— Y... ahora estoy aquí. Ya ni siquiera sé el significado de "ahora". No sé si afecte el espacio-tiempo el que me encuentre conmigo.
— Bueno... luchaste contra ti y ninguno se desvaneció. También esa... ¿androide? ¿Nébula se llama? Eso contradice cualquier película del viaje en el tiempo.
Steve rió. — Lo sé es... muy confuso. No existe un manual para esto.
— ¿Cuánto tiempo hemos estado aquí? No creo volver a dormir luego de esto... — Stark se llevó ambas manos al rostro. — Creo que mis bromas acerca de tus 100 años ascenderán a 200. — Sonrió un poco.
— Ya he dejado de contar mis años.
— Así que... ¿cómo te volviste anciano? Pensaba que el suero te haría inmortal o algo así. — Cuestionó Tony.
— No estoy seguro, pero creo que tiene que ver con los saltos en el tiempo, el uso de las gemas. No me hirió para matarme como... a ti... pero me afectó de otro modo. — Suspiró Steve.
— Desde que llegaste, no has actuado como el Capipaleta de siempre. Espero que hayas cambiado... — Soltó de repente Tony.
— Cometí muchos errores, especialmente contigo. Creí poder seguir adelante... o atrás, depende cómo lo mires.
— ¿Chiste del tiempo? En verdad no te reconozco. — Tony iba a servirse otro trago, pero Steve terminó sus reservas.
— Tardo en aprender... pero quiero pensar que al final aprendo.
— Sí, bueno. Creaste un revoltijo en el tiempo, más del que habíamos hecho. Haremos... ¿haríamos? Justo ahora conocemos sobre las gemas. Sabes dónde las dejaste. Podríamos asesinar a Thanos y salvar esta línea del tiempo, universo paralelo o lo que sea que sea esto.
Steve sonrió de forma genuina, había extrañado tanto a ese Tony.
— No sé qué hacer. Por eso vine por ayuda. Tú eres el genio. — Habló sin ninguna muestra de sarcasmo.
Tony aún no se acostumbraba, pero le agradaba el nuevo Capitán. — Y... ¿conseguiste lo que querías? Me refiero a Peggy.
Steve miró hacia la alfombra. — Era todo lo que esperaba al comienzo. Hermoso. Pero la realidad siempre nos alcanza.
— Llevas un anillo. — Le hizo notar Tony. Steve jugó con él al oírlo, haciéndolo girar al rededor de su dedo anular.
— Como dije... fue hermoso al comienzo. — Sonrió con melancolía. — Creo que el Tony que yo arruiné entendería esta sensación. Siempre hay algo que te hala... que nos une. Simplemente no te puedes negar, por más que ames lo que ya tienes. Por más estúpida que sea esa idea.
— Así que el nuevo Cap dice palabrotas.
Steve rió de nuevo. — De eso tú eres culpable. — Se retiró el anillo, no apartó la vista de él. — Dejaste a tu familia por el bien mayor. Te lo pedí y en el fondo no quería que aceptaras. Después de todo lo que luchaste... eras feliz entre todo ese caos.
Tony miró también el anillo. — ¿Pepper?
Steve asintió.— Y una niña, Morgan.
Stark respiró profundo. — Pero las abandoné. Era justo lo que ella más temía.
— Estaba en paz cuando lo hiciste. Tu hija también. Lo hiciste bien. No puedo robarte eso. Por eso estoy aquí. Desobedeciéndote. Queriendo arreglarlo todo.
— No se puede arreglar algo que no está roto. — Sentenció Tony, confundiendo a Rogers.
— Te cuento todo esto, a pesar de esas reglas del tiempo sobre no intervenir, para que puedas ser feliz y evitar el desastre. Te lo debo. — Guardó el anillo en uno de los bolsillos de su pantalón y ahora su atención volvió a Tony, preocupado.
— Tú sabes dónde dejaste las gemas. Posees dos ahora. Sabes utilizarlas. Sólo necesitas más suero para sobrevivir y puedes obtenerlo de la fuente. Vamos por Thanos y lo asesinamos.
— Sí... no pienso asesinar a un bebé como sugirió Rodhey.
— ¿Sufrieron al desvanecerse? Ni siquiera lo notaron. Será dormir a un niño.
— No lo sé, Tony... — Suspiró. — Pero contradecirte no me ha llevado a ningún lado. Todo empeoró desde entonces. — Peinó sus cabellos dorados con los dedos. — ¿Y después?
— Después... creo que serán las aventuras de Ironman y Capitán América. — Le dio una palmada en el hombro. — Sabes los desperfectos del futuro, nos dedicaremos a solucionarlos. Proteger la Tierra antes del caos. ¿Qué dices?
Tony miró a Steve a los ojos. Rogers examinó por un momento el brillo en sus pupilas. Esa chispa de emoción, de esperanza.
— ¿Será prudente quedarnos con el guantelete?
— Cuando solucionemos lo de Thanos, no volverá a usarse. Lo protegeremos con todos esos héroes que sabes que surgirán. Sólo en caso de extremo peligro deliberaremos si debemos usarlo de nuevo o esconderlo.
Steve no continuaba seguro, pero sabía que hacerle caso a su intuición le llevaba al fracaso. — ¿Seguirás tu vida?
Cuestionó con tristeza.
— Pepper merece alguien mejor, ahora estoy más seguro de ello. — Se mordió el labio inferior, desviando la mirada. — Alguien que no le dé más sorpresas.
Steve no quiso ahondar más al respecto. — ¿Qué hay sobre lo que te conté? Nuestra pelea...
— Te perdoné en el futuro, ¿no es así? Sólo no vuelvas a ser ese idiota.
Rogers le sonrió. — Sin aferrarse al pasado... pero tal vez use barba de nuevo.
— ¿Qué? ¿Barba? ¿Capitán América con barba? — Exclamó el castaño.
— Te echaba tanto de menos que me dejé crecer la barba. — Admitió con algo de vergüenza.
— ¿Te volviste un fan mío? — Rió en una carcajada, Tony.
Steve volvió a abrazarle sin previo aviso. Había sido una eternidad. Tenerlo frente a sí devolvía todos los horribles recuerdos. — No te quejes, Stark. No pude despedirme cuando te vi morir...
Tony permaneció inmóvil. Todo era nuevo, pero desde la invasión alienígena, había abierto más su mente a nuevas posibilidades. Quedó en silencio, posando una mano en su espalda.
Steve sollozó.
