Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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Gemelos.

Sango y Miroku querían reírse, su amigo llevaba un cuarto de hora intentando identificar a sus sobrinas postizas, eran gemelas y tenían cuatro meses. En los meses anteriores no había tenido problemas en nombrarlas correctamente, en su muñeca tenían una pulsera con su nombre. Pero ya era hora de quitársela y eso desconcertó al joven de ojos miel.

Son exactamente iguales ¿Cómo quieren que las diferencie?

No es tan difícil, Kimi es la mayor es dos centímetros más alta y Yumi tiene más mejillas.— contestó con simpleza Miroku.

Estás loco.— por más que les mirase, no veía la diferencia.

No te molestes, estoy seguro que pronto les reconocerás, a nosotros nos costó tiempo, tranquilo.— animó Sango.

De eso ya habían pasado más de dos años y su amigo no podía recordar el nombre las gemelas correctamente.

—¡Debes estar bromeando! ¿Cómo no recuerdas quién es quién?— reclamó con enojo Sango.

—Sanguito contrólate.— intervino Miroku.— Inuyasha, míralas bien, son diferentes.

—Son como clones.

—Kimi viste ropa rosa y Yumi verde. Kimi la de rosa es la mayor, Yumi de verde es la menor.— explicó Miroku con calma.

—Kimi rosa mayor, Yumi verde menor.— anotó en su mano para no olvidarlo.

—¡Exacto!

—¿Y si no visten de ese color?

—¡Solo recuerda sus nombres correctamente!— gritó Sango.— Voy por té, este idiota ya me hizo enfadar.

—Lo sé, da miedo.— dijo Miroku.— Pero está embarazada y en las últimas semanas, compréndela.

—Lo bueno es que es solo uno, más fácil de identificar.

—¿A qué hora vas por Kagome?— preguntó al recordar que la esposa de su amigo había ido a visitar a su familia.

—Dijo que a las cinco.

—¿Por qué no te quedaste?

—Hace mucho no los ve y pensé que sería bueno que solo fuese ella.

—Quieres retrasar el dar la noticia.— dijo al pillarlo, Kagome estaba embarazada y su amigo no era bueno dando noticias.

—Se pondrán como locos, ya los conoces, no pararan de hablar y acosar.— la familia de su esposa le agradaba, solo era la efusividad de ellos lo que le incomodaba, su ambiente familiar fue más serio.

—Ambos deben de darla, ese bebé no solo es de ella.

—Lo sé.— estaba feliz por ser padre, pero solía meter la pata bastante seguido.— Llevaré una tarta para comenzar.— Miroku asintió al estar de acuerdo.

—Ahora, sin ver tu mano.— le advirtió.— ¿Kimi es la menor?

Inuyasha le dedico una mirada de "no me jodas", en lugar de ir a esa casa a pasar el rato, se hubiese regresado a la suya, pero no le gustaba estar sin Kagome allí.


Tenía ese día libre bien ganado después de tres semanas sin descanso. En la mañana dejó a su esposa en el trabajo y en la tardé que fuese por ella, la llevaría a comer helado. Regresó a su casa dispuesto a dormir más y recibió una llamada de Miroku, le pedía que fuese, necesitaba ayuda.

Y allí estaba, frente a la casa de su amigo. Tocó a la puerta y fue jalado adentro rápidamente. Miroku estaba nervioso, apurado y el suéter lo tenía volteado. En la sala se podían escuchar las risas de las gemelas.

—¡Gracias a Buda que llegas!

—¿Por qué tanto apuro a que viniese?

—Sango está en el hospital, estábamos allí por una revisión de rutina, la hora de ir por las gemelas llegó y me fui al jardín de niños por ellas, las traje a casa para darles de comer, Kohaku está acompañando a Sango, todo estaba bien, pero me llamaron hace poco para decirme que ya va a nacer.— explicaba apresurado.— Pero las niñas están de hiperactivas.— señaló a las gemelas que corrían ahora por el pasillo.— No he podido arreglarlas, tu esposa saliendo del trabajo viene a ayudare, ya le llamé.— se colgó una maleta y tomó las llaves de su auto.— Vigílalas bien.

—¡Oye!

—Lo harás bien, hay comida preparada, acuéstalas a las ocho y nada de dulces

—¿Quién es quién?

—Kimi listón amarillo, Yumi azul.

—¿Quién es la mayor?— preguntó, pero su amigo ya se había ido.— No importa, a ustedes no les interesa quien nació primero ¿Verdad?— dijo a las niñas que estaban mirándolo fijamente.

