Gonna pick myself up, so I don't let this ever grow
Even if I mess up, I won't let this ever go
It's hard to stay
It's hard to stay
'Cause some birds aren't meant to be caged
…
Rojo, azul, amarillo, dorado, verde, agua marina e incluso un feo rosa chillón eran los colores de corbatas y moños que estaban regados por toda la habitación. Además de Tony quien había decidido que el piso alfombrado era mucho más cómodo que la cama.
—¡Maldición! —Tony restregó ambas manos en su cara en frustración. Esa noche era importante, tal vez la decisiva para entablar una relación civilizada con el que era su esposo. Por esa razón debía de verse formal, elegante y… ¿por qué no atractivo? Estaba consciente de que era atractivo y sabía que de alguna manera su esposo también estaba al tanto de eso.
De alguna manera se acordó de su madre, cuando ella era un poco más joven y le encantaba organizar fiesta en la mansión Stark. María se ponía el mejor vestido que le resaltaba las curvas, arreglaba su cabello en algún peinado que afinaba los rasgos de su cara y usaba joyería extravagante que nunca fallaba en atrapar las miradas de todos sus invitados. En su momento Tony había sido demasiado joven para entender todo lo que pasaba a su alrededor pero cuando creció, se dio cuenta que su madre no hacía todo eso porque le gustara, si no para complacer a Howard y mantenerlo contento. Cierta vez ella misma le dijo que la belleza y la juventud eran las mejores armas para ser feliz en un matrimonio. Tony se preguntaba si esas palabras aplicaban en el suyo.
Alzó su mano izquierda, arremangó un poco la camisa azul celeste que había decidido usar y se fijó en su reloj dorado que faltaba menos de una hora para las nueve de la noche. La buena noticia es que ya estaba casi listo. Un traje formal de dos piezas en color caqui que jamás se había puesto fue su salvación. Su madre se lo había enviado con un par de cosas más. Algunas prendas a colores vivos que según ella, combinaban con el color de su piel y sus ojos. Tony no estaba completamente de acuerdo pero jamás le había negado algo a su madre así que decidió que tal vez algún día las usaría.
Soltó una pequeña risa, era cierto que extrañaba a su madre. También era cierto que ambos no tenían la mejor relación de madre e hijo pero ella siempre había estado con él en todo momento. Un suspiro escapó de sus labios y sacó su teléfono del bolsillo derecho de su pantalón y marcó el número que se sabía de memoria. El sonido de espera al otro lado de la línea lo estaba matando.
—¿Hola?
La voz de su madre al otro lado del teléfono hizo que su corazón comenzara a palpitar muy rápido.
—¿Mamá? Soy Tony…—Dijo y al momento se arrepintió de sus palabras, no es como si su madre tuviera otro hijo además de él.
—¡Tony! Oh Tony, cuanto me alegra escuchar tu voz.
María dijo con entusiasmo y en un segundo todas las dudas que Tony tenía sobre la llamada, desaparecieron.
—Yo… solo quería saber cómo estabas. —Tony centró su vista en el blanco techo de la habitación.
—Estoy muy bien cariño, de hecho acabo de terminar de arreglarme para salir a cenar con tu padre.
Tony se tensó un poco.
—¿Solo ustedes o con alguien más? —Quiso estar seguro de que su esposo no hubiese planeado una doble cena o algo por el estilo, no estaba en condiciones de fingir felicidad frente a sus padres o más bien frente a su mamá.
—Con los Lenhsherr. Tu padre ha estado trabajando para conseguir una cena con ellos y al final accedieron, espero que todo salga bien—María soltó un leve suspiro—. Las cosas no pintan a nuestro favor últimamente.
Ciertamente esa información lo tomó por sorpresa.
—¿Qué cosas, mamá? —Preguntó.
—Tu padre ha perdido un par de contratos con algunos inversionistas, no están felices con la manera que está manejando la compañía—Tony sintió un poco de pena por su madre, pues sabía que Howard no estaba nada contento y cuando eso pasaba, quién pagaba el precio era precisamente ella.
—¿Y qué dice Obidiah? — Tony tenía curiosidad sobre lo que pensaba Stane, a pesar de ser un socio ausente, él era dueño de un porcentaje considerable de industrias Stark. Un cuarto de las acciones de los bancos y al menos la misma cantidad en otros negocios.
—No lo sé, pero vendrá a América la próxima semana—María hizo una pausa, como si estuviese pensando lo que iba a decir—. Pero no me llamaste para hablar sobre la compañía ¿verdad?
Tony soltó una risita, pues sabía que su madre había cambiado el tema radicalmente.
