Muy bien: gracias por los comentarios y los follow, me hace muy feliz saber que si ha gustado. También quiero darle las gracias INFINITAS a mi beta AngelGefallen: gracias linda, ayudarme a corregir mis errores me ha servido de mucho y te daré más trabajo, si que si. Bueno ahora disfruten del capitulo.

A leer.

[…]

Encuentro fortuito

1

―Eres un tremendo hijo de puta.

Jean es honesto. A Eren eso dejó de molestarle hace un par de años cuando ambos en vez de sostener palabras alzaban los puños y se repartían todo el odio acumulado en el cuerpo del contrario.

Eren no odia a Jean. Y Jean no odia a Eren. Sólo que le parece absurdo que alguien como Eren sea tan cínico y suertudo.

Todo le salía bien al maldito bastardo suicida.

―Ja, sólo tienes envidia, cara-de-caballo, admítelo ―dice Eren con todo el egocentrismo que puede reunir.

Jean chasquea la lengua y revira los ojos. A su derecha se encuentra Connie Springer devorando patatas a la francesa con demasiada kétchup para su propio gusto. Eren mastica ruidosamente sus alitas calientes de Hooters. El único lugar donde se reunían a ver partidos de futbol americano o a vanagloriarse sobre sus proezas en las artes amatorias.

Aunque era Eren quién presumía de mayores conquistas.

―Por supuesto que no. Pero no comprendo como ese chico cayó en tus redes, eres un imbécil a leguas ―Jean suelta una especie de gruñido animal que a Eren le causa gracia.

Como siempre, lograba provocar a Jean al grado de hacerlo enfadar.

Eren presumía de un chico rubio y ojos azules llamado Armin –no recuerda el apellido- un lindo jovencito ingenuo y muy rico al que había seducido, follado y luego desechado.

Ah, pero nada es gratis en la vida de Eren Jaeger. Porque para que Armin tuviera el privilegio de compartir su cama, Eren tuvo que hacerse el interesante, sacarle varias citas pagadas por la preciosa tarjeta platino del rubio, costosos regalos y finalmente el pago del alquiler.

Para Eren era como un deporte. Buscaba chicos jóvenes e imbéciles con necesidad de ser amados, tocados o cogidos duramente. Eso sí, tenían que ser asquerosamente ricos para que su verga quisiera colaborar, de no ser así, simplemente pasaba de ellos.

Ya lleva un par de años ejerciendo esa labor. Para él no es prostitución. Es más como una transacción con mutuos beneficios donde él siempre se lleva la mejor parte.

Jean no estaba de acuerdo con ello. Ni tampoco Connie. El último no opinaba sobre el tema, prefería mantenerse al margen. «Eren sabía lo que hacía», se decía todo el tiempo ignorando las voces silenciosas de los protagonistas de sus historias. Porque si se ponía a pensar en ello, sentiría asco por uno de sus mejores amigos y Connie no pretendía juzgar a Eren, es un buen amigo, no quiere ser otro Jean.

Lo que Jaeger hacía rozaba lo inmoral.

Y, sin embargo, Jean Kirstein sí tenía las bolas de decirlo en voz alta. Eren jugaba con jovencitos para saciar su ego y, por supuesto, para costearse la vida lujosa a la que ya se había mal acostumbrado.

―Chicos, en serio, no quiero escuchar más discusiones. Jean olvida a cuántos Eren les rompió el corazón este mes, mejor concentrémonos en los próximos exámenes que están por venir. Estoy seguro que no me irá muy bien en Matemáticas Financieras. ―Connie esconde el rostro detrás de sus manos. Jean no menciona palabra alguna, pero Eren sí.

―Yo no tengo problemas por ello. Pasaré todas mis materias, tuve un buen año. ―Presume nuevamente.

―Maldito bastardo ―sisea Jean.

― ¿Qué dijiste?

―Maldito bastardo.

Eren le da una sonrisa deslumbrante.

2

Levi Ackerman compró una casa rústica en Trost para huir de la ciudad, de los prejuiciosos comentarios de sus padres y, sobre todo, para tener un lugar al que llamar hogar luego del trabajo.

Cuando conoció a Erwin, él tenía quince años. No tuvo parejas sentimentales antes del rubio. De hecho su vida se resume en dos etapas:

Antes de Erwin Smith.

