Capítulo 2

Planeta Tierra

13-May-2754

21:32:08

-¡Rápido, TK! ¡Sigue corriendo!- gritó Yolei sin voltear a verme. Podía sentir el viento entrar por mis ojos. No estaba seguro cuánto tiempo llevábamos en persecución pero ya mis piernas eran como plasma en movimiento. Atrás de mí seguía aquél droide, arrastrando su brazo por la calle y con un montón de rechinidos por sus metalizadas piernas.

Mi amiga entró por un angosto callejón y al dar la vuelta no me di cuenta de que se había detenido y me golpee la nariz contra su espalda.

-¡Idiota!- le grité molesto, limpiando la sangre que escurría por mi nariz.

-¡Es un maldito callejón sin salida!- gritó ella y fue ahí que me percaté del muro alto de concreto deteriorado frente a nosotros. Miré hacia ambos lados buscando alguna manera de poder escapar y escuchamos el droide aproximarse.

-¡Yolei, ve!- apunté hacia una alcantarilla que había en el piso y juntos movimos la rejilla. Un putrefacto olor a drenaje impregnó nuestras fosas nasales y tuve que aguantar las ganas de vomitar.- ¿Estás lista?- Yolei me miró con el ceño fruncido y asintió.- A la cuenta de tres. Una, dos… ¡tres!- la tomé de la mano y juntos nos lanzamos por aquél túnel oscuro. Hubo un momento en el que no pude ver ni la palma de mi mano, mi cuerpo sólo se golpeaba con las paredes húmedas y contra mi amiga.

Finalmente mi espalda chocó contra un túnel lleno de agua helada y Yo cayó sobre mí segundos luego.

-¿Estás bien?- le pregunté al ayudarla a levantarse.

-Sí. ¿Dónde estamos?- volteamos hacia ambos lados pero la poca iluminaria no era suficiente para dejarnos ver. Salimos del agua yendo por la orilla de aquél túnel, y comenzamos a caminar.

-En alguna parte debe haber alguna salida o escalera que nos lleve a la superficie.- le aseguré simplemente. Metí mi mano al bolsillo del pantalón y la caja de cigarrillos que llevaba se deshizo por lo mojado.- Mierda.- Yolei sonrió al verme molesto. Necesitaba tabaco cuanto antes. Metió la mano en su pecho y sacó una cajetilla ofreciéndome la droga que mi cuerpo ansiaba.- No sabía que los tenías bien escondidos.- sonreí mientras ella encendía su cigarro.

-Te sorprendería saber la cantidad de cosas que una mujer puede guardar en su sostén.- dijo con aquella seriedad divertida que la caracterizaba.

Seguimos caminando en silencio. A las orillas de las paredes se veían cucarachas corriendo, metiéndose en cualquier rincón para escapar de la humedad, era increíble cómo aquellas cosas sobrevivían y se multiplicaban cada vez más a pesar de los efectos de la radiación nuclear, entre otros desastres que a lo largo de los años habían ocurrido en el planeta.

Andar por aquél túnel me hizo pensar en mi madre, cuando mi tía me contó que duró varios días en persecución en uno de esos lugares hasta que finalmente dieron con ella. Hacía 23 primaveras nací en el sucio piso de una celda para mujeres, en donde aquél ángel que cuidó de mí durante 9 meses había sido condenado por la muerte de mi padre, crimen que no cometió, y que por desgracia en el momento en que mis ojos se abrieron a la luz de la vida los de ella se cerraron para siempre. Una de mis tías, quien cuidaba de mi hermano Matt, se responsabilizó por mí ofreciéndome un techo y comida. Para infortuna de ella su sistema reproductivo nunca fue capaz de cumplir su función de procrear y así, a los cuatro años de casada, el desgraciado de su marido la abandonó a su suerte, quitándole las cosas que juntos habían conseguido. Trabajó duramente como secretaria por las mañanas y mesera por las noches, pues la situación económica era difícil y ahora dos angelitos, como solía llamarnos, dependían de ella.

-¿Te encuentras bien, TK?- inquirió mi amiga, volteando de reojo. Asentí simplemente y arrojé la colilla de cigarro al agua.

-Sólo pensaba en mi madre.

-¿La extrañas mucho?- esbocé una sonrisa cargada de melancolía.

-La he extrañado desde que tengo memoria, Yo.- ella me tomó una mano, apretándola entre sus dedos, a manera de demostrarme su apoyo y nos detuvimos un momento. De pronto su expresión sonriente y apacible cambió por una mueca de preocupación y espanto.

-¡TK, estás sangrando!- sentí el líquido escurrir por mis fosas nasales e ir a dar a mis labios. Me limpié con la palma de mi mano manchándome más.- Ven acá.- mi amiga me jaló del brazo y nos sentamos junto a una columna de cemento, sobre ésta se hallaba una luz de emergencia que parpadeaba constantemente.- Quédate quieto.- me dijo. Sujetó la manga de su suéter morado y despacio fue limpiando mi rostro.

La observé por un momento recordando la primera vez que nos conocimos afuera de un antro. Dos hombres la tenían rodeada junto a un contenedor de basura con la intención de abusar de ella. De sus ojos escurrían lágrimas de miedo pero su actitud nunca demostró sentirlo. Permaneció firme mientras uno de los gorilas amablemente le iba diciendo lo que le harían para luego matarla.

Aquella noche terminé con un ojo morado y mis nudillos hechos garra, pero gané algo que agradecería toda la vida: mi mejor amiga.

-Listo.- dijo ella sonriendo al verme pero sin alejarse aún.- Has quedado tan guapo como siempre.- bajo la tenue luz blanca pude notar que sus mejillas se enrojecieron al decir esto. Aparté un mechón de cabello que cubría su ojo izquierdo, acomodándolo tras su oído.

-¿Qué haría sin ti, Yo?

-Probablemente ya estuvieras muerto, o peor aún, serías servidumbre de alguna familia de droides.- ambos nos echamos a reír ante la ironía del asunto. Yolei me miró fijamente y abrió la boca un par de veces con intención de decir algo pero de su garganta no emanaron las palabras.

-¿Todo bien?- pregunté al sentirla estremecerse. Tomé sus manos que temblaban levemente sintiendo su piel fría. Ella asintió agachando la cabeza.

-Me aterra saber que puedo perderte, TK.- finalmente dijo con la voz entrecortada.

-Hey, no… mírame.- levanté su rostro, limpiando las lágrimas que habían comenzado a escurrir por sus mejillas.- No vas a perderme, ¿ok? Eres mi mejor amiga y no existe nada ni en éste u otro universo que pueda separarnos.- ella asintió, pasando saliva, mientras sus ojos no dejaban de lagrimear.

-Te quiero mucho, TK.- dijo con la voz entrecortada y sonreí abrazándola.- Más de lo que te imaginas.