—Ya lo dije, solo quería saber cómo estabas—Tony mordió su labio inferior, debatiéndose en si decirle que iba a salir a cenar con su esposo pero que también se había besado con su guardia.
—Oh vamos Tony, te conozco. Anda, dime que es lo que tienes en esa pequeña cabeza tuya.
La voz picara de su madre lo hizo sonrojarse ¿Ella entendería lo que estaba pasando? Tony estaba seguro de que su mamá no estaba enamorada de Howard cuando se casaron, había sido un matrimonio arreglado desde que ambos eran muy jóvenes. Tony se sabía la historia de pies a cabeza, era uno de sus cuentos favoritos de cuando era niño, escuchar a su madre decir que aunque al principio no había nada pero con el tiempo llegaron a quererse, siempre llenaba a Tony de ilusión. Pero por alguna razón él no se sentía con el mismo entusiasmo cuando pensaba en Víctor y el problema era porque existía alguien más.
Steve.
—Tengo una cena con Víctor en un par de minutos—Soltó y sintió como un gran peso abandonó su pecho.
—Oh…—María dijo un poco sorprendida y Tony se giró para quedar frente a la alfombra.
—Si… yo tampoco lo esperaba —Soltó una risita nerviosa.
—No, no es eso mi cielo, es que no estaba preparada para oírte hablar de tu esposo ¿cómo han ido las cosas?—María preguntó con curiosidad.
De la mierda, Tony pensó.
—Bien…—Dijo Tony—. Él ha estado ocupado con sus asuntos, casi no pasa tiempo en la casa pero me da mi lugar.
Tony se aruñó a sí mismo en un intento de reprimir cualquier sollozo que se fuera a escapar, su mamá no merecía saber la verdad, él no le daría esa preocupación, no cuando ella ya tenía muchas cosas encima.
—Ya veo.
Un largo suspiro se escuchó del otro lado de la línea y Tony se dio cuenta que su madre sabía pero por amor a él, no iba a mencionar nada. Se maldijo internamente, realmente extrañaba muchísimo a su mamá.
—¿Cómo lo hiciste? —Tony preguntó decidido—. ¿Cómo lograste querer tanto a mi padre?
¿Nunca volteaste a ver a alguien más?
Esa era la verdadera pregunta que no se atrevió a formular, pues aunque Tony no se podía ver en ese momento, podía sentir como su rostro ardía de vergüenza.
—Mi niño…—La voz temblorosa de su madre apareció, sabía que la había hecho llorar—. No es nada fácil…—Una pausa silenciosa se unió a la platica
—Lo sé…—Fue lo único que Tony pudo responder.
—Cuando me casé con tu padre, todo parecía gris—Su madre empezó el relato y Tony se acomodó mejor en la alfombra, porque sabía que iba a tardar un poco. Le dio un vistazo a su reloj y se sintió aliviado al ver que aún le quedaba buen tiempo antes de que el chofer viniera a recogerlo—. No conocía a nadie más que a Jarvis y los padres de Howard parecían ignorarme al igual que mi esposo—María rió pero Tony sabía que el rechazo de sus suegros aún estaba presente ¿Gustav tendría padres cercanos? Ahora que lo recordaba, no había visto a la familia de su esposo presente en su boda—. Los primeros meses fueron los peores, tu padre viajaba cada semana, se la pasaba en juntas y casi no tenía tiempo para verme… me sentía perdida en la gran mansión en donde nadie era mi amigo—. Tony no podía ver a su mamá pero la imaginaba un tanto nerviosa mientras que una de sus manos acomodaba los mechones rebeldes de su cabello—. Pensé en huir, nadie notaría mi ausencia por un par de días, pero… No podía defraudar a tus abuelos, después de todo me casé con Howard para ayudarlos a ellos—Tony sabía que María estaba hablando de sus propios padres. Los progenitores de su madre habían sido ambos hombres, una familia que había trabajado duro para llegar hasta donde estaban y tener algo decente para vivir, habían llegado desde Italia a América con las manos vacías pero por un golpe de suerte se habían hecho famosos por los restaurantes que abrieron alrededor de la ciudad—. Me tragué mis lágrimas día con día y con orgullo me paseaba por la casa, ofrecí mi ayuda en lo que pudiera hacer, cada que tu padre regresaba al estado ahí estaba yo para complacerlo, me esforcé cada día pero nada cambiaba—Tony comenzaba a sentirse nervioso—. Hasta que llegaste tú.
Tony no esperaba esa respuesta.
—¿Yo? —Preguntó sin creerse aun lo que estaba escuchando. Su madre volvió a reír.
