El camino entre el Arkadia y el edificio de apartamentos de Luna era bastante escaso, unos pocos metros a decir verdad. Era toda una suerte para ella que no estuviese lejos de su trabajo y de la facultad.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Luna espero a que Raven saliese para después salir tras ella. Apenas había pronunciado dos palabras desde que salieron del local y realmente el estado en el que se encontraba era como menos preocupante.
A punto estuvo de decirle algo, cuando la puerta del apartamento situado frente al suyo se abrió y un niño pequeño de unos siete u ocho años salió con una bolsa de basura entre las manos viendo a Luna y a Raven allí.
—Hola Luna —la saludó él cerrando la puerta tras de si con una sonrisa mirando después a Raven—. Hola amiga de Luna.
Luna que sacaba las llaves en aquel instante le medio sonrió, viendo a Raven apartar y bajar un poco la mirada algo chocada, abrazándose un poco a su lado al llegar a la puerta.
—¿No deberías estar ya durmiendo, Aden?
Aden que asintió con la cabeza se sonrió haciendo un gesto.
—Es que mi mamá quiere que baje la basura, ¿tú tienes basura? —le preguntó él inocentemente expectante—. ¿Quieres que la baje?
Luna que niega con la cabeza suavemente le devuelve la sonrisa.
—No hace falta, pero gracias —contestó con un leve gesto—. ¿Tu mamá está mejor?
Aden que asiente con la cabeza, posa sus ojos en Raven que luce muy cabizbaja y triste.
—Dile que me pasaré mañana a verla, ¿vale?
Raven que se dio cuenta de como debía lucir en aquellos instantes, quiso que la tierra se abriese y se la tragase entera.
—¿Qué le pasa a tu amiga? —preguntó el niño con inocencia con la bolsa aun en la mano—. ¿Está triste?
Luna que se dio cuenta de que Raven estaba pasándolo mal, puso buena cara respondiendo al niño.
—Está cansada, solo eso —contesto Luna al ver como a Raven volvían a llenársele los ojos de lágrimas y desviaba la mirada—. En cuanto descanse un poco, se sentirá mejor.
—Vale —contestó Aden sonriéndose como para animarla fijando después sus ojos en Luna antes de echar a andar hacia el ascensor—. Le diré a mamá lo que me has dicho de mañana. Buenas noches Luna, buenas noches amiga de Luna espero que pronto te sientas mejor.
—Ten cuidado con las puertas —le aconsejó Luna viéndole ponerse de puntillas para pulsar el botón, viendo las puertas abrirse mientras metía la llave en la cerradura y la giraba—. Y no tardes mucho.
—No lo haré, prometido —acordó Aden asintiendo nada más entrar pulsando el botón del último piso al tiempo que las puertas se cerraban frente a su cara.
Luna que se volvió a mirar a Raven se dio cuenta de como se apartaba con disimulo una lágrima y trató de poner buena cara.
—Es pequeño —le disculpó ella como si necesitase de algún modo exculparle y explicárselo.
Raven que tan solo asintió no le dio más importancia evitando así que se la diese ella, escuchando como Luna daba la vuelta a la llave y abría la puerta encendiendo la luz, haciéndole un gesto para que primero entrase ella.
Raven que se tragó las lágrimas entró quedándose a un lado no queriendo ir demasiado lejos de la puerta.
Había compartido algunas noches con Luna, habían compartido algunas tardes también pero jamás, nunca antes había estado en su apartamento donde ahora mismo se sentía más un estorbo, una intrusa que una invitada.
El lugar para ser un ático era acogedor, bastante más de lo que habría imaginado a decir verdad. Luna no era una persona recargada y mucho menos ostentosa, solía apreciar las cosas sencillas y agradables y ahora comprobaba que en su vida personal era igual.
—No es gran cosa... —mencionó ella al entrar cerrando la puerta y dejando las llaves en el aparador—. Pero a mi me gusta, no necesito un lugar donde perderme...
Resultaba estupendo porque Raven tampoco. A Octavia le gustaban los espacios grandes, cuanto más mejor y llenarlos de cosas que aunque para ella fuesen decorativas, a Raven no podrían darle más igual.
Luna que paso junto al mueble, pulso el botón del contestador mientras se quitaba la chaqueta y la voz que brotó de él sobrecogió el estomago de Raven.
"No tiene mensajes"
—¿Por qué no te sientas y preparo algo de té? —preguntó Luna al fijarse en como ella daba un pequeño bote.