Kimi amarillo, Yumi azul; repitió para no olvidarlo.

...

Cuidar a las gemelas no fue complicado la mayor parte del tiempo, esas niñas le agradaban.

—Kimi, ni lo pienses.— advirtió al ver a la niña de azul trepar a la silla para subir a la mesa.— ¡Kimi!— llamó al detenerla.— ¿Por qué me miras tú?— la pequeña de amarillo le miraba como a la espera de algo.— ¡Espera! ¡Tú eres Kimi!— era un idiota, Yumi era la de azul, la niña sonrió y corrió bajo la mesa.— Sal de allí.

—¡Inu!— grito la pequeña al colgarse de una pierna, fue que Inuyasha aprovechó para tomar a ambas y llevarlas a su dormitorio.

—Ustedes esperaran aquí y yo regreso a calentarles la comida.— les dijo al ponerlas en el tatami.

—¡Perrito!— gritaron ambas, querían seguir jugando.

—Ahora sentadas, voy a preparar la comida, ya vuelvo.— cerró bien y se apresuró a calentar la sopa. En su habitación no darían tantos problemas ¿Verdad?

Al regresar por ellas se llevó una sorpresa, las niñas habían sacado toda su ropa de sus gavetas y puesto otra ropa. Una llevaba playera blanca con rosa y short verde limón; la otra un vestido verde. Estaba en problemas, ahora no sabía quién era quien. Miroku y Sango lo matarían.

—¿Quién es Yumi?— preguntó pero ninguna reaccionó.— ¿Tu eres Kimi?— dijo a la pequeña del vestido.

¿Sería tan malo no saber su nombre correcto? Debía nombrarlas de alguna manera temporalmente, cuando Kagome llegará le sacaría del apuro.

—Tú serás Dango.— señaló a la pequeña de tres colores, le recordaba a aquel dulce.— Y tu.— lo pensó un momento ¿Cuál era bueno? Vestía toda de verde— Wasabi.

—¡Inu!— gritaron felices.

—No se quejaron, les gustaron sus nombres ¿Verdad?


El fin de semana con las gemelas lo estaba sobreviviendo muy bien, claro que con ayuda de Kagome pero ¡Él no lo estaba haciendo tan mal! No sabía si era por apoyarlo, por el embarazo o porque le causó gracia, pero Kagome no se enfadó con él por ponerle apodos a las gemelas. Incluso le obedecían por ellos.

El punto bueno, el niño de sus amigos ya había nacido y ese día volvían. Y mientras Kagome les preparaba de comer, él jugaba con las gemelas al caballito.

—Dango no jales mi cabello.

—Inu, yo riba.— pidió la otra pequeña que esperaba su turno.

—Wasabi, acabas de bajar, en dos minutos te vuelve a tocar.

—¿Por qué les llamas así?

¡Que le tragara la tierra! Sus amigos volvieron antes y Sango por su tono de voz, estaba enojada.

—¡Llegaron! Niñas vayan a conocer a su hermanito.— alentó a que se acercaran a su madre.

—No cambies el tema ¿Por qué les llamaste así?

—¡Es un juego!, Yo soy Ramen, un caballo y ellas forajidas del oeste.— mintió lo más calmo posible, parecía que Sango le creía hasta que le vio entrecerrar los ojos.

—¿Quién es Kimi?— preguntó al no creerle nada.

Inuyasha tragó, Miroku le hacía señas con los ojos, pero no entendía ¿La de naranja o la de azul? Que la suerte estuviese de su lado.

—La de naranja.

—¡Eres imposible, Yumi tiene el cabello más corto!

—Lo veo igual. ¿Por qué simplemente no les puedo decir Dango y Wasabi? Así me hacen caso y les gusta.

—¡Eres su tío y esos no son sus nombres!

—Calmados.— intervino Miroku.— Me fui y no le dije que Yumi lleva aretes de mariposa y Kimi de flor.

—No es excusa, debió fijarse él.

¡Carajo! ¿Cómo no se fijó en los aretes? Respuesta, no los vio, no le fueron relevantes.

—Si no fuera porque Kagome quedaba viuda y tu hijo huérfano, te mataría.— amenazó Sango.— Me voy a dormir, hola Kagome.— saludó alegre a su amiga que recién notaba.— Gracias por cuidar a las niñas.

—No hay de que, es un placer.

—Me voy a dormir, platicamos más tarde.

—Claro, descansen.

