Ojos de tormento
1
Erwin había bebido más de lo que se permitía, en otra ocasión habría declinado a tanta bebida, pero su compañero de turno no le dejó otra opción. Además de que la compañía lo valía. Eren charlaba hasta por los codos, y sonreía cada tanto que hacia latir el corazón de Erwin con muchísima fuerza.
Pronto, toda esa atmosfera mágica que se había creado entre los dos, se desvaneció con la llegada de Mike y su hermosa acompañante, entonces Eren, de manera galante se puso de pie y abandonó a los amigos, no sin antes desearle una buena noche a Erwin y dejarle su número sin que Mike se diera cuenta.
Eren sonrió para sí luego de dirigirse a su bonita Harley Davidson, se colocó el casco con cuidado y ajustó el cinturón por debajo de la barbilla. Si bien el hombre rubio no estaba de mal ver, no era precisamente su tipo, empero, el sujeto tenía dinero, o eso es lo que le dejó ver su costosa chaqueta Prada, no había ser vivo en el planeta que pudiera costearse rápidamente una prenda como esa con el sueldo de profesor. Claro que no, a menos que tuviera otros ingresos económicos, y Eren sospechaba que Erwin debía tener una pareja muy adinerada, tal vez una mujer ricachona y sola que lo esperaba en casa.
Erwin se le pintaba como un hombre de mundo pero aburrido, que buscaba diversión y saciar su soledad con alguna piel lozana y dispuesta.
2
Erwin llegó a casa apestando a alcohol. Levi chasqueó la lengua cuando su torpe esposo se tambaleó en las escaleras al segundo piso, tuvo que ayudar al hombre grandote a subir los escalones uno a uno, está de más mencionar que no fue una empresa sencilla, en más de una ocasión resbaló con Erwin sobre él.
No dijo nada en todo el trayecto a la cama. Le quitó la ropa que apestaba a champagne y un poco de cerveza, ante ese detalle que para cualquiera seria insignificante, Levi frunció el ceño.
¿Desde cuándo Erwin bebía cerveza? Era uno de sus gustos pero no los del rubio. Hasta donde era conocedor, su esposo odiaba el líquido amarillento y lo criticaba constantemente por ello. Y aunque quiso pasar por alto dicho descubrimiento, para ser justos, Levi no pudo.
Lo que pudo dormir durante esa noche, no dejó ni un momento de pensar en ello. Miró a su esposo dormir plácidamente, con la boca entreabierta, no quería por ningún motivo dudar de Erwin.
Quizá no estaría mal preguntarle.
A la mañana siguiente, Erwin fue el primero en despertar, tenía tremendo dolor de cabeza. Levi estaba a su lado, aunque como siempre era él quien lo despertaba, esta vez no quiso hacerlo. Se sentía avergonzado por su comportamiento de anoche, así que se retiró de la cama tan rápido y se encerró en el vestidor donde encontró su ropa deportiva. Salió a correr como cada mañana, pero en su cabeza unos bonitos ojos vivaces lo miraban con anhelo.
Levi se despertó de golpe al tantear la cama y no sentir el cuerpo de Erwin, para su decepción el rubio se había marchado a correr sin despertarlo. Eso lo hirió profundamente, Erwin nunca lo hacía, cada día, religiosamente lo zarandeaba para buscar su compañía.
¿Qué estaba sucediendo?
Su bonita nariz se arrugó en un mohín que reconocía bien. Quería llorar, pero le parecía estúpido hacerlo. Levi no se ofendía fácilmente y si el rubio estaba olvidando algunas de su costumbre era normal, el peso de la edad y las responsabilidades no eran más que un factor común, y aun así dolía.
- Tch, que estupidez – salió de la cama abruptamente, tomaría una ducha y luego se pondría a hacer el desayuno.
3
Erwin alegó mil disculpas que Levi recibió con una sonrisa pequeña. Al final le prometió que juntos harían las compras. Sin embargo, a mitad del día, Erwin recibió la llamada de Nanaba, necesitaba urgentemente de su ayuda con una investigación que estaba haciendo con una alumna próxima a titularse. Erwin no se pudo negar y dejó a Levi ir solo al centro comercial.
Para variar, Levi no pudo reprimir un grito sordo en su bellísima Chevrolet Tahoe negra, que había sido obsequio de su madre la navidad pasada.
Durante el trayecto al centro comercial, Levi iba tarareando una canción de The Cure, pero no podía concentrarse en la letra, todos sus pensamientos se remitían a su esposo y la noche pasada en la que llegó a casa todo ebrio y con una estúpida sonrisa. Parecía que el tipo acababa de conocer a Mickey Mouse, porque de verdad que ni en su boda sonrió de tal manera.
