Capítulo 7
Finalmente, luego de lo que me pareció mucho tiempo, aquél hombre de cabello negro que vestía una camisa de botones blanca cubriendo su cuerpo hasta las rodillas, me quitó el alargado y plano trozo de madera de la lengua y me permitió cerrar la boca. Llevaba rato torturándome con algunos de sus instrumentos para verificar que yo me encontrara sana.
-Señora Hannah, su hija está en perfectas condiciones. Hacía mucho que no me tocaba atender a una paciente como tú, Kari.- dijo él mientras sonreía.
-¿Está seguro, doctor? El golpe en la cabeza…- preguntó la tía de TK.
-Según los resultados de las radiografías, no ha causado algún daño interno. Sin embargo…- el hombre se quedó callado observándonos cuidadosamente mientras golpeaba su escritorio con un artefacto delgado, de no más de 10cm que utilizaba para escribir.
-¿Si?
-Kari, ¿podrías dejarme un momento a solas con tu mamá?
-¿Mi mamá?- inquirí, recordando que así se le llama a las mujeres que tienen hijos dentro de su vientre.- Yo no tengo…
-Cariño, espérame afuera, ¿si?- pidió Hannah, tan sonriente como siempre.
Sin cuestionar sus actitudes, me puse de pie y salí de aquél cuartito con olor extraño. Me quedé de pie frente a un pasillo, muy diferente al de la casa de TK, debo decir. Había muchísimos seres humanos y todos eran tan diferentes. Visualicé a una mujer con la barriga muy abultada que sujetaba la mano de un hombre, quien al parecer la estaba ayudando a respirar, cada tanto ella se inclinaba y profería sonidos inentendibles de su boca mientras hacía muecas curiosas, como si estuviese experimentando alguna clase de emoción fuerte. Había también ahí un niño de cabello castaño y piel pálida que aferraba un pedazo de felpa en forma de oso y me miraba con sus ojos llenos de agua que caía por sus mejillas. Eran como dos regaderas. Llevaba muchos puntos rojos y saltados sobre su rostro, cuello y brazos.
-Listo, ¿nos vamos, Kari?- dijo Hannah, saliendo de pronto y causando que mi cuerpo se sobresaltara con su presencia.- Muchísimas gracias, doctor Neels.
-No hay de qué. Cuídate mucho, Kari, y hazle caso a tu madre en todo.- nuevamente, no comprendía por qué decía eso. ¿Acaso pensaba que la tía de TK era mi mamá?
-Gracias por la experimentación que realizó en mi cuerpo y…
-Vámonos, cariño.- Hannah me tomó del brazo, conduciéndome a la salida de aquél lugar que se había llenado de más personas desde que entramos.
Una vez afuera, caminamos por las concurridas calles, en las que aparecían seres humanos con distintas facciones, colores de piel, y vestimenta. Yo seguía a Hannah, manteniendo inconscientemente una pequeña distancia entre las dos, hasta que salimos a otra calle, ésta más tranquila y silenciosa.
-Kari, ¿cómo te sientes?- me preguntó en voz baja.
-Estoy bien.- respondí, recordando que ellos, los terrícolas, siempre responden de esa forma.
-¿No te duele algo? ¿Recuerdas dónde está tu casa?- un suspiro salió por mis fosas nasales y miré al cielo, celeste y con nubes blancas que se aglomeraban unas con otras para obstruir la luz solar.
-No puedo regresar contigo, ¿verdad?- dije, teniendo la certeza de que era el momento de abandonar a esa noble mujer y proseguir con mi misión.
No debía retrasarme por nada del mundo. No tenía por qué hacerlo.
Aunque algo dentro de mí causaba un impulso de querer seguir a su lado.
-Linda, tú siempre serás bienvenida en mi casa.- respondió ella, levantando su mano y rozándola contra una de mis mejillas.
La sensación fue… agradable.
-Sé a dónde tengo que ir, Hannah. Tú me has ayudado mucho y en cuanto consiga poder, te prometo que te pagaré tu amabilidad.- la mujer sonrió y bajó su mano.
-No tienes que hacerlo, Kari. Pero para ser sincera, me preocupa que estés sola y quieran volver a aprovecharse de ti, como aquél desgraciado. El doctor Neels me sugirió que te recomendara ir a terapia ya que probablemente sufriste algún trauma emocional.
-Te aseguro que cuando vuelva a sentir algo que a mi cuerpo no le agrada, reaccionaré de inmediato y huiré.- Hannah se mordió el labio y giró su cabeza hacia la derecha, en donde se extendía hacia abajo una calle en forma de pendiente.- Voy a estar bien.- dije sonriendo y ella me imitó. Se acercó y rodeó mi cuerpo entre sus brazos mientras recargaba su rostro sobre mi hombro izquierdo.
-Cualquier cosa que necesites ve a buscarme, cariño. ¿Guardaste la nota en donde te escribí la dirección de casa?- asentí simplemente con la cabeza.