—Kagome, Inuyasha, ya vuelvo, voy a llevar a la niñas a ver a su hermanito.— dijo Miroku al llevar en brazos a su gemelas.

—Está exagerando.— soltó Inuyasha una vez solo con Kagome.

—Entiéndala, ¿Tú también te enfadarías si a tu hijo le llamasen por otro nombre?

—Si le llaman con cariño, está bien. A las gemelas les gustó y, ¡A ti!— señaló.— Te pareció gracioso.

—Calla, que no te escuche.— pidió al mirar al pasillo.

—Apóyame, soy tu esposo.

—Y lo hago... Solo, esfuérzate un poco, las niñas te quieren y es importante para nuestros amigos.

—Yo las veo idénticas, y ellos tienen la culpa ¿Por qué les ponen nombres tan parecidos? Kimi, Yumi.

—Promete que te esforzaras más.

—Lo intentaré... Pero.— Kagome le vio con interés.— Se lo llevaron y no lo vimos.— se refería al bebé.

—Es tu culpa por hacerla enojar, estoy segura que cuando se quede dormida, Miroku lo traerá.


Sin cuidado dejó su mochila en la entrada y se quitó las botas, todo el día en la constructora bajo el rayo del sol, le había agotado, ni pudo salir para acompañar a Kagome a consulta. Escuchó que la tv estaba encendida, su esposa debía estar en la sala, efectivamente, estaba cambiando de canal.

—Ya llegue.

—Bienvenido.

—¿Cómo les fue?— preguntó al tumbarse en el sofá y recostarse en las piernas de la chica.— Vas creciendo bien ¿Verdad?— habló al vientre de ella.

—Si lo hace, pero morimos de hambre.— cuando llegó de consulta le dieron ganas de dormir y no preparó de comer, ahora se arrepentía, su estómago gruñía.

—Pidamos pasta, también tengo hambre, pero no tengo ganas de cocinar.

—¡Justo lo que queríamos!

Inuyasha tomó su móvil y ordenó al restaurante Italiano que tenían cerca, en veinte minutos les llevarían su pedido.

—¿Te dio foto?— quería ver a su hijo, aunque por ahora tuviese forma de frijol.

—Sí.

—¡Quiero verla!

—Antes, hay algo que debo decirte. ¡No es malo!— agregó al ver la cara de preocupación del chico.— ¿Sabes qué? Primero hay que comer.

—Dime ahora.— pidió, no iba a poder estar tranquilo, todo lo que fuese relacionado con Kagome y su bebé, le ponían ansioso.

—Veras, pues cuando la médico vio la imagen, notó que... Hubiese querido que estuvieras también, sería más fácil y...

—No podía ir, dijiste que estaba bien.

—¡Lo sé! Y no te reclamo, tenías trabajo, es que... Son dos.— soltó con un suspiro.

—¿Qué?— estaba confundido.

—Dos bebés, vamos a tener dos.

—Mellizos.

—No, gemelos, tendremos dos bebés.

¡Que le partiera un rayo! Él no podía tener gemelos, implicaban muchos problemas y no económicos, ganaban bien para mantener un extra, tampoco le preocupaba que por ser dos ahora no les quisiera, les amaba. Cuando decía problemas, era por él ¡Él no podía identificar a las hijas de sus amigos! ¿Cómo lo haría con los suyos? Los iba a revolver. Le odiarían por no diferenciarlos. Por eso, cuando Kagome dijo que serían dos, su esperanza era que fuesen mellizos, esos eran más diferentes y el otro podría ser niña ¿Verdad? ¡Pero no! El universo le había mandado gemelos, dos criaturitas completamente idénticas.


La única persona que podía ayudarlo en ese momento de desesperación era Miroku, seguramente se burlaría de él, diciendo que el karma le daba una lección, ¡Pero estaba desesperado! Y fue por eso que se decidió a ir a visitarlo.

Esperaba en la sala, sentado en el sillón; mientras su amigo terminaba una llamada, antes no le envidiaba por trabajar desde casa, ahora, quería lo mismo, le preocupaba que sus hijos se la pasasen todo el día en una guardería.

¡Un momento! Sango seguía de permiso, eso quería decir que debía estar en la casa y si estaba, se burlaría de él, incluso no dejaría a Miroku ayudarle. Mejor le hubiese pedido verse en otro lugar.

—¿De qué querías hablar?— preguntó Miroku al sentarse en el sofá.

—¿Esta Sango?— mejor asegurarse.

