esto sin duda estaba pareciéndole una carta de amenaza. "No pienses mal de mis intenciones, con el tiempo descubrirás que te hago un favor. Tengo pruebas de lo que digo, y pronto te las enseñare, pero sentí que era mi deber avisarte desde ahora para que luego no digas que no te lo advertí. Tienes una puta interesada viviendo contigo. Yo te avisé." Apenas terminó de leer la carta gruñó con desagrado y aplastó el papel en su puño, para luego comenzar a partirlo en trozos y arrojarlos a la basura.

¡¿Quién mierdas se había atrevido a decir todas esas mentiras sobre Karin?! Karin… su Karin… ¡Ella no era tan vil como ese bastardo de Aizen que lastimó tanto a su hermana! Ella conocía su dolor al respecto, ella sabía su opinión sobre eso y ella era la persona más noble, trabajadora y buena que había llegado a conocer.

Había dejado su casa para conseguir más dinero para cuidar de su padre enfermo, se levantaba temprano todos los días para cumplir eficientemente con sus tareas, aun ayudaba a Inoue en el hotel y nunca tenía problemas en escucharlo cuando él necesitaba hablar con alguien.

En tan poco tiempo, se había convertido en alguien muy importante para él y no dudaba en lo más mínimo que esa estúpida nota solo estaba llena de mentiras y calumnias de alguna persona amargada que tenía algo en contra de personas buenas como ellos. Deberían conseguirse una vida propia en vez de estar buscando la desgracia de otros.

Estuvo refunfuñando en el recibidor hasta que su pelinegra lo llamó para ayudarla a acomodar todo para preparar la ceremonia del té en su jardín, desde conseguir las sillas más bonitas hasta colocar adecuadamente los cubiertos correctos. Terminaron justo a tiempo para escuchar el timbre de la puerta justo a la hora indicada con solo dos minutos de retraso, típico de Hinamori.

Fue a abrirle la puerta, pero se detuvo a medio camino de tomar la perilla, de repente sintiendo sus palmas sudar. Hace tanto tiempo que ella no pisaba esta casa… no desde que sus ataques se hicieron más fuertes y frecuentes, se suponía que ahora estaba mejor, pero era la primera vez que volvía a hacer esto en mucho tiempo, ¿qué tal si el solo hecho de volver a pisar su antiguo hogar la hacía volver a tener un ataque? No quería que Karin presenciara eso pero dudaba que pudiera dar marcha atrás ahora. Tal vez debería haberlo pensado mejor antes de aceptar esto, tal vez…

Su mano, que había comenzado a temblar debido a la duda carcomiendo su corazón, de pronto se vio cubierta por una mano mucho más pequeña, a lo que volteó sorprendido al encontrarse a la pelinegra sonriéndole alentadoramente. Sus ojos parecían decir un "estoy aquí contigo".

Cierto… ella estaba aquí, él no estaba solo. Pasará lo que pasará lo resolverían juntos.

Envolvió su mano alrededor de la suya antes de entrelazar sus dedos apretándola firmemente mientras con su otra mano finalmente juntaba valor y abría la puerta, encontrándose con una sonriente Hinamori Momo sosteniendo una sandía en una bolsa en su muñeca.

-¡Buenas tardes, Shiro-chan y Karin-chan!- los miró con ojos brillantes. –Oh, te traje este regalo.- le tendió la sandía mientras entraba, ignorando como casi se va de lado ante el peso de la fruta. ¡¿Y ella había estado cargando eso todo el camino con una sola mano?! Había olvidado lo aterradora que podía ser su hermana mayor.

-¡Buenas tardes, Momo-san!- Karin tomó las manos de la mujer mayor con aprecio. –Nos alegra tenerte aquí, esperó que te gusten los bocadillos que prepare.- la guió sonriente hacia el jardín, aunque ella no necesitaba guía puesto que toda su infancia la vivió aquí.

-Confió en que amaré todo lo que prepares con tus manos mágicas, Karin-chan.- las dos mujeres de inmediato se sumergieron en una animada conversación, aunque él no pudo evitar notar la mirada nostálgica en los ojos marrones mientras recorría la mansión con la vista que perduro incluso cuando se sentaron en el jardín mientras miraba el lugar donde vivía cuando conoció a ese bastardo.

-No tuve tiempo de preparar muchos bocadillos, así que si nos quedamos con hambre siempre podría preparar algo de té helado y comer un par de rebanadas de sandía.- comentó Karin con un humor excepcionalmente bueno. –Aunque de todos modos sé que Toshiro querrá, es su fruta favorita, después de todo.- lo miró divertida.

