Estos magníficos personajes de Inuyasha le pertenecen a la sensei Rumiko, yo solo los eh tomado para crear esta historia la cual si me pertenece, pero no la hago con fines de lucro, solo para sacar todas esas ideas que rondan en mi cabeza.
Risas
Dentro de una habitación se escuchan las risitas enérgicas infantiles de un bebe y las de un hombre, su padre. A pesar de ser ya la hora de dormir y casi media noche, al pequeño no se le veían las intensiones de tener sueño.
Su padre lo había intentado cansar por todos los medios posibles, jugar al caballito, ponerlo en su caminadora, leerle cuentos, darle de comer, bañarlo, entretenerlo con sus juguetes... Para ser un bebe de seis meses Hikaru tenía mucha energía.
− Mira lo alto que estas cachorro.− le decía su padre al alzarlo sobre su cabeza, provocando que su hijo riera más fuerte.
− Si nos acostamos y apagamos las luces ¿crees que se duerma?− pregunto una somnolienta madre.
− Podemos intentar.
Apagaron las luces, quedando solo prendida una lámpara de noche en forma de panda, Kagome se acostó seguida por su esposo y dejaron a su pequeño en medio de ambos, lo intentaron acobijar pero por más que querían que se quedara quieto movía sus piernas y brazos, logrando quitarse la manta.
− Hikaru, es hora de dormir, mañana seguimos jugando.− le decía Inuyasha intentando arroparlo.− Apaga la lámpara, espero que si ve todo oscuro se duerma.− le dijo a su esposa y ella obedeció.
En cuanto la luz se apago el llanto de su hijo no se hizo esperar, de inmediato Kagome encendió de nuevo la lámpara y Hikaru dejo de llorar.
− Pequeño ya hay que dormir, no te has dormido desde tu siesta de medio día.− le decía Kagome a su bebe mientras acariciaba su pequeña melena negra.
Hikaru la veía divertido con sus ojitos miel, ya se había movido tanto que ya estaba descubierto de nuevo, logro girarse sobre su estomago y ahora intentaba levantarse, pero al ver que aun no podía se decidió a gatear hasta llegar a la cara de su padre.
− Quieres seguir jugando ¿verdad?− pregunto al sentir que su nariz era apretada por unas pequeñas manos regordetas.
Inuyasha lo tomo en brazos y lo alzo, subiéndolo y bajándolo, Hikaru solo extendía sus brazos y piernas, mientras los movía con mucha energía.
− Es increíble que aun no esté cansado ¿Segura que su comida no tenía otra cosa?
− Claro que no, saco tu energía eso es todo.− dijo mientras se acostaba más cerca de él.− Mientras vaya creciendo su hiperactividad seguirá en aumento, así que más te vale que sigas en forma, cuando ya camine o gatee más será como un tsunami, destrozara todo a su paso.− bromeó e Inuyasha le sonrió, se ladeo un poco y beso a su esposa.
− Ni me lo digas, que de solo pensarlo ya estoy cansado.
De pronto escucharon los quejidos de su hijo y es que su padre lo había dejado suspendido arriba.
− Con esté bodoque ya no necesito de pesas.− bromeo al volverlo a subir y bajar.
− Espero no se mareé, que pobre del que está bajo suyo.
− Jaja muy graciosa.
− Y dime... ¿Qué paso con eso de que querías por lo menos tres hijos?− pregunto con burla.
− Ya me lo estoy pensando.
− Tonto, eso ni tú te lo crees, te apuesto que en menos de lo que pensamos nos dirán que tendremos otro.− le reclamo al estar consciente de que cada que podían Inuyasha la hacía suya.
− Lo sé, pero pondré todo de mi parte para que esa noticia llegue al menos cuando este cachorro tenga tres años.
− Yo lo sigo entreteniendo, mañana debes levantarte a primera hora.− le ofreció Kagome al verle bostezar.
− No, está bien, me eh desvelado más por el trabajo y mi cachorro vale más.
Se volvió a escuchar más fuerte la risa de su hijo, ya que su padre le hizo trompetillas en la pancita al ver que su pijama se había subido.
− ¿Te gustan?− pregunto y Hikaru se revolvió entre los brazos de su padre.− No tan fuerte te puedes caer.− le advirtió pero no dejo de moverse hasta que su padre volvió hacerle trompetillas, quería más de aquel juego.
Era la una menos ocho cuando Hikaru ya tenía sus ojitos entrecerrados.
− Me parece que ahora si ya se va a dormir.− menciono Kagome.
− Ya era hora, me duelen ya los brazos ¿segura que pesa seis kilos?
− Muy segura.
Inuyasha tomo a su cachorro y lo acostó sobre su pecho, de inmediato este se acomodo y quedandose dormido, sujetando la playera de su padre.
− Se va a caer.
− No se cae.
− Ponlo en medio.
− Ven acá.− atrajo a su esposa con un brazo y la rodeó.− Confía en mí, no lo dejaré caer, además te quiero junto a mí.
− De acuerdo, pero si se te cae date por muerto.
− Lo sé, lo sé.
Y casi de inmediato se quedaron dormidos, siendo alumbrados por la suave luz que les brindaba una lámpara de panda.
...
Después de mucho, les traigo esta corta historia, que deseó disfrutarán.
05/08/2013
