— Aún tengo una reserva de Partículas Pym. Las usaré para que la gema del tiempo no desgaste más el efecto del suero, pero con la gema del espacio no tengo opción. — Se preparó sobre la base que Tony acababa de construir. Su traje cuántico era el mismo que muchas décadas atrás había utilizado.
— Suerte. — Fue lo único que respondió Tony mientras le veía marcharse en una ráfaga de intensas luces.
Stark logró esquivar durante los días que había convivido con el nuevo Capitán a Bruce, al Steve de su época, Nat y Clint. Thor aún se hallaba ausente. Le preocupaba que el plan no funcionara, que el nuevo Steve tuviese una complicación y jamás volviese, pues ya habían transcurrido unos cuantos minutos. ¿Cómo le explicaría al equipo sobre todo lo que había ocurrido? ¿Le creerían?
Pero sus dudas fueron suspendidas cuando la base se encendió por su cuenta segundos después.
— ¿Steve? — Le tomó en brazos, temiendo que se desmoronará sobre el suelo, sólo había visto a su versión pre suero en fotografías, pero le reconoció. — ¿Qué ocurrió? ¿Cuánto estuviste ahí? ¿Lo derrotaste?
El rubio aún se tambaleaba. Su traje cuántico le quedaba bastante flojo. Tony le llevó al sofá que siempre tenía en su taller, recostándole con cuidado. — Fueron 7 años, creo. Di muchos saltos. No quería hacerlo así, no había opción. Le hice caso a Rodhey, pero sin estrangulamiento... — Se cubrió el rostro con una mano, la otra tenía el guantelete casi derretido. Era muy pesado para su pequeño cuerpo. Tony intentó retirarlo, pero ardía al contacto. Con el brazo de su armadura pudo quitárselo de encima a Rogers.
El rubio tenía quemaduras graves, pero Tony supuso que parte del suero amortiguó los daños. Le retiró finalmente el artilugio metálico con cuidado. — Debo ir atrás para conseguirte más suero. — Pensó rápidamente. Estaba preocupado de algún daño interno y lo mejor era robar lo que en primer lugar le había convertido en súper soldado.
Steve negó y extrajo de su pantalón un StarkPhone del futuro. Poseía tecnología holográfica mejor de la que Tony tenía en ese momento. Se lo entregó. — Conseguí la fórmula. Pensé en una fotografía, pero volví a este instante y dijiste que también necesitabas los planos de la máquina de tu padre para los vita-rayos. Espero haberlo hecho bien esta vez.
Tony le miró asombrado. — ¿Cuándo...? ¿Por qué... por qué no lo recuerdo?
— Estos viajes son confusos. ¿Crees poder replicarlo? He robado tantas veces que no creo que siga siendo viable. No debo crear más líneas temporales. — Explicaba Steve mientras Jarvis comenzó a analizar el daño en su cuerpo. Stark abrió los archivos, desplegándolos. Su IA comenzó a formar un modelo de la máquina.
— Jar va a ayudarte con las heridas y crear la máquina. Trabajaré en el suero. — Le ayudó a acomodarse y no perdió tiempo. Comenzó con la fórmula. Comprendió el porqué del misterio que rodeaba el suero del súper soldado. Howard no era el único que creó un elemento, el Dr. Erskine hayó algo nuevo y formó moléculas que bajo ninguna condición natural o en laboratorio pudieran crearse aún en su época. A pesar de ello, siguió cada nota que Steve logró robar para recrearlo lo más exacto posible.
Fueron noches en vela. Steve descansaba en su habitación, dormido gracias a los medicamentos.
Aún no era momento de celebrar, pero Tony podía sentir que el temor a una amenaza desconocida se había esfumado de repente. Todo gracias a Steve y no podía dejarlo morir.
— Deja de intentarlo... — Arrastraba los pies. — Tal vez así debe ser. — Steve pudo llegar al taller.
— No me permitió que le advirtiera, señor. — Interrumpió Jarvis.
— No va a ser así. — Tony le atrapó. Estaba cada vez más débil desde su llegada. — Lo haremos ahora.
Le cargó hacia la máquina, encerrándolo en una cápsula. Preparó las jeringas con el suero. Si no acertaba, Steve moriría, pero sino lo intentaba de inmediato, también lo haría. La mitad de su cuerpo no resistió el poder de las gemas. Sólo el suero retrasaba lo inevitable, pero sin él no restaba mucha esperanza.
Accionó todo el mecanismo, escuchando los gritos desgarradores de Steve. Jarvis le detuvo al no percibir signos vitales de Rogers.
Tony detuvo la energía y abrió la cápsula manualmente. No se movía a pesar de poseer el cuerpo que ya conocía de él. Comenzó con el RCP, presionando su pecho.
— No vas a abandonarme en esta línea temporal... — Presionó de nuevo. Bajo circunstancias normales le habría roto alguna costilla, pero no fue así, por lo que el suero pudo haber funcionado. — Despierta...
Jarvis intentó detenerlo, Tony continuaba hasta que sus brazos le dolían.
Steve comenzó a toser.
Stark se aferró a su torso y golpeó sobre sus pectorales.
— Basta. — Susurró el rubio a penas entre abriendo los párpados.
— Imbécil. — Sonrió Tony, escondiendo el rostro en sus pectorales empapados en sudor. — Casi mueres.
Steve se sentía exhausto. Su cuerpo dolía de maneras que no recordaba. El tiempo sin el suero y su experiencia cercana a la muerte, sumando los años que no había estado ahí junto a Tony... aún no podía procesar todo aquello. ¿Por fin todo estaba bien? Reaccionó cuando el castaño alzó la mirada. Tampoco recordaba la última vez que habían estado tan próximos y sin pensarlo demasiado, le rodeó con ambos brazos. — ¿Por qué no me dejaste morir? Aún hay dos Capitanes en esta línea. El problema se habría resultó por sí mismo.
Tony rió, esta vez no intentó apartarse. — Necesito contarles de esta anomalía. De quien logró salvar nuestro universo. No me creerán sin pruebas.
Rogers sonrió, soltándole un poco para mirarle. — ¿Sólo por eso? ¿Credibilidad?
— No debo esconderle secretos al equipo. Podría hacerlo, pero sabes mejor que nadie que eso no funciona al final. Además... si aún existe la posibilidad de una pelea con el Capitán, quiero que uno esté de mi lado. — Le sonrió de forma genuina.
Steve se estremeció. Recordaba sus ojos, pero nunca había tenido el tiempo de apreciarlos con detenimiento. — Y... ¿cómo piensas decirles?
— He pospuesto la fiesta de celebración por lo ocurrido con los Chitauri. Sería el mejor momento ahora que piensas quedarte.
— No te he dicho que me quedaré. — Refunfuñó, Rogers.
— Lo hiciste. Sino no hubieras buscado la fórmula del suero. Me lo debes.
Steve sonrió. Tony comenzaba a leerle la mente y descifrar mejor que él mismo qué era lo que más deseaba.