Después de Erwin Smith.

La primera etapa puede calificarse de vacía y sombría. Levi había nacido en una familia ultra conservadora, fuertemente católica. De un padre que ejercía su poder en la política y de una madre hermosa pero con una terrible sonrisa frívola.

Lo único bueno de todo eso fue Mikasa, su hermana mayor, la chica que lo defendía de los bravucones y que era el amor platónico de todos los niños. Incluso de esos niños que a Levi le gustaban.

Erwin Smith llegó a su vida en un frío otoño, con las hojas secas de los árboles tapizando las calzadas, y con su adolescencia en pleno apogeo.

Levi tenía la edad perfecta para cometer errores.

Los primeros meses de convivencia no fueron miel sobre hojuelas. Erwin era un hombre ocho años mayor que él, con una carrera prometedora y jodidamente atractivo para las féminas que lo seguían como malditos mosquitos molestos allá por donde fuera.

Levi lo odió después de su primer encuentro; tuvo buenas razones para hacerlo.

Luego todo ese odio se convirtió en admiración, posteriormente en amistad y finalmente en amor.

Pero para llegar a eso, Levi tuvo que recorrer un camino labrado de vidrios puntiagudos, y las cicatrices aún permanecen en su piel. Son remanentes de todos sus errores y aciertos, pero también son una fuerte bofetada de todo el dolor que le causó a la única persona que no lo juzgó.

Después de Erwin Smith, todo lo gris se desdibujó y el color del cielo iluminó las vidas de los dos. Pusieron tierra de por medio y se alejaron del dolor, empezaron en una ciudad diferente, con personas diferentes, con Erwin cumpliendo sus metas y Levi labrando las suyas.

― ¿En qué piensas, enanito?

La voz de Hanji Zoe interrumpe sus pensamientos. Ella es odiosa, gritona y efusiva. Sin embargo, es su única amiga en Trost.

Es la vecina de junto, entra a su casa cuando quiere, a veces lo atrapa en la cocina, o en el sofá leyendo un libro. O en el comedor siendo follado por Erwin. En esa última ocasión, Levi terminó derramándose abruptamente luego de la impresión.

Erwin se fue a disculpar con Zoe por tremendo espectáculo y Hanji sólo asintió divertida. Fue así como descubrió que ellos tenían una relación. Ya que solían pretender que eran primos lejanos que vivían juntos porque querían compartir gastos. Aunque la mayoría de las personas en Trost sabían que esos dos no eran familiares y que lo único que compartían eran fluidos seminales y saliva.

― ¿Qué demonios haces aquí? ―Levi cierra la laptop, dejando a un lado la máquina para ponerse de pie.

Estaba tan cómodo y calentito. La temperatura había descendido horriblemente y no le apetecía recibir visitas a las cuatro de la tarde.

Pero Hanji nunca preguntaba. Un error haberle confiado la clave de la puerta, sólo lo había hecho porque le tenía o tuvo confianza, y no quería ser robado en vacaciones. Fue así como le dejaron a Hanji el cuidado de su casa y la razón por la cual ahora entraba cuando quería.

Craso error.

―Oh, vine a traerte pastel de zanahoria. Hice un montón ayer para unos amigos, se han ido y me dejaron mucha comida.

Levi no puede decirle nada malo. Hanji cocinaba como los dioses, ella los alimentaba ya que a él no se le daba la cocina tanto como a Erwin, y a veces Erwin no tocaba la cocina por exceso de cansancio.

―…Bueno, ya sabes dónde ponerlo ―dice sonrojado. Nunca admitiría abiertamente lo feliz que lo hacía comer alguna delicia de Hanji.

Su debilidad eran los pasteles. Hanji solía hornear deliciosos pastelitos de chocolate o de zarzamora con queso, y eso lo derretía completamente.

―Gracias, gracias enanín. Qué bueno que me recibes la comida. ―Hanji se ocupa de ir a la cocina a dejar el pastel dentro del refrigerador.

Levi le da alcance minutos después, ya con las pantuflas puestas y de brazos cruzados.

―Uy, tienes una cara de gato gruñón que no ha cagado en dos semanas. ¿Pasa algo? ―Ella cierra la puerta del aparato y se dirige a las sillas altas de la barra donde Levi y Erwin toman el desayuno los fines de semana.

