Intereses.

Capítulo 16: Luna de miel retorcida.

Karin se despertó al sentir como alguien sacudía su hombro con delicadeza pero firmeza a la vez. Arrugó los ojos cuando quiso estirar su cuerpo para desperezarse, dándose cuenta de que estaba en un espacio bastante reducido recostada sobre algo cálido.

Abrió los ojos de golpe al recordar lo que había sucedido la noche anterior, encontrándose de frente con el rostro relajado de Hitsugaya Toshiro, que le dedicó una pequeña sonrisa al verla despierta. Enrojeció y se sentó sobre él, sonriendo nerviosamente ante sus estados de desnudez y mirando por las ventanas del auto, dándose cuenta de que aún era de madrugada y el sol no había salido del todo, aparte de que la lluvia ya había cesado y el cielo estaba despejado.

-Buenos días, Karin.- enrojeció aún más al verlo recorrer su cuerpo con la mirada y se cubrió lo mejor que pudo con sus brazos. Él soltó una pequeña risa. –No tienes por qué avergonzarte, aunque…- frunció el ceño, de repente sentándose también. –Ya está amaneciendo y probablemente pronto la calle se llenara y alguien podría vernos.- ella solo se encogió más ante sus palabras. –Vístete, regresaremos a la mansión.- se la quitó de encima gentilmente y empezó a buscar alrededor del auto por sus prendas, pasándole las suyas después de un momento. -¿Recuerdas dónde terminó tu pantalón y mi camisa? No los encuentro.-

-Umm…- se sonrojó más al recordar el momento en el que se quitaron la ropa, pasó muy rápido pero fue muy intenso. -¿Ya viste en los asientos traseros?- se le ocurrió aunque realmente no pudo recordar nada útil que no sea lo placentero que se sintió todo.

Él terminó de ponerse su propio pantalón y luego se inclinó para buscar donde le indicó, pasando un buen rato sumergido allí antes de emerger triunfante sosteniendo las prendas perdidas. Ella tomó su pantalón no sin una sonrisa divertida por su actitud extrañamente infantil.

Una vez terminaron de vestirse, el sol ya había salido y el peliblanco emprendió marcha hacia la mansión, pero la sorprendió al pararse antes en un restaurante, volviendo a los pocos minutos con una bandeja de plástico con dos capuchinos y unas cuantas medias lunas.

-No quiero que tengas que prepararnos el desayuno al volver, seguro estás bastante cansada.- sonrió arrogantemente al verla ruborizarse. –Además… ahora tengo que ayudarte a desempacar.- su gesto de repente se ensombreció mientras ella palidecía. –Por cierto, ¿qué estabas tratando de decir anoche? Estabas muy nerviosa y realmente no te entendí muy bien. No creo haberte entendido bien, al menos…- lo último lo dijo en un susurro.

-N-nada, yo…- se mordió el labio. Ayer había estado tan cansada y harta de mentiras, quiso decirle la verdad y aún quería hacerlo, pero tenía demasiado miedo de perderlo ahora que sabía con toda certeza que lo amaba y él la amaba también. –Me sentía muy culpable por lo que pasó con Momo-san. No debí haber reaccionado así. ¿Cómo está ella?-

-Tengo que ir a verla esta tarde después de terminar un poco de trabajo que me quedó pendiente en la oficina. Pero primero quiero que volvamos a desempacar tus cosas y que tengamos de una vez ese viaje al supermercado del que habíamos estado hablando.- le regaló una de sus sonrisas fugaces.

-Esperó que ella mejore.- jugueteó con una de sus medias lunas antes de beber un sorbo del capuchino.

-Lo hará.- murmuró decidido manteniendo sus ojos en el camino.

Llegaron a la mansión en pocos minutos después de acabar con su desayuno y bajaron del auto con las manos entrelazadas cargando ambos las maletas para devolverlas a la casa, pero, cuando ella quiso tomar rumbo a su habitación, él la sorprendió girando para dirigirse en cambio a su propio cuarto.

-O-oye, ¡¿q-qué crees que ha-haces?!- tartamudeó tratando de soltarse de su agarre y retroceder, pero él no se lo permitió.

-No veo el punto de que tengamos habitaciones separadas a partir de ahora.- ella dejó de luchar al verlo sonreírle tímidamente. –Me gustaría que oficialicemos nuestra relación y te quedes conmigo… Así que…- el más leve tono de rosa bañó sus mejillas. -¿Serías mi novia… de verdad, esta vez?- la miró profundamente con sus hermosos ojos turquesas y ella sintió su corazón latir ferozmente en su pecho mientras correspondía a su sonrisa.

