Capítulo 12

4 de Julio de 2754

Estaba haciendo muchísimo calor. Según había aprendido, la Tierra se hallaba en el punto donde recibía mayor radiación de la Estrella Suprema y esto provocaba que durante las horas luminosas brotara H2O de distintas partes de mi cuerpo.

La tía Claire me había platicado por la mañana, cuando la acompañé al mercado a comprar comida y plantas comestibles, que aquél era un día especial porque hacía muchos, muchos años atrás el país se había declarado independiente y desde entonces cada año, en esa misma fecha, todos celebraban esa libertad.

Aunque quise cuestionar el término de libertad, no lo hice. Los seres humanos seguían siendo enigmáticos y complejos. Habían pasado ya varios meses desde que llegué a su planeta y cada día aprendía algo diferente de ellos.

— Kari, ¿me ayudas a llevar esto al porche? —me pidió la tía Claire entregándome una canasta con panes y frutas— Déjalo sobre la mesa.

Salí sintiendo el vestido que llevaba ondear entre mis piernas; TK estaba de pie junto a un aparato que emitía humo de debajo de unas rejillas metálicas y olía a carbón caliente. Según sabía, preparábamos una parrillada y vendrían algunos amigos de la tía Claire a cenar.

— ¿Qué haces? —le pregunté al acercarme a su lado. Pude notar que la temperatura alrededor de aquél aparato era más alta. Él le dio un trago a una cerveza y sin responder, se movió hacia una caja blanca que estaba en el piso y abrió otra para mí.

— Preparando todo para asar la carne.

— Oh —le di un trago al líquido amargo y miré hacia la calle. Había un par de seres humanos de menor edad montados sobre un artefacto con ruedas y un curioso volante con dos mangas metálicas para sujetarse.

— Escucha Kari —me giré al escuchar mi nombre y me topé con sus ojos azules fijos en mí. Podía afirmar que había vida propia, como una persona consciente en la mirada de los humanos y por alguna razón al encontrarme con TK, esa persona que vivía en los míos sentía una lluvia de meteoritos en su interior— Sobre lo que pasó el otro día. Sobre el beso…

— ¿Si?

— Perdóname por la manera en que reaccioné. Tal vez fui muy brusco y no era ni ha sido mi intención lastimarte. Sin embargo, la situación se ha puesto tensa y no quiero que sigamos así.

— Yo estoy bien, TK —dejé la cerveza en la mesa al lado del artefacto con carbón encendido— Pero me pasa algo que no sé cómo explicar. No sé siquiera si es un sentimiento.

— ¿Qué pasa? —sonreí sin saber exactamente bien qué me provocaba eso.

— Cuando te veo, cuando estás cerca de mí, cuando puedo sentir el calor de tu cuerpo yo sólo quiero besarte —sus ojos se abrieron de par en par y sus mejillas se pusieron rojas— Y todo esto —dije señalando mi torso del cuello a la entrepierna— Parece tener vida, una vida que va en contra de lo que la máquina que opera aquí en mi cabeza le dice que debe hacer. Una vida que quiere pasar todo el tiempo mirándote, sintiéndote, besándote…

— ¡Wow! Kari eso es… —se mojó los labios con la lengua y sonrió— Es lo más romántico que me han dicho. Supongo.

— Me gusta cuando platicamos, TK. Cuando me contabas acerca de tu familia y tu infancia. ¿Qué fue lo que pasó para que de repente ya no quisieras hablar conmigo? —acaricié su brazo, poblado por diminuto vello color oro— ¿Tienes miedo? —había aprendido que cuando los humanos se sentían amenazados o algo les causaba temor buscaban alejarse del objeto que representaba una amenaza. Él sonrió y se inclinó para besarme en los labios.

— No, Kari. No tengo miedo. Yo también siento lo mismo que tú —sonreí y volvimos a besarnos. Una sensación de alivio, de tranquilidad, de paz se expandió en mí, haciéndome saber que estaba segura ahí.


Había oscurecido mucho. Yo estaba entretenida viendo bailar a los amigos de la tía Claire. Había una melodía ruidosa e intensa que había puesto de pie a todos. Algunos vecinos que también hacían parrillada se acercaron, uniéndose a nosotros, lo cual hizo que hubiera más gente.