—No ¿Por qué?

—Necesito tu ayuda, pero quiero que sea algo entre los dos, no metas a Sango y ni una palabra a Kagome.

—Cuéntame.— ciertamente ya estaba intrigado.

—No es uno, son dos.

—¿Qué cosa?

—¡Que dentro de Kagome no crece un bebé, son dos!— gritó a causa de los nervios.

—¡Felicidades! Otra razón más para ser mejores amigos.

—¡Córtale!

—¿No estas feliz?— eso sería muy extraño, a pesar de que su amigo era algo inmaduro y tenía ciertas inseguridades por ser padre, sabía que jamás rechazaría a sus hijos.

—Lo estoy, es solo que... Es tan complicado.

—Sí, un poco, doble de todo, pero te acostumbraras.

—No puedo identificar a tus mocosas ¿Cómo le haré con los míos? ¿Y si los revuelvo? El mayor puede terminar siendo el menor y el menor el mayor.— ahora Miroku comprendía todo.

—Calma, es más sencillo de lo que crees.

—Necesito aprender a diferenciar a tus hijas.

—Fácil, te entrenaré mi joven discípulo y las niñas estarán contentas por pasar tiempo con su fiel corcel "Ramen".

—¡Cierra la boca!— volteó a otro lado, estaba avergonzado.


En los siguientes meses Miroku, las gemelas y él, pasaban tiempo juntos, generalmente entre semana, para que Sango no se diese cuenta, seguía enfadada con él ¿Cuánto más le duraría el enojo?

Una de las primeras cosas que Miroku le puso hacer, fue aprenderse correctamente los nombres. Luego a identificarlas por su cabello.

—El cabello de Yumi está arriba de sus hombros, el de Kimi unos centímetros abajo.

—Tienen coletas ¿Cómo voy a saber?— ¿Se burlaba acaso?

—Se las quitamos, pero antes, las coletas de Kimi son más arriba.— explicaba al señalar el cabello de su hija.— ¡Otra cosa! ¿Quién es la mayor?

—Van por orden alfabético ¿verdad?, Kimi es la mayor.

—¡Un punto! Te ganaste un premio.— le ofreció una papa salada y le acarició la cabeza.

—¡Oye! No soy perro.— se quejó, pero se quedó con la papa.

—¡Perrito!— gritaron emocionadas las niñas, les divertía el nombre de su tío.

—Ellas no piensan igual.— se burló Miroku.


Después tocó la parte de sus gustos, para ello, Miroku organizó una visita al zoológico. De todos los lugares que pudiesen visitar, le llevaba al que nunca se la pasaba bien, desde niño siempre que pasaba por donde estaban los monos era un sufrimiento ¡Esos animales se ensañaban con él! Le robaron su gorra nueva, le tiraron comida, hacían que se tropezase. Y ya más grande, cuando fue con Kagome en su tercer cita, terminó atrapado de un pie en una reja y oliendo a excremento, en ese momento pensó que ella le botaría y se iría avergonzada, pero no, se quedó a su lado esperando a los bomberos. Inuyasha ya estaba llegando a pensar que su amigo gozaba con verle sufrir, ese Miroku sabía de sus calamidades en ese lugar.

—Una introducción, Kimi prefiere los pingüinos, jirafas y peces tropicales. Yumi, se interesa por los osos polares, gatos grandes y los tiburones.

—La menor es más de animales peligrosos.

—Ya vas captando.

—Tío, orejas de perrito.— le ofrecieron una diadema con unas orejas blancas.

—Así estoy bien, ustedes úsenlas.

—¡Papá, tío no quiele!— dijeron con ojos llorosos.

—No seas cruel, todos llevamos unas.

Las gemelas usaban de conejo (Kimi rosas y Yumi blancas) y Miroku de oso.

—Póntelas o aquí acaba la lección.

—Ya me las puse, ¿Contentas?— lo que tenía que hacer por ser buen padre.

—¡Sí!

—Acostúmbrate, como padre deberás hacer cosas vergonzosas.

—Son niños, no lo creo.

—Tal vez no te pondrán una tiara o no pedirán jugar a la hora de té y que seas el hada Glinda.— oh si, él pasaba por todo eso y más.— Pero mira a los otros niños, también usan estas diademas, otros traen disfraces o caras pintadas, mientras sean pequeños te pueden pedir que uses diademas o te pintes igual a ellos.

—Vamos a comenzar y terminar con esto.

...