—Si no hubiese sido por ti, no sé qué hubiera pasado… tú eras todo lo que tenía, podía pasar horas mirándote, lo perfecto que eras. Cada que llorabas, reías, dormías… yo era feliz a tu lado. —Ella soltó un suspiro y Tony supo que lo que su madre dijo había salido de su corazón—. No estoy diciendo que para ti sea lo mismo, pero cambiaste mi vida de una manera maravillosa Tony y estoy segura que en cuanto tengas un hijo, será tu mayor alegría… imagínate en el lugar que quieres estar y verás que eso ayuda, un poco pero lo hace —Tony realmente quería creer eso.
—Gracias mamá…
Tony dijo, pero cuando él se veía feliz en el futuro, no era en la ciudad. Si no en un lugar apartado, en donde los arboles crecieran a su antojo, el canto de las aves pudiera escucharse, donde el río corriera libre y por las noches las estrellas brillaran con intensidad. Podía verse a sí mismo en ese lugar y no solo, con Steve.
—Sé que sabrás ganarte el cariño de tu marido, eres muy inteligente Tony, sé que serás feliz.
Tony quería creerle con todas sus fuerzas que así sería, que de alguna manera su esposo llegaría a quererlo y que cuando fuera el tiempo, tendrían un hijo que vendría a arreglar todas sus penas. Pero el recuerdo de Gustav de unas semanas atrás regresó. La brusquedad con la que lo había tomado y aquel odio reflejado en sus ojos era lo que no iba a olvidar en mucho tiempo.
Al final había decidido en que no llevaría corbata.
.
Su madre le deseó buena suerte en su cena y Tony hizo lo mismo, no sin antes decirse a sí mismo que indagaría un poco más sobre el problema de su padre y la compañía, estaba seguro que su esposo tenía mucho que ver en todo eso. Cuando el reloj marcó exactamente las nueve de la noche, Tony se escabulló por el ascensor hasta el estacionamiento. El nerviosismo lo estaba comiendo vivo, había sido un error en aceptar aquella cena pero ¿qué más podría haber hecho? ¿Haberse negado? Estaba seguro que Gustav no aceptaría un no por respuesta.
Podía haberle hablado a Steve. Pero su orgullo se lo había impedido, en ese momento se arrepentía de no haberlo hecho. Tampoco es como si quisiera que Steve se enterara de la salida y tampoco eso tenía algún sentido. Su padre lo había asignado como su guardia personal y como tal eso debía de hacer, aquel beso había sido un error pero no por eso las labores de Steve iban a cambiar.
Se había perdido tanto en sus pensamientos que no se percató del coche que estaba esperándolo y para su sorpresa, su esposo era el chofer. Gustav se estiró del lugar del conductor para abrirle la puerta del copiloto. Tony sonrió ante el gesto y sin pensarlo dos veces se subió al coche. El coche era un Mercedes Benz negro, una camioneta preciosa por fuera y por dentro. Si Tony no lo creyera imposible, diría que el coche estaba recién salido de la agencia.
—Estaría agradecido si te pusieras el cinturón—Gustav dijo y Tony obedeció al instante.
El "click" del cinturón además de las respiraciones de ambos, era el único sonido en la cabina. Realmente no sabía cómo empezar o que decir. Su esposo empezó la marcha en camino al centro de la ciudad.
—¿Hambriento? —Gustav fue el primero en romper el hielo.
—Un poco, la verdad no he comido casi nada en todo el día—Tony respondió mientras acunaba su mejilla en su mano derecha y volteaba a ver por la ventana de reojo. No se atrevía a mirarlo a los ojos.
—Me alegro, tenemos reservaciones para un restaurant no muy lejos de aquí. Una carta deslumbrante y muy buenos vinos—Su esposo mencionó mientras le dedicaba un vistazo de reojo.
— ¿Italiano, verdad? Realmente tengo muchas ganas, parece que han pasado milenios desde que probé algo de allá—Tony dijo un tanto entusiasmado.
—¿Es tu comida favorita? —Gustav le dedicó toda su atención mientras esperaba que la luz roja del semáforo cambiara. Tony se obligó a verlo y una ansiedad lo atrapó.
—S-si, cuando era niño mi madre solía cocinarme, igual mis abuelos por parte materna eran italianos, crecí con el gusto por esa comida—Dijo mientras de nueva cuenta fijaba la vista hacia el frente viendo como los edificios se quedaban atrás con el avance del coche.
La noche era bella sin duda alguna. El aire veraniego se sentía fresco por todos lados y el olor a vida de la ciudad lo hacían sonreír. Gustav pareció notar aquello, pues apagó el aire acondicionado del coche y bajó un poco las ventanas de este. Tony se giró y solo pudo decir:
—Gracias
—No es nada, anda, sígueme contando de tu familia—Su esposo parecía animado y a decir verdad, esa era una petición noble así que eso hizo, comenzó por el principio.