El pequeño Ackerman ya está demasiado acostumbrado al exceso de confianza que Hanji demuestra en su casa.

―Antes de entrar, podrías tocar. Algún día me matarás de un susto.

Hanji se echa a reír como una idiota, Levi frunce el ceño.

―No le hallo la gracia, cuatro ojos.

―Ay Levi… ―la risa la sacude violentamente ―, perdona que no pueda ser una amiga normal, pero es que tu carita luce tan tierna. Ya veo porque Erwin te rompe el culo, es inevitable con lo hermoso que te… ¡Auch! ―Hanji se soba el hombro con insistencia.

La fuerza de Levi es increíble, para ser una persona pequeña y esbelta, los golpes que da son lo suficientemente fuertes como para hacerte gritar de dolor.

Tal vez había algo en su genética que hacía más fuertes a los Ackerman que a cualquier otro ser humano. Hanji pensaba eso con frecuencia, más aun cuando Levi la golpeaba por alguna tontería que decía sin querer.

―Hija de puta, no te he corrido de mi casa porque has traído comida y no tenía ganas de cocinar ―se sienta junto a Zoe.

―Tú no sabes cocinar, ―recibe otro golpe, este es menos duro y Hanji lo agradece, con seguridad su hombro tendrá un cardenal del tamaño de un limón.

―Pensaba inscribirme a clases de cocina ―Levi suspira.

Erwin llegaba del trabajo cada día más cansado. Él no quería adjudicarlo a la edad, todavía no llegaba a los cuarenta. Sin embargo, Levi ya no quería abusar más del pobre hombre. Hacerlo cocinar y limpiar su desastre era una tarea desgastante.

Hacía unos meses que no tenían mayor intimida que caricias sobre la ropa y besos fogosos. Cuando Levi quería llegar a la parte caliente del asunto, Erwin lo frenaba aduciéndolo a dolores de cabeza o sueño acumulado.

Pero Levi no era estúpido. Sabía que su esposo estaba perdiendo el interés por él. Y Levi se había propuesto cumplir con su rol, puesto que Erwin últimamente había incrementado sus labores luego de tomar el turno vespertino en la Universidad donde impartía clases.

Su meta a cumplir estaba cerca: convertirse en el Director de la Facultad de Historia.

Necesitaba llenar cierta cantidad de horas y de investigaciones para que su curriculum fuera considerado entre tantos candidatos.

Estaba bajo mucha presión.

― ¿De verdad? ―Hanji no parece sorprendida. Eso lo molesta. ― ¡Felicidades! ―pero suena tan efusiva como de costumbre.

―Lo hago por Erwin.

La fémina frunce la nariz ligeramente.

―Ya veo. Te preocupas por él. Es interesante.

―Lo dices como si nunca lo hiciera.

Hanji entonces intenta desviar la conversación con su fiesta de ayer, pero Levi no quiere que ella ignore sus propias palabras y hable.

―Ay Levi…, yo sólo digo que es interesante porque desde que los conozco, sólo he visto ese interés de cuidarte en Erwin, no en ti, lo siento. De verdad que no quiero ofenderte, es sólo que tú no eres tan demostrativo y detallista como el tonto gigantón.

Hanji se rie de su propio mal chiste. Levi posa el codo derecho sobre la barra y recarga su mentón en la palma de su mano.

―Tienes razón.

― ¿Eh?

―Qué tienes razón, cuatro ojos. Erwin tiene más trabajo que yo. El pobre apenas duerme, le estoy exigiendo mucho.

Zoe le sonríe ampliamente.

―Lo amas mucho, ¿no es así, enanín?

Levi esboza una diminuta sonrisa.

―Supongo.

3

―Hasta mañana, Erwin.

La profesora Nanaba, que impartía Historia del Arte, se despide rápidamente de Erwin. Sus cubículos quedaban juntos y era normal verse todos los días.

―Hasta mañana, Nanaba, que descanses ― Erwin sonríe cansado.

Nanaba asiente y se marcha tan rápido como le es posible.

El silencio vuelve a hacerse presente. Erwin estaba sumamente agotado por ese día. Tenía en su escritorio una montaña de exámenes por calificar, documentos que ingresar a la Dirección, y más cosas pendientes que no le apetecía hacer.

―Deberíamos ir a tomarnos unas copas ―sugiere Mike Zacharius. Un hombre más alto que el propio Erwin, de cabellos rubios obscuros y ojos pequeños.

