Represión

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1

Si estás arriba, algún día estarás abajo. Y si estás abajo, algún día estarás arriba. Así era la vida desde el objetivo punto de vista de Eren.

Da un gran trago a su cerveza. Admira el paisaje estrellado. Por las noches, sube a la azotea y contempla el cielo nocturno, embebiéndose la soledad en una lata de cerveza, resoplando tranquilamente mientras su cabeza maquila miles de formas para seguir costeando una vida de mentira, una vida que le ha costado más trabajo que el ingreso a la universidad.

-No estarías orgullosa de mi, mamá. – Sonríe ligeramente.

Eren ya no se permite derramar lágrimas, aunque por momentos, la tristeza anega su joven corazón y pareciera que está por colapsar.

Él puede rememorar retazos de una niñez llena de carencias, con un padre afligido en el alcohol y abusador. Una madre sumisa que bajaba la cabeza cada vez que Grisha llegaba a casaapestando a perfume barato de prostituta.

Ella no solía hacer barullo, simplemente asentía a todo lo que él pedía. Aunque Grisha no fue un buen padre, jamás lastimó a Eren, por el contrario, le brindó educación, comida y techo hasta que la cirrosis invadió su cuerpo y la enfermedad fue quién lo mató.

A su muerte, Carla y Eren tuvieron que ser fuertes. Ella tomó trabajos que ponían a prueba su dignidad, y él trató de ser una carga más liviana, no fue sencillo y Carla se agotaba conforme pasaba el tiempo.

Un verano, la antesala a la tragedia, antes de que el cáncer tocara las puertas de los Jaeger, unos extraños llamaron a la puerta, era la policía estatal que traía consigo a una joven muchacho de cabellos rubios y mirada perdida.

-Estaba mendingando, traía esto con él – dijo uno de ellos mostrando una credencial y un collar que tenía una llave colgando del mismo. – Investigamos y al parecer es su familiar.

Eren abrió grande los ojos cuando ese desgarbado joven le sonrió bobamente.

2

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Sacude la cabeza, tiene mucho sueño pero tiene un deber importante. Alguien palmea su espalda. De inmediato Erwin gira la testa encontrándose con los amigables ojos de Mike.

-¿Ya casi terminas? – Mike se sienta a su lado y le acerca un club sándwich, los favoritos de Erwin.

El otro rubio agradece el gesto, aleja los papeles que anteriormente tenia entre las manos y recibe el almuerzo que Mike compró para él.

-Dejé esto por irme contigo y ahora tengo que terminarlo. Nunca debí hacerte caso. – Mike se ríe abiertamente, Erwin le lanza una gélida mirada.

-Oye, no me culpes, no te sonsaqué, sólo traté de aliviarte un poco. Te veías muy estresado, y además, no la pasaste nada mal. Aunque estaba en mis asuntos, no creas que no vi al apuesto muchachito que estaba sentado en tu mesa – dice en tonalidad cómplice.

Erwin voltea a ambos lados, luego sisea por lo bajo:

-Por favor, guarda silencio. Alguien podría escucharte.

Mike le resta importancia al supuesto hermetismo de su amigo. No tenía nada de malo que conociera a otras personas además de Levi. Estaban casados desde hacía muchísimo tiempo, lo justo era que salieran a divertirse, para variar.

-En la universidad te conocen muy bien, y aunque no es un secreto a voces tu homosexualidad, no entiendo porque tienes miedo de que Levi me escuche, yo no le voy a decir. – Erwin quiere negar lo que Mike ha dicho pero no puede.

Levi lo visitaba de vez en cuando, a veces lo tomaba por sorpresa en el aula de maestros o en su oficina, y aunque nunca se mostraba afectivo para no dañar su reputación. Con lo sigiloso que era, Erwin no quería que se creara una situación incómoda y su esposo mal entendiera las palabras de Mike.

-No es eso. – Mike lo mira reprobatoriamente – Está bien, sí. Soy un hombre casado, no quiero que mi esposo se imagine cosas.

-Erwin, él no se imaginará cosas porque ni siquiera sabe nada. Que se quede en una noche de copas con un amigo y ya.

-Gracias por tu complicidad, camarada.

Mike se cruza de brazos con una sonrisa en los labios.

-Somos amigos desde que íbamos en la secundaria, por supuesto que te cubriría las espaldas.

Erwin vuelve a su tarea y Mike piensa que quizá no estaría mal que su mejor amigo se divirtiera un poco.

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3

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Mikasa toca la puerta suavemente. Al ser abierta, ella esboza una escueta sonrisa.

-¿Tú? – dice Levi con sorpresa.

-Sí, yo. – Ella se arroja a los brazos de su hermano menor.

Levi no esperaba visitas. Su familia no hacia viajes tan largos para verlo, salvo ocasiones muy especiales, como aquella vez que enfermó de salmonelosis y tuvieron que internarlo en el hospital. La recuperación fue en casa y Kuchel envió a todo su equipo médico a casa de su hijo. Posteriormente ella viajó junto con su padre y ambos lo cuidaron mientras Erwin viajaba a Canadá para una conferencia. Detalle que la familia Ackerman no perdonó de Smith.