Raven que cada vez estaba más convencida de que no debería estar allí, levantó la vista con los ojos algo lacrimosos y titubeó a punto de hablar.
—Siéntate, Raven —le pidió Luna sin dar lugar a posible discusión alguna.
Raven que se rindió abatida se dirigió al sofá sentándose en él en silencio.
Luna que la contempló unos instantes se acercó a la cocina para preparar la tetera y ponerla a calentar, y en unos pocos minutos salió dirigiéndose a ella.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó Luna extendiendo su mano para ponerla sobre su pierna antes de buscar sus ojos—. Raven, ¿por qué no me cuentas qué te ha pasado?
Raven que cerro sus ojos al escucharla, sintió aún más ganas de llorar. ¿Por dónde iba a empezar? ¿qué le iba a contar? ¿por qué arriesgarse a involucrarla en eso?
—Lo siento, tenías razón Luna... —murmuró ella quedamente sin mirarla—. Solo estoy cansada...
Luna que se fijo mejor en ella no la creyó, jamás antes la había visto ponerse de aquella manera y si, puede que no la conociese hacía tantísimo tiempo como tal vez el resto de sus amigos pero estaba más que claro que le pasaba algo.
Algo bastante importante para no reverlarlo sin más.
—Raven, si no me lo cuentas no podré ayudarte —dijo Luna con preocupación recolocándole con cuidado uno de sus cabellos sueltos tras la oreja—. Cuéntamelo, ¿quieres?...
Raven que la escuchó hablarle así sintió sus ojos llenarse de lágrimas bajando la mirada a sus manos retorciendo una de sus mangas con los dedos sobre su regazo.
No podía contarle nada de todo aquello, no podía hacerlo o tal vez Luna... tal vez él... no podía...
—Lo de la mano no fue un accidente, ¿verdad? —preguntó Luna cautelosa sentada a su lado sin apartar de ella sus ojos.
Raven que sintió una sus lágrimas descolgarse de sus pestañas rodando gruesamente por su mejilla, sacudió imperceptiblemente su cabeza negando con resignación.
—¿Qué ocurrió? —volvió a preguntar Luna con atención.
Raven que no se atrevió a mirarla jugó con un hilito de la venda intentando dejar de temblar.
—¿Recuerdas a Finn? —Luna que se la quedo viendo asintió despacio oyéndola—. Ese chico que te presente la otra noche en la cafetería...
—Si...
Luna que se preocupó al verla temblar así supo enseguida que no le iba a gustar esa historia.
—Raven, ¿qué...?
—Anoche le envié al hospital —murmuró ella sin dejar de mirar sus manos entre lagrimas, sintiendo a Luna tensarse a su lado—. No sé que me paso... no... no sé... él... yo... yo solo... intentó tocarme y me volví loca... —murmuró ella llevándose las manos a la cara cerrando los ojos con fuerza—. Por un momento creí que era él... que... no lo sé...
—¿"Él"?
Raven que la miró afligida no pudo contener las lágrimas que ya mojaban sin control su cara.
—El chico que me llama, el chico que... que me manda todas esas cartas... —confesó ella totalmente destrozada—. No sé porque lo hace, no sé que es lo que quiere pero me tiene muy asustada...
Luna que no sabía nada de aquello, que ni siquiera lo sospechaba se la quedo mirando entre sorprendida y angustiada.
—¿Es por eso que llevas meses tan rara?
—Intento que no me afecte, intento... intento no darle importancia pero... pero no hace más que empeorar... —admitió ella entre lágrimas cubriendo con la mano su cara avergonzada—. Últimamente ya... ya no puedo mas...
—¿Tan grave es? —preguntó Luna cambiando la expresión de su cara preocupada.
Raven que se pasó el puño de la chaqueta por la mejilla para retirarse algunas lágrimas se levantó dirigiéndose al teléfono de Luna. Descolgó marcando el numero de su teléfono móvil y pulso el asterisco en cuanto salto el buzón de voz y entonces, los mensajes del buzón de su propio teléfono móvil comenzaron a reproducirse a través del contestador de Luna.
"Raven... lo intente... intente no hacerlo pero te has convertido en una presencia que lo envuelve todo..."
Luna que sintió un pequeño escalofrío al escuchar aquella pausada y sibilina voz la vio temblar dándole la espalda frente al contestador.
"Eres tú la que me invita a compartir mi propia presencia contigo, Raven... yo sé que lo deseas..."
Otro nuevo mensaje comenzó a reproducirse y aquel pausado tono elevó su voz sobresaltando a Luna.