Y como había predicho, ese día su mala suerte en el zoológico no fue la excepción. Tres pequeños y molestos monos, le vaciaron un cuenco con agua, en su cabello le embarraron plátano y mango, le intentaron robar la cartera, pero él fue más rápido al entregársela a Miroku, con dificultad salió con vida.

—Maldición no se quita.— se quejó al no lograr eliminar el puré de fruta del cabello.

—Solo con agua no bastará, toma, compré esta playera y una gorra.— le tendió una gorra azul marino con el logo del zoológico y una playera gris con la imagen de un perro y la leyenda "sit boy".

—¿No había otra que no tuviese un perro?— siempre buscaban hacerle burla por su nombre.

—Las niñas la eligieron, es mejor que tu ropa sucia, no te quejes.

—Es la última vez que vengo aquí.

—Podrías saltarte ese habitad.

—¡No! Este lugar esta maldito.— gritó, ganándose más de un par de miradas curiosas.

—¡Papá etomago hace grrrr!

—Díganle a su tío lo que quieren.

—Pisha.

—Tulto.

—Vamos a la plaza hay varios restaurantes.— lo que fuese por irse de aquel lugar.

—¿Y de postre que quieren?

—Bony shotolate

—Helado.

—¿Helado de Chocolate?— preguntó al ser lo que entendió.

—¡Nooo!— gritó Yumi.

—Yumi quiere brownie, y Kimi helado.— explicó Miroku.

—Entonces hay que ir a varios lugares.

—Así es, una desventaja que les gusten cosas diferentes. ¿Quién te pidió pulpo?

—Creo que la de orejas rosas.

—¿Cómo se llama?

—Yu... ¡No! Kimi.— corrigió a tiempo.

—Perfecto, niñas, vamos a comer.


Otro día, le tocó fijarse en sus gestos, cosa que para él fue lo más complicado. Para esa lección, Miroku les llevó a una juguetería.

—Cuando algo le desagrada, Kimi frunce la nariz y Yumi saca la lengua.— explicó cuando las niñas vieron unas muñecas que tenían fea cara.— Ahora dime que hacen cuando ven algo que les gusta.

Los dos hombres les siguieron por los pasillos, hasta que se toparon con masas para moldear. Inuyasha las observó atento, de algo estaba seguro, esas masas de colores les gustaban.

—Kimi hace una sonrisa mostrando los dientes y Yumi... Hace lo mismo.

—Fíjate bien.

—Sonríe y aprieta las manos.— debía ser eso, la otra niña las tenía abiertas.

—Eso hacen, solo que, es al revés.

—¿Al revés?

—Les cambiaste los nombres.

—¡Kuso! Creí que ya lo tenía dominado.

—Lo haces mejor que antes.— animó dándole unas palmadas en la espalda a Inuyasha.

Así pasó el tiempo, en tres semanas nacerían sus bebés y no se sentía listo. Ya diferenciaba a las gemelas, pero se tardaba un poco, revisaba varias cosas antes de nombras correctamente.

Aquel día en especial iba más nervioso, era su última lección y quería aprovecharla lo mayor posible.

—Hora de tu examen final.— dijo Miroku al entrar a la sala con las pequeñas.

—¿Por qué las has vestido igual?— eso no le gustaba, llevaban su uniforme de preescolar y el cabello en una sola coleta.

—Es tu examen final, y contra reloj. ¿Listo?

No lo estaba, pero que fuese lo que tuviese que ser.

...

Después de medio día de convivir con las gemelas, esperaba que Miroku diese su veredicto. Honestamente no creía tuviese una puntuación buena, se había puesto nervioso y olvidó todo lo aprendido.

—Considerando tus nervios, no lo hiciste mal, 6 de 10.

—Creo que fue suerte ¿Qué voy hacer?

—Confiar en ti, sí en verdad son tus hijos lo harás bien.

—¡Claro que lo son!

—No te exaltes, no lo dije con mala intención.— le sorprendía lo "posesivo" que era cuando se trataba de sus hijos y Kagome.— Los padres tienen también un instinto, en cuanto les ves se crea un lazo que les unirá y eso te va a ayudar.

—Espero tengas razón.

—Soy padre de tres, créeme, lo he vivido.


Sango observaba a los nuevos gemelos que dormían en su cuna, era increíble que sus amigos también tuviesen unos, cuando se enteró solo pudo pensar en dos cosas: Que era una gran coincidencia, no sabía de muchas familias que tuviesen; y, el karma le daba una patada en el trasero a Inuyasha.

