Intereses.

Capítulo 17: Solo.

Hitsugaya Toshiro estaba pasando por el mejor momento de su vida. Sus hoteles estaban atravesando una etapa dorada y planeaba extender el negocio aún más, su hermana finalmente estaba mostrando una mejora en su estado psicológico después de años, su abuela tenía buena salud y él tenía una novia maravillosa a su lado, tenía a Karin.

Karin… Dios, como la amaba. No llevaban mucho tiempo de conocerse, menos de dos meses, pero nunca antes en su vida se había sentido así, pensaba en ella todo el tiempo y saber que estaba esperando por él en su casa lo llenaba de una sensación de calidez indescriptible. Estaba muy seguro de que eso era amor.

A pesar de todo él la amaba, incluso sí ella se comportaba un poco rara últimamente. Ayer cuando llegó del trabajo estuvo muy callada y nerviosa, también parecía querer decirle algo pero se callaba a sí misma. Esa mañana parecía un poco desanimada cuando lo despidió una vez tuvo que irse a trabajar. Aun así era tan hermosa, tan encantadora, lo hacía querer estar siempre con ella, en las buenas y en las malas.

Ese último pensamiento lo hizo pensar en el matrimonio, y la idea le gustó. Aun así era demasiado pronto, probablemente le diría que no, así que esperaría a avanzar más en su relación, compraría el mejor anillo, la llevaría al mejor lugar y se lo preguntaría con toda la delicadeza del mundo, dejándole en claro lo mucho que la amaba, lo especial y única que era para él.

Sonrió levemente ante la idea de un futuro a su lado, despertar cada mañana con ella, llenar esa gigantesca y vacía mansión con la risa de niños… sus hijos… tener una familia real.

Karin lo era todo para él, en tan poco tiempo se había convertido en su más grande sueño, y haría todo por mantenerla a su lado.

-¡Jefe! ¡Jefecito lindo!- la voz de Matsumoto lo sacó de sus pensamientos, y por una vez no la miró mal al verla entrar escandalosamente en su oficina sin siquiera tocar. Eso claramente la sorprendió, pero le sonrió de todos modos. –Que gusto verlo de buen humor una mañana de miércoles, veo que tener novia le hace muy bien.- guiñó un ojo.

-No tientes tu suerte, Matsumoto.- rodó los ojos. -¿Pasa algo? No sueles venir tan temprano a mi oficina a menos que tenga que firmar algo o recibir a alguien importante.- no recordaba tener ninguna cita programada tan temprano.

-Oh, no, solo vine a entregarle este paquete.- dejó una pequeña caja sobre su escritorio. –Es de parte de Karin-chan~- canturreó pícaramente. –La nota dice que ella tiene una noticia muy importante para usted.- empezó a chillar emocionada. -¿Qué será? ¿Qué será?~- siguió chillando.

-Nada que te incumba.- le frunció el ceño al ver sus ojos curiosos, seguramente estaba lista para quedarse allí cuando abra el paquete y luego ir corriendo directo a contárselo a su insufrible esposo. –Ve a encargarte de los empleados, asegúrate de que todo esté bien o algo, pero lárgate.- ella hizo un puchero, pero acabó obedeciéndolo.

-Bien, bien, supongo que luego le preguntaré a Karin-chan.- rió marchándose prácticamente saltando aún con sus tacones de aguja.

Él negó con la cabeza, pero luego se fijó en el paquete.

¿Karin le tenía una noticia? ¿Cuál podría ser? No se le ocurría nada. Aunque tal vez eso era lo que ella intentaba decirle desde ayer, como no pudo hablar directamente con él decidió mejor enviarle un paquete, no entendía su motivo pero seguramente todo se aclararía al ver el contenido del paquete.

Aun así, estaba ocupado, tenía papeleo que completar y una junta en una hora, así que lo vería antes del almuerzo.

Contento con su decisión, guardó el paquete en uno de sus cajones y se puso a trabajar, sin embargo, como era tanto trabajo, acabó terminando a pocos minutos de que comenzara el almuerzo, así que no tuvo mucho tiempo que se diga para abrir el paquete. Decidió que comería primero y luego lo vería.

