Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.

Está basado e inspirado en un video que vi hace algunos meses, espero les guste.


9 Meses

¡Hola de nuevo mami! ¡Es nuestro bitrillón, zillón días juntos!

Inuyasha y Kagome, fueron a caminar a un parque cercano y ahora, estaban sentados a en una banca a la sombra de un árbol mientras comían un sorbete.

Kagome disfrutaba su sorbete de zarzamora cuando sintió a sus bebés moverse "extraño". Dejó de comer y prestó atención a los movimientos dentro de ella.

Por su parte Inuyasha apenas si probaba de su sorbete, ya que seguramente Kagome no tardaba en pedirle una "probadita" y terminar comiéndolo todo. Volteó a ver a su esposa que se había quedado muy quieta, la observó por un momento y le extraño que de la nada ella se riera.

― ¿Por qué te ríes?

― Creo que tienen hipo.― dijo divertida al poner sus manos en su vientre.

― ¿Cómo lo sabes?

― Dan saltitos.

Inuyasha puso sus manos sobre el vientre de Kagome, quería sentir lo que ella decía, y no pudo evitar sonreír al sentirlos.


¡Mira! ¡Estás cosas que nos crecieron más!

Solo esperaba que su incapacidad por maternidad llegará pronto. No podía concentrarse en su trabajo, sus gemelos la usaban de saco de golpeo, sin olvidar que le daban antojos ¡Y no podía salir a cada rato a comer!. El punto bueno era que no tenía que levantarse mucho, la mayor parte del tiempo estaba frente al ordenador.

― Tranquilos.― dijo al acariciar su vientre y preguntarse qué los hacía moverse tanto.

¡Ups! Perdón mami.

― ¿Todo bien?― preguntó una compañera, una jovencita dos años menor que ella, cabello castaño y ojos cafés.― No has dejado de acariciar tu vientre, ¿Quieres que le llame a Inuyasha-sama?

― No es necesario Rin-chan, estamos bien, es solo que cada día se vuelven más inquietos.

― Eso es bueno ¿Verdad?

― Sí, y se vuelve de lo más normal en los últimos meses.

― Inuyasha-sama debe estar muy feliz. Tienes mucha suerte de tenerlo.

― Kagome.― llamó un hombre muy parecido a Inuyasha.

― Sesshoumaru, hola ¿Qué necesitas?― preguntó a su cuñado.

― Nada, el inútil ya viene por ti.

― Pero faltan dos horas para salir.― dijo extrañada al ver el reloj.

― ¿Por qué no dijiste que ya te era pesado trabajar?

― Estoy bien, ¿Pero qué tiene eso que ver con...

― A partir de mañana ya no vienes.

― Aún falta para...

― Ya no quiero que Inuyasha me llame a cada rato para saber si estás bien y no le estás mintiendo, mucho menos quiero tener sobre mí a mi padre en su papel de abuelo sobreprotector.― explicaba con cansancio.

― Deja termino lo que...

― Estoy seguro que Sakuraba se puede encargar.― dijo al mirar a Rin que le veía con nerviosismo.― Es mejor que estés lista para cuando llegue Inuyasha.― agregó antes de salir.

― No estoy segura si voy a poder, él me da miedo.― confesó Rin a Kagome una vez que su jefe se fue.

― Rin, todo saldrá bien, no es nada que no hiciéramos antes y confió en ti, de todas maneras si necesitas algo, no dudes en llamarme.

― Esta bien, daré mi mejor esfuerzo.― dijo decidida a no defraudar a su amiga.

― Y Rin, no le temas, encáralo, no te doblegues, trátalo como cualquier otro... Solo sé tú.


Me aplastas, quédate en tu lado./ Yo estoy en mi lado, tu quítate del mío.

Sentía claramente a la azabache moverse constantemente en el colchón, ya había intentado hace unas horas abrazarla pero ella técnicamente lo mando a volar, si en esos momentos no estaba acostado en el suelo o en el sofá, era porque a pesar de todo, Kagome le quería junto a ella.