La presencia de Mikasa pacificaba el alma atormentada de Levi. Su hermana estaba ahí frente a él con una enorme maleta y sus quince centímetros demás.

Ella es tres años más grande que Levi. El tiempo la ha convertido en una bellísima mujer de rasgos finos y mirada taciturna.

Mikasa está soltera y con el reloj biológico urgiéndola. Aunque ella jamás lo dirá abiertamente, la razón por la que está ahí es porque ha escuchado de una clínica de fecundación in vitro muy famosa y costosa. Ella no pretende amarrar su vida a la de un hombre que no ama, y tampoco tiene tiempo para conocer a alguien que le interese lo suficiente como planear una boda y después un embarazo.

Está lista para ser mamá, y sólo le basta con tener un buen candidato. Pero ya que está en esa ciudad, decidió que ver a Levi le haría muy bien.

Levi la hace pasar, la ayuda con su maleta, aunque sabe perfecto que Mikasa no es una damisela en apuros, pero su caballerosidad nunca pasara de moda.

La Ackerman admira la casa en silencio. Huele a madera y a vainilla, adentro esta calentito. Levi le retira el largo saco de diseñador, Mikasa se saca las botas y se quita los guantes con parsimonia. Se ha recortado el cabello pero aun así todavía puede hacerse una trenza que la hace lucir elegante. Lleva un vestido largo que cubre sus rodillas y debajo del mismo una camisa de cuello de tortuga color azul.

-No ha cambiado nada – dice con su voz aterciopelada. Levi la invita a tomar chocolate caliente y pastel de manzana.

Ambos se ponen al día en un santiamén. Mikasa escucha con atención a su hermano, y no puede evitar enternecerse, Levi pese a la edad, luce adorable y guapísimo. Empero, también luce apagado, nostálgico. Ese no era el Levi que ella conocía y por el cuál daría la vida.

-¿Te sucede algo? – apenas pregunta, no quiere sonar chismosa tampoco. Además, por la hora que indica el reloj de pared, Erwin no tardara en volver, y Mikasa realmente quería saber qué era lo que sucedía con su hermano.

Levi carraspea. ¿Sería correcto contarle a su hermana aquellas sospechas infantiles que tenía sobre su esposo? ¿No estaría apresurando un dictamen antes de siquiera conocer los antecedentes? Dios, se sentía como en uno de sus juicios, sólo que él fungía como juez y Erwin como el acusado.

No, no podía hacerse esto. Primero averiguaría si su esposo estaba teniendo algo. Tan solo pensarlo le provocaba nauseas. Pero si adelantaba las cosas, y acusaba a su marido sin pruebas de por medio, quedaría como un histérico. Levi lo que menos deseaba era someterse nuevamente al escrutinio social, al que nunca se acostumbraría.

-No, estoy bien, ¿Por qué lo dices? – esboza una sonrisa ligera. Mikasa frunce el ceño.

-Luces triste – ella responde con suavidad.

-Para nada, estoy cansado, es todo. Erwin ha llegado muy tarde y yo me he desvelado esperándolo.

-No deberías Levi, Erwin no es un adolescente que regresa a casa después de una borrachera – Mikasa suena como una madre dura que no acepta errores. Pero Levi a veces tenía ese comportamiento sobreprotector con Erwin, que a ojos de ella, no merecía.

Levi frunce el ceño ligeramente incómodo.

-Es mi esposo, Mika. Lo amo y es parte de ser un matrimonio.

-Un matrimonio no debería ser un sacrificio.

-No lo es. Jamás me referiría a lo que tenemos como un sacrificio. Es sólo que no lo entiendes, yo lo amo y hago esto por amor, no por otra cosa. Quizá algún día lo entiendas, cuando encuentres el amor y decidas compartir tu vida con alguien más que no sea tu egocentrismo – Levi termina por dar la estocada final a una pequeña discusión.

Parece que ha vencido a su rival, hasta que sopesa sus palabras y el semblante alicaído de su hermana. Rayos, la había cagado en grande. Levi no era quien para decirle ese tipo de cosas. Mikasa podía ser ruda al hablar pero era parte de su personalidad, tampoco merecía que la lapidaran con palabras hirientes que sabía perfectamente que la lastimaban.

Mikasa había decidido dejar a su novio de preparatoria para ir tras sus sueños. Ella decidió no casarse porque quería llegar tan lejos como le fuera posible. Levi conocía bien esa historia, y entendía el por qué. Su hermana creció cuidando de él, era justo que ella se independizara y dejara de ser su niñera.

Ahora estaba frente a él, cuidándolo como solía hacerlo cuando niños, su amor maternal florecía por cada poro de su piel. Levi se sintió más culpable. A punto estaba de disculparse cuando ambos hermanos escuchar la puerta abrirse.