-Yo…- ¿cómo podría ser su novia de verdad, sí él no tenía idea de quién era ella realmente? –Yo…- él no se merecía esto, sí tenía un poco de sentido común debería tomar sus cosas y correr ahora, pero un recuerdo de su padre agonizar en su cama vino a su memoria y frenó a su mente de querer decir cualquier cosa parecida a la verdad. –Claro, quiero ser tu novia.- soltó la valija y saltó para enredar sus brazos alrededor de su cuello besándolo con fuerza.

Él también dejó caer la valija y antes de siquiera darse cuenta sus pies los introdujeron en la habitación y pronto cayeron sobre la cama sin dejar de besarse, sino que todo lo contrario la pasión los llevo a nuevamente empezar a arrancarse la ropa de los cuerpos.

Volvieron a sumergirse en un remolino de pasión y placer que nubló sus mentes deseosas de la piel del otro y se perdieron en un mar de besos y caricias antes de que sus cuerpos volvieran a unirse en uno solo, distendiendo la antes impecable cama, haciendo crujir las patas de madera mientras sus bocas dejaban escapar una amplia y variada sinfonía de gemidos y susurros placenteros.

Les fue fácil volver a perderse en la dulce tentación que les presentaba el cuerpo del otro, pero les fue muy difícil salir de su burbuja de ensueño hasta que el teléfono empezó a sonar y siguió sonando demandándoles volver al mundo real.

Ambos suspiraron frustrados y se apartaron a regañadientes el uno del otro después de haber intentado tener una segunda ronda. Él se colocó los pantalones y tomó el teléfono mientras ella corría hasta sus maletas y allí recogió una bata y una toalla dirigiéndose al baño para tomar una ducha que relajara sus músculos tensos por haber dormido en un auto encima de su novio.

Cuando terminó su ducha, volvió a la habitación encontrando al peliblanco ya duchado también, vestido con un traje y listo para ir a la oficina. Él estaba terminando de anudar su corbata y sonrió al verla, acercándose a ella para robarle un beso.

-Tengo que ir a trabajar. Tú quédate en la casa y descansa, vendré antes del mediodía para que vayamos de compras y almorcemos juntos, luego tengo una reunión y después debo ir a ver el estado de Hinamori.- informó acariciando su mejilla. –Lamentó no poder ayudarte a desempacar pero solicitan mi presencia. Hasta pronto.- besó su frente antes de irse a ritmo apresurado.

Ella suspiró añorante y trajo sus dos valijas a la habitación, comenzando a desempacar casi robóticamente. En la habitación de Toshiro había dos armarios muy grandes, y al abrirlos descubrió que solo usaba la mitad de uno, por lo que había espacio de sobra para sus cosas. Aunque luego de todos modos le pediría que se comprara más ropa, tenía muchos trajes y poca ropa informal.

Sintió sus ojos aguarse mientras recordaba todo lo que pasó ayer y el modo tan tierno en el que la trató esta mañana. Él era un hombre increíble y ella una puta interesada que ni en mil vidas lo merecería. Lágrimas se deslizaron por sus mejillas mientras terminaba de doblar la ropa y colocarla en el armario.

Quería tanto decirle la verdad, pero sabía que sí lo hacía la odiaría demasiado como para creer en nada más de lo que dijera, más después de lo que habían compartido. Jamás sería capaz de perdonarla sí descubría la verdad y no podría soportar perderlo.

Terminó de desempacar y luego decidió ir a la cocina a distraer un poco su mente limpiando, pero entonces el teléfono sonó y por la hora tenía una idea muy buena de quién debía estar llamando. Suspiró desanimada y atendió.

-Hola…-

-¡Hola, Karin-chan!- su hermana la saludó animadamente como era su costumbre. -¿Cómo te está yendo todo? Ayer te llamé pero no me contestaste. ¿Estuviste ocupada? ¿Ya lograste nuestro objetivo?- preguntó curiosa y seria.

-Lamento que no hayamos podido hablar ayer, Yuzu, pero si estuve ocupada, yo…- estuve a punto de mandar a la mierda todo. –Logre acostarme con él por fin.- dijo con un suspiro. –V-varias veces, de hecho.- agregó sonrojada.

-¡Karin-chan, eso es fantástico!- sonó extasiada. -¿No usaron protección, verdad? Creo que estás en tus días fértiles. ¿Podrías ya estar embarazada? Hay que dejar pasar 48 horas y luego puedes hacerte la prueba de embarazo. ¡Oh, estoy tan aliviada! Nos estábamos quedando sin tiempo y papá no está muy bien que se diga… Tal vez podamos salvarlo…- sollozó esperanzada.