—Y yo decía que las niñas eran idénticas, ellos se la ganan.— cuando sus gemelas nacieron, una tenía más cabello que la otra, pero esos niños eran clones.

—Por eso no les he quitado su pulsera, con lo cansada que estoy me cuesta saber quién es quién.— explicó Kagome.

—Te comprendo. ¿Cómo lo lleva Inuyasha?

—Se queda largos ratos mirándolos, es tierno.

—Pobre, debe estar hecho un caos al no querer confundirles.

—Hasta ahora lo ha hecho bien.

Ya tenía mucho sueño y su esposo no se acostaba, estaba sentado en una silla junto al colecho y observaba a los gemelos que dormían. Ella quería aprovechar ese momento para reponer fuerzas, pero la luz —aunque tenue— de la lámpara le molestaba.

Inuyasha, a dormir.

Ya voy.— habló sin quitar la mirada de los niños, en su mente enumeraba las posibles diferencias.

Largo de cabello, ambos apenas tenían.

Sus ojos, mismo color.

Las orejas, iguales.

Forma de labios, iguales.

Nariz, pequeña y bonita.

Color de piel, rosada.

¿Y si a uno le gustaba dormir a la derecha? Los cambió esperando alguno se quejase, nada.

¡Un lunar!— exclamó su mente al ver uno en la mano derecha del que tenía más cerca.— El mismo.— su otro hijo también lo tenía.

Inuyasha, tengo mucho sueño, apaga la luz.

Ya los arropo.— con una mantita cubrió a ambos niños

Cuando le dio su beso al primero un agradable aroma le llegó, eso le hizo pensar que tal vez oliesen diferente, pero no, los dos tenían ese dulce aroma.

Palmas de las manos.— eran como huellas digitales ¿Verdad? Uno podía tener más marcada su "M", sus palmas eran similares, tal vez por su corta edad, pero ya era un punto a su favor.

Inuyasha, por favor.

Perdón, me entretuve viéndolos.— estaba apenado, Kagome en verdad estaba muy cansada y él tonteando.

Mañana sigues.

Ya apague la luz, duerme.— se acostó junto a la chica y también se durmió.


Vestía a sus hijos con muchísimo cuidado, le daba miedo lastimarlos, sentía que sus huesos eran muy frágiles y si aplicaba mucha fuerza podía rompérselos.

—Inuyasha ¿Qué haces?— preguntó Kagome al pararse junto al chico.

—Acostándolos, ya les cambie.

—¿Y esa ropa?— sus gemelos usaban playeras con el texto "Twin bAby" y "Twin baBy", respectivamente.

—Como todavía no me sé quién es quién y revuelvo sus nombres, decidí comprar esa ropa, hay otra que dice "Twin 1" y "Twin 2".

—Debes estar de broma.— dijo un poco molesta.

—Será temporal.

—¿Qué paso con eso de querer memorizar cada rasgo de cada uno?

—Es muy difícil, esto es más fácil, cuando tengan más cabello les raparé su número o letra de su nombre.

—¡Eres un Idiota!— ahora sí que está enojada, en verdad creyó que él estaba esforzándose por conocer a su hijos, ¡Hasta le habló a Sango bien de él!

—Ya te dije que es temporal.— dijo con calma.

—Son tus hijos, debería de… ¿Por qué te ríes?— le golpeó con un peluche.— No tiene gracia lo que haces.— le iba a dar otro golpe cuando fue cargada y lanzada a la cama, en un segundo, tenía a su esposo sobre ella.— ¡Quítate!— exigió.— No te hablaré hasta que les diferencies bien.— esta vez, Inuyasha rio más fuerte.— ¡No te rías! ¡Habló en serio!

—Tontita, era broma.— confesó con una media sonrisa.— Claro que sé quién es Tadashi y quien Hikaru.

—Pruébalo.— le retó.

—Tadashi es el mayor y...

—¡Para! Les voy a poner otra ropa, sí pasas: todo perdonado, si no, vas a dormir en la sala indefinidamente.

—Como quieras.— le dejó libre y salió al pasillo, unos cinco minutos más tarde, Kagome le llamaba.

—¿Quién es Hikaru? Y dame la razón.

Inuyasha se acercó a la cuna y miró a sus hijos que usaban su saquito de dormir, azul marino y estrellas blancas.

—Te estoy esperando.

—Ya voy.— puso una mano sobre cada niño y comenzó a hacerles "cosquillas" sobre el pecho.— Hikaru es el de mi derecha, cuando hago eso mueve la boca y Tadashi mueve sus manos a mí.