Pronto sintió como ella se levantaba y se quedaba sentada en la cama, con la espalada apoyada en la cabecera.

― ¿Qué pasa?― preguntó al encender la lámpara de buro.― ¿Por qué lloras?― por el rostro de Kagome recurrían lágrimas y lágrimas.

― No puedo dormir.

― Tranquila, respira.― dijo al pasar sus manos por la espalda de ella.

― ¡No puedo!― gritó alterada.― Al estar acostada siento que me falta el aire. También siento que la comida se me sube y me duele la columna.― en este punto casi no podía hablar por el llanto.

― Pequeña, ven aquí.― pidió Inuyasha al acomodar a su esposa entre sus piernas y ella pudiera recargarse en su pecho.

― Te detesto, tu no sientes todo esto.― le reclamó mientras recibía mimos.

― Lo sé.

― Tengo mucho sueño, quiero dormir.― decía ya más calmada al acurrucarse entre los brazos de su esposo.

― Acomódate como quieras, yo aquí voy a estar.

― Debes odiarme.

― Jamás podría odiarte.― dijo al besarle en la sien.― ¿Cómo te sientes?― preguntó después de varios minutos, pero ella ya no contestó.

La miró y se dio cuenta que finalmente se había quedado dormida. Le limpio las lágrimas y hecho la cabeza hacia atrás en un intento por acomodarse y dormir.


Se está poniendo muy apretado aquí.

Era un alivio ya no tener que ir al trabajo, pero... ¡Se aburría en su casa! Inuyasha llegaba ya tarde y ella estaba sola. Era la tercera vez en el día que acomodaba la ropa de sus bebés. Tal vez, debería llamarle a su madre o a la de Inuyasha.

― Pero si les llamo no dejaran de sobreprotegerme... No me quitaran los ojos de encima...― pensaba en voz alta.― Ustedes no se aburren ¿Cierto? Se tienen los dos aquí dentro.― les dijo a sus hijos que estaban dando patas.― Solo espero estén jugando y no peleando.


Lo hemos pasado increíble contigo mami. Pero creemos es hora de salir.

Kagome esperaba a Inuyasha sentada en el sillón, ese día iban a ir con sus amigos Sango y Miroku, festearían el cumpleaños atrasado de su hijo menor. Pero mientras esperaba a su esposo, un gran cansancio la invadió, le dio mucho sueño y no tenía las fuerzas para levantarse.

― Es hora, estamos a tiempo... ¿Kag?― le llamó al verla dormitar.

― ¿Podrías decirles que vamos otro día? Estoy muy cansada.

― ¿Te sientes mal?

― No, solo tengo mucho sueño.― dijo al soltar un bostezo.

― Vamos a la recámara.― le ayudó a levantarse, sus amigos les tendrían que perdonar, pero no llevaría en ése estado a Kagome.


Puede que no recordemos todos nuestros días juntos, pero queremos que sepan que hicieron un muy buen trabajo.

Entró a la recámara comiendo un tazón de fresas con azúcar y se encontró a su esposo de pie junto a la cama.

― ¿Qué haces?― preguntó al sentarse en la cama.

― Preparando una maleta para cuando nazcan.― explicó al guardar dos cobijitas.

― Solo espero que ese día no te ganen los nervios.

― No te preocupes, me he estado preparando, y tengo la experiencia ajena de Miroku, él ni la maleta tenía lista.

― Eso ya lo quiero ver.― comentó escéptica, cuando ese día llegase, Inuyasha sería un mar de nervios y no se acordaría de la maleta.― ¿Quieres fresa?― preguntó al ofrecerle la fresa más grande que tenía.

― ¿Segura?― no estaba seguro si debía aceptarla, después de todo la frase de su madre siempre se aplicaba con Kagome "la comida de ella es de ella y la tuya de ella".

― Es tu premio por ser un padre prevenido, sí no la comes voy a llorar.

― No quiero reclamos después.― dijo al comerse de una sola mordida la fresa.

Mami, gracias por leernos...