Estaba celoso, no iba a negarlo, pero no sabía de qué estaba celoso.
Erwin jamás le faltaría a sus votos matrimoniales. Ambos lucharon contra viento y marea, después de diez años de casados, la vida no podía irles mejor. Aunque Levi a veces se permitía ser pesimista y tenía miedo de que Erwin se fuera, porque una vez ya lo había intentado.
4
Levi Ackerman había sido criado en una de las familias más ricas de Sina, su padre, un exitoso abogado, banquero y político de la derecha, había amasado una cuantiosa fortuna, y gracias a ello, sus hijos pudieron asistir a escuelas de prestigio, viajar por el mundo, sin privaciones de por medio.
Albert y Kuchel criaron a dos hijos hermosos, inteligentes y fuertes. Mikasa era la estrella deportiva de la familia, hacia todo tipo de actividades que enorgullecían a sus padres, y Levi era un prodigio, siguiendo los pasos de su padre sin complicaciones.
Ambos lo tuvieron todo, tanto que cuando Levi reveló sus preferencias sexuales, Albert sintió una puñalada en su corazón.
Lo enviaron a estudiar en el extranjero con la idea de que su hijo no sabía lo que quería, que estaba encaprichado por ser un adolecente que lo tenía todo. Pero Levi volvió a casa igual que como se fue, y por años, la única que lo apoyó fue su hermana. En esos años obscuros conoció a Erwin, de quien recibió amor y comprensión.
Luego Kuchel cedió porque amaba a su hijo y no iba a negarlo cuando Levi le costó mucho trabajo, y en menor medida Albert, aun se sentía traicionado por su hijo pero no tuvo reparos en costearle la boda con Erwin.
El resto de la estirpe Ackerman criticó duramente a Levi, alejándolo del núcleo familiar. Kuchel no quería que su hijo se alejara pero era lo mejor. Contaminaban la vida del chico, y además, Erwin había recibido una jugosa oferta laboral, que aceptó casi de inmediato.
Levi emanó un suspiro quedo.
Su madre lo había invitado a la boda de su mejor amiga. No tenía ánimos de rechazar la oferta, aun no estaba bien visto que un miembro de una familia distinguida se apareciera por la crema y nata de la sociedad después de haber sido lapidado con críticas infames.
Y tampoco quería exponer a Erwin nuevamente al escrutinio social. Su esposo no estaba preparado. Levi empuja el carrito con cuidado y camina entre los pasillos buscando las pastas que tanto adoraba.
Había estado absorto en sus pensamientos durante largo tiempo que no se dio cuenta en el momento en el que un chico delante suyo se detenía para tomar unas cosas del estante, Levi lo golpeó con el carrito.
- Lo siento – dijo escuetamente mirando al alto muchacho de cabellos castaños.
Eren miró al hombrecito delante de él; tenía una bonita nariz respingada y unos ojos pequeños pero tristes, le pareció interesante la hermosa pero devastadora combinación. ¿Por qué había tanta melancolía en un precioso espécimen?
- No se preocupe, me metí en su camino – respondió Eren, su voz sedosa cautivando los oídos de Levi.
- No, de verdad, lamento no haberme fijado, no sé en qué estaba pensando – se animó a decir sin saber por qué.
- Bueno, acepto las disculpas. No es la primera vez que me golpean con un carrito – ambos ríen ligeramente quitándole peso a la situación.
- Para mí sí es la primera vez que golpeo a alguien con un carrito de súper – Levi se echa hacia atrás, y Eren lo sigue sigilosamente, como una pantera al acecho de su presa.
No se lo ha pensado mucho al acompañar al hermoso hombre de estatura media. Ambos charlan sobre pastas, salsas y vinos. Es una charla amena, donde Levi puede poner en prueba sus conocimientos y Eren absorbe toda esa sabiduría, pese a que lo hacía con zalamería, la verdad es que el hombre era interesante, porque de un tema salta a otro vertiginosamente, y aun así no es fastidioso para nada.
Eren sugiere algunos condimentos, también se entera de que Levi ha viajado por el mundo, y ha vivido mucho tiempo en la Toscana, luego Eren le cuenta sobre algunas tradiciones gitanas de su familia y Levi parece sinceramente interesado.
- ¿Te acompaño a tu auto? – sugirió Eren.
Levi no se niega, la verdad es que lleva demasiado en las manos. Eren descubre un hermoso auto esperando por el pelinegro. Lo ayuda a dejar las compras en el compartimento trasero, ambos se despiden cómodamente, como si se conocieran de otra vida.
La conexión es inmediata. Eren se prendó de esos bonitos ojos de tormento.