Es su mejor amigo y colega. Antes salía con Nanaba, pero la mujer –también rubia- no vio nada serio con Mike y se dejaron en buenos términos. Aunque ya no salían los tres a beberse unas copas, Nanaba se sentía un poco incómoda con otros hombres queriendo pretenderla y su ex sentado en la mesa.

―Sabes que no puedo, todavía no he terminado

Erwin estira los brazos y bosteza en voz alta, unas pequeñas lágrimas se arremolinan en sus ojos.

―Tienes hasta el lunes. Hoy es viernes y quieres divertirte un poco, anda, anímate. Levi no se enfadará contigo. Además, hace tiempo que no salimos solos tú y yo.

La propuesta en si suena tentadora. Erwin realmente necesitaba aire fresco y un poco de alcohol en las venas. Mike tenía toda la razón.

Levi también salía con sus colegas del trabajo cuando iba a la ciudad. Erwin lo sabía y nunca le molestó. Su esposo era tan libre como él.

― ¿Qué me dices?

Además había una urgente necesidad de desahogar todo el estrés y esos malditos ojos verdes dorados que todavía lo seguían como una sombra.

―Sólo un par de horas.

―Un par de horas, nada más ―concuerda Mike.

4

Eren escogía los bares más concurridos y más elegantes de la ciudad por un motivo en especial: presas adineradas.

Iba solo porque Jean en primer lugar tenía la moral muy alta como para ser participe en sus truculentos actos y Connie aunque no decía nada sobre su estilo de vida, Eren sabía de sobra que también lo reprobaba. De igual modo no quería hacerlos cómplices de las pendejadas que hacía.

Si se hundía que fuera solo. No quería sentirse comprometido por alguien más o desarrollar empatía por otro ser humano que no fuera él.

Reservó su lugar en la barra mientras los vasos de whisky iban y venían. Tenía una envidiable resistencia al alcohol así que no se preocupaba por ello. A diferencia de otras personas, Eren no necesitaba que lo cuidaran.

Entre la oleada de personas que concurrían el bar, logra advertir una figura distinguida que le resulta de algún modo familiar.

Entrecierra los ojos tratando de vislumbrar mejor el cuerpo ajeno, hasta que el rostro de perfil se graba en sus retinas. Puede reconocerlo ahora.

«El tipo de la gasolinera»

El altísimo hombretón que lo había mirado como todas sus presas: con anhelo y un poco de admiración discreta.

Iba acompañado de otro tipo más alto y bien parecido. Incluso en esa distancia, Eren podía notar la sexualidad animal que exudaba el rubio de la gasolinera –no lograba recordar su nombre por más memoria que hiciera-, y no dudaba de su homosexualidad, aquella tarde lo miró con hambre. Pero Eren no quería ser follado, amaba su virginidad anal, prefería romper culos.

Tal vez con un poco de persuasión el rubio grandote se dejaría follar. En su carpeta de experiencias ya se había tirado a un blondo con bíceps de acero que parecía demasiado macho para ponerse en cuatro. Hasta que Eren descubrió cuan alto gritaba su nombre mientras le ensartaba toda su lujuria por el trasero.

―Aquí vamos, Jaeger ―Eren se da ánimos a sí mismo, se bebe su trago de golpe. El alcohol le quema la garganta, pero la conmoción no le permite echarse para atrás.

Erwin estaba aburrido. Mike encontró una bonita pelirroja a la cual seducir mientras él se terminaba su quinta copa de champagne. Si, muy elegante para un bar abarrotado de jóvenes que bebían cerveza o whisky irlandés.

De pronto, los años encima le son más una carga. Sintiéndose el doble de viejo.

―Hola, en cuanto te vi no dude en venir a saludar ―esa voz ronca.

Erwin alza la mirada y vuelve a encontrarse con esos ojos verdes y dorados que lo saludan con brío. La sonrisa bonita aparece.

―Hola, Eren ―todavía lo recuerda, Erwin no ha podido olvidar ese nombre y esos ojos después de una semana.

―Hey…

―Erwin.

―Lo siento, es que tu nombre es poco común. ¿Puedo sentarme?

El rubio no se lo piensa dos veces.

―Por supuesto.

Y sin darse cuenta acaban de dar las doce de la noche.