—Así que fue una broma.— habló en casi un susurró, Inuyasha había acertado.— ¡¿Por qué me haces eso?!

—Para divertirme.— era obvió ¿no?

—Ven aquí.— le jaló de la playera y le dio un beso de recompensa, cada día amaba más a ese hombre.


Estaba feliz, sus hijos tenían su tercer mes y Kagome organizó una comida por ello, ya que al cumplir el primero, sus amigos salieron de vacaciones; en el segundo, los padres de él estaban en el caribe. Y finalmente la oportunidad se dio.

Después del trabajo fue por un pastel, ojalá alcanzase, no sabía si además de sus padres, Miroku y familia; iría la familia de Kagome. También estaba la posibilidad de que el estirado de su medio hermano, les visitase desde Londres.

Al entrar a la sala, vio a sus amigos junto a un portabebés, los hijos de sus amigos miraban con curiosidad al niño que seguía atento la sonaja musical.

—Hola, ¿Tienen mucho de haber llegado?

—Llegamos antes, los niños ya querían venir.

—Hikaru, ya llegué ¿Me extrañaste?— saludó a su niño que le miraba fijamente y al escucharle se agitó.— ¿Qué?— le extrañó que sus amigos le viesen con escepticismo

—¿Cómo sabes que es Hikaru?— preguntó Sango, le sorprendía que no se equivocase, usaba ropa nueva que le llevaron ese día.

—Tadashi es más serio, ¿Dónde está?— no veía a su otro hijo.

—Tienen tres meses, es imposible que tengan esa personalidad.

—Si la tienen, y Hikaru cierra diferente sus manos. ¿Tadashi?— volvió a preguntar.

—Kagome fue a cambiarlo.— explicó Miroku.

—¿Mis padres no han llegado?

—Fueron por tu hermano al aeropuerto


Inuyasha les daba de comer a sus niños de un año, cuando escuchó el timbre y segundos después, los pasos de Kagome ir a la puerta, después de un "En un momento vengo, ya me iba a bañar, Inuyasha esta con los gemelos en la cocina", Sango entró a la cocina.

—Hola Tadashi.— saludó Sango al pequeño de babero con nave espacial y que comía papilla de plátano.

—Ese es Hikaru.

—No, a Tadashi le gusta el plátano y a Hikaru el mango.

—Hoy cambiaron.— a mitad de su tazón, intercambiaron.

—¿Estás seguro? Usa el babero de Tadashi.— por lo general, Hikaru usaba de aviones.

—Si lo estoy.— contestó con total confianza.

—¿Seguro no es al revés?— seguía creyendo que eran a la inversa.

—Hikaru hace un ruidito cuando come, Tadashi no.

—No escucho nada.— se acercó hasta ellos y esperó a escuchar el sonido.

—Presta atención ¡Allí!— dijo Inuyasha al Hikaru tomar más papilla.

—Si tú lo dices.— seguía sin estar del todo segura, ya le preguntaría a su amiga, y cuando tuviese razón, se burlaría de Inuyasha.

—¿Miroku y tus hijos?

—En la casa, vengo de visitar a Kohaku, por eso no vienen.

—¿Cómo le va en la universidad?

—Tres meses más y termina.

—¿Se acabaron todo?— interrumpió Kagome.

—Todo, por dormir tanto su siesta, se les justo el almuerzo con la comida.

—Kagome ¿Quién es Tadashi?— preguntó Sango sin perder tiempo.

—¿Por qué?

—Solo contesta, por favor.

—Es el de babero de avión.

—¡JA! Te lo dije.— se jactó Inuyasha.

—Pero siempre le pones el de nave espacial.

—Hoy por alguna razón, intercambiaron en todo, primero fue la ropa, luego su juguete de baño y después su babero.

—No olvides la comida.— le recordó el chico.

—Es verdad, hasta en eso cambiaron, espero no se les haga una costumbre.


El festival de primavera era ese día y Kagome lidiaba con unos gemelos de 5 años y un niño de 2 años. Cuando Inuyasha llegase de Hokkaido le mataría, dijo que llegaría ese día temprano y le ayudaría a alistar a los gemelos que tenían una presentación, Tadashi iría de dinosaurio y Hikaru de dragón.

—¡No mamá! Soy Tadashi.— se quejó uno de los gemelos al Kagome querer ponerle el disfraz de dragón.