La verdad que estaba bastante nervioso por el contenido. ¿Qué noticia podría tenerle Karin? ¿Algo malo o algo bueno?

Meditó mucho sobre eso, pero no pudo ocurrírsele nada que ella tuviera para decirle, así que sea lo que sea sería una gran sorpresa.

Cuando terminó de almorzar ya no pudo seguir postergando el momento, así que, suspirando, sacó el paquete del cajón y lo posó en su escritorio, removiendo el envoltorio que tenía y retirando las cintas, entonces vio lo que había en su interior.

Parpadeó confundido.

¿Un dictáfono? Eran dispositivos que se usaban normalmente para grabar un discurso, muy usado en entrevistas. ¿Por qué Karin le enviaría algo así? Lo tomó en sus manos y notó que tenía una grabación. ¿Había grabado la noticia que tenía para él? ¿No era más fácil escribirla o decírselo en persona?

Con un poco de duda, presionó el botón de reproducir.

-Hola, Karin-chan.- la voz que escucho no fue la de su amada, sino la de su hermana, Yuzu si mal no recordaba. -¿Cómo te está yendo? ¿Ya lograste llevártelo a la cama?- esperen…

¿Qué…?...

-No, Yuzu.- suspiró la voz de Karin. –Aún estoy en eso, pero ya tiene que pasar pronto.- ¿Qué? ¿Qué demonios estaba escuchando?

-¡No puedo creer que te estés tardando tanto aun viviendo en la misma casa, Karin-chan!-

-Estoy ganando muy bien ahora mismo, Yuzu.-

-De acuerdo. Seguro tendrá que bastar para cuando logres embarazarte de él y quitarle el dinero suficiente. Pero apresúrate.-

¿Pero qué mierda? ¿Esas de verdad eran las voces de las hermanas Kurosaki? No, tenía que ser… tenía que ser un truco… tenía que estar trucado de alguna forma. ¿Verdad?

Se oyó un pitido y la grabación continuó.

-Hola…-

-¡Hola, Karin-chan! ¿Cómo te está yendo todo? Ayer te llamé pero no me contestaste. ¿Estuviste ocupada? ¿Ya lograste nuestro objetivo?- claramente era una nueva llamada.

-Lamento que no hayamos podido hablar ayer, Yuzu, pero si estuve ocupada, yo… Logre acostarme con él por fin. V-varias veces, de hecho.- ¿qué? ¿Esto era real? ¿Esa realmente era Karin, su Karin?

-¡Karin-chan, eso es fantástico! ¿No usaron protección, verdad? Creo que estás en tus días fértiles. ¿Podrías ya estar embarazada? Hay que dejar pasar 48 horas y luego puedes hacerte la prueba de embarazo.-

–Creo que sí estoy en mis días fértiles, no estoy muy segura. El fin de semana iré al hospital para tener más certeza, por mientras creo que tendré más oportunidades para acostarme con él otra vez.-

-Eso es, todas las veces que puedas. Tú concéntrate en Hitsugaya. Llévatelo a la cama todas las veces que puedas sin usar protección y así tal vez te embaraces pronto y mientras más pronto podremos sacarle dinero lo antes posible.-

-Lo sé, Yuzu, no te preocupes. Haré lo que sea necesario para conseguir el dinero de Toshiro. Estoy segura de que al final de la semana conseguiré quedarme embarazada.-

Sonó otro pitido.

-Hola, Karin-chan…-

-Mañana… sí, mañana mismo iré al hospital y veré sí logre quedarme embarazada. Y si no, yo… entonces fingiré estarlo. Toshiro es ingenuo, no me costara mucho hacerle creer que es verdad. Te prometo que él nos dará el dinero… aunque tenga que arrancárselo de los bolsillos…-

La grabación terminó.

Toshiro se quedó estático por un momento, sus ojos muy abiertos mirando el aparato que supuestamente había sido enviado por Karin. Karin. La mujer que amaba.

No. Esto no podía ser verdad, ella nunca…

"-No lo entiendes… yo no soy quién tú crees.-", de repente recordó sus palabras de hace solo pocos días. "–La verdad es que yo… planeó… planeaba… entre a trabajar para ti solo por interés.-", ella… ella había dicho…

Y luego estaba esa carta. Por su memoria prodigiosa la recordaba a la perfección.

