Capítulo 6

-¿Así que dices que intentaron abusar de ella?- le pregunté a mi tía mientras le daba un sorbo a su taza de café.

-Sí, según a como me narró los hechos. Sin embargo…

-¿Qué?

-No sé, TK. Hay algo muy raro en ella. Quiero creer que es por el golpe y las horas que pasó sin comer bajo el sol.

-¿Y ya te dijo dónde vive? ¿Tiene familia?

-Me dijo que está sola y venía viajando de muy lejos.

Nuestra charla fue interrumpida precisamente por aquella hermosa damita de quien estábamos hablando. Se apareció frente al marco de la puerta de la cocina vistiendo uno de mis bóxer que a ella le quedaba como short, una playera de tirantes negra que usaba para hacer ejercicio y descalza. La joven sonrió al ver a mi tía.

-Hola cariño, ¿cómo te sientes?- la muchacha, Kari, nos miró fijamente y frunció el ceño. Abrió la boca un par de veces pero no logró articular palabras.- ¿Tienes hambre?- y aquella pregunta recibió simultáneamente una respuesta positiva al escuchar su estómago gruñir.- Ven, siéntate, te prepararé un sándwich.- la castaña se sentó a mi lado. Comenzó a mirar alrededor pero su atención fue llamada por los dibujos que de niño solía darle a mi tía y llevaban años pegados en la puerta del refrigerador.

-Sigo siendo un mal dibujante.- dije, señalando uno que consistía básicamente de un círculo hecho con varios colores y que juraba éramos mi tía y yo.

-Yo creo que son como obras de arte. No se ven sencillos de hacer.- mi tía y yo nos miramos de reojo, sorprendidos con su respuesta y tuve que aguantar las ganas de reír.

-Y dime Kari, ¿te puedo decir Kari, verdad?- la chica asintió y cuando levantó su mirada de un salto aventó la silla haciéndola chocar contra la pared y se acercó a mí abriendo mis párpados con sus delgados y pequeños dedos.

-¡Tus ojos! ¡Son diferentes!- exclamó como niña pequeña que acaba de descubrir que las aves nacen de un huevo. Sonreí, a pesar de lo incómodo que me sentía, sus labios estaban a escasos milímetros de los míos y su aliento era dulce. Mi respiración comenzó a agitarse al sentir su cuerpo pegado al mío y pasando saliva, la sujeté de la cintura para alejarla de mí.

-No sé a qué te refieres por diferente, pero espero que sea un cumplido.- levanté la silla acomodándola en su lugar y haciendo que se sentara de nuevo. Kari no podía dejar de mirarme con aquella expresión curiosa y divertida.

-TK heredó los ojos de su madre.- dijo mi tía dejando frente a ella un plato con un sándwich de jamón de pavo y un vaso de jugo de naranja.- Tan azules como el mar.

-Azules.- repitió Kari. Se estiró un poco y con su mano me acarició una mejilla. No esperaba aquella reacción y me quedé quieto. Era como estar frente a una niña que apenas está descubriendo su sentido del tacto. Pasó su dedo pulgar por mi ojo ejerciendo una presión mínima.- Son muy bonitos, TK. Ni siquiera entrar a la atmósfera de Saturno y ver desde ella sus anillos se compara con tus ojos.- mi tía se echó a reír y yo delicadamente sujeté su mano para quitarla.

-Creo que de todos los cumplidos y palabras bonitas que he escuchado le dicen a mi sobrino, esas han sido las más sinceras.- yo no sabía cómo reaccionar, una parte de mí quería reírse pues lo que decía ella no tenía sentido, pero otra parte de mí estaba intrigada y se cuestionaba su comportamiento.- Ahora come, cariño.- Kari le dio una mordida al sándwich saboreándolo con gusto.

-Nunca había probado esto.- dijo con la boca llena.- Sabe mejor que el helio.- mi tía y yo nos miramos pero decidimos no preguntar. Lo más seguro es que el golpe sí la hubiera afectado y ya por la mañana la dejaríamos en algún hospital.

Me detuve a mirarla mientras comía. Si anteriormente había pensado que esta chica era perfecta, ahora estaba completamente seguro de ello. Sus ojos eran grandes, con pestañas tupidas, su exquisita nariz era muy delgada y pequeña, sus mejillas apenas y eran notorias en la forma alargada de su rostro, sus labios eran delgados, su cabello que despedía un olor al shampoo de fresas de mi tía, caía bajo sus senos con las puntas onduladas y a pesar de estar recién bañada se veía como si hubiera pasado horas en algún salón de belleza arreglándolo. Los huesos de su cuello eran prominentes, su cintura bien formada, su abdomen plano me hizo cuestionarme cuántas horas pasaría en el gimnasio para lograr ese cuerpo. A pesar de ser pequeña y delgada se veía sana, no como otras chicas con quienes pasé parte de la secundaria y preparatorio y fui testigo de sus trastornos alimenticios y los sacrificios que hicieron para lograr un cuerpo así pero les costó una apariencia demacrada y enferma; su piel era blanca de un matiz perfecto como si nunca se hubiera asoleado en alguna playa. Sus manos eran gorditas y pequeñas, sus uñas parecían haber pasado horas bajo los cuidados de alguna manicurista. En fin… jamás había conocido a una joven tan linda y verla frente a mí era como tener a una actriz de cine.