Sin más que añadir, ella caminó hacia la derecha y yo me quedé observándola por un corto periodo de tiempo.
Aquella voz que escuché estando con TK en la habitación, la cual se había hecho presente en un par de ocasiones más, resonó fuerte y clara dentro de mí haciéndome una pregunta.
-¿Y ahora qué vas a hacer?
-¡No puedo creerlo!- chilló Yolei, logrando que el rostro se le pusiera rojo de coraje.- ¡Esa tipa es una ofrecida!
-Ya relájate, Yo. Kari sólo estaba aturdida por lo que vivió.- mi amiga me miró, con el ceño fruncido.
No entendía por qué Yolei se había puesto así luego que le conté la manera en que Kari se quedó dormida en mis piernas. Podía imaginar que fueran celos ya que ella y yo éramos muy unidos y el saber que una intrusa podía robarle a su mejor amigo, no le causaba nada de gracia.
Mientras ella murmuraba sus argumentos en desacuerdo a lo que hice, yo me perdí recordando lo que hacía unas horas había vivido…
-¿Kari? Kari, despierta.- moví a la chica, quien se había acurrucado en mi regazo y no me permitía mover las piernas. Ella farfulló algo incomprensible y pegó su rostro en mi abdomen bajo.
Sin saber bien qué hacer, la sostuve entre mis brazos y alcancé sus piernas hasta que la cargué. Me pareció increíblemente ligera y ni siquiera tuve que poner mucha fuerza; la recosté en la cama de Matt, quitándole un mechón de cabello del rostro, y la cubrí con la frazada de franela gris. Me incliné de rodillas y me perdí contemplándola.
Se veía perfecta mientras dormía.
Pensé en su manera ingenua y al mismo tiempo divertida de hablar. Recordé que había comparado mis ojos con los anillos de Saturno y se me escapó una sonrisa de los labios.
-¿Quién eres y de dónde has venido, pequeña saltamontes?- inquirí en voz baja percatándome de que nunca había apartado mi mano de su cabello y me encontraba acariciando su cabeza.
-¡TK! ¡TK!- la voz de Yolei me hizo reaccionar y darme cuenta de que aún nos encontrábamos sobre el techo del que alguna vez fue un lujoso hotel de cinco estrellas, que incluso había albergado algunas celebridades, esperando la puesta de sol.
-¿Eh? ¿Qué decías?- pregunté, pasándome una mano por el cabello. Mi amiga suspiró y sacó dos cigarrillos del bolso de su pantalón. Me ofreció uno que encendí enseguida.
Nos quedamos en silencio, contemplando cómo el cielo se iba adornando de colores naranjas y así, poco a poco, logrando oscurecerse. Hacía un par de años habíamos encontrado ese lugar mientras huíamos de Ralph, el tipo que nos vendía droga cada tanto que se nos antojaba escapar de esa realidad. Yolei le había prometido acostarse con él a cambio de hierba pero al lograr sacársela escapamos corriendo como chiquillos que van a toda prisa a alcanzar tocar el pedazo de pared para ser salvos en el juego de las escondidas. Desde entonces ese lugar se convirtió en una especie de refugio, desde ahí podía distinguirse una parte del cielo no tan contaminado y de vez en cuando lográbamos ver estrellas fugaces atravesar.
-Quiero proponerte algo.- dijo ella, luego de un rato. Me giré un poco para verla de frente pero Yo permaneció con la vista fija hacia adelante.- Larguémonos de aquí.- reí, pues no era la primera vez que me proponía algo así.- No te burles, Takaishi, hablo en serio. Vámonos a otro lugar.- apagó la colilla de su cigarro y se giró hacia mí.
-¿Y a dónde pretendes que nos vayamos?
-A donde podamos…- se quedó muda. Abrió la boca un par de veces pero pareció arrepentirse de lo que iba a decir.
-¿A dónde podamos qué, Yo? Dime, ¿qué pasa?- agachó la mirada y comenzó a seguir con su dedo índice una línea trazada en el block de cemento que alguna vez estuvo pintado de color verde.
-TK… ¿tú crees que soy bonita?- farfulló apenas en un susurro. No podía negar que mi amiga era linda, siempre llevaba su cabello alborotado cayéndole a los hombros. Sus lentes de pasta gruesa la hacían ver como una mujer mayor, más madura, y aunque no era precisamente el tipo de chica que usara vestidos, tacones o maquillaje, parecía no necesitarlo para captar la atención de más de un par de ojos masculinos… y unos cuantos femeninos también.
-Me parece más bien que luces como un
monstruo.- dije burlándome y ella me golpeó el brazo sin evitar reír.
-Hablo en serio, Takaishi.
-Claro que eres bonita, Yolei. ¿A qué viene todo eso?- me miró por un momento de una manera extraña. Tenía que admitir que desde hacía varias horas, o quizás durante todo ese día, ella se estaba comportando diferente.
-Vi cómo mirabas ayer a esa chica.- soltó de pronto.- A mí nunca me… tú no… TK yo…- parecío arrepentirse de cada frase que dejó incompleta. En ese instante fuimos sobresaltados por el timbre de mi celular.