"Hitsugaya Toshiro, esperó que puedas entender que esta no es una carta de amenaza, todo lo contrario: intento ayudarte. Kurosaki Karin no es quien tú crees que es, ella solo es una puta que quiere tu dinero o el de quien sea para su propio beneficio. Aleja a esa pequeña ramera de tu vida antes de que sea demasiado tarde y arruine tu vida. Despídela y échala de tu casa, deshazte de ella y nunca vuelvas a verla o terminaras mal, eso puedo asegurártelo. No pienses mal de mis intenciones, con el tiempo descubrirás que te hago un favor. Tengo pruebas de lo que digo, y pronto te las enseñare, pero sentí que era mi deber avisarte desde ahora para que luego no digas que no te lo advertí. Tienes una puta interesada viviendo contigo. Yo te avisé."

Las pruebas de las que hablaba esa carta… eran estas. El paquete claramente no lo mandó Karin, lo mandó la misma persona que le envió esa carta.

Todo empezó a caer en su lugar. Mientras más lo pensaba, más se ataban los cabos sueltos dándole sentido a muchas cosas que antes no terminaban de encajar. Muchas de las actitudes de Karin, sus dudas y comportamientos contradictorios, el que se haya acostado con él tan rápidamente aún después de demostrarle que no estaba lista para eso, ella no lo hizo porque lo amaba, ella lo hizo porque quería su dinero.

Ella era como Aizen.

Solo una interesada. Una puta interesada, tal como decía la carta.

Lentamente, sus ojos empezaron a arder, y antes de darse cuenta dos lágrimas se escaparon de sus ojos, aterrizando en su regazo.

Él cayó, tal como su hermana. Los dos fueron víctimas de personas despiadadas que solo querían su dinero sin importarles una mierda sus sentimientos. Ahora entendía mejor a Momo, entendía mejor la desesperada necesidad de no creer la verdad, no querer reconocer que la persona que tanto amaba solo estaba detrás de un puñado de billetes, entendía perfectamente el que haya caído en la locura, él ni siquiera estaba seguro de seguir estando cuerdo a este punto.

Pero había una gran diferencia entre ellos. Momo no quería reconocer que Aizen era el culpable de su sufrimiento, ella prefería culparlo a él. Sin embargo, Hitsugaya era dolorosamente consciente de que su dolor era culpa de Karin, no planeaba negarlo ni pasarle la culpa a otro, ella era la responsable de este dolor.

Besó sus labios, escucho sus palabras e hicieron el amor con dulzura, eso pensó en él, pero para ella fue solo el medio para conseguir su objetivo. Quería embarazarse para extorsionarlo… Dios, eso era tan enfermizo y repulsivo que le daban ganas de vomitar. ¿Cómo podría alguien usar a su propio hijo como un maldito cajero automático? ¿Cómo no pudo notar que ella era una enferma y despreciable interesada? Hubo tantas señales, ella misma tuvo momentos de debilidades y lo admitió también, y aun así… cayó.

Todo fue una mentira, todos los besos, las caricias, sus palabras… todo fue un gran y elaborado engaño. Una estafa.

Karin… inocente, divertida y sonriente Karin… no era real. Se enamoró de una ilusión.

Sollozó, enterrando su mano en sus cabellos y jalándolos con fuerza.

¡Pero que imbécil! ¡Solo la conocía por poco más de un mes y ya estaba dispuesto a darle todo! Unos cuantos pestañeos y una sonrisita y listo, su estúpido cerebro retrocede a los doce años. No… de hecho, su yo de doce años probablemente habría visto a través de la mentira, fueron las estúpidas hormonas y falta de mujeres lo que lo dejó tan susceptible a los engaños de esa arpía.

¡Idiota, idiota, IDIOTA!

¿En qué demonios había estado pensando? ¿Acaso ahora creía los cuentos de hadas? ¿Acaso creía en las comedias románticas donde conocías por dos semanas a la chica, se casaban y se quedaban juntos toda la vida? ¡Él nunca fue del tipo cursi, enamoradizo y crédulo! ¿Cómo pudo terminar así?