-Tal vez.- respiró hondo, recordándose por qué estaba haciendo todo esto. –Creo que sí estoy en mis días fértiles, no estoy muy segura.- nunca antes le había prestado mucha atención a esas cosas. –El fin de semana iré al hospital para tener más certeza, por mientras creo que tendré más oportunidades para acostarme con él otra vez.- de hecho, acababan de hacerlo solo poco antes de su llamada y ahora dormiría en su cuarto así que calculaba que le iría bien.

-Eso es, todas las veces que puedas.- casi podía sentirla asentir. –Pero bueno, cuéntame… ¿Cómo fue perder la virginidad?- rodó los ojos ante su tono de chismosa. -¿Duele? ¿Fue dulce contigo? ¿Cuándo lo hicieron?-

-Ya, Yuzu, hablaremos de eso cuando vaya a verte, que será después de ir al hospital el fin de semana.-

-Oww, ¡Karin-chan, eres mala!- gimoteó. –Como sea, tú concéntrate en Hitsugaya. Llévatelo a la cama todas las veces que puedas sin usar protección y así tal vez te embaraces pronto y mientras más pronto podremos sacarle dinero lo antes posible y así salvar a papá de la muerte. Recuerda que lo haces por él, quisiera que no tuviera que ser así pero…- sollozó de nuevo.

-Lo sé, Yuzu, no te preocupes.- suspiró temblorosamente. –Haré lo que sea necesario para conseguir el dinero de Toshiro y salvar a nuestro padre, así el sufrimiento de Ichi-nii tampoco será en vano.- todo era por su familia, todo. –Estoy segura de que al final de la semana conseguiré quedarme embarazada.-

-Eso esperó. Mucha suerte…-

Se despidió de su hermana y colgó, volviendo a su tarea de limpiar antes de decidirse por ir a su nueva habitación compartida y tomar una pequeña siesta que solo duró dos horas antes de sentir a alguien sacudir su hombro y abrir los ojos para encontrarse a Toshiro mirándola con una sonrisa.

-¿Lista para ir de compras?-

Fueron al mercado central de la ciudad vecina donde su novio no era tan atosigado por los reporteros para comprar más tranquilamente después de un largo viaje en auto y estuvieron varias horas paseándose por verdulerías, carnicerías, distintas clases de supermercados y almacenes de alimentos antes de elegir un restaurante y tener un tranquilo y ameno almuerzo.

Cargaron sus compras en el maletero del auto y emprendieron rumbo apresurado a la mansión pues él ya estaba llegando tarde a su importante reunión.

-Lamento haberte retrasado cuando te exigí ver esa última verdulería para comprar más frutas.- musitó avergonzada al verlo saltarse otro semáforo en rojo.

-No te preocupes por eso, esta es la primera vez en toda mi vida que llegó tarde a una junta.- por alguna razón, sonrió.

-¿Por qué sonríes? ¿No es esto malo?- se llevó las manos a las caderas mientras llegaban a la mansión y bajaban del automóvil.

-No.- su sonrisa solo se ensanchó un poco mientras tomaban todas las bolsas que podían y las llevaban corriendo adentro. –De hecho, es bastante divertido.- parecía absurdamente emocionado. –Nunca había llegado tarde a ningún compromiso que me exigiera un horario puntual, pero quiero ver la cara de esos extranjeros y del personal cuando me vean llegar corriendo.- un brillo travieso iluminaba sus bellos ojos.

Muy en contra de su voluntad y sus ganas de ser ella esta vez la que lo sermoneara, se encontró riendo mientras corrían para volver a salir de la mansión y llegar al auto, cargando de nuevo muchas bolsas y llevándolas adentro. Ambos rieron mientras seguían así hasta que no quedó ninguna bolsa en el auto.

Una vez las bolsas estuvieron todas adentro, él la jaló por la cintura y estrelló un apasionado pero rápido beso en sus labios antes de soltarla y correr a su auto, arrancándolo a toda máquina en dirección al hotel mientras ella se carcajeaba.

Volvió al interior de la casa y organizó las bolsas para guardar cada cosa en su lugar, luego terminó de limpiar el resto de la casa que le faltaba y como sabía que pasaría un rato antes de que el peliblanco regresara decidió que bien podría tomar otra siesta antes de ponerse a preparar la cena.

Despertó ya al anochecer y se sorprendió al comprobar que efectivamente su jefe-novio aún no había regresado, pero al menos eso le daba tiempo para preparar un elaborado platillo para la cena. Afortunadamente, no tuvo que preocuparse mucho más por dónde estaba el mayor ya que después de una hora por fin llegó y justo a tiempo para que cenaran juntos la comida aún caliente.

