Parte 2: Mucho que hacer
La familia comió como tal, después de muchos días, Shidou se enfocó solo en ese momento, en esa comida, en estar realmente presente, ser parte de la familia, interactuar con los demás, escuchar a las personas que le rodeaban. Porque estar ahí sentado, comiendo y sin decir nada, era como estar ajeno a todos y a todo, él no quería estar así más.
Kotori estaba muy sorprendida de su cambio, pensó que algo había pasado entre la pequeña y él, pero Shion le había contado que fue su padre quién le pidió perdón y de que ahora estaría con ellos, no creía que se trataba de una reflexión de su esposo, porque sin importar cuántas veces se lo dijo en el pasado, nunca hizo caso.
Shion era la que más disfrutaba que su padre le hiciera preguntas sobre cómo la pasó con su tía Shiori, así como las cosas que había hecho, el hombre hasta le había robado a su esposa de cabello blanco algunas de las atenciones que le brindaba a su hija, como limpiarle la boca cuando se manchaba, así como corregirla cuando quiso comer grandes bocados con una comida que estaba caliente.
Kanade se sintió en segundo lugar, incluso se puso un poco celosa de lo buen padre que Shidou podía ser cuando se lo proponía, como en estos momentos, pero le agradaba que estuviera en casa, así como que no estaba discutiendo con Kotori; esos enojos le causarían problemas al bebé y ella tenía mucho miedo de eso, por eso nunca le gustaba que ambos discutieran, pero con Shidou no se podía hablar.
Ahora parecía ser diferente.
—Estuvo delicioso, papa —dijo Shion con una sonrisa de felicidad, Kanade no la había visto hacer esa sonrisa antes, ni siquiera con ella.
—Cierto, lo estuvo… —dijo la madre con la cabeza un poco agachada—. Pero la próxima vez lo haré yo como todos los días, y te gustará tanto como siempre, ¿verdad?
—Hmm, la de papa estuvo mejor.
—Ah…
—¡Jajaja! Tranquila, Kanade, recuerda que él te enseñó a cocinar —dijo Kotori y le dio unas palmaditas en la espalda a su amiga, ella siguió un poco triste.
—Ya probaremos tu comida otro día, mi Kanade —dijo Shidou con una pequeña sonrisa, ella alzó la cabeza y asintió con ella—. Bueno, ahora lavaré los pla…
—¡Vamos a jugar, papa!
El hombre ya se había puesto de pie para levantar los platos de todas, pero al escuchar eso, quedó viendo a Kanade, ella solo parpadeó un par de veces.
—Te encargo los platos, Kanade —dijo en tono de orden y fue con Shion para acariciar su cabeza con una sonrisa, Kanade quedó con la boca abierta al estilo anime—. ¿Qué quieres jugar, Shion?
—Quiero jugar a las escondidas —dijo con una sonrisa.
—Bien, entonces vamos a decidir con piedra, papel o tijeras quien será el que cuente.
—Está bien.
—Bueno, yo me encargo de los platos, Shidou…
—Jeje… —Kotori acarició la cabeza de Kanade, pero ella no se sintió muy bien.
Fueron a la sala, donde jugaron piedra, papel o tijeras para decidir al ganador, Shion terminó ganando, así que a su padre le tocó contar, Kotori vio como la niña se fue a esconder en el cuarto de invitados, ella sonrió por estos momentos, no sabía qué tenía su esposo, pero su sensibilidad había aumentado, así como su empatía, tanto así que parecía demostrar mucho amor.
—45, 46, 47, 48, 49 y 50, ¡espero que estés lista! —anunció con un poco de emoción, luego miró a Kotori, quien estaba sentada en el sillón, Kanade seguía lavando los trastes un poco triste.
—A mí no me mires, no te diré a donde se fue.
—Lo sé —dijo en voz baja al sentarse a su lado—. ¿Estás bien?
—Ah, sí… ¿Por qué lo preguntas? —preguntó un tanto extrañada—. No es como si te importara.
—Me importas, por eso quiero saber cómo estás, ¿no quieres irte a acostar? —preguntó al tocarle su vientre, ella se sonrojó al instante por eso, pero le puso la mano encima y esbozó una sonrisa.