― "La imagen del aeroplano detenido pasó frente a los cristales de sus anteojos como un futuro anunciado [...] Lo que vio frente a él no era un presagió, si no una conclusión [...] La cosa que había estado esperando, aquello para lo cual se había preparado durante toda su vida." (+1)

― No deberías leerles esas cosas.― dijo Inuyasha al entrar a la sala y ver a su esposa en el sofá.

― ¿Por qué no?.

― No son adecuadas... Léeles "Los tres cerditos" u otra cosa, no terror.

― Solo quiero que aprendan a diferenciar a los vampiros de verdad y no los confundan con haditas del bosque.― dijo y provocó una risa a Inuyasha.

― Tienes razón, y de esa manera no le temerán al "coco".

― Es lo que digo.

Gracias por dejarnos escuchar tus "La la laas"...

Mientras esperaba que la comida estuviera lista y a que llegará Inuyasha del trabajo. Se puso a escuchar música, las melodías del "El lago de los cisnes" sonaban en la sala ¡Como le encantaba esa historia!. Pronto sintió a sus bebés moverse agitadamente.

― Espero que eso sea porque les gusta.

― Tú te vas a los extremos.― escuchó la voz de Inuyasha a su espalda.

― ¿Por qué?

― Primero les lees terror y ahora les pones a escuchar ballet.― dijo al sentarse junto a ella.

― Todo tiene un equilibro, como nosotros.

― Por eso encajamos tan bien, toma.― dijo al ponerle en las manos una caja de DVD.

― ¡El cascanueces! Es mi...

― Otro ballet favorito.― a completó sonrojado.

En la mañana discutieron porque Kagome quería ir al ballet y él le dijo "no", no pensaba aburrirse. Ella ya no dijo nada, pero más tarde se sintió culpable y fue a comprar los boletos pero ya no había, frustrado fue a comprar el DVD.

― Ya no había boletos y...

― Gracias Inu.― le dio un casto beso en los labios y sonrió llena de felicidad.

En ocasiones Inuyasha podía ser un bruto, pero en otras, era de lo más tierno con ella.

Y gracias por dejar las cosas malas que te gustan y darnos las cosas buenas que necesitamos.

Solo veía como Inuyasha bebía deliciosamente su taza de café, desde que lo estaba preparando y olió el penetrante aroma, se le hizo agua la boca. Hace tanto que no probaba ni un trago de esa deliciosa bebida, para ser más exacta, desde que se entero de su embarazo.

― Yo quiero.― dijo cual niña pequeña, ya no soportaba el antojo e Inuyasha no se lo ponía fácil.

― No puedes tomar café.― le recordó.

― Solo un poquito.― imploró al verle darle otro sorbo a su taza.

― No te daré.― estaba loca si creía que le complacería aquel capricho, el médico fue muy claro ¡Nada de café!.

― Pues si yo no puedo ¡Tú tampoco! ¡No es justo!― gritó enojada al cruzarse de brazos, la vida era tan injusta.

― Está bien.― dijo resignado.― No más café también para mí.― ella tenía razón, pasarían por todo juntos. Se levanto y fue a vaciar al fregadero lo que quedaba en la cafetera.

― Nada de tomarlo a escondidas.― le advirtió.

― Lo prometo.

Gracias a ambos por nuestros ojos, nuestros oídos y nuestra nariz. Gracias por nuestras manos, pies y dedos. Gracias por nuestro corazón.

¡Eso era vida! Hace tanto que no podía relajarse de esa manera. Estar al aire libre, sentada sobre una manta, con una cesta de picnic llena de deliciosa comida y sus hijos quietos. Ese día estaba resultando ser una delicia.

― ¿Qué haces?― preguntó exaltada al notar que Inuyasha se acostaba en el suelo y ponía su cabeza en donde se gestaban sus gemelos.

― Escuchándolos.― dijo como si fuera de lo más obvio.

― ¿No puedes hacer eso o sí?― claro que no podía, era imposible.

― ¿Quién dice que no?

― Es imposible, sus latidos no se escucharían a través de...

― Te aseguro que los escucho, un padre sabe.― dicho eso se acostó de nuevo y poco después sintió las manos de su azabache acariciarle la cabeza.