-¡Ohh, Karin-chan! ¡Veo que ya conoces muy bien a Shiro-chan! ¡A este ritmo confió en que se casaran pronto!- tomó una taza de té una vez él sirvió y uno de los bocadillos, mordisqueándolo delicadamente. -¡Y espero un sobrinito muy pronto!- ante esas palabras, ambos se atragantaron, derramando gran parte de su té el uno en el otro. –Uhh… ¿dije algo malo?- se rascó la cabeza.

-¡Nada en absoluto!- Karin rió exageradamente. –De todos modos, ¿cómo está tu abuela?- rápidamente cambió de tema.

Toshiro permaneció mayormente en silencio durante gran parte de la ceremonia, solo aportando breves comentarios aquí y allá, pero eso le bastaba para estar bastante relajado mientras observaba a las dos mujeres jóvenes que más quería conversar y comer bocadillos, al menos, hasta que la atención de ambas se centró en él.

-Entonces, Shiro-chan, ¿cómo está la cadena de hoteles?- preguntó su hermana entre curiosa y nostálgica.

-Bien, he logrado cerrar algunos contratos importantes este año y planeo extenderme hacia América en un futuro cercano.- sonrió cansinamente al recordar lo mucho que tuvo que esforzarse para lograr esos contratos y lo difícil que era la planificación del futuro proyecto que era más que nada iniciativa de sus inversores.

-Imaginó que debes estar cargando con mucho.- sonrió tristemente. –T-tal vez pronto mi psicóloga me declare apta para volver a trabajar contigo, tal vez pronto p-pueda volver a ser la vice-presidenta de la cadena, y así tú tendrás más tiempo para formar una familia.- miró al cielo con ojos soñadores.

Karin se sonrojó hasta las orejas, mientras que él solo trató de ocultar su preocupación ante el delicado tema de su salud mental.

-B-bueno, ya se nos acabó el té.- la Kurosaki se levantó sonriendo nerviosamente. -¡Creo que iré a preparar algunos tés helados para beberlos y comer un poco de sandía ya que estamos! ¡Vuelvo enseguida!- se llevó el juego de té y desapareció rápidamente del lugar.

-Ella es hermosa, Shiro-chan.- comentó de repente Momo, mirando el lugar por donde la pelinegra se había ido. –Y tú has tenido tanto trabajo desde que yo te dejé solo, has cargado tanto en tus hombros.- suspiró con tristeza. –Sé que eres feliz sacando a flote la compañía de papá, pero quiero que me prometas algo y habló en serio.- lo miró determinada. –Quiero que me prometas que dejaras un poco de lado el trabajo y trabajaras en mantener tu relación con esta chica. Confió en que es buena y cuidara de ti, así que no lo eches a perder solo por un contrato más o un contrato menos, tu vida personal también es importante, tu felicidad debe estar ante todo.- le sonrió con lágrimas en los ojos. –Yo te dejé solo y tú has sufrido mucho, así que por favor, prométeme que te preocuparas por tu felicidad, y creo que esa chica jugara un papel importante en ella.- sonrió esperanzada.

-Yo…- se sonrojó, sorprendido por el repentino discurso de la castaña. –L-lo prometo.- sonrió quedamente. –También siento que ella será alguien muy importante en mi vida, sino es que ya lo es.- miró felizmente como Karin volvía con una bandeja con los tés helados.

-¡Todo listo!- depositó la bandeja en la mesita. –También traje un cuchillo grande para cortar la sandía.- tomó la fruta y empezó a cortarla, primero a la mitad y luego en rebanadas redondas gruesas que cortó a la mitad también. Repartió los tés helados y dejó las rebanadas en la bandeja. –Toshiro, trata de no comerte tan rápido la sandía, estoy segura de que a Momo-san también le encanta.-

-Claro, Karin-chan.- la mayor soltó una risita. –No tienes que regañarlo tanto.- soltó un suspiro enamoradizo. –Ustedes son tan lindos.-

Pese la advertencia de la pelinegra, el chico acabó por comerse la mayor parte de la fruta, apenas dejándole dos rebanadas a la mayor y una a la menor, el té helado estaba delicioso y pronto también se acabó, y a las seis de la tarde luego de un pequeño juego de cartas Hinamori decidió que era hora de retirarse.