—Gracias, Shidou, creo que iré a acostarme entonces, pero sigue jugando con Shion, ¿de acuerdo? —Él asintió con la cabeza y ella se acercó para besarlo en la mejilla—. Lo estás haciendo muy bien, tal vez no tenga que golpearte.
Ambos se sonrieron un poco y ella terminó retirándose a su cuarto, Shidou entonces siguió jugando con Shion, solamente Kanade pensaba que ese tiempo de juego había sido especial de solo ella y su hija, ahora llegaba el padre a robarle tan valioso momento, no era justo.
Después de tardarse un poco de tiempo en encontrar a Shion, regresaron a la sala, ahora era el turno de su pequeña para encontrarlo, pero decidió no esconderse con mucha eficacia, así ella lo encontraría rápido, además tenía unos problemas para contar.
«Yo también quiero jugar». Pensó la madre haciendo un puchero desde la cocina, con la puerta abierta, sacando la cabeza para ver como su hija tenía problemas desde el número treinta. «Kotori se fue a descansar, ella usualmente le ayuda con eso, ¿debería hacerlo yo? Pero también quiero jugar, Shidou nunca está en casa, no es justo, ella parece más feliz que conmigo».
—¡Cincuenta! ¡Ahí voy, papa! —Anunció felizmente y con algo de competitividad, corrió por la casa para buscar más rápido, no tardó mucho en encontrarlo en el cuarto de invitados, detrás de la puerta—. ¡Ahí estás! Ahora te toca a ti, papa.
—Te lo puse fácil esta vez, ya sé, si me encuentras ahora que me esconda mejor, te daré un premio por tu esfuerzo —dijo con una sonrisa al acariciar su cabeza mientras caminaban a la sala.
—¿¡En serio?!
«Yo no le doy premios». Kanade empezó a sudar nerviosamente. «¡Shidou es muy bueno! ¿Qué le dará a Shion?» Pensó aun viéndolos por la entrada de la cocina.
—Eso es un secreto, no te lo voy a decir sin importar cuanto insistas.
—Ah…
—Kanade, ¿ya terminaste con los platos? —preguntó rápidamente al verla espiando, ella casi pegó con un brinco y apretó los puños.
—¡S-Sí! Ahora están limpios, no te preocupes, gracias por la comida.
—Mamá, juega con nosotros.
—¿En serio? —preguntó feliz, la verdad estaba esperando la invitación, aunque no se dio cuenta que Shidou bajó de ánimos—. Pero estás jugando con papá.
El hombre no estaba muy entusiasmado, ya que ella se quedaba en casa y no trabajaba, de seguro jugaba mucho con Shion, él era un novato en esto al no estar con ella, por eso quería hacerlo en solitario, pero ahora no tenía escapatoria.
De nuevo jugaron piedra, papel o tijeras para decidir quién se quedaba, lo hicieron al mismo tiempo, tenían que haber dos resultados iguales y uno diferente; este último sería el perdedor o perdedora, el cual resultó ser Shidou a la primera.
—Sabía que ibas a escoger piedra, mamá.
—Siempre empiezo con eso cuando jugamos esto, Shion.
—Lo sé.
—Perdí. Bueno, vayan a esconderse…
—¡Ah, cierto! Vamos, Shion —dijo Kanade con una sonrisa, la niña le siguió y él las vio alejarse con el humor más bajo que antes.
Después de los cincuenta acordados, el hombre fue a buscar primero a Kanade, incluso usó parte de sus habilidades para encontrarla con velocidad, lo cual logró, lo mismo hizo con su hija. Lo que quería es que fuera el turno de Shion, así si lo encontraba le daría su recompensa, pero fue el turno de Kanade justo después.
—¡Cincuenta! ¡Espero que estén listos! —anunció Kanade con una sonrisa de confianza, la verdad es que le gustaba jugar a esto en la casa, era divertido y sencillo—. Shidou no ha jugado a esto antes, supongo que podré encontrarlo primero.
La mujer de cabello blanco fue al cuarto donde dormía con su esposo, cuando él estaba de humor y disponible, pero ahí vio que Shion estaba detrás de las cortinas, sonrió victoriosa, pero decidió irse para encontrar a Shidou. Su hija obviamente vio a Kanade como una sombra por culpa de la cortina, pero se puso contenta por la suerte de que no la vio.
