El cielo de su mirada invita a internarme en sus pensamientos. La hoja amarillenta que cubre parte de mi pico, cae meciéndose hacia el angélico rostro. No puede evadirla, una mano la atrapa en el aire y la deja caer lejos de aquel cuerpecito que sostiene. Me cautiva la sonrisa que me dirige al ver más de mi. Mis alas se paralizan, mi razón se niega a saltar a la zona del árbol con mayor follaje.

¨¡Serenity, bebé cierra tus ojitos y ve al país de los sueños!¨

Inexorable, desde ahora, el nombre de aquella criatura anida en mi pequeño ser.

6

Te deseo

por

Corazón de Diamante

—Parece que quieres más al árbol que a mi...

—Shhh —coloca su dedo meñique sobre los finos labios del niño— ¡Ayúdame a subir!—dice en voz baja.

—¡No! —alza la voz (decidido) mientras se cubre los oídos, teme ceder por treceava vez ante el mismo deseo matutino de la pequeña hechicera.

Su negativa no la desalienta, con ambas manos se aferra fuertemente al tronco; sus zapatos de charol blanco sufren las consecuencias. No trepa ni diez centímetros, cuando cae pesadamente sobre la maleza. El golpe no la desalienta y por segunda vez se aferra al tronco y por segunda vez cae, pero no lo hace en el mismo lugar.

—Haré lo que tú digas, si desistes trepar de nuevo ese árbol.

Parece que el pequeño a sufrido varias laceraciones pero cuando la niña se incorpora de su regazo, se revisa bien, está sano y salvo pese al golpazo.

—¿Lo que yo quiera? —dice entusiasmada mientras peina y le quita varias ramitas y hojarasca con los dedos.

—¡Está hecho trizas!

—¿Qué?

El niño recoge rápidamente los retazos de tela y compungido los muestra.

—¡Tu vestido nuevo!

La segura reprimenda de su madre queda en segundo lugar cuando observa por primera vez lo majestuoso de aquel par de alas extendidas, las dos miradas lapislázuli siguen su travesía desde el árbol hasta que termina posándose sobre el enredado y dorado cabello que cubre la coronilla de la fachosa hechicera.

El niño ríe ante tan peculiar tocado. El plumaje de el ave, tan sublime, incita al niño a tocarlo, estira la mano, no logra su cometido...

—Auch

El picotazo sobre su nívea mano le provoca un punto que no tarda en tornarse rojizo. El llanto no se hace esperar.

Acaricia la mano de el niño y con un encantado beso disipa el dolor. Le sujeta la mano que no está herida; fascinada y a paso lento —lentísimo— caminan en silencio, recorren el silencioso puente de piedra, la escandalosa fuente de mármol y la solitaria plaza principal del pueblo. Son varios los callejones que comienzan a tener actividad, se las ingenia para trazar un trayecto más largo pero más seguro para ir a casa.

—El pajarito sigue sobre mi cabeza —pegunta por tercera vez para cerciorarse, ya que no puede sentir el peso del pajarito: tan ligero como una pluma.

—Ya te dije que sí. Hay que espantarlo... no creo que, mamá se alegre al verte con eso —dice con rencor viendo el llamativo punto rojo sobre su manita.

—Ni se te ocurra —dijo amenazante mientras trata de ver su reflejo por el vidrio roto de la ventana sucia de la casa abandonada— No falta mucho para llegar a casa.

Las campanadas apremian a los pobladores para que inicien las labores matutinas. La niña deja de sujetar la mano de su fiel compañero de desventuras (para él).

Al ver la característica vestimenta de su madre que camina sostenido un pesado canasto con víveres variados, sus diez dedos se preparan para apresar, pero no tardan en alejarse al sentir el aleteo, teme ser atacada.

—¡Escóndete!

La madre al percibir una presencia detiene el paso y al dar la media vuelta ve a su hijo mayor.

—Endimion —se acerca para ayudar con el canasto— y... ¿tu hermana?

—Ella se adelanto a casa —dice en voz alta y baja el tono— y yo esperaba encontrarte para ayudarte.

—Que niño tan bueno... —acaricia su cabeza— ...no te creo.

—¡Mamá! —finge molestia.

—Los conozco, tú y tu hermana se cubren el uno a el otro.

—Quiero mucho a mi hermanita.

—Lo sé... eso es bueno, pero... —un pensamiento sombrío cruza por su mente.

—Mamá qué te preocupa —mirándola fijamente.

—Nada.

—Ahora tú eres la que miente.

—Te atrape en la mentira.

—¡Mamá!

La madre apresura el paso mientras su hijo carga solo el gran canasto.

—Nada, lo que me preocupa es la sorpresa que me espera al llegar a casa.

Continura... (?)

U/A Protagonistas: Prince Diamond / Serenity / Endimion