-Que tengas buen viaje, Momo-san.- las mujeres compartieron un abrazo. –Esperó que pronto puedas volver a visitarnos o nosotros vayamos allá.- le sonrió.

-Yo esperó pronto volver a probar tu comida, Karin-chan.- rió alegremente.

-Eso dices ahora, solo espera a probar la de mi hermana Yuzu. Ella es la mejor, me enseñó todo lo que sé.- sonrió orgullosa.

-¡Algún día las dos familias deben juntarse!- de repente sus ojos marrones brillaron. –Estoy segura de que pronto ustedes dos se casaran, así que vamos a ser una gran familia con muchos niños corriendo por aquí por lo que deberíamos empezar a conocernos lo antes posible.- deliró con corazones bailando a su alrededor mientras que el peliblanco y la pelinegra la miraban con gotitas bajando por su nuca. -¡Seremos yo, tu hermana, tu padre, tu hermano en el futuro, la abuelita, Aizen y… y…!- Toshiro se horrorizó al escucharla hablar sobre ese bastardo, entonces se espantó aún más al verla perder todo brillo y ganar un aura oscura sobre ella. Ella iba a tener otro de esos horribles ataques, aquí en su casa, con Karin viendo. –Aizen…- susurró ella, con lágrimas deslizándose por su mejilla. –Él no… él no podrá estar allí.- un sollozó sacudió su cuerpo. -¡Él no podrá estar allí porque él me dejó!- su agudo chillido hizo a su cabeza doler, entonces ella se volteó y lo miró con un odio tan profundo que lo hizo querer vomitar. -¡Él me dejó por tu culpa! ¡Tú me robaste todo mi dinero y entonces… entonces…!... ¡ÉL ME DEJÓ!- de pronto corrió hacia él queriendo derribarlo, y estaba demasiado paralizado por el horror como para frenarla de seguramente empujarlo o golpearlo o…

-¡YA BASTA!- antes de que Hinamori pudiera acercársele mucho, Karin la freno moviéndose más rápido y asestándole una bofetada.

-¡KARIN!- también gritó. -¡No la golpees! ¡No es su culpa lo que hace o dice! ¡Ella tiene problemas!- sintió un profundo enojo hacia la chica más joven, pero se congeló al ver las lágrimas en la comisura de sus ojos mientras sujetaba contra la pared las muñecas de una temblorosa Momo.

-¡Sé muy bien que tiene problemas, Toshiro! Pero no… ¡No puedo tolerar que hable así de ti!- gruñó, pero entonces volvió su mirada hacia los opacos y enloquecidos ojos marrones. -¡Se supone que eres su hermana mayor, pero no eres capaz de ponerlo por encima de un bastardo al que ni siquiera conociste por tanto tiempo! ¡Tal vez no sea nadie para hablar, porque yo no estaba aquí cuando eso pasó! ¡Pero tengo hermanos, y ellos nunca preferirían a un idiota antes de a la persona con la cual creciste! ¡Tengo familia y nunca ninguno de nosotros creería que somos capaces de hacernos tanto daño! No eres capaz de aceptar que Aizen te robó y te abandonó, así que culpas a tu hermanito porque tu mente prefiere creer que fue alguien más, cualquier persona, antes que el hombre que amas, ¡pero eso es ridículo y lo sabes!- acercó más su rostro al de la mujer mayor. –En el fondo sabes que Toshiro nunca haría algo así, porque a él no le interesa el dinero, todo lo que hace para mantener la cadena de hoteles a flote lo hace por su padre, ¡todo lo que soporta tus estupideces lo hace porque te ama! ¡Él todo lo hace por su familia!- las lágrimas se deslizaron por sus mejillas mientras los dos hermanos la observaban atónitos. –En el fondo… tú solo estás enojada porque nunca tuviste la oportunidad de reclamarle a Aizen la verdad, tú solo quieres encontrar otro culpable que no sea él ¡y que no seas capaz de hablar al respecto es lo que te está enloqueciendo!- de repente la soltó y sin más salió corriendo por las escaleras.

Momo cayó de rodillas, temblando y sollozando. Él se acercó a su hermana casi con miedo pues cada vez que tenía un ataque solo se le pasaba después de desmayarse, y no sabía que iba a pasar ahora. Entonces, ella alzó la vista, y se veía tan rota que sintió su ira contra Karin aumentar.