Papi, gracias por el último tazón de ramen...

Kagome ya había terminado de comer su segundo plato de ramen, e Inuyasha disfrutaba del cuarto. Pero a pesar de Kagome tener frente de ella una generosa porción de gelatina, no podía evitar dejar de mirar lo apetitoso que se veían los fideos que su esposo devoraba.

Por más que intentaba comer a gusto, la mirada de Kagome sobre él no le dejaba. La chica llevaba rato observándolo mientras su gelatina seguía intacta.

― ¿Qué pasa?― preguntó finalmente.

― Quiero más.

― Creí que no eras adicta al ramen.― dijo en burla.

― Yo no, tus hijos.― se defendió al llevarse las manos a su vientre.― No es gracioso.― se quejó al ver su sonrisa burlona.

― Comete el mío.― dijo al pasarle su tazón, si sus pequeños iban a ser adictos al ramen, lo mejor era que se fuera acostumbrando a cederles su comida.

― Gracias, te puedes quedar con la gelatina.― le paso su postre y de inmediato comenzó a devorar el ramen.

Inuyasha suspiró, corto un trozo de gelatina y lo comió sin muchas ganas.

Gracias por ser una almohada para mami...

La película terminó y se percató que Kagome se había quedado dormida. Intentó acomodarla en en el colchón y ella se quejó. Vería algún otro programa y ya después la acomodaría.

Una hora después ya le dolía la espalda, tenía el cuerpo entumecido y los brazos acalambrados, pero su pequeña estaba tan cómoda, desde hace tiempo que no la veía dormir tan relajada, siempre se quejaba de dolores de espalda o de pies.

¿Qué más daba sufrir un poco? Después de todo, Kagome llevaba las 24 horas del día a sus cachorros.

Y por levantarte de noche para preparar o ir a comprar nuestros antojos.

Ya había pasado más de media hora e Inuyasha no regresaba de la tienda. ¿Por qué se le antojaron la frutas con leche dulce y mandó a su esposo a la tienda? Eran las dos de la mañana, si algo malo le había pasado no se lo perdonaría nunca.

Se limpió las lágrimas y observó la puerta esperando que se abriera, pero nada. Cogió el teléfono y marcó al celular de Inuyasha, ocho timbrazos y entró a buzón.

― Tranquila, debe venir manejando por eso no contesta.― se dijo para calmarse.

Estaba por llamar de nuevo cuando la puerta finalmente se abrió. En el momento en que Inuyasha entró corrió a abrazarlo, no se espero a que se quitase los zapatos o dejase las bolsas.

― ¿Por qué tardaste?― preguntó al borde de las lágrimas mientras lo abrazaba fuertemente.

― La única tienda de 24 horas esta a diez minutos en coche.― explicaba al corresponderle el abrazo.

― Aún así te tardaste mucho, me estaba preocupando, pensé que algo malo te había pasado, te llamé y no contestaste.

― Me estaba estacionando y me tarde de más porque pase a ponerle gasolina al coche.

No la entendía, primero casi lo saca a patadas para que fuera a la tienda y ahora le recibía con lágrimas.

― Estoy bien, ya estoy aquí.― le decía para calmarla.― Vamos a preparar lo que querías.

Y por sobre todo, gracias por su amor.

Eran las pasadas las once de la noche y estaba en la sala terminando el trabajo que amablemente su jefe le dejó llevar a casa, para que pudiera cuidar a Kagome.

Escuchó la puerta de la recámara abrirse y luego la puerta del baño. Dejó de un lado su trabajo y espero a escuchar a su esposa regresar a la recámara.

Casi la una treinta, volvió a escuchar la puerta de la recámara y vio que la luz de la cocina se encendía, el sonido de la puerta del refrigerador y de vasos le hizo suponer que Kagome fue agua. De nuevo esperó a escucharla regresar a la recámara.

Dos de la mañana, Kagome se levantaba y esta vez fue hasta donde su esposo, se sentó junto a él y se recargo en su hombro.

― ¿Qué haces?

― Trabajo.