La soledad y la represión sexual por tantos años definitivamente lo había afectado, eso cegó su buen juicio, atontó su sentidos y lo hizo vulnerable al engaño de una cara bonita. Eso debió ser, no había otra explicación para haber sido tan jodidamente estúpido.

Más lágrimas se derramaron de sus ojos y las borró de inmediato, con furia. No lloraba desde que era un niño, no lloraría por una puta cualquiera ahora, no cuando tenía cosas más importantes de las que preocuparse, como su trabajo y su familia.

…Su familia… dejó que esa ramera se acercara a su familia. Dejó que esa… esa… esa miserable abofeteara a su hermana. Dios… dejó que ella abofeteara a su hermana en su cara. Una prostituta barata abofeteó a su hermana y no hizo NADA. No, de hecho sí hizo algo, dejó que abofeteara a su hermana y luego se la cogió en su auto. ¿Qué clase de hermano era?

Sintió asco de sí mismo, se sintió tan enfermo que literalmente su estómago se revolvió y sintió el sabor de la bilis en su garganta.

¿Cómo pudo ser tan estúpido?

Miró a su escritorio, enfocando su vista en el dictáfono.

¿Quién lo envió? Claramente no fue Karin, la puta nunca se echaría la soga al cuello antes de sacarle dinero, así que solo podía pensar en una persona, la única persona que se le ocurría tendría los recursos suficientes para haber conseguido grabaciones de llamadas privadas y la única persona que sabía la detestaba casi tanto como él la estaba odiando ahora mismo.

Tomó su teléfono y, secándose los rastros de lágrimas de sus mejillas y aclarando su garganta, le marcó a su secretaria.

-Matsumoto, comunícame con Kuchiki Byakuya ya, no importa lo que esté haciendo.- sin ninguna explicación colgó, esperando a que le pasara la llamada. Esperó diez minutos, pero finalmente lo comunicó. –Kuchiki, ¿tú enviaste el paquete?-

-Tenía la sospecha de que terminarías descubriéndolo.- masculló la voz inexpresiva del hombre mayor. –En efecto, yo lo envié. Y sí, use mis contactos para conseguir las llamadas. Lo que escuchaste fueron conversaciones reales entre tu amante y su hermana.-

Él cerró los ojos dolorosamente. Ya lo sabía, pero confirmarlo solo aumentaba el dolor.

-¿Por qué?- preguntó en un susurro. -¿Por qué te tomaste tantas molestias para abrirme los ojos?- también estaba la carta, pero eligió no mencionarlo.

-Porque odió a esa familia de criminales que tanto daño le han hecho a mi hermana. Eres un hombre respetable y las intenciones de esa maleante son absolutamente perversas, no sería ético de mi parte dejarte caer ante una táctica tan baja. Lo hice por simple piedad.- admitió.

-No sé si deba agradecerte o maldecirte…- murmuró él frotándose las sienes, sintiéndose absolutamente cansado. –Honestamente podrías habérmelo dicho con más delicadeza… fue… un gran shock. Debería haberlo sabido pero ni siquiera lo sospechaba y enterarme de este modo me… golpeó con fuerza.- suspiró. –Aun así supongo que lo adecuado es agradecerte, tal vez deberíamos retomar ese contrato que dejamos pendiente. Ka… Kurosaki Karin no vale la pena el haber cancelado un negocio tan importante.-

-Veo que has vuelto a ser el hombre sensato que respetó, eso es bueno. Hablaremos acerca del contrato luego, ahora tengo otras cosas que hacer.- sin más le colgó.

Él se dejó caer desganado en su asiento.

Todo su mundo cambió en cuestión de unos minutos, quizás una hora. En la mañana estaba teniendo absurdas fantasías con esa mujer y ahora con lo que fantaseaba era gritarle hasta quedarse sin voz y echarla de su casa y de su vida.

Y eso haría.

Sin pensarlo dos veces, tomó las llaves de su auto, el dictáfono y su maletín, marchándose de su oficina y del edificio sin dar explicaciones a nadie, subiendo a su auto y emprendiendo marcha hacia su casa donde ella debía estar esperando.