.
El trayecto al restaurante fue de casi media hora. Hubiesen estado a tiempo de no haber sido por Gustav que se detuvo a medio camino para comprar un tipo de bollo llamado Baozi. Gustav le ofreció pero Tony lo había rechazado amablemente con el pretexto de que estaba guardando estomago para la comida Italiana. Pero la verdad era que el shock de presenciar una escena así lo habían dejado completamente indefenso en su arsenal de emociones pre-programadas. Tony no podía creer lo que estaba viendo, a su esposo disfrutando tan alegremente de la comida mientras manejaba con el brazo que tenía libre. Nunca imaginó que sus ojos llegarían a admirar una conducta tan… natural.
En ese momento las palabras de su madre vinieron a su mente, después de todo tal vez había una oportunidad para ambos.
Hablaron de temas sosos como el clima, la tasa de cambio del día y el sabor de los bollos; ahí fue en donde la plática se tornó amena. Gustav le había dicho que los bollos habían sido uno de sus platillos favoritos de su infancia, la servidumbre de su casa los preparaba a menudo pero nunca igualaban el sabor que su madre tenía. Al parecer el platillo era típico de la ciudad en donde ella había nacido y había acarreado la receta junto con ella cuando se casó.
—¿Suiza?
Tony preguntó un tanto curioso, la ciudad natal de Gustav era suizo y de las experiencias que había tenido en Europa, los bollos no figuraban como una comida típica del lugar. Tal vez su madre había sido de otro país justo como María lo era. La sonrisa de Gustav se borró de su rostro y un pequeño carraspeó escapó de su garganta, por un segundo el miedo de haber tocado alguna vena sensible lo invadió, pero se esfumó en cuanto su esposo estacionó el coche frente al restaurant.
—Si, de Suiza. Anda, vamos que ya es tarde.
Dijo con un tono calmado mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad y Tony se limitaba a imitarlo. Ambos bajaron del auto y un valet se hizo cargo de estacionarlo en el lugar correcto.
Tony le echó un vistazo a la fachada del restaurante y por lo que pudo deducir era que el edificio tenía pinta de ser elegante pero también acogedor. En la entrada estaba un guardia de seguridad con un traje negro y una señorita de una bella cabellera dorada en forma de rizos, portaba un vestido rojo de noche que tenía un escote prolongado en su busto y también en la pierna derecha. Ella les sonrió cuando se acercaron lo suficiente.
—Buenas noches, bienvenidos a Bucciarati ¿cuentan con reservación?
Ella preguntó y su esposo asintió.
—Gustav Svennson.
Dijo y Tony pudo ver como se le iluminaban los ojos a la mujer de la puerta.
—Y mi esposo Anthony.
Aunque eso lo tomó por sorpresa, Tony casi suelta una carcajada al ver como la mujer cambiaba de semblante.
—Claro, los estábamos esperando. Síganme por favor.
Ella solo asintió y comenzó a caminar rumbo al restaurante. Gustav se detuvo antes de entrar al lugar y le ofreció su brazo. Tony se sorprendió pero no dudó en tomarlo, su esposo le dedicó una sonrisa suave y juntos entraron al edificio. Un leve cosquilleo invadió su estómago, tenía que admitir que se sentía bien ser reconocido de esa manera, como el esposo legítimo de alguien importante.
La mujer los guío hasta un elevador que los llevó al último piso del edificio que era el número 15. En cuanto la puerta del elevador se abrió de nueva cuenta, Tony pensó que estaba soñando. Para empezar, la vista era hermosa, un ventanal enorme era lo único que los separaba del espectáculo de luces que era New York por las noches. Al parecer su esposo había reservado un piso entero en donde los chefs iban a cocinarles a escasos metros de ellos. Los camareros se acercaron rápidamente a ellos.
—¿Puedo tomar sus sacos?
Uno de ellos preguntó y Tony se zafó del agarre que tenía con Gustav para sacarse su propio saco y dárselo al camarero. Gustav hizo lo mismo y cuando el muchachito se llevó las prendas, su esposo se agachó para robarle un beso. Tony dio paso hacia atrás de la impresión.
—Ah… y-yo lo siento.
Dijo un poco alarmado, realmente no se esperaba esa reacción del contrario. No es como si alguna vez aquel lo hubiese tratado de besar desprevenido, no era como si él y su esposo tuvieran una relación normal. La escena de Steve besándolo regresó a su mente y maldijo que su marido se pareciera tanto a su guardia.
Gustav soltó una pequeña risa y se encogió de hombros.