-Dame un segundo.- contesté.- ¿Si? Ah, hola tía. ¿Qué pasa?...- me enfrasqué en una tediosa conversación con la tía Hannah en la que me dio santo y seña de todo lo que hizo en el día. No me quejaba, ya estaba acostumbrado a eso y la entendía. Tras la desgracia de haber fracasado en su matrimonio y quedar sola, yo era su única compañía. O al menos el único a quien podía confiarle todo sinceramente.- Sí, enseguida iré. Dame media hora y llevaré eso.- colgué la llamada y volví a guardar el celular en mi pantalón.
-¿Todo bien?- inquirió Yolei, aunque por mera cortesía ya que su deje de curiosidad parecía haberse esfumado.
-Sí, Hannah me pidió que le llevara algo para cenar. Dice que está muy cansada como para cocinar.- reí, pues la excusa que utilizó para no meterse en la cocina era muy pobre.
-Entonces, ¿nos vamos ya?- asentí simplemente y Yo se puso de pie.
-Espera, ¿no ibas a decirme algo sobre…?
-No, no era importante. Olvídalo.- mi amiga sonrió y se encaminó a las escaleras de emergencia para bajar.
En algunas partes en los pasillos que dividían los niveles del hotel había restos de droides; cerca del 2030 su invención dio un giro inesperado, fueron hechos con el propósito de servirnos y que cada familia contara con uno quitando así el trabajo de servidumbre pero, sorpresa, sorpresa, aquellas cosas de alguna manera cobraron vida revirtiendo los papeles y siendo quienes nos controlaban.
Y esa era una de las tantas cosas que habían jodido al mundo.
-TK, si quieres ve directo con tu tía. Yo tengo cosas que hacer. Te veré mañana.- dijo Yolei cuando ya íbamos camino a mi casa. No hacía menos de una hora el sol se había ocultado y la iluminaria pública no estaba encendida.
-¿Estás segura? Aún tengo tiempo y puedo acompañarte…
-Te veré mañana.- dijo, acercándose y dándome un beso en la mejilla.
Caminé mientras fumaba. Tuve que atravesar una de las principales avenidas, en donde se hallaban la mayoría de los clubes nocturnos y hoteles sin calidad.
No pude evitar sentir coraje al ver a un par de jovencitas que no aparentaban más de dieciséis años, una llevaba tomada de la mano a una niña como de cuatro años y la otra intentaba disimular el abultado vientre de unos cinco meses de embarazo. Ambas estaban en una esquina, vistiendo tan poca ropa que no dejaban nada a la imaginación, e intentando detener a cuanto hombre se les atravesara.
-Están enfermas.- fue lo que atiné a pensar.
-Hola, niño bonito.- escuché una voz masculina a mi espalda pero no me detuve.
-¿A dónde vas con tanta prisa?
Mierda. Eran dos hombres siguiéndome.
Seguí caminando a paso apresurado hasta que el par de robustos señores se plantaron frente a mí. Vestían impecablemente de negro. Uno llevaba una navaja escondida bajo la manga de su chamarra de cuero mientras el otro me empujó de un brazo haciéndome entrar a un callejón oscuro.
-No tengo nada de valor.- dije, intentando enfocar mi vista en ellos aunque sólo alcanzaba a distinguir sus siluetas.
Inesperadamente recibí un golpe en el abdomen y tuve que doblarme por el dolor. El otro hombre cogió un tubo que se hallaba junto a un contenedor de basura y no vaciló en estrellarlo contra mi espalda.
-¡Por favor!- grité, queriendo levantarme.
-¡Cállate, imbécil!- el primero, quien era el que llevaba la navaja escondida, estrelló su puño cerrado contra mi rostro. Sentí de inmediato mi nariz sangrar.
Justo cuando el otro estuvo por golpearme por tercera o cuarta vez con el tubo, logré detenerlo y arrancárselo de las manos. A como pude lo levanté y golpee a uno de ellos en la pierna haciendo que se arrodillara.
-¡Idiota!- escuché que gritaron y sentí una patada en uno de los costados que me hizo caer por completo al suelo.
Aquél par de abusivos no escatimó en descargar su frustración conmigo mientras yo sólo me cubría el rostro con los brazos, sintiendo cómo el dolor de un golpe se dispersaba por mis venas hasta recibir otro.
-¡Déjenlo!- escuché que alguien gritó a lo lejos pero no pude moverme para levantar la cabeza.
-Mira lo que tenemos aquí.- dijo uno de ellos y entonces ambos enfocaron su vista en la persona que permanecía de pie a la entrada del callejón.
-Hola preciosa. Ven acá.- se alejaron de mí y al volverme, miré a una jovencita, era… no podía ser ella, ¿o sí?
Perdón por la demora, pero ya estoy libre de la escuela y trabajando en otro proyectitos! Awww para aquellos lectores que han disfrutado mis otras historias, ¿cuál es su favorita? :)
