Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
"Esta historia está exclusivamente publicada en "fanfiction . net " , si estás leyéndolo en otra página es porque ha sido plagiado"
Esto viene ocurriendo dentro de la trama "En el Bus". Espero les guste.
Amor.
El sonido de una vida extinguirse retumbó en su cabeza, alrededor de aquella camilla de hospital una pareja lloraba sin control, por su pequeño hijo que los había dejado muy pronto, se suponía que eran los hijos los que enterraban a los padres, no al revés.
Salió del cuarto y fue a su casillero, lo abrió y en la puerta había una foto con las tres personas que le esperaban en casa. Le quitó los imanes con los que estaba sujeta y la miró con lágrimas en los ojos. Lo peor de su trabajo eran casos donde pequeños niños sufrían, pero este había sido el peor.
Cogió su mochila y guardo sus cosas, eran las once de la noche y después de una jornada de 32 horas, finalmente podía ir a casa e intentar reponerse para un nuevo turno que empezaba en 10 horas.
El reloj marcaba las doce menos veinte cuando llegó a su casa, una ventaja de salir tarde era que no había tráfico. Entró a su hogar y encontró a su esposa durmiendo en el sofá, estaba medio cubierta por una manta y un libro estaba en el suelo, se había quedado dormida leyendo. Recogió el libro y lo puso en la mesa de centro, pasó sus toscos dedos por la cara de su esposa y la besó en la frente.
― Yasha ¿Qué tienes?― preguntó al verle su semblante decaído.
― ¿Están aquí?― preguntó por sus pequeños, había días que se quedaban con los abuelos porque Kagome trabajaba hasta tarde e igual él.
― Durmiendo, Inuyasha ¿Qué pasa?― se levantó somnolienta, talló sus ojos e intentó enfocar su mirada.
― Necesito verlos.― dijo al caminar al cuarto de sus hijos.
Ambos niños dormían profundamente, uno en una cama por tener ya tres años y el otro de un año, en la cuna. Sería un crimen despertarlos, pero en verdad necesitaba pasar un momento con ellos despiertos, escucharlos, verlos a los ojos, jugar con ellos, sentirlos vivos, comprobar que aquellas pequeñas criaturitas seguían formando parte de su vida. Primero fue a la cuna y cargó a Kenta, sentirlo moverse hizo que su corazón se acelerara, luego fue a despertar a su hijo mayor.
― Tadashi, despierta.
― Papá.― habló bostezando, sin saber que esa simple palabra llenaba de una gran dicha a su padre.
― Compré helado.
― Yo quiero.― estaba más dormido que despierto pero por el helado, se esforzaría por mantenerse despierto.
― Mañana Tadashi va a la escuela.― dijo Kagome como voz de la razón.
― ¿Puedo comerlo ahora? Solo un poco.― pidió con ojitos de cachorro.
― Claro, para eso lo traje.― se apresuró a responder Inuyasha.
― No mucho, es tarde.― permitió Kagome, algo tenía Inuyasha y estaba intrigada, él no solía perturbar el sueño a sus hijos.
Media hora más tarde, Inuyasha alistaba a Tadashi y Kenta para dormir nuevamente, el primero se había comido una bola de helado y el segundo, por ser más pequeño, la compartió con su padre.
― A la cama.― le dijo a Tadashi una vez dejó al menor en la cuna.
― Papá, te quiero.
― Y yo a ustedes.― le arropó y dio un beso en la frente.― A dormir.
Una vez que se aseguró que ambos niños dormían, fue a su dormitorio donde su esposa esperaba sentada en la cama, la luz estaba apagada y solo la luz de la lámpara de noche iluminaba.
― ¿Me dirás que fue todo eso?― preguntó sentada en la cama.
― Hoy murió un niño.― dijo acercándose a la cama.― Solo tenía 7 años y estuvo sufriendo toda la semana, sus padres no se separaron de su lado ni un momento… Él nunca mostro miedo de morir y después de tanto luchar él...― se le quebró la voz por recordarlo, Kagome le tomó de la mano e invitarlo a sentarse a su lado.― Los padres pasaron por muchas cosas y años para que lograran concebirlo, de todas las enfermedades, heredó una condición muy rara e incurable, la vida es tan injusta.
Kagome se le quedó viendo, ahora entendía todo. Ella no lo había vivido, pero podía sentir el dolor de solo imaginar perder a alguno de sus hijos.
― No sé qué decir.
― No lo hagas, solo déjame estar así.― se acostó en las piernas de su esposa y la abrazó por la cintura.
― Ellos van a estar bien.― dijo refiriéndose a sus hijos y le acarició su cabeza.
― Es increíble que en un segundo tengas una gran felicidad y al otro, todo se destruya.― llevó una de sus manos a la cabeza de Kagome, en el lugar donde tenía la cicatriz del accidente.― En esa ocasión estuve por perderte, no hubiera conocido lo que es la felicidad.
― Pero estoy aquí, formando esta familia contigo.― debía admitir que en ocasiones recordaba su accidente y el miedo la invadía.
― Te amo.
― Yo también te amo.
― Quisiera no traer los problemas a casa.
― Por eso somos esposos, para apoyarnos en las buenas y en las malas.
― No sé qué haría sin ti.― se incorporó e hizo que ambos se acostaran en el colchón.
― Ir a llorar con Miroku.― bromeó para aligerar la tensión.
― Pero no tengo que hacerlo, mañana no llevemos a Tadashi a la escuela, quiero pasar tiempo con los demonios.
― Solo por esta vez.― aceptó por dos razones, la primera, Inuyasha en verdad que no necesitaba y la segunda, los niños extrañaban a su padre y últimamente se sentían tristes por no verlo.
― Eres la mejor.
― Lo sé, pero ahora hay que dormir, yo si debo levantarme temprano.― dijo bostezando.
Inuyasha sonrió y se estiró para apagar la lámpara, no se molestó en cubrirlos con una manta, estaban en plena primavera y no hacía frío, además él también necesitaba dormir.
05/03/2016