—No me pude contener.
Tony tragó saliva y luchó por ocultar su nerviosismo. Sí que sería una larga noche.
.
Las uñas de Tony resonaban en el vidrio de la mesa una y otra vez. Gustav había salido a atender una llamada y por mientras los camareros se apresuraron a tomar su orden. Realmente no tenía mucha hambre, los nervios lo estaban comiendo vivo y sabía que si comía de más, muy probablemente iba a terminar devolviendo todo.
Para comenzar pidió un risotto con extra queso y para el plato principal un carpaccio de salmón además de una copa de vino Barolo. No tenía muchas ganas de algo fuerte, así que un vino de frutal era una buena opción. Tony acunó su rostro en una de sus manos y soltó un leve suspiro. Su vista se enfocó en el panorama que la ciudad le ofrecía y se preguntó en que parte estaría Steve; sí ya había comido o dormido, sí estaba pensando en él como Tony lo estaba haciendo en ese mismo momento.
Tony quería a Steve, esa era la realidad. De alguna manera su alma se sintió un poco más ligera cuando al final lo aceptó. Cuando estaba con él las cosas eran distintas, más naturales y sencillas. Steve lo dejaba ser él mismo y no necesitaba fingir ni guardar silencio o hablar si no quería. Con él se sentía a salvo.
—Lo siento, era del trabajo pero ya está todo listo. Nadie nos molestará esta noche.
Tony salió de sus pensamientos en cuanto escuchó la voz de su esposo y lo vio sentarse frente a él. La culpa llenó su corazón, su esposo se estaba esforzando y Tony ya lo había descartado.
—¿Ya pediste algo?
—Vino por lo pronto y un risotto.
El contrario preguntó y Tony estiró su otra mano para enseñarle la copa de vino. Gustav tomó la botella y se sirvió un poco para sí mismo y le dio un sorbo.
—Barolo, buena opción.
—¿Era algo importante?
Tony inquirió mientras le daba otro trago a su copa. Gustav no lo miró si no que se concentró en la carta que estaba sobre la mesa. Un camarero se acercó rápidamente para tomar la orden de su esposo.
—No realmente, un par de personas molestosas. Saltimbocca alla romana y el mismo risotto que mi acompañante.
Gustav dijo y le dedicó un pequeño gesto de aprobación. El camarero tomó la carta de las manos de su esposo y se fue en dirección a los chefs para transmitirle los deseos de los comensales.
—¿Realmente cuál es tu trabajo?
Tony preguntó. Él sabía que su esposo era un empresario muy importante en Europa, era dueño de un gran banco además de decenas de compañías industriales como constructoras, en tecnología e incluso aviación. Tony había estado haciendo su tarea y con eso se refería haber molestado a Steve para que le compartiera un poco de información, pero la verdad era que no tenía todas las cosas claras. Gustav había dicho que quería empezar desde cero así que Tony iba a aprovechar la oportunidad.
—¿Has escuchado de Zefiro Corp?
Gustav preguntó y Tony negó. Era la primera vez que escuchaba ese nombre, ni siquiera lo había oído de los labios de su padre.
—Era la compañía de mi abuelo, se la heredó a mi padre pero la perdió en un mal negocio—Gustav se bebió todo el vino de su copa y se sirvió un poco más—. Logré recuperar la mitad cuando mi padre murió, y solo con eso pude invertir en varios negocios y me saqué la lotería.
Su esposo rió, Tony no sabía de qué pero seguramente alguna buena memoria regresó a su mente así que lo acompañó en su gesto y dio un sorbo de su copa— ¿Y qué pasó con Zefiro Corp?— Preguntó.
—Murió—. Gustav dijo y no agregó más. Los camareros llegaron con el primer plato y empezaron a acomodar la comida en cada lugar de la mesa junto a los cubiertos y un par de servilletas de tela dorada—Luce delicioso—. Dijo mientras tomaba un tenedor y se limitaba a darle el primer bocado.
Tony lo imitó y supuso que su marido no iba a hablar más del tema así que también se concentró en su comida.
—Es porque es italiana, la mejor —. Sentenció con una sonrisa. Definitivamente esa sería una noche muy larga, que mejor que disfrutar de la cena.
.
Los platos con comida y el vino siguieron llegando después de que terminaron el de entrada, Tony realmente estaba disfrutando del momento. Su esposo hacía comentarios ocasionales sobre lo buena que estaba la comida y de un momento a otro ambos se encontraron hablando de películas de espías y compitiendo cual era la mejor.
—Kingsman tiene lo suyo pero las de James Bond son las mejores que existen.
Gustav dijo mientras se recargaba en su silla y le guiñaba un ojo a Tony.
