Capítulo 10
No podía dejar de reír. Me había tomado 3 de esas botellas con líquido amargo que TK llamaba cerveza y pronto me pareció que éste bajaba el ritmo de trabajo de las máquinas internas en mi cuerpo.
Nos hallábamos sentados en el piso del cuarto donde pasábamos acostados en la hora oscura de los humanos. TK había preparado una comida deliciosa, eran semillas que al calentarse explotaban convirtiéndose en una masa blanca con un sabor a cloruro de sodio.
– ¿Te imaginas poder flotar en el espacio? –preguntó él sin dejar de reírse.
– No es la gran cosa. Intenta acercarte a un agujero negro, eso sí es un reto –él hizo un gesto muy gracioso al arrugar su frente y luego le dio un trago a su cerveza–. ¿Te gustaría ir al espacio?
– Sería interesante poder ver la Tierra desde otro ángulo.
– Deberías ir a la galaxia Tadpole. Ahí existe un planeta muy parecido a Marte y en un espacio de éste hay oxígeno en abundancia, como aquí.
– ¿Cómo sabes eso? –preguntó. Le di un largo trago a mi cerveza hasta acabármela.
– Ya he estado ahí –de pronto mi pecho saltó haciendo que se me escapara un sonido que jamás había escuchado por la boca y miré a TK con asombro tal como él me veía, pues no sabía si eso era normal de los humanos. Nuevamente mi cuerpo lo hizo sin que yo tuviera oportunidad de pensarlo o controlarlo y él se echó a reír.
– Tienes hipo –dijo dándose golpes en la rodilla. Yo no entendí qué significaba pero verlo sólo provocó que también me riera hasta que la máquina bajo mi pecho dolió–. Qué rara eres, saltamontes –dijo de pronto y ambos nos miramos fijamente a los ojos. Curiosamente cuando conectaba con él de esa manera era como si la sala de control que operaba en mi cuerpo mandara órdenes a todas las máquinas que funcionaban haciéndome sentir... fuera de control.
TK se acercó a mí, puso su mano derecha sobre mi rostro y se inclinó pegando sus labios a los míos. Yo me quedé estática sin saber qué hacer, sin entender qué estaba haciendo él, y cuando se separó sufrí algo igual a la atracción magnética: lo tomé del rostro y lo acerqué a mí tal como él lo hizo y ésta vez sus labios se movieron sobre los míos y sin siquiera darme cuenta que estaba pensándolo yo también hacía lo mismo.
Sus manos se metieron bajo la prenda de algodón que llevaba en el torso y muy despacio caí, víctima de la gravedad terrestre, y él quedó sobre mí. El deslizó sus dedos hasta tocar una de las protuberancias que tenía en el pecho y luego se apartó.
– No, esto no está bien, Kari...
– No... –volví a tomarlo del rostro para atrapar sus labios. Aquella sensación era un trillón de veces mejor que la sensación de comer o dormir. Siguiendo los impulsos toqué la parte opuesta a su pecho. Su piel era suave como la atmósfera de Mercurio. Introdujo aquél instrumento que se había implantado en el cuerpo humano para detectar los sabores y sentí una descarga eléctrica en la máquina puesta en mi entrepierna. Era la primera vez que sentía aquello y fui descubriendo que quizás aún no había logrado experimentar todo mi potencial como humano porque para hacer que funcionaran todos los sistemas en mi interior debía interactuar con otro ser como yo.
El se separó un momento y nos miramos fijamente. Tanto su pecho como el mío se movían de manera agitada y podía sentir golpeando en mi nariz el aire que él exhalaba por su boca.
– ¿Qué es esto, TK? –pregunté, tocando con mi dedo índice sus labios.
– ¿Te refieres a esto? –volvió a acercar su boca a la mía–. Es el mejor beso que he recibido.
– ¿Beso? –beso... beso, ¡beso! ¡Amor! ¡Sentimiento! Todas las sensaciones que estaba experimentando al encender circuitos que no conocía que había dentro de mí eran eso: amor.
Y entonces una terrible cantidad de imágenes pasaron por mi mente cuando estudiaba la historia de la tierra. Guerras por amor, muertes por amor, peleas por amor... el amor no era algo bueno. Era lo que había llevado a la humanidad a destruirse, a acabar con su planeta. Empecé a experimentar un remolino en mi pecho, como una tormenta de arena en Marte, y sin saber bien porqué empujé a TK y éste se apartó. Me levanté rápido y me fui alejando de él.
– Kari, ¿qué pasa? ¿Hice algo malo?
– ¡No te acerques! –mis ojos ardían y pronto comenzaron a tirar gotas y gotas de agua.
– ¿Kari? –él me miraba... se llevó una mano a su cabello y agachó la cabeza. Yo no podía dejar de llorar y ni siquiera sabía qué estaba sintiendo.
– No vuelvas a hacer eso... por favor –pronuncié aquella palabra que usaba a menudo para pedir cosas, y él asintió.
– Lo siento mucho si te lastimé, Kari.