Esa puta interesada, seguro todo ese teatro de no querer estar desempleada solo era para mantener su interés, ella solo quería estar perdiendo el tiempo todo el día sin hacer nada, bañándose en los lujos que él le había ofrecido solo por estar cegado con su belleza.

Debió haberse reído tanto de él… Seguramente ella y su hermana no dejaban de burlarse a sus espaldas por sus sentimientos. Él le hablaba de amor y ella fingía sentir lo mismo, solo para reírse al segundo siguiente del pobre ingenuo al que estaba utilizando para robarle dinero.

Todo fue mentira, material de burla para ella y su hermana, meras estrategias para tener acceso a su fortuna. Podía imaginarla riéndose de él ahora mismo, divirtiéndose a costa de su sufrimiento.

Las lágrimas nublaron su visión y pestañeó repetidas veces para alejarlas, teniendo que hacer un movimiento brusco cuando casi choca contra otro auto.

Respiró agitado, obligándose a recuperar el control de sus emociones.

No se mataría a sí mismo por alguien que no lo valía.

Llegó a su casa y tomó el dictáfono, apretándolo fuertemente en su mano. Caminó hasta la entrada y entró sin anunciarse con nada más que un fuerte portazo.

-¿Toshiro?- escuchó su voz. La voz de la puta interesada. Ella se oía en la sala, así que caminó hasta allí justo a tiempo para verla terminar de trapear el piso y dejar la escoba a un lado. –Llegas temprano.- sonrió forzadamente. Tal vez todas sus sonrisas siempre fueron forzadas y recién ahora lo notaba. –Bienvenido.- se acercó a él y se inclinó levemente, como sí esperara un beso.

Él se contuvo de abofetearla. Ella podría ser un monstruo, pero no lo convertiría en uno.

-Ten.- estrelló el dictáfono en su pecho bruscamente, aunque sin la intención de hacerle daño. Ella apenas alcanzó a tomarlo. –Presiona el botón de reproducir.- ordenó.

Ella lo miró sumamente confundida, pero acabó presionando el botón. Y entonces la grabación comenzó.

Pareció reconocer de inmediato la primera conversación, su boca cayó abierta y palideció por completo, mirándolo horrorizada.

Ja, así que de ese modo se veían las putas interesadas cuando eran descubiertas.

Se mantuvo mirándolo con horror mientras pasaban a las otras conversaciones, negando con la cabeza y soltando lágrimas y sollozos, y, apenas la grabación se detuvo, arrojó el aparato al suelo y cayó de rodillas, sollozando desesperadamente.

-¡Toshiro, por favor escúchame!- de inmediato comenzó a suplicar. Patético. -¡Esas conversaciones… están editadas! Yo… ¡yo sí dije esas cosas! Pe-pero… pero no de ese modo, no fue así…- negó con la cabeza, las lágrimas bajando irrefrenables. –Hay… hay partes cortadas, partes unidas con otras para hacerme quedar peor. Y sé que las conversaciones reales enteras eran malas, pero esto… ¡esto fue hecho deliberadamente, no es la completa verdad!- intentó excusarse. –Por favor escúchame, yo… yo no hago esto porque quiero.- se puso en pie tambaleante. –Mi padre… mi padre está muy enfermo y yo… sé que no es la mejor manera, pero mi hermana y yo estábamos desesperadas y no se nos ocurrió nada mejor que… tienes que entender…- extendió una mano hacia él, pero la apartó de inmediato. –Toshiro… por favor… déjame explicarte…-

-¿Explicar qué? Ya lo sé todo. Te acostaste conmigo solo para embarazarte y extorsionarme con eso ¿o acaso es mentira?- ella sollozó, dándole la razón al no negarlo. –Y sí todo esto era por tu padre…- rodó los ojos, sin creer por ningún momento que esa fuera la verdadera razón. Vio a su padre enfermo, pero bien pudo haber sido una mentira también para sacarle más dinero. –Solo tenías que pedirme ayuda, no inventar todo este amor falso. Yo te habría ayudado, sí me hubieras explicado la situación, lo habría hecho sin necesidad de que me abras las piernas.- escupió al suelo con asco de sí mismo y de ella también. –Lo habría hecho.- sin dudarlo.