—Voy a pretender que no escuché lo que acabas de decir por el bienestar de nuestro matrimonio.
Tony soltó una risita y Gustav lo acompañó. Aprovechó para hundir su cuchara en el postre que tenía enfrente, un panna cotta de frutos rojos que estaba delicioso. Nunca imaginó que sus papilas gustativas iban a disfrutar de semejante sabor esa noche, Tony le había enviado sus felicitaciones al chef y también una invitación para trabajar como su cocinero personal. Nunca se cansaría de comer postres sin importar que se volviera gordo.
—Algún día deberíamos verlas para decidir cuál es la mejor.
Su esposo dijo mientras también le daba una mordida a su propio postre, un Zucotto de chocolate amargo.
Los ojos de Tony parecían haberse iluminado, la idea de ver películas con su esposo no le parecía tan mal después de todo. Tal vez su madre tenía razón, tal vez, solo tal vez existía una pequeña chispa de esperanza.
—Dime Tony ¿qué hay en esa pequeña cabeza tuya?
Le preguntó con un tono que casi rozaba a la dulzura pero Tony casi se atragantó con la última mordida de su postre. Su corazón empezó a palpitar pero no precisamente por amor o por alguna estupidez parecida. Esas eran las mismas palabras que su madre le había dicho un par de horas atrás, no podía ser coincidencia. Tony solo sonrió y asintió.
—Qué tal vez Jason Bourne entre en la competencia de los espías.
…
Lara tomó entre sus manos el rostro de su Stephen y besó sus labios una vez más esa noche. Su esposo rodeó sus caderas con sus brazos y la acercó un poco más, a su pecho y a su corazón. Lara soltó una pequeña risa una vez que el besó terminó y Stephen alzó una ceja.
—¿Me perdí del chiste?
Su esposo dijo y ella negó.
—Estoy feliz, eso es todo.
Apenas habían pasado un par de semanas desde que su matrimonio había empezado. Se había casado con un extraño pero Stephen se había encargado de hacerla sentir en casa a pesar de la inusual manera en que habían terminado juntos.
Recordaba haber sentido miedo el día de su boda, sobre todo cuando la fiesta acabó y ambos tuvieron que dejar el lugar. Lara a penas y había tenido tiempo para charlar con él y conocerse y ahora se suponía que iban a vivir juntos. No sabía que hacer o cómo actuar a su lado, que era lo que le gustaba, lo que no, ni las atenciones que requería. Se suponía que era su esposa y su trabajo era hacer feliz a su esposo pero ¿cómo iba a hacerlo sí no sabía por dónde empezar? Su madre le había dicho que obedeciera en todo lo que Stephen le dijera o pidiera y su hermano le había sugerido un par de cosas que no valía la pena recordar. Lo cierto era que Stephen parecía un caballero y ella esperaba con todo su corazón que así fuera.
Y bueno, Stephen lo había sido después de todo.
Stephen la había amado desde el primer momento en que la vio, se lo hizo saber con palabras, besos y caricias aquella noche en la que unieron sus vidas ante el altar y la deidad máxima del cielo. Aún si ya habían pasado un par de días, las sensaciones seguían al flor de piel.
El lugar en donde vivían era un bonito pent-house casi en las afueras de New York. No era tan grande como el lugar en el que creció pero era lo suficientemente cómodo y lujoso, además solo eran dos personas que vivían ahí: Stephen, Lara y Ava, el ama de llaves. Ava era muy amable y casi siempre platicaba con ella cuando Stephen estaba trabajando, tal vez no era el ambiente más animado del mundo pero estaba segura que con algo más grande o mucha más gente se hubiese sentido fuera de lugar.
Esa noche se encontraban disfrutando de su tiempo libre. Se suponía que saldrían a bailar a un nuevo club que uno de los amigos de Stephen había abierto pero una cosa llevó a la otra y de pronto las ropas de ambos fueron cayendo al suelo una por una. El desorden que habían dejado en la sala no se comparaba al que habían hecho en la habitación, pues en un intento de Stephen por cargarla habían terminado rompiendo uno de los jarrones de decoración de la habitación. Ahora ambos se encontraban en la cama, compartiendo de su desnudes y la intimidad. Aún había muchas cosas por descubrir de los dos lados pero se estaban tomando su tiempo y cada día era diferente… aunque el resultado por las noches era el mismo.
Soltó un quejido suave cuando se movió y sintió salir la hombría de su esposo de su interior. Stephen estaba sentado con su espalda pegada al respaldo de la cama y Lara encima de él. Su esposo se acercó por un nuevo beso y con cuidado se removió para girarse y acostarla a un lado suyo.
Lo amaba.