Conversaron alegremente e hicieron planes para tener una cita mañana, como lo habían prometido anteriormente, para su deleite.

Después de comer tuvieron algo de helado como postre mientras él le contaba sobre la situación de Momo. Ella había quedado un poco deprimida por lo que pasó, pero parecía estar pensando racionalmente, aunque el doctor decidió que la mantendría en observación por el momento. Aparentemente ella estaba mejorando, pues finalmente se había animado a hablar sobre su ex esposo.

Luego de lavar juntos los platos, ella se dirigió al baño de la habitación frente a la de Toshiro ya que todavía no se sentía muy cómoda con la idea de compartir baño con él pese a sus insistencias de que no tenía por qué avergonzarse.

Una vez en su pijama y con su cabello suelto lista para dormir, se dirigió a la habitación del peliblanco y entró vacilante justo a tiempo para verlo recién salido de la ducha con solo una toalla alrededor de su cintura que la tuvo babeando mirando su fuerte y glorioso cuerpo semi-desnudo.

Él captó su mirada y alzó una ceja, antes de sonreír divertido y envolver su mano alrededor de su muñeca acercándola lentamente a él con una mirada depredadora que hizo temblar sus rodillas. Pegó su cuerpo al suyo y tomó su barbilla con dos dedos, alzando su rostro mientras que con su dedo pulgar acariciaba suavemente su labio inferior.

Cuando el beso comenzó, fue lento y paciente, pero de alguna manera también fue fuerte y necesitado. Se degustaron el uno al otro tomándose su tiempo al hacerlo. Sus manos poco a poco tomaron el valor de aventurarse por rincones que ya antes habían explorado pero esta vez con mucha más parsimonia, queriendo disfrutar el momento y hacer al otro disfrutar por igual.

Sus ropas empezaron a caer a ritmo pausado, tranquilo, cada prenda quitada acompañada de una nueva caricia, aunque de todos modos no hubo mucho que quitar y pronto estuvieron piel contra piel amándose tranquilamente.

La recostó en la cama y se posicionó encima de ella luego de lo que pareció una eternidad, volviendo a unir sus cuerpos en uno solo pero esta vez con tanta dedicación y cuidado que casi pareciera que tuviera miedo a romperla de tratarla con un poco más de brusquedad, siempre besándola como si creyera que podría ser la última vez que lo haría.

Sus cuerpos se mecieron el uno contra el otro en un baile ardiente y desesperado, cuando la pasional lentitud de pronto dio paso al desenfreno del éxtasis que los hizo ver las estrellas aun con los ojos cerrados y sentir en su beso el sabor más dulce en lo que el placer los consumía dejando a su estela el grito de sus nombres deformados.

Ambos terminaron por caer exhaustos, pero felices y se durmieron abrazados.

A la mañana siguiente él la despertó con el desayuno ya listo para ella y luego de terminarlo se besaron con fuerza antes de que él se despidiera para ir al trabajo dejándola sola para que pudiera vestirse y seguir con sus tareas de ama de llaves. Je… luego tendrían que hablar acerca de eso, no se sentía como un trabajo cuando tu jefe era tu novio.

Ella se la pasó toda la mañana con una sonrisa estúpida pegada en el rostro, sonrisa que desapareció cuando el teléfono sonó y pudo escuchar la voz de su hermana.

-Hola, Karin-chan…- su tono parecía más apagado que de costumbre y eso la llenó de preocupación. De pronto recordó el monstruo que era ella realmente.

-¿Pasó algo con papá, Yuzu?- su gemela no le contestó. –Yuzu, no me engañes. ¿Qué pasa con papá?- el pánico la invadió.

-Él t-tuvo otro ataque de los fuertes.- su corazón se rompió al recordar la dureza de esos ataques, el modo en el que abatían a su pobre padre. –El doctor acaba de irse y dice que está teniendo mucha suerte de seguir vivo. Otro de esos ataques podría venir en c-cualquier m-momento y s-sí es lo suficientemente fuerte entonces… entonces…- sollozó. -¡Papá morirá!- rompió en llanto.

-¡No digas eso, Yuzu!- gritó para tratar de calmarla aunque las lágrimas también quemaban en sus ojos. –Vamos a salvarlo. Mañana… sí, mañana mismo iré al hospital y veré sí logre quedarme embarazada. Y si no, yo… si no… entonces fingiré estarlo.- aspiró aire. –Toshiro es ingenuo, no me costara mucho hacerle creer que es verdad. Te prometo que él nos dará el dinero que necesitamos, aunque tenga que arrancárselo de los bolsillos…- sollozó, odiándose por cada silaba que escapaba de su sucia boca. –Esperemos no llegar a eso, pero conseguiré el dinero como sea. V-verás que todo saldrá b-bien.- o eso esperaba.