-Hinamori…- se arrodilló a su lado. –L-lo siento, Karin… T-tú… ¿Cómo estás?- no sabía que decir ni qué hacer ni cómo reaccionaría.

-Shiro-chan…- la forma en la que lo llamó lo dejó con la boca abierta, ella nunca lo llamaba así cuando tenía sus ataques. –Lo siento…- sollozó, ajena a su completa sorpresa. -¡Lo siento mucho!- de pronto se lanzó a abrazarlo, dejándolo en absoluto shock. -¡Lo siento tanto, sé que tú no eres como él, yo solo… solo… estoy tan triste! ¡Estoy tan triste, Shiro-chan, me siento tan usada y traicionada! ¡Realmente no podía creerlo, quería creer cualquier cosa menos que él me hiciera eso!- lo abrazó con más fuerza. –Perdóname… nunca quise dejarte solo…- el peliblanco escuchó incrédulo sus palabras, antes de poco a poco asimilarlas y comenzar a sentir sus ojos humedecerse y una pequeña lágrima escapar.

-Hinamori… no me llames Shiro-chan.- sonrió levemente, entonces la sintió caer inconsciente y suspiró cargándola. –Tendré que llevarte al psiquiatra ahora, y nuestra abuela se preocupara.- comenzó a caminar fuera de la casa hacia su auto. –Yo también estoy preocupado pero… tal vez por una vez tu médico no me dé malas noticias.- miró con optimismo a la mansión, viendo a Karin mirándolos a través de una ventana.

En todo el viaje a su hospital Hinamori no despertó. Llegaron a su destino y de inmediato su médico los atendió y le recomendó dejar a su hermana en observación y que mañana volviera para recibir noticias, por lo que le agradeció después de explicarle lo que había pasado antes de retirarse.

Condujo sin importarle la hora en la que llegaría a casa y preocupar a Karin hasta la casa de su abuela, donde rápidamente le explicó la situación de su nieta y la consoló hasta que ella prácticamente lo obligó a regresar a su casa para no preocupar a su novia.

Cuando regresó a la mansión eran más de las nueve de la noche y ni siquiera se molestó en anunciarse, sino que fue directamente al cuarto de la pelinegra y tocó con fuerza, sin sorprenderse cuando no hubo respuesta. Suspiró y trató de abrir la puerta, sorprendiéndose al ver que no tenía seguro. Entró dudoso y su boca cayó abierta al ver las puertas del armario abiertas y ningún rastro de ropa en él. ¡¿Pero qué demonios pasaba con esa idiota ahora?!

Gruñó y corrió fuera de la casa devuelta hasta su auto, tomando rumbo hacia la clínica Kurosaki tratando de no chocar nada en el camino. Sin embargo, a mitad de camino hasta allá, se topó con una pequeña figura arrastrando una maleta por la calle y de inmediato orilló el auto y bajó.

Karin se horrorizó al verlo y de inmediato echó a correr, por lo que no dudó y fue tras ella, alcanzándola sin problemas y atrapándola en sus brazos. Su maleta cayó y ella no dejó de luchar ni por un segundo mientras la arrastraba al coche.

-¡Suéltame, idiota! ¡No sabes lo que te estás haciendo! ¡No soy buena para ti, todo lo que hago es arruinar tu vida!- pataleó. -¡Es mejor para ti que no vuelvas a verme! ¡Soy una plaga! ¡Soy horrible! ¡Soy una mala persona! ¡Soy lo peor que te ha pasado! ¡Déjame ir!- siguió gritando aun cuando la encerró en el auto para volver por su maleta.

-¡Eres una completa idiota!- gruñó mientras guardaba la valija en el maletero. -¡¿Qué te hizo pensar que era buena idea mudarte caminando sola por la calle a las nueve de la jodida noche?!- el solo pensar lo que podría haberle pasado lo hizo palidecer. –Te llevaré de vuelta a la mansión.-

-¡Tú eres el idiota! ¡Solo llévame a mi casa, es lo mejor para ti y para todos!- se cruzó de brazos al verlo entrar, solo para tratar de golpearlo cuando emprendió camino para volver a su mansión. -¡¿Qué haces?! ¡Te estoy diciendo que me lleves a mi hogar, y la clínica Kurosaki está hacia allá!- señaló molesta la dirección.

-Te estoy llevando a tu hogar, tú vives conmigo.- frunció el ceño. Eso la dejó callada por un segundo, antes de que volviera a gritarle.