Tal vez por el simple hecho de que no le quedaba otro camino o porque Stephen había sido el único en su vida que la trataba como igual. Las razones no importaban, si no los sentimientos, por primera vez ella sentía plenamente feliz, pero la felicidad no era para siempre y el miedo de perderlo o perder lo que tenían también era una sombra en su vida.
—Tendremos que mandarle un regalo a Quill, sé que estará enojado de que no hayamos ido.
Stephen dijo mientras se acomodaba mejor en uno de sus costados y recargaba su cabeza en su propio brazo, Lara lo imitó. La mano libre de su esposo se acercó a su figura y comenzó a acariciar sus curvas con pequeños movimientos. A este punto no había deseo, al menos no tanto como un par de horas atrás pero eso no le impidió sentir cosquillas en su interior o que su corazón latiera un tanto desenfrenado.
—¿Crees que haya notado tu ausencia?
Lara inquirió y Stephen asintió.
—Peter es muy sentido, si no lo conociera diría que en este momento tengo más de veinte llamadas perdidas en mi teléfono.
Stephen rió, Lara amaba cuando su esposo se ponía feliz de una manera genuina. Cuando los dedos de este se posaron en su vientre, un sentimiento cálido invadió todo su ser. Estaba segura que pronto tendrían respuestas y esperaba que fueran positivas. Un par de noches atrás soñó con un niño de cabellos negros y unos bellos ojos verdes en la pequeña cara de su bebé. Ambos compartieron una sonrisa de complicidad, nunca habían hablado del tema abiertamente pero sabían lo que ambos deseaban.
—¿De dónde conoces a Quill? No lo vi en nuestra boda.
Lara preguntó, si realmente era muy amigo de Stephen, aquel debería de haber estado en la fiesta o tan siquiera haberse presentado.
—No tuve la misma suerte que tú… como sabes, crecí en una casa de los suburbios de Queens, Peter era uno de mis amigos de la escuela. No fue, a él no le gustan mucho los eventos formales.
—Ya veo… me muero por conocerlo—Dijo honestamente.
Stephen alcanzó una de sus mejillas y le dio un pequeño tirón fugaz y se giró para alcanzar su teléfono que estaba en la mesita de noche junto a la cama.
—Mierda…
Dijo en cuanto encendió la pantalla y comenzó a revisar sus pendientes.
—¿Quill llamó más de veinte veces? —Preguntó.
—Es del trabajo, hay una emergencia.
Stephen se levantó de la cama de un tirón y se fue casi volando en dirección al baño. Lara soltó un suspiro e igual se levantó de la cama y alcanzó con sus manos una bata de seda para cubrirse y ayudar a su esposo a alistar sus cosas. Se encaminó al ropero en donde estaba el maletín que Stephen siempre llevaba al trabajo y descolgó una bata blanca de un gancho. Tomó todas las cosas incluyendo el celular de su esposo y las llevó a la sala; se preguntó si también debería prepararle algo de comer pero estaba segura que el tiempo no iba a alcanzarle.
Lara dejó caer su cuerpo en el mueble junto a las cosas de su esposo mientras esperaba por él a que terminara de arreglarse. Su teléfono no dejaba de vibrar así que lo tomó para ver si no había algún mensaje importante. Su corazón comenzó a palpitar frenéticamente cuando vio que su fondo de pantalla era una foto de ella durmiendo, una enorme sonrisa se pintó en su rostro. Podía imaginar a su esposo tratando de tomarle una foto sin despertarla.
Uno de sus dedos se resbaló al apartado de llamadas y se sorprendió al ver que en efecto Quill había llamado más de veinte veces. Iba a dejar el teléfono en paz pero el siguiente nombre en la lista llamó su atención: Luisa.
Cientos de memorias vinieron a su mente pero rápidamente borró esa posibilidad. No podía ser la misma persona, era simplemente una enorme coincidencia. Rápidamente bloqueó la pantalla y dejó el teléfono a un lado del maletín negro. Soltó un enorme suspiro, ese nombre le traía mil y un recuerdos de su infancia y el haberlo leído le hizo remover dentro de ella un montón de sentimientos.
Luisa había sido su amiga de la infancia cuando vivía en Francia. Lara no volvió a saber nada de su amiga después que su padre muriera y se hubiesen mudado al antiguo hogar de Frigga, su nueva madre. Había sido una lástima y ciertamente siempre llevaba a Luisa en su mente.
Todos sus pensamientos se evaporaron en cuanto vio a Stephen acercarse a ella. Tenía que admitir que su esposo se veía jodidamente atractivo con el uniforme del hospital.
—No me mires así cariño, necesito irme.
