Cuando la puerta de su apartamento se abrió, el reloj marcaba casi las seis y cuarto de la mañana.

Octavia que justo en aquel momento revisaba su teléfono móvil por undécima vez aquella noche, nada más escuchar la cerradura se levantó de la mesa en la que estudiaba rodeada de apuntes y libros de ingeniería biomecánica, y se dirigió a ella presa de la incertidumbre y la angustia.

—¿Raven? —preguntó a medida que se aproximaba a la entrada viéndola asomar.

Raven que entraba en ese mismo instante inmersa en sus propios pensamientos a duras penas escuchó su voz.

—Tia, ¿dónde demonios estabas? ¿Sabes la de veces que te he llamado? —preguntó acusadora Octavia llevándose las manos a la cintura—. Debes tener unos trece mensajes míos en el buzón de voz, ¿qué coño pasa contigo? ¿te cuesta mucho descolgar el teléfono y contestarme?

Raven que levantó la vista al escucharla soltar todo eso, se dio cuenta al fin de que se dirigía a ella y dejando caer la puerta hizo un gesto disponiéndose a pasar por su lado.

—Lo siento, olvide decirte que lo he perdido.

—¿Otra vez?

—Si —musitó Raven pasando junto a ella para dirigirse a su habitación, no estaba para charlitas.

Ese día no.

Octavia que a punto estuvo de volver a gritarle por su mala cabeza, se fijó mejor en ella viendo que llevaba la mano vendada y ensangrentada, cambió la expresión.

—Raven, ¿pero qué...?

Un momento, ¿iba sin medias y descalza?

—¿Y tus zapatos?

Raven que dejó las llaves sobre la mesa al pasar por al lado de estás al ver los apuntes recordó vagamente que tenían un examen importante dentro de dos días.

—Se me han roto, los he tirado.

Octavia que se los había regalado hacía nada se quedo algo parada al escucharla, eran buenos, eran carísimos además.

—Me voy a la cama... —la escuchó decir y se dirigió rápidamente a ella para pararla.

—No, no. Espera, espera —le dijo ella tomándola del brazo para pararla, viéndola girarse—. Estás sangrando, Raven.

Raven que la miro sin entender se fijó en como Octavia dirigía su mirada preocupada hacia su mano y recayó en eso.

—Si, me... me di un golpe esta tarde, iba...iba a contártelo pero como no viniste a comer, no... no pude hacerlo.

Octavia que tan solo sacudió la cabeza la tomó de la mano con cuidado para llevarla a que se sentase al sofá.

—Deberías ser más cuidadosa, Raven —la sermoneó ella haciéndola sentar—. Hay que cambiarte esa venda, está toda sucia. ¿Cómo no te has dado cuenta de que estás sangrando? ¿no te duele?

Raven que sabía que cuando se ponía en ese plan era mejor no discutirle y aguantar el chaparrón, rodó sus ojos viéndola alejarse de allí para ir al baño a por el botiquín.

—Parece mentira, que estafa de zapatería —farfulló Octavia a voces desde el baño rebuscando para dar con él—. Pero me van a oír, no deberías haberlos tirado. Se los podría haber llevado y que te los cambiasen. Menudos cretinos de mierda.

—Si, hay mucho cretino suelto —murmuró Raven bajando la mirada ahora a su mano apoyada en su rodilla viendo la sangre traspasar la venda y sus dedos enrojecidos.

Octavia que llegaba en ese mismo momento dejó el botiquín sobre la mesa y se sentó a su lado abriéndolo, antes de tomar su mano herida y ponerla sobre su muslo para comenzar a desenvolver el vendaje.

—Ah, no te lo he contado —continuó diciendo Octavia de mejor humor al recordarlo—. La razón de que no viniese a comer es que Atom me ha venido a recoger para que comiésemos juntos.

Un leve siseo escapó de los labios de Raven cuando la gasa se despegó de la abierta herida al terminar de retirarle Octavia toda la venda y su expresión se agrió al escuchar aquel nombre.

—Joder tía, vaya corte —murmuró Octavia abriendo sus ojos impresionada al fijarse bien en él.

—Llevaba anillos —fue lo único que Raven musito para restarle importancia.