-¡Te digo que no sabes lo que estás haciéndote!- él la ignoró. -¡Solo déjame ir antes de que sea tarde y destruya tu vida! ¡Renunció a mi trabajo y a todo! ¡No te mereces a alguien como yo, no te mereces ningún mal! ¡Déjame ir antes de que me arrepienta!-

-No entiendo nada de lo que estás diciendo.- mantuvo su vista en la carretera. –Pero sí esto es por lo de Hinamori, no tienes por qué preocuparte. No estoy molesto contigo. Lo que hiciste fue irresponsable y aún no sabemos si empeorará o mejorará las cosas, pero aun así no estoy enojado.- no creía que lo que hizo fuera para peor, teniendo en cuenta que por primera vez ella parecía haber recuperado la cordura antes de desmayarse, pero incluso sí esto significaba un retroceso sabía que no podría enojarse con ella.

-No lo entiendes… yo no soy quién tú crees.- él abrió los ojos repentinamente al recordar aquella maldita carta, pero de inmediato se reprendió, esas fueron solo puras mentiras. –Solo te haré daño… Y no es que quiera irme, pero lo mejor es que me aleje de ti.- ella sollozó y él no pudo evitar mirarla de reojo, notando que las lágrimas hace mucho que bajaban por sus mejillas. –La verdad es que yo… planeó… planeaba… entre a trabajar para ti solo por interés.- esperen, ¿qué quería decir con eso? –Y e-es verdad que he llegado a amarte, p-pero todo este tiempo planee… tu dinero… yo…- esperen… ¿Qué?...

Su mente no fue capaz de registrar nada más que esas palabras: "he llegado a amarte" cualquier otro pensamiento fue expulsado de inmediato, nada más fue importante para él. Orilló el auto antes de provocarles un accidente por su falta de concentración, dándose cuenta que estaban en una parte bastante desolada de la ciudad y que aparte una tormenta había comenzado.

-¿Qué has dicho?- sus ojos estaban abiertos a más no poder. Ella se congeló por completo, mirándola tan asustada que casi pareciera que esperaba ser golpeada por él en cualquier momento. –T-tú… tú dijiste que… has llegado a amarme.- ella pareció confundida.

-S-sí… es cierto. Te amo. Pero yo…- en ese segundo un trueno resonó, y al siguiente él ya se encontraba acaparando sus labios con los suyos propios, sus sentimientos estaban demasiado desbordados como para no ceder al súbito deseo de besarla. –T-Toshiro… espera…- dijo entre beso y beso. –Tengo que decirte…- siguió intentando hablar hasta que finalmente se dejó llevar sus besos y le correspondió con ternura, pasando sus brazos por detrás de su nuca.

Siguieron besándose con pasión con el sonido de las gotas de lluvia golpeteando contra el auto y algún que otro trueno ocasional como sonido de fondo mientras ella se acomodaba sobre su regazo y él acariciaba su cintura y su cabello cariñosamente. Se separaron respirando agitadamente luego de varios minutos y él apoyó su frente contra la suya.

-No sé cómo pasó, solo te conozco desde hace un mes y antes nunca creí que me enamoraría.- pudo ver su rostro enrojecer. –Realmente te odié al principio, pero también desde el principio lograste intrigarme, y ahora no puedo siquiera imaginar vivir sin ti.- acarició su mejilla. –Antes de ti mi vida era solo soledad, frialdad y oscuridad.- cerró los ojos dolorosamente. –Y sé que tú aún tienes cosas que resolver de tu vida, sé que tenemos problemas y cosas que aclarar, pero ahora no puedo pensar en nada más a excepción de lo mucho que te amo.- sonrió al verla sonreírle, y entonces ella se lanzó a besarlo.

Se sentía tan bien… mandar todo al diablo por un momento. Mañana tenía que ir a verificar la condición de Hinamori, y tenía que terminar algunos papeles que le quedaron del trabajo y todavía tenían que llenar su nevera, pero ahora mismo simplemente no quería preocuparse de nada más que no fuera la chica que amaba entre sus brazos.

Se besaron no solo por el deseo, sino también por la necesidad de estar juntos pese a todo, desvanecer sus frustraciones, sus dudas y estrés, el cariño arraigado en lo profundo de sus corazones y sobre todo el amor que acababa de estallarles en los rostros después de tanto ser reprimido por sus miedos. Ahora nada les importaba, nada excepto estar juntos.