Stephen le dijo y se acercó por un beso. Por inercia sus brazos se enredaron en el cuello de su esposo y en cuanto el aire les faltó se alejaron. Su cuerpo le pedía más pero no era el momento de pensar en ese tipo de cosas.
—Deberías irte ya.
Lara dijo mientras intentaba pensar en cualquier otra cosa para bajar el calor que repentinamente había invadido su cuerpo.
—Regreso pronto, espera por mí.
Esas fueron las últimas palabras que su esposo le dijo antes de irse. Un suspiro escapó de sus labios, tal vez su madre sabía que había sido de Luisa así que anotó mentalmente que le preguntaría la próxima vez que la viera. Su estómago empezó a gruñir así que sin más se encaminó a la cocina para buscar algo de comer, un sándwich estaría o tal vez un omelette; pero si era honesta, en ese momento se le antojaba todo.
…
La cena terminó casi dos horas después de la media noche. Tony tenía que admitir que Gustav se había esforzado por complacerlo pero aquellas palabras que le había dicho momentos atrás seguían rondando su cabeza.
No podía ser una coincidencia, su esposo lo estaba espiando.
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En dónde había empezado? No lo sabía, pero esperaba que no supiera sobre su pequeño desliz con Steve. No podía saberlo ¿verdad? Tony estaba seguro de eso, porque si no todas las atenciones que su esposo había tenido no hubiesen existido.
—Llegamos.
Gustav dijo cuándo se encontraron en el estacionamiento del pent-house en donde vivían. Tony sintió que el aire le faltaba, pues no sabía que era lo que iba a pasar. Su esposo no estaba ebrio como la otra noche pero eso no era impedimento.
—¿Te vas a quedar?
Tony preguntó con un poco de nerviosismo en su voz.
—Hoy no Tony, pero… ¿puedo regresar mañana?
Su esposo dijo con una pequeña sonrisa en sus labios. Mentiroso. Tony pensó.
—Esta es tu casa tanto como la mía—. Le contestó. Desabrochó su cinturón de seguridad y le dedicó una última mirada sincera. Realmente la había pasado muy bien y en algún punto de sus pláticas Tony se imaginó la vida al lado del que era su esposo. Pero las dudas y la desconfianza siempre iba a existir de por medio, Tony no confiaba en él y era la barrera que impedía sentir algo más que un extremo aprecio. —Muchas gracias por todo. —
—Ha sido mi placer, Tony.
Tony salió del carro y con un gesto se despidió de Gustav. Observó cómo su esposo tomaba de nueva cuenta su camino a quien sabe qué lado de la ciudad. Tony casi corrió al elevador y cuando se encontró dentro sacó el teléfono que compartía con Steve.
"9:00 a.m. Pent-house."
Tecleó en forma de mensaje y lo envió. El elevador comenzó a moverse y Tony sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
"Estaré ahí."
Steve le había contestado en menos de un minuto y una pequeña sonrisa se dibujó en su cara. Tony estrujó el celular contra su pecho, estaba seguro que no dormiría toda la noche por pensar en que lo vería al día siguiente. Tony lo quería, más que a nada en el mundo, más que a todo y a todos. No sabía que había pasado pero estaba seguro que su destino era él.
No se acordó de Gustav, ni de su padre, ni de su madre ni de sus amigos. Nada más le importaba. Una pizca de confianza encendió todo su interior. Él era Tony Stark y un Stark siempre conseguía lo que deseaba.
…
¡Hola! Un gusto saludarlos y estar aquí de nueva cuenta ¿cómo están además de devastados gracias a Endgame? Me tomó dos semanas enteras para procesar todo lo que pasó ahí. Ugh. La verdad pensé que ya no iba a tener ganas de escribir o si quiera continuar con mis historias pero la vida sigue amikos, nos tenemos que despertar todos los días en un mundo donde los vengadores ya no existen. :')
Recomiéndenme fics con final feliz por fa, aún estoy en proceso de aceptación.
También otro show que me está rompiendo el corazón es Game of Thrones ¿alguno de ustedes lo sigue? ¿Les está gustando la temporada? Yo tengo sentimientos encontrados JAJA por ahí en mis escritos tengo un AU stevetony, a lo mejor algún día lo llegue a publicar.
En fin. ¡Muchas gracias por su apoyo! Sus votos y comentarios me hacen muy feliz, espero poder volver pronto con un nuevo cap.
Por ahora estoy actualizando por lo menos dos veces a la semana una historia cortita, "tal como éramos", si gustan vayan a darle un vistazo. Está inspirada en mi más reciente obsesión con las novelas americanas y en angst.
Cuídense y una vez más ¡Gracias! Nos leemos pronto.