Ella lo miró sorprendida, todavía llorando.

-N-no podría haberlo sabido… Es m-mucho dinero y estaba realmente desesperada… pero yo… de verdad no quería… no quería esto, Toshiro.- sollozó.

-Oh, entonces ¿no querías esto?- sacó su billetera y tomó un puñado de billetes. -¿No lo querías?- se los arrojó despectivamente al rostro, viendo como caían luego al suelo. –Adelante, tómalo. Solo son un montón de papeles, muchas personas los tienen, algunas tienen mucho, incluso más que yo. Pero honestidad, bondad y amor son cosas que no muchos tienen, yo creí encontrarlos en ti, pero solo eran mentiras, engaños, todo lo que querías era eso.- señaló los billetes en el suelo. –Te declare mi amor, me abrí a ti y te conté mis penas, mi pasado, mis más profundos pensamientos.- siguió con la mirada fija en el dinero, sin querer mirar la expresión en el rostro de la mujer. Sí ella fingía que le importaba le dolería, y si mostraba su real desinterés igual lo lastimaría. –Te hable de Aizen ¿lo recuerdas? Él arruinó mi vida, arruinó a mi familia, pero tú…- sonrió amargamente. –Tú me abriste los ojos, supongo. El amor es peligroso, puede volverte loco, como a mi pobre hermana, o puede convertirte en una persona completamente diferente.- finalmente la miró, y no sintió nada al ver su rostro empapado en lágrimas. –Ya no volveré a ser tan ingenuo.- murmuró con voz carente de emociones. –Y no te preocupes, te perdonaré por tu intento de estafarme, al menos me diste un par de horas de sexo.- se encogió de hombros. Debía reconocerle que el sexo fue bueno, no es que tuviera otro punto de comparación, pero le gustó. –Eso es lo que hacen las prostitutas como tú a cambio de dinero ¿verdad?- ella sollozó, negando con la cabeza como sí no lo reconociera. ¿Pero alguna vez lo había conocido? ¿Alguna vez prestó atención a algo de lo que decía? –Ahí tienes tu dinero por tus servicios, ahora puedes recogerlo, puedes también recoger tus cosas y largarte antes de que cambié de opinión y tome acciones legales en tu contra.- no estaba seguro de sí su caso en particular contaba como estafa, pero era tan retorcido que ilegal en alguna parte debía ser, tendría que consultarlo con su abogado, pero dudaba necesitarlo. Esa cobarde no se arriesgaría a que le quite la oportunidad de estafar a otros.

-Toshiro…- sus ojos estaban rojos e hinchados a este punto, su cuerpo temblaba por el llanto.

-Sabes, deberías dedicarte a la actuación.- comentó, no conmovido en lo más mínimo por su aspecto patético. –Rápido, toma tus cosas, tu dinero y veté de mi casa, fallaste. Descubrí tu jueguito.- ¿no sabía cuándo rendirse?

-Por favor, yo…- se pasó las manos por el cabello frenéticamente, luego posó sus manos en su rostro, y finalmente las bajó a su vientre. Él alzó las cejas. –Déjame explicarte… al principio solo lo hice porque quería tu dinero, pero luego… realmente me enamoré de ti, era el grave estado de mi padre el que me impedía decirte la verdad, pero aun así lo intenté varias veces. ¿Recuerdas cuando…?...-

-¿Estás embarazada?- la interrumpió bruscamente, recordando lo que decía en las conversaciones. Ella estaba buscando embarazarse de él, y nunca usaron protección, obviamente le mintió cuando dijo que tomaba píldoras, así que había una probabilidad.

Lo miró sorprendida, congelándose por un momento, pero luego, lentamente, asintió.

-Iba a decírtelo…- susurró. –Fui al hospital ayer y me lo confirmaron. No te pediré ni un centavo, sé que no tengo derecho pero quiero que sepas que…-

-Quítatelo.- la interrumpió otra vez, con dureza en su voz.

-¿Qué?...- lo miró con ojos desorbitados.