Terminé la deliciosa comida que la señora Hannah me había preparado. Hacia un tiempo corto su sobrino se había ido a bañar.

Experimentaba algo desconocido en mi cuerpo, era como un deseo por querer descubrir todo. De qué estaban hechas las paredes, por qué tenían diferentes colores, para qué se usaban los objetos puntiagudos y metálicos que guardaban en un cajón de la cocina a quien TK les había llamado cuchillos. Por qué el ambiente se puso frío y los vellos de mis brazos se erizaban, por qué sentía una presión en el estómago después de haber bebido ese líquido naranja del vaso…

Quería saberlo todo pero me habían dejado sola.

-Kari, ¿ya terminaste?- preguntó la señora Hannah.

-Sí.- la mujer torció la boca enseñando sus dientes, gesto que yo también había hecho inconscientemente.- ¿Qué es eso?- pregunté señalando a su rostro.

-¿Qué cosa?

-Eso que haces con la boca.

-¿Esto?- volvió a hacer aquella mueca y asentí.- Estoy sonriendo.- dijo simplemente.

-Sonriendo… ¡sonrisa! ¡Felicidad!- exclamé al relacionar la acción con la emoción.- ¿Tú te sientes feliz?- ella asintió y se acercó a mí.

-Ven, cariño. Te diré en dónde dormirás.

-Aquí tienes tu… esto…- levanté el objeto redondo y plano en donde me había puesto el sándwich.

-Allí déjalo sobre la mesa, enseguida lo lavaré.- me tomó de la mano y me llevó por el pasillo que tenía cuadros con dibujos de personas adentro de estos hasta una habitación en frente del baño.- Este es el cuarto de mis sobrinos.- ya había estado ahí cuando me ayudó a vestirme después de salir de esa cosa a la que le decían regadera.- Matt casi no viene a dormir desde hace tiempo así que tú ocuparás su cama.- señaló una base rectangular que tenía cuatro soportes que la sujetaban al piso y sobre esta una especie de tabla hecha de celulosa y algo que la hacía suave.

-Gracias.- dije recordando que esa era una de las palabras mágicas que Grys me dijo siempre debía decir cuando alguien me daba algo.- Hannah sonrió y curiosamente abrió sus brazos enredándolos sobre mi cuerpo y apretándome contra el de ella. Me quedé inmóvil pues no sabía qué estaba sucediendo ni cómo reaccionar.

-Oh pequeña, has pasado por tanto hoy. Será mejor que descanses bien. Ya mañana sabremos qué hacer contigo.- asentí y al verla, con su rostro arrugado, sus ojos claros fijos en mí, sonreí.

Salió del cuarto. Yo me senté sobre la cama y una sensación agradable me recorrió la columna. Subí mis piernas, abrazándolas, recargando mi rostro sobre las rodillas, y miré la habitación. Había más cuadros, aunque estos parecían trozos de papel pegados sobre las paredes y uno llevaba a unos hombres dibujados y la inscripción Artic Monkeys en color negro, otro era de una mujer vistiendo ropa interior roja sobre un vehículo del mismo color. Había una mesa, un poco más pequeña que la de la cocina, entre las dos camas y una lámpara sobre ésta.

Enseguida entró TK. No llevaba su camisa puesta, su cabello escurría gotas de agua, y lo único que lo cubría era una prenda en color negro como la que su tía me había dado bajo su abdomen. Al verlo un calor emanó de mis mejillas y por inercia bajé la cabeza sin saber a qué emoción atribuirle mis reacciones.

-Espero no te importe que duerma así.- dijo, poniendo la toalla mojada, similar a la que utilicé para secarme, sobre una silla.- Hace mucho calor.- me giré para verlo.

Su pecho era diferente al mío. Él no tenía esos senos como los que me habían puesto, mas bien, era plano, tenía líneas que dividían su abdomen y simulaban pequeños cuadritos en él, pero apenas y se notaban. A los costados de su cadera aparecían otras dos líneas que se escondían bajo esa prenda negra. Su rostro era grande, llevaba vello en las mejillas y alrededor de su boca, al igual que debajo de su ombligo tenía una pequeña línea formada por vello y en su pecho.

Mi estomago comenzó a moverse deprisa y noté que el tiempo en que el aire entraba por mi nariz y salía era más corto que de lo normal. Aún sentía calor emanando de mis mejillas y una especie de líquido empezó a salir por las palmas de mi mano. Estaba sudando.