"¡Tienes que parar ya, Raven!" "¡Tienes que parar! —el estomago de Raven se encogió y las lágrimas llenaron sus ojos contemplando fijamente el teléfono—. ¡Tú sabes que te lo mereces! ¡No puedes apartarme de ti, Raven! ¡No puedes!
La expresión de Luna cambia por momentos y sus labios se entreabren en el sofá presa de la conmoción, y la pasmosidad escuchando como golpea al otro lado el teléfono contra alguna superficie hasta que este deja de sonar.
Otro nuevo mensaje comienza a reproducirse y esta vez la voz parece más serena.
"Sé que vendrás a mi, Raven, vendrás a mi... Tarde o temprano lo harás porque solo yo puedo hacerte feliz... Raven, ¿cuanto tiempo más vas a mantenerte apartada de mi?"
Raven que tembló aún más allí de pie sintiendo como las lágrimas se deslizaban por su cara, cerro sus ojos queriendo desaparecer en lo más profundo de su ser.
"Conozco tu juego... solo intentas provocarme pero no importa, te conozco... tú eres así, no importa lo que hagas yo esperaré... esperaré por ti, Raven..."
La expresión que en el rostro de Luna iba cambiando aún más por momentos se enfocó en el contestador.
"Querías esto, sé que lo querías... conozco esa forma de incitarme, quieres ser mía... lo sé... lo sé todo..."
Otro mensaje siguió al siguiente y la voz pareció alterarse de nuevo.
"¿Por qué has convertido esto en un juego, Raven? ¿Por qué no respondes mis llamadas?" —sonaba aquella extraña voz masculina más enfadada por momentos—. "Hoy te veías tan preciosa con esa chaqueta roja, te queda bien aunque Octavia diga lo contrario... ella no te conoce como te conozco yo.."
Raven que apoyó las manos del mueble necesitando sostenerse entre lágrimas, sentía aquella angustia crecer en su interior sin control mientras el miedo se apoderaba de ella desde lo más profundo de su ser.
"Nadie te conoce como yo... No importa cuanto tiempo tardes en darte cuenta, sé que estamos hechos el uno para el otro, sé que no podrás resistirte a mi..."
Luna que comenzaba a sentir aquella misma sensación fue a decir algo, pero un nuevo mensaje la interrumpió.
"Te he vuelto a ver con Bellamy... ¿por qué te haces eso?... él no te quiere, los que dicen ser tus amigos no te quieren, Raven no como yo a ti... juegan contigo tal como juegas tú conmigo... y aunque no puedas verme estoy justo ahí... No importa lo que hagas... no importa lo que creas te han llenado la cabeza de mentiras... eres solo para mi..."
Los ojos de Luna se humedecieron ligeramente pudiendo sentir aquella amenaza implícita en su voz y no pudo evitar dirigir la mirada hacia Raven que continuaba dándole la espalda abatida.
"¿Por qué has hecho eso?... ¿por qué has acudido a la policía?... ellos no pueden ayudarte Raven, no pueden a menos que yo diga que voy a matarte y jamás me oirás decir eso... no podrán separarnos, Raven... ninguna chica jamás me ha hecho sentir tan conectado... eres mi regalo Raven, por eso voy a envolverte... te envolveré y siempre estarás ahí para mi..."
Aquello hizo que Luna se levantase del sofá tambaleándose ligeramente abrumada mientras una lágrima recorría en silencio su cara presa de la angustia y la tensión, aquella voz... aquella... susurrante y sibilina voz... daba auténticos escalofríos...
"Yo sé que quieres que te ame, me lo pides con tu mirada... me lo pides con tus actos y voy a amarte, Raven, voy a amarte porque debemos estar juntos... no importa que pretendas alejarte, no importa que cambies tu teléfono... serás mías, porque sé que lo deseas... nadie va a quererte como lo hago yo..."
Raven que parece sumida en el más profundo dolor tiene la mirada fija en el suelo ahora mientras el sabor salado de sus lagrimas moja sus labios provocando en ella una soledosa sensación de desconexión.
"¡Lo sé, lo sé todo Raven! Has intentado dejarme fuera, ¿por qué has hecho eso?" —dijo en un nuevo mensaje la voz más duramente constante—. "Hoy te he visto en los pasillos, estabas abatida y yo sé porque, echas de menos mi presencia... echas de menos sentirme a tu lado... sé que quieres eso, pides a gritos que te aparte de aquellos que fingen ser tus amigos..."