– ¿Lastimar? ¿Te refieres a destruir?
– No quise hacerte daño. Te prometo que no se volverá a repetir –yo lo miré sin saber qué decir. ¿Cómo podía preguntarle qué estaba sintiendo si ni siquiera yo sabía si estaba sintiendo? Aunque parecían ignorancia e insignificantes, los humanos eran en realidad seres complejos. Su sistema vital requería al menos un año luz para ser estudiado.
Pasaron días y noches después del beso. TK no se había vuelto a acercar a mí y cuando estábamos en la casa él se mantenía encerrado en el cuarto o salía aunque tía Claire lo regañara. Yo me sentía muy extraña cuando se encontraba cerca. Mi cuerpo pedía tomarlo del rostro y besarlo mientras la que la sala de control me recordaba que si seguía experimentando aquello iba a terminar destruida por el amor.
Pero qué cosa tan contradictoria era que algo que se sentía tan buen fuese tan peligroso. Ni siquiera respirar Uranio era así.
Un día salí, llevaba en uno de esos pedazos de tela que usaban para guardar cosas, un artefacto con hojas de celulosa y una pluma que la tía Claire me había regalado, y comencé a caminar. Me fui por un camino que poco a poco fue convirtiéndose en vegetación, bajé por una pequeña montaña hasta parar en un camino rocoso, frente a éste se extendía un conjunto de agua. Su sonido me pareció tranquilo y me senté ahí, contemplando el paisaje.
Sin saber bien porqué empecé a escribir lo que experimenté el día del beso. Lo que sentía cuando estaba cerca de TK. Lo que él me hacía recordar del universo...
Llené una, otra, otra hoja de celulosa. Las palabras salían de mi mente y se plasmaban ahí haciéndome sentir ligera. Como si me hubiese quitado una armadura pesada de la cabeza.
– K... K... hey, K... –escuché la voz de Grys y levanté el rostro buscándola.
– ¿Grys? ¿Grys eres tú?
– Acércate al H2O –al acercarme vi el rostro de mi compañera y la bomba en mi pecho comenzó a palpitar muy fuerte.
– ¡Grys! ¿Cómo...?
– Escucha K, no cuento con tanto tiempo. Tengo que decirte algo importante.
– Dime.
– Estás en peligro. En la Tierra aún habita aquella enfermedad que acaba con los humanos y necesitas protegerte antes de que te ataque.
– ¿Protegerme? ¿Cómo?
– ¿Recuerdas cuando hablamos de esto? Debes tener relaciones sexuales. Es decir, debes permitir que tu cuerpo se una al de un humano opuesto a tu sexo.
– ¿Te refieres a un hombre?
– Así es. Hazlo tan pronto como te sea posible, K.
– No creo que pueda, Grys. Hace unas semanas tuve contacto con uno y sentí amor. ¡Amor!
– ¡Oh no! K, eso es muy peligroso.
– ¿Hay alguna otra manera de no estar expuesta a la enfermedad?
– Me temo que no. Furg hizo lo que pudo porque tu cuerpo fuese tan resistente como el nuestro pero no habrías podido adaptarte a la atmósfera terrenal sin esas partes esenciales de los humanos.
– Grys, aún no sé cómo conseguir entrar al poder. Hay demasiadas cosas que sigo aprendiendo y no creo estar preparada para un gobierno como éste si no conozco la población.
– K, necesitas reevaluar tu misión. Recuerda que Furg confió en ti para esto.
– ¿Hay manera en que puedan ayudarme? Estoy perdida.
– ¿Perdida? K, ¿cuántas veces al día experimentas sentimientos?
– Todo el tiempo –salieron lágrimas de mis ojos y quise que Grys desapareciera y no me viera así.
– ¡Oh, K! –tu cuerpo es tu principal enemigo pero puedes contra eso y más. Recuerda quién eres, todo lo que lograste aquí. Tú eres más fuerte que eso –asentí y me limpié el rostro con las manos–. Voy a mandarte apoyo. Pronto encontrarás el protocolo que te llevará a avanzar en la misión. Por ahora ocúpate de estar libre de la enfermedad.
– ¿Cómo sabré que...? –no terminé de formular la pregunta cuando mi compañera desapareció.
Guardé las cosas y volví camino a casa de la tía Claire. Durante el trayecto iba pensando en todo lo que Gris me dijo y me pregunté cuál sería la manera en que los humanos se unían.
Me sorprendió encontrar la casa oscura y vacía. Fui a la recámara y encendí la computadora que TK utilizaba para jugar. Busqué en el navegador "unión humana" lo que me fue re dirigiendo hasta llegar a la reproducción humana y reproduje un video de una página con tres equis en donde se veía una mujer, con un cuerpo similar al mío y un hombre, con un cuerpo similar al de TK, y él estaba... él tenía entre sus piernas un... ¿qué era eso? Ella habría las piernas y...
– Kari, ¿qué haces? –me sobresalté al escuchar la voz de TK.
Que lo disfruten!