-¿Qué pasa? ¿Nunca habías visto a un muchacho sin ropa?- preguntó él sonriendo. Oh no, oh no, oh no… esa forma en que sonrió me causó un sobresalto en la espalda.

-No.- respondí. TK se acercó y puso la contra palma de su mano sobre mi frente y me miró a los ojos.

-¿En serio?

-De verdad yo jamás había visto a un humano como tú.- dije y algo me llevó a mover mis manos y taparme la boca. Él sonrió y se acomodó sobre su cama. La espalda contra aquella tabla suave y su cabeza sobre una almoha… algo así.

-¿Sabes, Kari? Eres muy extraña.- dijo, sin voltear a verme.- Yo también no había conocido a una humana como tú… pero me agradas.- sonreí sin saber por qué y él se levantó y apagó la luz que había sobre la mesita entre nosotros.

La habitación estaba oscura y esperé a que dijera algo más pero al parecer éste era el momento en que dormíamos, o como Grys me había explicado, le daba a mi cuerpo descanso para que recargara baterías hasta que el sol volviera a aparecerse en el cielo.

Imité su posición en la cama y dejé que mi cuerpo se enrollara entre aquellas suaves mantas que su tía había puesto por si tenía frío.

Cerré los ojos esperando a que algo sucediera. No sabía si debía pedirle al sueño que viniera o debía decir algo. Tenía un ardor en uno de mis costados y me giré creyendo que así se quitaría pero luego otro ardor emanó de mi hombro derecho. Eran las heridas que me provocaron la volcadura del camión en el que venía y que Hannah me explicó había sido un intento de abuso por parte de ese hombre y aparentemente era algo malo. Quiso dañarme y por eso mi cuerpo reaccionó a manera de defensa.

-TK.- dije en tono de voz bajo.

-¿Si?- respondió.

-¿Estás dormido?- él profirió un sonido con su boca y encendió la lámpara.

-Aún no, pequeña saltamontes. ¿Qué pasa?- me levanté de la cama y levanté la camisa que tenía puesta.

-Siento ardor aquí.- señalé la herida en mi piel. Era un raspón en color morado y con sangre en las pequeñas rayitas que habían abierto mi carne.- Y aquí.- le mostré mi hombro que sólo tenía una gran mancha con colores verdosos y azules.

-¿Mi tía no te puso alcohol?

-No.- el rubio me miró por un momento y se levantó saliendo del cuarto. Me quedé sentada esperándolo pues no me había dicho que lo siguiera y no sabía si debía o no hacerlo.

-Ven.- al entrar, llevaba una botella blanca y un pedazo de celulosa en las manos. Se sentó en su cama, viéndome de frente y me acerqué sentándome a su lado. Miré cómo extraía un líquido transparente del bote y mojaba ese pedazo de celulosa.

-¿Qué es?

-¿Esto?- señaló la botella.- Alcohol. Es para desinfectar la herida. Tal vez te duela un poco pero hará que cicatrice más pronto. Y esto.- dijo señalando el pedacito blanco que había cambiado de textura.- Es algodón.

-Ah, ya entiendo.- dije sonriendo. Me recosté sobre sus piernas levantando la camisa y él se quedó estático por un breve momento.- ¿Debo moverme o puedes curarme así?

-Así estás bien.- respondió. Noté que los músculos de sus piernas y brazos se habían tensionado. Bajó su mano con el algodón y lo pasó sobre la herida.

-¡Auch!- me quejé al sentir el frío ardor en mi piel.

-Tranquila, no dolerá tanto.- siguió frotando hasta que efectivamente el ardor dejó de emanar.- Ya está aquí.- me giré quedando mi rostro contra su abdomen, y él permaneció sin reaccionar unos instantes, quieto, mirándome, hasta que pasó el algodón por mi hombro. Un alivio me llegó a esa área cuando comenzó a frotarlo.- ¿De dónde vienes, Kari? De verdad eres diferente. No parece si quiera que pertenezcas a este planeta.

-Es porque no soy de aquí.- escuché una voz, similar a la mía, hablar en mi cabeza.- ¿Escuchaste eso?- le pregunté.

-¿Qué cosa?

-Esa voz.

-¿Cuál voz?- al verlo arrugar su frente y mirarme de manera… distinta, algo en mí supo que no debía seguir hablando.

-No, no era nada.- permanecí acostada en sus piernas sin darme cuenta que él había dejado de pasarme el algodón y acarició mi cabello, acomodándolo detrás de mi oído.

Aquella sensación hizo que mi cuerpo se relajara y mis ojos comenzaron a ponerse pesados hasta que no soporté tenerlos abiertos.

-Descansa, bonita.- fue lo último que escuché ese día.