Erwin había llegado puntual.

-Oh, hola Mikasa. No sabía que venias – dice Erwin ligeramente sorprendido. Había visto un bonito auto afuera estacionado, pero no pensó que ese vehículo pertenecía a su cuñada.

Mikasa niega con la cabeza.

-Sí, pero ya me voy, es tarde y tengo que volver al hotel.

-Puedes quedarte aquí, no tienes por qué ir a ningún lugar. – Levi salta de su asiento como si quisiera evitar la partida de su hermana. Pero Mikasa está herida y por el momento no desea incordiar a la pareja. Ella asume su culpa al ser tan entrometida, sin embargo, Levi utilizó veneno en sus palabras.

-Descuida, te veré pronto, mi estancia por aquí será un poco larga. Que descansen. – La fémina toma su abrigo, al pasar junto a Erwin asiente ligeramente a modo de despedida.

Levi la ver partir desde el umbral de la puerta.

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4

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Eren está impaciente. No se había sentido antes de esa forma. Oprime el botón de colgar. No, no puede hacerlo. ¿Qué va a decirle de cualquier modo? No había una justificación para una llamada. Sí, se habían pasado los números porque se cayeron bien y quedaron en volver a tontear por el supermercado, especialmente porque la compañía era escasa, y ese hombre de mirada gris estaba melancólico aquel día. Parecía que su única ancla a la realidad era mantener una relación amical con otro ser humano que no lucía como un psicópata.

Y no estaba tan seguro de sus verdaderas intenciones con aquel hombre que se encontró la tarde antes de volver a su departamento y masturbarse por horas pensando en esos bonitos ojos de acero. Imaginó la pequeña boca alrededor de su falo, esos pómulos sonrosados y la mirada cubierta de lascivia.

Eren se había cogido a un chico dos días después y lo llamó Levi mientras se corría.

Desde ese encuentro, no podía sacárselo de la mente. Era condenadamente atractivo, bajito y triste. Eren sentía una especial atracción por las personas rotas, abandonadas. Aquellos que pedían a gritos ser reparados y valorados nuevamente.

Hacía mucho tiempo que no sentía una adrenalina así recorrer su cuerpo. Una electricidad que lo atravesaba por entero.

-Levi – se tira en el sofá cuan largo es, desabrocha sus pantalones y su mano viaja al centro de su placer.

Y ahí está, Levi sobre él, cabalgándolo con furia. Completamente desnudo y cubierto de sudor, Eren coloca las manos en las caderas y deja impresos sus largos dedos. La bella ilusión grita de placer y pide más. Eren se lo da todo, hasta que las gotas blanquecinas salpican su bajo vientre y la camiseta.

Dios mío, había tenido un sueño despierto.

-Maldición – mira el desastre que ha hecho. Eren tiene que detener esa obsesión por Levi. No podía concentrarse en sus planes con el idiota rubio si Levi se seguía colando en sus sueños.

Del otro lado de la ciudad. Levi duerme intranquilo, gira sobre su cuerpo y desacomoda las sabanas. Está sumergido en un sueño muy candente, donde un joven lo toma con tanta violencia que él suelta lágrimas de dolor y placer.

Ese chico al que no puede verle la cara, le susurra guarradas al oído. Levi le pide que pare, que no quiere hacer esto, pero su cuerpo responde febrilmente al toque ajeno. Sus piernas son separadas, y el desconocido lo penetra con gozo, ambos gimen duramente.

Levi está de pie ahora, en una posición incómoda. Una pierna alzada y la otra lo sostiene apenas, el falo que entra y sale de él no detiene su marcha, Levi suplica que no se detenga, que le gusta, que lo azote, que lo haga como quiera, que lo desarme… y aquel sueño lo hace. Lo violenta de distintas formas, y en cada una de ellas, Levi grita, y se deshace en gemidos.

Cuando el desconocido se corre dentro de él, Levi puede vislumbrar unos ojos verdes, y de pronto se sienta abruptamente sobre la cama.

Su pecho sube y baja aceleradamente, el sudor hace que el pijama se adhiera a su piel enfebrecida. Torpemente sale de la cama, Erwin ronca despreocupado, ajeno a todo el lio de pensamientos que es su esposo.

Ackerman se encierra en el baño, deslizándose cuidadosamente por las frías baldosas, cierra los parpados lentamente. Ese sueño se sintió tan real, tan cínico, tan deshonesto. Unas lágrimas escapan sin que él pueda evitarlas.

Se siente jodidamente avergonzado, pues tiene que llevar una mano a su chándal para poder acariciar la consecuencia de todo ese placer apabullante.

Tragando saliva, Levi se acaricia lento, a veces duro, y reprime las ganas de gemir. El orgasmo es tan intenso que los dedos de sus pies se contraen. Hace tiempo que no tenía una erección dolorosa e insoportable.

Aunque su cuerpo está en paz, su mente es un caos.

¿Quién era el tipo que en sueños le regaló una increíble sesión de sexo?