Entonces, Kanade se tardó unos minutos en encontrar a Shidou, quien también se puso detrás de la cortina, pero de la sala, había sido tan obvio que ella no se dio cuenta, al ver sus zapatos y notarse su cuerpo fácilmente, corrió hacia él para abrazarlo con todo y cortina.
—Te tengo, Shidou, ya te encontré —dijo con una sonrisa, luego lo soltó para que saliera de su escondite—. Soy muy buena en esto, Shidou.
—Felicidades —dijo como si nada.
—Bueno, ahora que te encontré… ¿Me darás una recompensa también? —preguntó un poco tímida, él arqueó una ceja.
—¿Qué?
—Bueno, escuché que le dijiste eso a Shion, así que pensé que… También aplicaba para mí. —Miró a otro lado con cierto nerviosismo, pensó que tal vez no debió de haber dicho nada.
«Eso fue solo para Shion, ¿de qué estás hablando, Kanade? No eres una niña». Pero estaba comportándose de forma infantil, siendo celosa de su propia hija por su atención, pero ahora que lo pensaba mejor, eso tenía explicación. «Tal vez es mi culpa».
—Bueno, ¿la quieres ahora?
—Ah, ¿se puede? —preguntó más feliz y mirándolo con cierta ilusión, él asintió con la cabeza—. En ese caso, lo quiero ahora.
—Bien.
Shidou la tomó de los hombros y la besó en los labios de forma gentil y suave, ella se sonrojó un poco, pero lo rodeó con los brazos después de unos segundos, así como siguieron besándose hasta por un minuto, durante ese tiempo, ambos compartieron el calor de sus cuerpos al estar juntos.
—¿Ya eres feliz? —preguntó al acariciar su cabeza como si fuera un perro, ella seguía sonrojada, pero asintió con la cabeza—. Aún te falta Shion.
—Shidou, que bueno que estás aquí. —Lo abrazó de nuevo—. Te amo.
—Sí, ya lo sé. Ahora ve por Shion, si es que puedes encontrarla.
—¡Claro que podré! —Kanade se fue a buscar a Shion y Shidou simplemente suspiró.
Después de que su hija fuera encontrada, volvieron a jugar y ahora sí fue el turno de Shion, por lo que el padre se puso serio para esconderse de forma difícil para que no fuera encontrado, Kanade buscó un lugar que no fuera tan complicado, por eso fue la primera en ser encontrada, pero después de unos cinco minutos, no había señales de Shidou, ni debajo de las camas.
—¿Dónde estará papa? —preguntó Shion a Kanade, quien también estaba confundida.
—No lo sé, ya revisamos en todos los cuartos, no creo que esté en el de Kotori, ella está durmiendo ahora mismo, no vamos a molestarla.
—Está bien, pero entonces, ¿dónde está?
—No lo sé… —dijo un poco derrotada.
Shion decidió abrir, con ayuda de Kanade, todas las puertas de la cocina, así como abrir el refrigerador, pero no estaba en ninguna parte. Algo derrotadas, pensaron que tal vez estaba afuera, pero le dieron la vuelta a la casa y no lo encontraron, hasta que Shion se impaciento tanto que se preocupó.
—¡Papa! ¡Papa! ¿¡Dónde estás?!
—¡Aquí arriba! —dijo al asomar la cabeza, la niña estaba al borde de las lágrimas, pero sonrió como un sol al ver a su padre—. Bien hecho, me encontraste.
—Shidou, ¡eso es trampa! Debiste esconderte en un lugar de la casa.
—¡Papa!
—Este es el techo de la casa —dijo al bajar de un salto y su hija saltó para abrazarlo, lo bueno es que él la sostuvo en sus brazos y la acercó a su rostro para besarla en la frente—. Felicidades, ahora te daré tu recompensa, pero puedes compartirla, si quieres.
—¡Oh! ¿Qué es? —preguntó con mucha ilusión mientras era cargada por su padre para entrar a casa, Kanade fue dejada en segundo plano, de nuevo.
—Es un postre delicioso que voy a prepararte.
