Hace poco Adrien, había escuchado como Marinette le decía a su amiga Alya de que su papá probablemente era Sugar Daddy de Lila. Obviamente lo tomó como una locura, porque simplemente su papá no era de ese tipo de personas.

Sin embargo cuando Nino, pensó también esa posibilidad, comenzó a ver sus encuentros como otra cosa. (Demasiadas personas de su circulo, pensaban lo mismo)

—Parece como si tu papá fuera un Sugar Daddy —comentó riéndose Nino a su amigo Adrien, al ver que de nuevo, Lila era traída por el mismísimo Gabriel.

—¿Eh?—articuló distraído.

—Sugar Daddy—repitió—Un hombre millonario que mantiene una chica más joven.

—Mi papá no es así.

Le palmeó la espalda.

—No te lo tomes tan literal, viejo—espetó—Es una broma, como si tu papá fuera un asaltacunas.

Adrien no se lo tomo como una broma. Mucho menos, al notar, ahora más despierto. Como su padre y Lila se encerraban en su oficina, haciendo quien sabe qué.

La ropa nueva, la llevaba y traía en su limusina, la compañía mutua.

¿Su papá era un Sugar Daddy?

...

No aguantando más, golpeó en su oficina y pidió unas palabras con él.

Un rubor se extendió en sus mejillas y una picazón en su cuello comenzó intensamente a formarse, se rasco intentando disminuir la comezón por lo que tendría que preguntarle.

Los nervios, los nervios eran.

—Padre—llamó.

—¿Que sucede, hijo?

—¿Es verdad?

—¿Qué cosa?

—Que tu...

Las palabras eran difíciles de formularse. A pesar de que Gabriel no lo demostraba comenzó a temer que su hijo haya descubierto su identidad de villano. De seguro, Lila no tuvo cuidado.

—No tu no... No puedes —las palabras de Adrien se trababan, balbuceaba, miraba abajo era difícil observar sus ojos—No eres, no puedes serlo.

Era como desesperado, las pupilas se movían inquietas por todos lados, intentando encontrar una lógica.

—Dime.

Gabriel no lo demostraba con su porte firme, pero comenzaba a sentir un escalofrió en los profundo de sus huesos.

—¿Eres el Sugar Daddy de Lila?

Gabriel se quedó blanco como un hoja por lo que preguntó su hijo. Sintió que eso era peor que descubra que era Hawk Moth.

—¿Que dijiste?

—Sugar Daddy —repitió—Un hombre...

—¡Ya se lo que significa!—su voz elevo.—¿Dónde sacaste eso?

—Hay rumores en el colegio y...

—Son rumores—objetó—¿Tú crees que saldría con una niña?

—¡No!—admitió velozmente—Claro que no, padre. Pero están juntos mucho tiempo (más que con él) y...

—Puedes retirarte.

Él se fue, al ver su mirada que no permitía rechistar. Al ver la puerta cerrada, tomó con sus dedos el puente de su nariz.

—Esa niña...

Definitivamente estaba manchando su imagen.

...

—Nathalie.

—¿Que necesita?

—¿Tu como ves la relación que tengo con Lila Rossi?

—Para cumplir con los objetivos estipulados, la veo una aliada formidable.

—No —carraspeó—Me refiero, sin saber de esa relación. ¿Cómo nos vemos delante de otra persona?

—Sospechoso.

El hombre mayor, tragó saliva.

—¿Sospechoso?

—Pasas más tiempo con ella que con tu hijo. Se encierran solos en la oficina por cómo una hora, tienes paseos en limusina, la llamas por teléfono casi todos los días... Una persona sin tener conocimientos de lo que verdaderamente sucede pensaría que su relación es más allá de lo laboral.

—¿Todo el tiempo pensaste eso? —Ella asintió—¿Y nunca me lo dijiste?—la ira comenzaba a borbotear en su garganta.

—Nunca me lo pregunto.

Suspiró, haciendo una ademan con su mano para que se vaya. Si no fuera su asistente de hace años ya la hubiera despedido.

Le resultaba increíble que todavía no haya salido en la sección de chismes.

La mañana siguiente, Gabriel Agreste empezó a quemar los diarios, como disminuir considerablemente los encuentros con Rossi.