— ¡Ufff! ¿No te gusta bailar? —preguntó un chico, era de ojos marrones y cabello oscuro. Con un pedazo de celulosa se limpió las gotas de agua en su frente.

— Nunca lo he hecho.

— ¿En serio? Deberías, es muy divertido. Soy Joe —extendió su mano para saludarme.

— Kari.

— ¿De dónde eres, Kari? —no sabía qué responder. No podía simplemente decirle que era de otra galaxia a millones de años luz de aquí.

— De aquí y de allá. De todos lados —sonreí y le di un trago a mi cerveza— ¿Y tú?

— Portland. Me mudé a California hace tiempo para trabajar.

— ¿En qué trabajas?

— En el gobierno —respondió simplemente. ¿Gobierno había dicho? ¿Eso significaba que...?

— ¿Estás en el poder? —la máquina de mi pecho empezó a palpitar rápido provocándome una emoción intensa mezclada con felicidad. Joe sonrió.

— Algo así. Sí.

— ¿Y cómo fue que...? ¿Qué hiciste para...?

— ¿Entrar al gobierno? —asentí— Pues, no se necesita mucho. Ser inteligente, supongo. Siempre se me ha dado eso de los negocios y los números.

— ¿Podrías enseñarme cómo hacerlo? —Joe me miró atentamente y sonrió.

— ¿Te gustaría trabajar en el gobierno?

— ¡Claro! Para eso estoy aquí —él rió fuerte y enseguida llegó TK.

— ¿Cuál es el chiste? —preguntó.

— Ninguno, sólo que Kari es un poco ambiciosa —no comprendí qué significaba eso y tomé nota mental de que debía buscarlo después.

— Ven. Ya van a iniciar los fuegos artificiales —TK estiró mi brazo y tuve que levantarme de la silla para no caer.

Íbamos por la calle cuando un estruendo resonó en lo alto provocando que mi cuerpo se sacudiera. TK me abrazó por la cintura y volteó a verme.

— ¿Habías visto algo así? —negué con la cabeza sin quitar mis ojos del colorido cielo por el que decenas de chispas se expandían.

Tenía muchas preguntas acerca de aquél proceso. ¿Qué clase de explosión ocasionaba semejante espectáculo? Había visto muchas estrellas chocar o explotar pero nada parecido a esto.

Al ver a todos los demás, alrededor, disfrutando el mismo espectáculo que yo, a la tía Claire sonriendo mientras su rostro se iluminaba por aquellas luces artificiales y TK a mi lado, riendo, abrazándome, dándome la oportunidad de sentir, me hizo recordar las palabras de Furg y Grys, su deseo por aniquilar a la raza humana, creyendo que aquellos seres no producían nada más que miseria y destrucción. Pero en el poco tiempo que llevaba con ellos había conocido otro lado totalmente diferente a lo que aprendí y me dijeron. Eran seres compasivos, seres cálidos que buscaban ayudarse entre sí, que cada día se levantaban y cuidaban de su planeta, trabajaban entre sí para que nada les faltara, unos vendiendo comida, otros ropa, otros accesorios para las casas que al final aportaban un beneficio. Ellos no eran malos, simplemente desconocían de su gran capacidad y cómo desarrollarla para lograr hacer de éste un planeta brillante, capaz de interactuar en el Universo con otros, de invitar otras especies a conocerlo, habitar en él, de crecer.

Recargué mi cabeza en el pecho de TK y lo rodee con mis brazos. Él aplicó un poco más de fuerza a su abrazo y me dio un beso en la frente cuando levanté el rostro para verlo. Luego hubo más fuegos artificiales, una explosión tras otra, las personas comenzaron a gritar y golpear las palmas de sus manos al aire, los colores se mezclaban entre ellos y en ese momento, cuando mi mente me hizo comprender que yo estaba feliz después de haber navegado decenas de universos y cientos de galaxias, había encontrado el lugar en el que me sentía identificada. Incluida.

Ahora estaba en mi hogar.