Sacó las llaves del auto con dedos temblorosos mientras sentía a Karin repartir besos por su cuello mientras sus manos trazaban las líneas de sus abdominales aún por encima de su ajustada camisa, entonces volvió a ocupar sus manos en ella, desatando su cabello y acariciándolo en todo su largo hasta terminar en su espalda baja pasando por sus pronunciadas curvas hasta terminar en su muslo.

Jadeó al sentirla mordisqueando su lóbulo para luego pasar su lengua por la piel debajo de su oreja, tirando levemente con los dientes antes de chupar. Gruñó ante las atenciones de la chica, subiendo las manos para meterse bajo su falda y apretar sus glúteos firmes, complaciéndose al escucharla jadear, entonces movió su cuerpo hasta empujarla sobre el asiento del automóvil, haciendo para atrás los respaldos para tener más espacio aunque admitía que no le disgustaba en lo absoluto estar en un espacio reducido con ella.

Se posicionó sobre ella yendo directo a devorar su cuello para devolverle los pequeños favores que ella había dejado en su piel en forma de chupones, sin importarle que eso probablemente los hiciera a ambos terminar teniendo que usar bufandas aun con el clima cálido que estaban teniendo últimamente.

Mordió, chupó y lamió su garganta hasta que la sintió retorcerse de tal modo que sus intimidades urgidas de atención se rozaron, entonces ya no pudo seguir soportándolo y prácticamente arrancó su ropa mientras ella hacia lo mismo con la suya.

Sentirse piel contra piel no ayudó mucho a bajar su excitación, sino todo lo contrario. Él apretó sus pechos grandes en sus manos, ella enredó las piernas alrededor de su cintura y su miembro rozó contra su entrada abundante de su humedad, pero lo que más sintió en ese momento fue la forma en la que ella lo besó, llena de dulzura y pasión.

Habían pasado por mucho en poco tiempo y ahora se necesitaban tanto que si no se tenían iban a estallar y era algo mutuo y lo mejor de todo era que lo sabían. Sabían que no se iban a arrepentir de esto, sabían que lo hacían por amor, no le importaba lo que pasaría mañana, el próximo mes o el año que viene, este estaba siendo el mejor momento de su vida.

Sus labios siguieron unidos mientras la penetraba, ella lanzó un pequeño gemido de dolor pero el beso no paró y esta vez su cuerpo se acostumbró mucho más rápido al suyo de modo que al poco tiempo aumentó la velocidad, acariciando con una mano uno de sus mulsos que aún estaban enredados en su cintura y con la otra mano retorciendo uno de sus pezones erguidos.

Los truenos y la fuerte lluvia eran lo único que sofocaba el volumen de los gemidos y gruñidos que sus besos no lograban sofocar.

Al poco tiempo sus movimientos acompasados se volvieron tan frenéticos, rápidos y fuertes que estaba seguro de que debían estar sacudiendo todo el auto y que cualquiera que mirara a esa calle se daría cuenta fácilmente de lo que estaba pasando en el interior del vehículo, pero el pensamiento no lo avergonzó, todo lo contrario, lo hizo soltar una pequeña risita en medio de sus jadeos. Karin, aunque no tenía ni idea de lo que estaba pensando, también rió al escucharlo en medio de sus gemidos y pequeños chillidos, y sin saber por qué ambos empezaron a reírse como dos idiotas mientras no dejaban de darse placer mutuamente.

Una vez cesado el súbito ataque de risa, el placer ardiendo en sus cuerpos aumento el volumen de sus gruñidos y chillidos, aumentó la velocidad y la fuerza, aumentó el calor y el sudor, aumentó todo hasta que sus bocas se unieron en un apasionado beso para cubrir los gritos que el orgasmo al golpearlos con fuerza quiso arrancarles.

Se separaron lentamente, solo para volver a besarse y cambiar de posición, ahora ella sentada encima de él. Sus manos recorrieron la espalda del otro mientras sus sexos lentamente volvían a reclamar con urgencia repetir el acto, y así lo hicieron, y lo volvieron a hacer hasta que el cansancio los venció y terminaron por dormirse ella recostada sobre él.

La lluvia siguió cayendo tratando de apalear con agua a la ciudad, ajena a cómo había sido utilizada por los dos amantes que ahora dormían tranquilamente sin inmutarse por más truenos que resonaran y por más que aumentara la intensidad de las gotas para encubrir su acto de amor ya consumado.

Ellos se durmieron sonriendo, sabiendo que mañana no habría arrepentimientos ni dudas. Solo amor.

Continuara...