—¡Gracias! ¿Puedo darle a mamá y a Kotori-san?
—Claro que sí.
Shidou preparó el postre conocido como Carlota, luego fue la hora del baño, en la que Kanade se hizo cargo porque ahí él no podía meterse, aunque claro que se bañó después. El hombre no atendió su celular en todo ese tiempo, sabía que tenía muchas cosas que arreglar, pero debería hacerlas después, ahora se centraría en Kanade y Shion, pero también en Kotori.
Hizo la cena como un esposo ejemplar, Kanade no pudo decir que no y Kotori ni enterada estaba porque se quedó dormida profundamente. Después de la cena, un poco más callada que la comida, vino el postre y todos fueron felices por el gesto de Shion de darle a todos.
—Kanade, te encargo los platos de nuevo, ya es hora de dormir, Shion.
—¿Ah? ¿Tan pronto? —preguntó un poco triste.
—Sí, así que ve a lavarte los dientes y hora de acostarse, te leeré un cuento.
—¡Está bien!
—De acuerdo…
Kanade se volvió a sentir en segundo plano, para su amiga embarazada era muy divertido, así que volvió a acariciar su cabeza para consolarla, mientras que padre e hija iban al cuarto de la pequeña, donde él la acostó y tomó el libro de cuentos del pequeño librero de Shion.
—Veamos, hoy te leeré "La princesa del guisante".
—¿Del guisante?
—Suena extraño, ¿verdad? Por eso me llamó la atención, vamos a ver de qué se trata.
—Sí, suena interesante, papa.
Érase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero que fuese una princesa de verdad...
En su busca recorrió todo el mundo, más siempre había algún pero. Princesas había muchas, más nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo que le parecía sospechoso.
Así regresó a su casa muy triste, pues estaba empeñado en encontrar a una princesa auténtica. Una tarde estalló una terrible tempestad; se sucedían sin interrupción los rayos y los truenos, y llovía a cántaros; era un tiempo espantoso.
En éstas llamaron a la puerta de la ciudad, y el anciano Rey acudió a abrir. Una princesa estaba en la puerta; pero santo Dios, ¡cómo la había puesto la lluvia y el mal tiempo!
El agua le chorreaba por el cabello y los vestidos, se le metía por las cañas de los zapatos y le salía por los tacones; pero ella afirmaba que era una princesa verdadera.
"Pronto lo sabremos", pensó la vieja Reina, y, sin decir palabra, se fue al dormitorio, levantó la cama y puso un guisante sobre la tela metálica; luego amontonó encima veinte colchones, y encima de éstos, otros tantos edredones. En esta cama debía dormir la princesa.
Por la mañana le preguntaron qué tal había descansado.
—¡Oh, muy mal! —exclamó— No he pegado un ojo en toda la noche. ¡Sabe Dios lo que habría en la cama! ¡Era algo tan duro, que tengo el cuerpo lleno de cardenales! ¡Horrible!.
Entonces vieron que era una princesa de verdad, puesto que, a pesar de los veinte colchones y los veinte edredones, había sentido el guisante. Nadie, sino una verdadera princesa, podía ser tan sensible.
El príncipe la tomó por esposa, pues se había convencido de que se casaba con una princesa hecha y derecha; y el guisante pasó al museo, donde puede verse todavía, si nadie se lo ha llevado.
—Ahora entiendo el título, pero no entiendo, ¿por qué se casó con ella?
—Porque las mujeres que son sensibles son las más lindas, como tú —dijo al acariciar su cabeza.
—¿De verdad?
—Sí, tú eres muy linda, Shion. —Ella sonrió ampliamente—. Ahora, ve a dormir. Buenas noches.
—Sí, buenas noches, papa.
Pero el hombre no se retiró, sino que se acostó al lado de su hija, ella recordó lo que le había dicho en la tarde y se juntó a él, por lo que la adormeció al acariciar su cabeza, para quedar muy relajado también.
Para cuando Kanade fue a buscar a Shidou, lo encontró con su hija, muy tranquilo, así que decidió que no molestaría y que dormiría sola, otra vez.
Por lo menos, sabía con quién estaba durmiendo y no estaba celosa por ello.
