Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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Camuflaje.
Izayoi y Toga cuidaban aquel día de Tadashi, su nieto de un año, ya que Inuyasha —su hijo y padre del pequeño— les ayudaba con algunas reparaciones en la casa. Y mientras tanto, aprovecharon para ir de compras y pasar un momento con su nieto.
Izayoi llevaba caminando a Tadashi por los pasillos, desde que dio sus primeros pasos, le gustaba que le llevasen de la mano y explorar su entorno. Se detuvieron al pasar por la sección que exhibía alfombras y tapetes, una alfombra en especial tenia un diseño peculiar, y no por las figuras en ella, más bien porque era exactamente igual a la ropa de su nieto, azul y rayas rojas.
—Anata, mira.— llamó a su esposo.
—¿Dónde está mi nieto?— preguntó a juego, su nieto estaba parado frente a la alfombra.
—Yeye.— era la palabra que el niño usaba para su abuelo.
—Le escucho pero no le veo.
—¡Yeye!— gritó con risas.
—¡Aquí estas! No te veía.— dijo al cargarlo.— Te escondiste muy bien.
—Es muy curioso el diseño.
—¿La compramos? Necesitamos una para la sala.
—Bubu.— ahora Tadashi nombró a su abuela.
—Él también la quiere, y mira.— señaló algo que se veía a lo lejos.— También podemos comprar eso.
—Tú quieres reírte de tu hijo.— le acusó.
—Mujer ¿Cómo te atreves a insinuar eso?— dijo fingiendo inocencia.
...
Al llegar a su casa, una nota de Inuyasha les recibió, había ido a tirar los escombros, luego pasaría a su casa por algunas herramientas y a comprar algunas cosas para terminar de resanar la madera.
Aprovechando la ausencia de su hijo, Toga instaló la alfombra en la sala. Le darían a Inuyasha una sorpresa cuando llegase. Tadashi llevó algunos de sus juguetes y se puso a jugar con su abuelo.
—Su padre no debe tardar.— dijo Izayoi al ver la hora.
—En cuanto llegue podrás jugar con él al escondite.
—Papa.
—Si cariño, con papá.— Izayoi se hincó junto a su nieto y le acarició la cabeza.
—Lo tiene muy acostumbrado a él.— se quejó el abuelo, hasta hace poco tiempo que Tadashi ya no lloraba al ver que su papá le dejaba con ellos.
—Sabes que no le gusta dejarlo con extraños y al tener la posibilidad de llevarlo a su oficina en la constructora lo tiene con él.
—No le defiendas, debe dejar que su hijo sea más independiente de él.
—Lo que tu quieres es que nos lo deje más tiempo.— le acusó, su marido estaba ansioso de ser abuelo desde antes que su nieto naciera, de hecho, lo estaba desde que Inuyasha les presentó a Kagome.
—Ya llegué.— se escuchó la voz de otro hombre.— Padre, Izayoi, buen día.— al entrar a la sala observó con extraño la nueva alfombra y la ropa del niño.
—Bienvenido.— saludó Izayoi.
—Sesshoumaru, que bueno que viniste.
—¡Aru!— gritó emocionado a su tío.
—Se alegra de verte, ven a saludarlo.— animó en vano, su hijo mayor no hizo intento de moverse.— Mira Tadashi, tu tío trajo pastel ¿A qué se debe ese detalle?
—Lo pondré en la cocina.— dijo a modo de respuesta.
Después de que él fue quien invitó a Rin a la cena por la remodelación y así obligarlo indirectamente a ir, fingía sorpresa. ¿En qué momento su padre, aquel hombre duro, serio y serena se volvió "bromista"? Respuesta, cuando conoció a su segunda esposa.
—¡Aru! ¡Aru!— siguió llamando el pequeño hasta que su tío volvió.
—Ya ven Sesshoumaru, Tadashi quiere jugar contigo.
—Voy a terminar la comida, deja de molestar a tu hijo.— advirtió Izayoi.— Si te da problemas me dices.— dijo a su hijastro.
—¿A qué hora llega Rin?
—En dos horas voy por ella.
—¿Dónde está? Es día feriado no tenía que trabajar.
No debía recodárselo, compraban el dichoso pastel cuando le llamaron de la editorial, requerían su presencia. Así que, la chica después de ser dejada en su trabajo, le mandó a dejar el pastel porque con ese calor se haría feo.
...
Estaba acalorado y con hambre, se había quedado atorado en el transito, lo que quería era llegar y darse una ducha. Ojalá sus padres ya estuviesen en casa, ansiaba ver a su hijo. Bajó de la camioneta la caja donde llevaba sus herramientas de trabajo y entró a la casa.
—¡Ya volví!
—Ya vamos.— habló Izayoi desde otro cuarto.
Inuyasha estaba dejando caer la caja cuando vio algo moverse en el suelo, apenas tuvo tiempo de reaccionar. No supo como le hizo, ni que hizo, pero él había terminado tirado de costado en la alfombra y la caja con su contenido regado junto suyo.