-Quiero que te lo quites.- señaló despectivamente su vientre, su mente nublada por la furia. Esta mañana soñaba con tener una familia con ella, pero ahora la idea lo asqueaba. –Aborta. ¿Puedes pagar un aborto o tengo que darte dinero para eso también?- buscó en su billetera y sacó otro puñado de billetes, arrojándoselo al rostro de nuevo. –Ahí tienes, ahora largo.- se cruzó de brazos.

-Tú…- sus ojos seguían muy abiertos, con pequeñas lágrimas escapándose. –No puedes hablar en serio… tú nunca… nunca…- sollozó.

-Kurosaki, todo este llanto falso está empezando a fastidiarme.- se frotó las sienes, sintiéndose más cansado de lo que se había sentido en años. -¿No puedes entender que te odio? A mis ojos, tú y Aizen son la misma mierda, solo que a ti pude detenerte antes de que arruines mi vida. Ahora vete antes de que llame a la policía.- ella no se movió. -¡VETÉ!- gritó, finalmente perdiendo la paciencia, sin importarle que se estremeciera y lo mirara con miedo. -¡Largo, maldita sea! ¡LÁRGATE!- se acercó a la pared más cercana y comenzó a golpearla con ambos puños ferozmente. -¡MIERDA, MIERDA!-

Estuvo golpeando la pared hasta que la piel de sus nudillos se desgarró y la sangre chorreó por sus dedos. El dolor era reconfortante para su caótica mente.

Se apoyó en la misma pared que estuvo apaleando respirando agitadamente, notando que Karin ya no estaba allí, sin embargo, justo cuando estaba empezando a relajarse, ella apareció bajando las escaleras con sus maletas en mano y las lágrimas todavía bajando por su rostro.

Lo miró con el rostro enrojecido por el llanto y los labios temblorosos, pareció querer decir algo, pero finalmente solo corrió hacia la salida, pisando en su camino el montón de billetes que le había arrojado todavía permaneciente en el suelo.

Escucho la puerta cerrarse y cerró los ojos, odiándose cuando las lágrimas volvieron a acumularse tras sus parpados para luego seguir bajando y los sollozos pronto comenzaron a invadirlo.

¿Por qué seguía llorando por ella? ¿Por qué era tan patético? Todo fue un engaño para sacarle dinero, el maldito dinero. Desearía no tener ni un centavo, desearía ser un maldito indigente, sería más feliz debajo de un puente que ahora mismo, llorando patéticamente en esa enorme mansión, completamente solo.

Solo.

Estaba tan solo.

La vida le dio una pequeña esperanza, le hizo creer que podría ser feliz, pero todo fue una mentira, se sentía aún peor que antes.

El dolor era tanto que ni siquiera podía respirar correctamente.

Quería a Karin, incluso sí todo fue falso, quería abrazarla ahora mismo, que lo hiciera sentir mejor con su calidez, con sus besos, sus caricias. Incluso sí era mentira, quería un poco más de esa felicidad, solo por un momento, para no sentirse tan mal.

Pero sabría que sería falso, y tal vez incluso luego se sentiría peor, así que solo le quedaba quedarse allí hundiéndose más en su miseria, en el frío de la soledad.

No era justo pero así eran las cosas. ¿Qué podría hacer? Solo llorar.

Mañana volvería al trabajo como si nada hubiera pasado, nadie sabría de este oscuro y patético momento, nadie lo juzgaría por llorar por quien no lo valía, sería su pequeño secreto. Podía ser débil aquí, solo en la oscuridad y el frío, donde nadie lo veía, donde nadie sentiría lastima por él ni creerían que era débil por tener sentimientos.

Así que lloraría, gritaría y se revolcaría en el dolor, solo esta vez. ¿A quién le importaba?

¿A quién demonios le importaba cómo se sentía él?

Se suponía que era fuerte, se suponía que era frío, calculador, inteligente. Nadie lo imaginaría llorando por un corazón roto, por sus sueños y esperanzas aplastados. Nadie lo vería. Nadie lo sabría.

Y, herido, devastado, furioso, decepcionado, traicionado y solo, tan solo, Hitsugaya Toshiro lloró.

Continuara...