—Juro que estuve a punto de decirle que no —prosiguió Octavia dejando la venda sucia sobre la mesa para comenzar a coger gasa y desinfectante—. Sabes que la última vez que salimos no terminó muy bien pero me gusta demasiado como para ignorarle —se medio sonrió ella vertiendo un poco de desinfectante sobre su herida escuchando a Raven sisear nuevamente de dolor—. Debo estar loca, ¿no?

Atom era un chico que Octavia había conocido cerca de un año atrás, durante una feria de exposiciones que la universidad había tenido a bien organizar para ofertar distintas disciplinas y materias, y además exponer técnicas innovadoras que sus alumnos compitiendo con otras universidades del país habían creado para introducir en el mercado.

A Raven le había caído bien en un primer momento, parecía simpático y atento con Octavia pero pronto se había dado cuenta de que su atención se centraba en algo más que en ella y había dejado de gustarle. Había advertido miradas y gestos en él que para nada mostraba cuando su amiga estaba delante, pero que la hacían sentir realmente incomoda ante su presencia.

Octavia estaba muy ilusionada con él, y eso era difícil, ya que la morena había centrado toda su atención en los estudios desde casi el primer año de carrera.

No es que no fuese a fiestas o no saliese con sus amigos es que en palabras suyas "no todas tenemos una mente como la tuya, algunas tenemos que trabajar más", y era cierto.

Lo entendía.

Mientras que a ella se le hacía fácil aprender formulas, combinaciones, fisiología, mecánica y biónica sin necesidad de repasar las lecciones más de una o dos veces, Octavia y sus compañeros tardaban el doble de tiempo en hacerlo. No, no era ninguna Einstein, sencillamente era dada.

Quizás le gustaba estudiar el comportamiento humano, resolver enigmas y problemas relacionados con las condiciones a las que este puede verse sometido en ciertas circunstancias.

Quizás solo supiese que eso se le daría bien algún día, quizás fuese la manera de ponerse a prueba el escoger esa carrera, quizás lo hizo para no echar de menos a Octavia y su compañía, total... fuese como fuese, allí seguían.

Y que Atom entrase en sus vidas por muy inocente y grato que pudiese parecer para Octavia, Raven era consciente de lo que suponía.

—Hemos quedado el viernes con los de clase en el Arkadia, deberías venirte —le sonrió un poco Octavia curándole con cuidado la herida—. Pensaba en decírselo a Clarke, Lincoln y Lexa también. Bellamy seguro que también se apunta.

"Bellamy"

El estomago se le encogió a Raven e hizo un gesto esquivo con la cabeza.

—El viernes no puedo, he quedado.

—Oh, ¿una cita? —preguntó optimista Octavia disponiéndose a abrir y desenrollar una venda limpia—. Podría venirse también.

Raven que se sentía abrumada por tantos pensamientos en ese momento, sacudió la cabeza sintiendo los ecos del dolor irradiar su mano desde la herida.

—No, no podría y no es una cita —contestó Raven sintiendo como comenzaba a vendar su mano—. Es... no es nada, es... prefiero no presentároslo, es todo... —Octavia frunció el ceño y Raven se dio cuenta de como había sonado eso—. Es que no quiero que crea que es nada serio, nada más.

—Oh, entiendo —dijo Octavia dándose cuenta de a que se refería—. Solo es sexo.

—Si, así es —respondió Raven sin mirarla queriendo marcharse ya—. ¿Has terminado ya?

—Debería haberme hecho enfermera —bromeó Octavia terminando de cerrar la venda, admirando momentáneamente su "trabajo" antes de chasquear la lengua e inclinarse para besarla en la frente divertida—. Lastima...

—Oh si, el mundo se ha perdido una enfermera modélica —se medió sonrió Raven agotada levantándose del sofá para irse viéndola recoger el botiquín.

—Y muy sexy, no te olvides —se sonrió Octavia poniéndose en pie para devolver el botiquín al baño y tirar las vendas sucias a la basura.

Raven que no tuvo más remedio que sonreírse cansadamente al oírla, se dirigió a su habitación cruzando el pasillo sacudiendo la cabeza.

Octavia podría ser muchas cosas, protestona, mandona, gruñona algunas veces pero si algo tenía su amiga era carisma.

"Menuda mierda de noche si, pero que increíble amiga".

Continuara...