― ¿Te falta mucho? ¿Tiene que ser para mañana?

― Es para mañana en la tarde, pero quiero terminarlo ahora para mañana ir a caminar y no te desesperes ya casi termino. Regresa a dormir, ya voy.

― Me espero, no puedo dormir.― dijo al pasar sus manos una y otra vez por su vientre.

― ¿Qué sucede?― preguntó extrañado por los movimientos de ella.

― Solo se mueven.

Inuyasha no le prestó demasiada importancia, pero cuando la escuchó exhalar con pesadez todas sus alertas se activaron.

― Eso no es nada.― dijo al bajar la pantalla de la laptop.

― Están inquietos, nada fuera de lo normal.

― Kag... Nos vamos al hospital.― sentenció al entrar a la recámara e ir por la maleta.

― Faltan dos semanas.

― El médico dijo que por ser dos se podía adelantar un poco ¿recuerdas?― hablaba mientras ayudaba a la chica a ponerse un suéter arriba de la pijama.

― Una semana, no dos.

― No me importa.

Los amamos y estamos ansiosos por conocerlos.

Ya no podría burlarse de Inuyasha y sus nervios de padre primerizo, al final él había tenido razón, sus bebés nacieron al amanecer.

― ¿Cómo estás?― escuchó que le preguntaban, volteó a su izquierda y junto a ella estaba Inuyasha.

― Mejor, pero un poco cansada todavía.

― Hay dos personitas que te quieren conocer.― dijo al caminar a una cuna junto a la cama y tomar dos bultitos.

El corazón de Kagome latía como loco, podía ver que unas caritas sobresalían de las mantas. Inuyasha le entregó a un bebé y él se puso frente a ella con el otro, de esa manera ambos podían ver a los pequeños.

― Son la cosita más linda del mundo.― dijo llena de dicha.

Aquellas criaturitas tenían la piel rojiza, apenas tenían cabello, sus ojos estaban cerrados, las manos estaban en puño y sin duda alguna eran lo más bello que habían visto.

― Y son nuestros.― agregó el nuevo padre al ver a su esposa tomar las manitas de sus hijos.― ¿Por qué te ríes?

― Sus nombres y apellido comienzan con "Ta", ¿Lo hiciste a propósito?.

― Claro que no, no olvides que tu elegiste uno.― se defendió.

― Espero que no piensen que lo planeamos.

― Que importa, que den gracias que no tienen nombres raros como "Inuyasha" y "Sesshoumaru".

Kagome sonrió ante el reproche de su esposo y leyó de nuevo los brazaletes de sus bebés.

"Taisho Tadashi" y "Taisho Takeru".


Hasta aquí esta trilogía. Espero les gustase.

Siento mucho la demora pero hace semanas perdí mi celular fuera de mi casa, ya tenía terminado este capítulo, los finales de mis otras historias y el primer capítulo de uno nuevo. Les había puesto mucho de mí y no tienen idea de cuánto sufrí.

Pero eso no fue lo peor, lo crítico fue que la persona que lo encontró bloqueo de inmediato mi acceso a mis cuentas donde tenía mis respaldos, comenzó a acosarme y a amenazarme por mis historias. Llamaba a mi casa y no decía nada, mandaba correos y en el buzón de mi casa dejaba notas muy ofensivas, incluso me dijo que ya había buscado y reportado mi cuenta de fecebook por falsa y daño a la moral.

Finalmente terminé por cambiar el número telefónico de mi casa, cerrar la cuenta de correo y ya no miraba que ponía en el buzón.

En fin, espero entiendan por la gran demora, pero no tenía ganas de volver a escribir.

Pronto subiré los capítulos finales de "En el Bus" y "Untitled", si todo va como planeo, al viernes ya deben estar listos los dos.

Y si por alguna razón entra aquí la persona que tiene mi celular y ve lo que subí, quiero que sepa que no me importa. Esto es lo que me gusta y deseo este disfrutando del celular que no se molestó en devolver sabiendo a quien pertenecía.

30/08/2015

+1: Fragmento de Noctura de Guillermo del Toro.