Los días siguientes tuvieron sus altibajos. Steve continuaba con sensaciones mezcladas: Temor, culpa, desesperanza... Recordó a su amigo Thor y cómo pasó los últimos años que le vio, convertido en un hombre sumido en la negación, esperando volver a ser útil.
¿Le estaba sucediendo lo mismo?
La última vez que se deprimió se había dejado la barba en honor a Tony. Ahora ese vello volvía a crecer.
— ¿Podrías ayudarme con algo? — Preguntó al castaño, esperaba no interrumpirlo.
— Estaba a punto de resguardar las gemas que conservaste. Creé un par de cápsulas. Diseñé también un guantelete, en caso de necesitarlo. — Habló Tony a su IA. — Pero creo que estará bajo control mientras terminas de ensamblarlo. ¿Cierto, J?
— Sólo te lo robaré unos minutos, Visión. — Sonrió Steve y Stark le observó confundido. — Jarvis, sí. Jarvis... ¿Vamos, Tony? No tardaré mucho.
El castaño se adelantó al caminar. Pasó por alto esa extrañeza. A veces le sucedía a Steve y prefería preguntarle cuando se encontrara con la guardia baja. — ¿Qué es eso tan importante?
Steve le alcanzó, siguiendo su ritmo al andar a su lado. — Quería pedirte que me ayudaras con esto. — Se señaló la barbilla. — No tiene forma.
Tony concordó y rió. — Iba a sugerirte cortarla yo mismo, pero me alegro que te dieras cuenta. — Le guió a su propia habitación. — No dejo que nadie me rasure, puedes considerarme un experto.— Al hallarse en el cuarto de baño dentro de la habitación de Tony, el castaño tomó todo lo que necesitaba. Colocó cerca del lavabo un rastrillo, navaja, crema para afeitar, tijeras, peine y le acomodó una toalla al rededor del cuello. Notó a Steve angustiado. — ¿Confías en mí?
— Siempre. — Respondió el rubio.
Stark sonrió y comenzó a distribuir crema sobre la mitad de su rostro. — Primero domaré a la bestia y después te enseñaré a recortarla por tu cuenta.
Steve iba a asentir, pero se percató de que era una mala idea.
— Puedes hablar, no voy a lastimarte. — Tony tomó el rastrillo.
— De acuerdo... — Suspiró el Capitán.
Tony comenzó a delinear. Se encontraba sumamente concentrado. Demoraron unos minutos en silencio hasta que Stark vio su oportunidad.
— Steve... hay algo que he querido preguntarte. — Rogers no se movió, pero sus pupilas se posaron sobre Ironman prestando atención. — ¿Por qué esta época?
El rubio no respondió en seguida. Tony se detuvo para dejarle hablar.
— Es la última vez que recuerdo que estuvieras feliz. — Notó que Tony iba a preguntar algo más, pero se adelantó para explicarle. — Necesitaba que me creyeras. Acerca del viaje en el tiempo, las Partículas Pym, las gemas, Thanos, el espacio... Debías convertirte en Ironman, ver la invasión, conocer a Thor y su hermano Loki, asustarte sobre el fin del mundo y no depender más del reactor...
— Pero...
— ... pero debía ser antes de que yo lo arruinara. De tener secretos y volverme loco intentando aferrarme al pasado.
Tony volvió a su labor, esta vez con la navaja para llegar a las partes más difíciles, más angostas. — Aún te aferras al pasado o no estaríamos teniendo esta conversación. — Frunció el ceño.
— Es distinto...
— Es lo mismo... — Cortó algo de vello y limpió la navaja sobre la toalla, cerca al cuello de Rogers. — Nunca superaste la pérdida de Bucky. Nunca superaste no volver a ver a Peggy, hasta te metiste con su sobrina sólo por tener su mismo apellido. Y no superas que me abandonaste. — Dejó la navaja a un lado. No podía continuar si estaba alterado. — ¿Qué es lo que quieres, Cap?
Steve entre abrió los labios sin poder hablar. — Yo...
— Tú. Tú. Tú. Todo es sobre ti. Me llegaste a acusar de ser un maldito egoísta, pero tú eres quien toma el puto tiempo para moldearlo a su favor. — Dio unos pasos hacia atrás.
Steve se limpió la crema con la toalla, no se atrevía en mirarle a los ojos. — No quiero discutir de nuevo. Tenemos un plan. Evitar a Thanos. Sé que lo lograremos en nuestra segunda oportunidad, pero no borramos esos 5 años. No fue todo como debió ser. Suena estúpido, pero sabes que es lo correcto.
Tony refunfuñó. Era verdad. — Igual... aunque funcione el plan, no tengo ni tienes idea de qué pasará contigo. ¿A dónde o... hacia cuándo irás? — Volvió a acercarse, tomando el peine y las tijeras para los toques finales.
— No lo sé. — Confesó Steve, manteniéndose en silencio mientras terminaba. Al finalizar, giró para mirarse en el espejo.
— No está mal. — Miró el reflejo de Rogers. Acercó una mano para rozar su mandíbula. — Habrán dos opciones, no finjas que no lo sabes.
Steve le tomó la mano, extrañando de nuevo a Tony. — Si desaparezco, será más sencillo.
— Pero si hay dos Cap's...
— Habrá llegado mi momento. — Sonrió con amargura.
Tony no pudo continuar con la conversación.