—¡No mientas! Yo soy Tadashi.

—¡Yo soy el dinosaurio!

—¡A ti te tocó el dragón!

—¡Basta! No tengo tiempo de sus peleas, se van a poner el que sea, no va haber diferencia.

—¡Pero mamá! ¡Él miente!— se señalaron al mismo tiempo.

—¿Y ese escándalo?— preguntó una voz masculina.

—¿Dónde estabas?— reclamó furiosa Kagome a su esposo.— Hace horas debiste haber llegado.

—El vuelo se demoró.

—Alístalos, voy por Takeru.— le tocaba sufrir a él.

—¿Ahora qué hicieron?

—¡Él quiere usar mi disfraz!— volvieron a acusarse.

—¿Vamos con lo mismo?— esos dos disfrutaban cambiarse.- ¿Qué pasa? En media hora ya demos ir saliendo y es mejor que se cambien o su madre se pondrá furiosa.

—No queremos ir.

—¿Por qué?

—No queremos cantar y bailar, es vergonzoso.

—¿Por eso todo el teatro de su cambio?— ambos asintieron.— No serán los únicos que bailaran y cantaran, sus demás amigos también ¿Qué me dicen de ese niño pelirrojo? Él va ir de zorro ¿Cierto?

—¿Y si nos equivocamos o caemos?

—No pasará… Ahora ¿Quién es el dinosaurio?

—¡Yo!— dijo uno de ellos.

—¿Tú quieres ser el dinosaurio, Hikaru? No tengo problema en eso si en verdad lo quieres y estas más cómodo.— los dos niños de miraron y después de asentir, dirigieron sus miradas miel a su padre.

—Que Hikaru sea el dinosaurio, yo quiero ser un dragón.— contestó Tadashi.

—Como quieran.

Minutos después cuando Inuyasha le ataba los cordones a Tadashi, ellos le sorprendieron con una pregunta.

—Papá ¿Cómo es que siempre sabes quién es quién?

—Antes de que nacieran, recibí un duro entrenamiento por un monje; luego cuando eran más pequeños, pasaba horas viéndolos, aprendiendo cada mínimo detalle… Pero lo más importante, les reconozco porque soy su padre.— los gemelos sonrieron y el corazón de Inuyasha se aceleró, amaba tanto a sus niños.

—¿Están listos?— preguntó Kagome al ir con Takeru en brazos.

—¡Sí!— gritaron los gemelos y salieron corriendo a la sala.

—Llevan el disfraz del otro.— ahora que estaba más calmada, lograba diferenciarlos.

—Lo sé, eso decidieron. Están felices, deja que cambien.

—¿Quién lo diría? La persona que no reconocía a las gemelas, sabe a la primera la identidad de sus gemelos.

—Merezco un premio.

—Ya tienes cuatro.

—¿Cuatro?— Kagome sonrió, en algunas cosas, Inuyasha seguía siendo muy lento.

—Tres niños y yo.

—Los mejores del mundo.— cogió de la barbilla a su esposa y la besó hasta que Takeru le empujó.

—No seas celoso, también te quiero, ven aquí.— cargó a su hijo menor y le puso sobre los hombros.— ¿Ya estas mejor?— esperó que su hijo contestara pero solo se acostó sobre su cabeza.

Inuyasha se limitó a sonreír, Takeru era muy tímido, apenas si hablaba y eso le desesperaba en ocasiones, pero el pediatra dijo que se iba desarrollando bien, que no todos los niños eran iguales, eso le calmaba.

—Se nos hará tarde.— dijo Kagome al ver la hora.— Ustedes vayan al coche y yo por los gemelos.

Inuyasha ahora comprendía mejor las palabras de Miroku. Fue verdad que cuando sostuvo a cada uno de sus hijos por primera vez en brazos, un fuerte lazó les unió, fue como una conexión que iba más allá de lo físico o el fuerte parecido que tenían con él. Podía reconocer a sus hijos porque no los identificaba por su apariencia, sino por su esencia y con el corazón.


23/03/2017

Hasta aquí está loca idea que había estado pospuesta y sin concluir, pero gracias a ciertas conversaciones de fangirl loca, la recordé y me sentí "obligada" a terminarla.

Para quienes esperan actualización de "Sombras", no desesperen, trabajo en ello. Pero debo ir checando datos y haciendo notas porque luego las repito, las omito o menciono hechos que un no deben pasar XD.

Por último, gracias "Babygirl Mayor", por tus sugerencias cuando me estanco ;D