—¡Tadashi!— gritó asustado, su hijo estaba en la alfombra. Se incorporó y un dolor en la cintura le invadió, seguramente le era provocado por el mal movimiento o se golpeó.
—Él está bien.— dijo Izayoi al ya estar junto a su nieto, iban entrando a la sala cuando vieron el accidente nacer, su alma se les había ido por un segundo.
Inuyasha observó a su hijo, seguía dormido, ajeno a lo que estuvo por pasar. Se aliviaba por ello, no quería haberlo asustado y que llorase.
—Pero tú te diste un fuerte golpe.— Izayoi le examinó la cabeza buscando alguna contusión, nada; luego le alzó la playera donde ya tenía rojo.
—¿Por qué no me dijeron que estaba allí?— a nada estuvo de lastimar a su pequeño y eso jamás se lo hubiese perdonado, sin olvidar la bronca que le hubiese echado Kagome.
—Solo tú eres tan idiota como para no verlo.— se burló Sesshoumaru, sin embrago, nunca lo admitiría, pero cuando vio que su sobrino estuvo por ser aplastado, un miedo nació en él, algo nuevo que no sabía cómo explicar.— Me sorprende que siga entero teniéndote como padre.
—¿Tú qué haces aquí?— preguntó Inuyasha a la defensiva, lo que le faltaba, ese tipo burlándose de él.
—Recuéstate en el sofá para ponerte hielo.— indicó Izayoi.
—¿Padre?— preguntó Inuyasha al escuchar a su progenitor ahogar una risa.
—Lo siento, fue gracioso.
—¿Estas bromeando? ¡Casi aplasta a tu nieto!— Izayoi estaba molesta, le pasaba muchas cosas, pero eso no.
—Tranquila, si me asusté, pero ya que pasó, fue gracioso.
—Ayuda a tu hijo a levantarse.— ordenó mientras ella ponía a Tadashi en su cuna-corral.
...
Estaba acostado en la sofá con una bolsa de hielo en el golpe y su madre le limpiaba un raspón que se hizo desde la pantorrilla al tobillo, no había sentido esa lesión hasta después, según su padre, fue cuando metió la pierna para desviar la caja.
—¡Papa!— gritó feliz el niño, su abuelo ya le había sacado de su "prisión" y estaba parado junto a su padre.
—Hola pequeño, ¿Cómo dormiste?— le acarició la cabeza.
—Papa, titi.— dijo al ver la herida de su padre y a su abuela colocar lo mismo que su madre le ponía cuando se lastimaba.
—No es nada.
—¿Ita?— le quitó la bolsa fría para ver el golpe de su padre.
—No duele, tal vez un poco.— dijo al sentir el toque un poco tosco de su hijo.— Estoy bien, tu papá es fuerte.— agregó al ver la cara de preocupación de su hijo.
—Dale un beso para que se ponga mejor.— sugirió Izayo y Tadashi se alzó de puntitas para besar la mejilla de su padre.
—Gracias, ya me siento mejor.
—¡¿Qué te pasó?!— preguntó Kagome, llegaba de con su hermano y se encontraba con que su esposo tuvo un accidente.
—Nada grave, un pequeño descuido.
Ni una palabra de lo que pasó. Advirtió Inuyasha con la mirada a su familia.
—¡Mama!— alzó sus brazos para ser cargado.
—Hola amor.— le dio un beso en la cara.— ¿Te divertiste con tus abuelos?
—Yeye, bubu.
—Es un niño bien portado.— elogió Izayoi.
—Que curioso, la alfombra y la ropa de Tadashi tiene el mismo diseño.— de pronto se percataba de ese detalle.
—Por eso Toga insistió en comprarla.— explicó Izayoi.
—Y no es lo único, compramos esto para Inuyasha.— Toga les mostró una playera con el mismo diseño que la alfombra y la ropa de su nieto.
—¡Para que vistan igual!— gritó emocionada Kagome.— ¿Y esa mala cara?— al parecer a Inuyasha no le agradó el regalo.
—No es gracioso.
—No tendrás miedo a que no te vean y te aplasten ¿Verdad?— se mofó Sesshoumaru.
Póntela o le digo.
—Dame eso.— a regañadientes se cambio de playera, eso era mejor a que Kagome se enterase del accidente.
—¿No vas a tomar una foto?— preguntó el mayor de los hermanos.
—¡Buena idea onisan!— se apresuró a sacar el celular, por lo que no vio la cara de desagrado de los hermanos por aquella palabra.
—Sentados en la alfombra.
Serás maldito.— le miró Inuyasha.
Reclámale a tu esposa, ni a ti gusto lo que dijo.
Ya me vengare, bastardo.
Y con esa promesa en su mente, Inuyasha se sentó con Tadashi en la alfombra y se dejó tomar todas las fotos que su esposa quiso, lo único bueno de todo eso, fue ver la cara de felicidad en su niño.
13/04/2017
Hasta aquí esta pequeña historia, espero le gustase :D