-Confiare en ti, Karin-chan.- siguió hipando levemente. –Tengo que ir a cuidar de papá y darle sus medicinas. Adiós y mucha suerte con todo, hermanita.- colgó después de despedirse dejando todo en sus temblorosas manos.

Toshiro volvió más temprano ese día para que pudieran tener su cita, y ella lo recibió ya vestida y arreglada para verse lo más hermosa posible con un abrazo y un beso, entrelazando sus dedos mientras subían al auto y emprendían camino a la otra ciudad para estar lejos de los molestos reporteros.

Almorzaron en un bonito restaurante y luego de eso fueron a pasear por un pintoresco parque. Ella hizo una mueca al ver pasar una joven pareja sosteniendo un bebé, sintiéndose aún peor por querer traer a un ser inocente al mundo con tan malvadas intenciones. Luego se sentaron a las orillas de un río para ver el atardecer mientras charlaban pacíficamente.

Cuando regresaron a la mansión, decidieron saltarse la cena cuando ella inesperadamente se le tiró encima, iniciando un beso que de inmediato se declaró solo como el comienzo de algo mucho más intenso.

Esta vez no hubo ninguna delicadeza, rasgaron sus ropas como animales mientras mordían y lamían sus pieles salvajemente, ni siquiera llegaron al pie de las escaleras cuando el calor sofocante los obligó a desplomarse en el suelo con ella encima de él montando sobre sus caderas con pasión descontrolada.

Gritaron y gruñeron sin temor a ser escuchados ya que la mansión afortunadamente estaba bastante apartada del resto. No les importó revolcarse en el suelo con tal de llegar a la tan esperada liberación y aun cuando llegaron no fueron capaces de detenerse.

Él la empotró contra la pared y se pegó a ella volviendo a sumergirse en su interior. Ambos sacudieron sus cuerpos con pasión y locura, besando y chupando todo lo que estuviera a su alcance en el proceso.

Siguieron con el mismo ritmo desesperado hasta que el cansancio los obligó a volver trastabillando a su habitación compartida, pero incluso tan cansados como estaban la tentación de compartir una ducha juntos fue algo que no pudieron resistir, por lo que cuando realmente cayeron en su cama dispuestos a no hacer más que dormir, estaba muy cerca del amanecer.

Karin despertó exhausta al día siguiente con el sonido de alguien tropezar por su habitación, y sonrió divertida al darse cuenta de que Toshiro estaba corriendo de un lado a otro colocándose su ropa para trabajar murmurando maldiciones porque era casi medio día y estaba llegando monumentalmente tarde al trabajo.

La despidió con un beso disculpándose porque tendría que saltarse el desayuno y el almuerzo y se fue casi corriendo a su auto.

Ella suspiró enterrando su rostro en la almohada y sintiendo el aroma a menta del hombre que amaba, sintiéndose casi como si estuviera en una especie de luna de miel. Pero luego frunció el ceño al recordar que se suponía que hoy iría al hospital para comprobar si sus esfuerzos habían dado frutos y estaba realmente embarazada.

Lo suyo era una luna de miel retorcida más bien.

Decidió ir en ayuna solo después de tomar agua y pidió un turno, sentándose en la sala de espera mientras mentalmente agradecía que no hubiera mucha gente, solo una embarazada y una pareja con un recién nacido en brazos.

Pronto llegó su turno y entró a la sala donde le explicó a la doctora todo lo que quería decirle y respondió todo lo que le preguntó. Se recostó en una camilla y levantó su blusa, suspirando cuando le colocaron un líquido frío y una imagen apareció en pantalla al pasar un aparato sobre su vientre plano.

-Bueno…- la doctora frunció el ceño. –Parece que sí estás embarazada, pero es muy reciente, solo tiene un par de días.- informó.

Karin se quedó sin aliento, luego tomó una gran bocana de aire y sonrió, aunque por dentro se sentía horrible. Pero finalmente… por fin consiguió su objetivo. Ya tenía el "arma" con la cual conseguiría el dinero para salvar a su padre.

Lágrimas rodaron por sus mejillas, pero por un motivo muy distante a la felicidad. Esa pequeña vida en su interior iba a ser utilizada como si una herramienta fuera, eso la hacía querer vomitar pero no por síntomas ni nada por el estilo, sino por el asco que se tenía a sí misma. Ella era un monstruo desalmado que no merecía jamás ser llamada una madre.

Continuara...