Luna que cambió aún más su expresión se dirigió al teléfono escuchando saltar un nuevo mensaje.
"No importa con que Lexa diga, ella no sabe lo que te conviene, no te ve como te veo yo... solo quiere que le prestes atención, no es tu amiga... tú no tienes amigas... nadie de ellos presta la debida atención, yo jamás te haría eso... ¿por qué te empeñas en no prestarme atención?... "
—Raven... —murmuró entrecortada Luna al llegar a su lado totalmente conmocionada y boquiabierta.
—¡Solo retrasarás lo inevitable, Raven! ¡Descuelga el maldito teléfono! —gritó nuevamente la voz completamente furiosa a través de otro nuevo mensaje—. "¡Sé que estás ahí! ¡Sé que estás en casa! ¡Descuelga el teléfono, Raven! "¡Descuelgalo o...!
Luna que se sobresalto asustada se dirigió inmediatamente al contestador pulsando el botón que acallase todo aquello y dirigió la mirada a Raven que parecía estar completamente destrozada.
—Tenemos que ir a la policía, tenemos que... que hacer algo... —anunció entrecortada asimilando aún en su mente todo lo que recordaba haber oído.
—Ya lo he hecho, no pueden hacer nada —murmuró Raven cerrando sus ojos con pesar mientras las lágrimas caían sin control por su cara hasta manchar el cuello de su sudadera—. No hasta que me amenace de muerte o hasta que...
—¿Cuánto tiempo? —la interrumpió Luna quedándosela viendo sobrecogida—. ¿Cuanto tiempo llevas así?
—Siete meses... —respondió Raven entre lágrimas completamente abatida. Quizás los siete meses más largo y detestables de toda su vida.
Apenas había comenzado, ella había ignorado las llamadas y había colgado el teléfono tras contestar más de una vez no teniendo ni idea de quien estaba detrás de todo aquello.
Le había parecido una broma pesada después de unos días pero cuando comenzó a encontrar anónimos en su taquilla, y cartas pegadas a la ventana de su habitación, supo que aquello era serio.
Acudió a la policía y les mostró las llamadas grabadas de su teléfono, llamadas que inteligentemente no se había atrevido a hacer directamente al teléfono fijo para que Octavia o alguien más no contestase casualmente y le descubriesen.
El inspector que había hablado con ella, al principio le había dicho que posiblemente fuese tan solo un acto que quizás ella había provocado de alguna forma. Algún desengaño amoroso, alguna cita fallida en la que el chico tal vez se habría molestado que no le diese importancia que se cansaría.
No fue así, cada vez iba más a peor y cuando acudió por segunda vez a la policía, le dieron el nombre de un inspector especializado en casos de aquel tipo. Porque aunque Raven prefiriese no reconocerlo, era un caso. "Una situación desafortunada" tal como le había dicho el inspector Sinclair, "una que por desgracia iba a tener que aceptar que sufría tarde o temprano". Le había dado su numero, y le había pedido que acudiese a él siempre que le necesitase.
Raven había guardado su tarjeta y se había marchado de allí con la sensación de que no iban a hacer nada para ayudarla.
Las llamadas habían sido hechas desde cabinas, y no habían encontrado una sola huella en las cartas y las notas. Por supuesto, la gran mayoría hechas a ordenador.
Era un tipo listo... muy listo... a decir verdad o no se tomaría tiempo en ser cuidadoso, pero lo peor de todo era que no tenía ni idea de quien podía ser.
Antes de toda aquella locura era una chica normal, extrovertida, alegre. Iba a clase cada día, salía con sus amigos. Estaba centrada en los estudios, tenía de vez en cuando alguna cita que Octavia se empeñaba en organizarle y ella y Lexa solían salir mucho de fiesta juntas como cuando eran más crías.
Su vida no era perfecta pero iba bien, antes de todo aquello su vida iba bien.
Era "feliz" y ahora... ahora era incapaz de soportar su día a día.
Las horas se le hacían eternas, la tensión, la angustia y el miedo constante le atenazaban el estomago provocando que apenas pudiese comer y que apenas pudiese dormir.
Había comenzado a divagar, a flojear, a ausentarse de casa y de clase cada vez más. A alejarse de sus amigos y a frecuentar lugares en los que jamás pensó verse antes, todo con tal de escapar de la realidad.
La devastadora presión había hecho mella en ella cambiando no solo su forma de actuar, sino también su forma de pensar.
Cada vez tomaba mayores riesgos, mayores excesos sin reparar en las consecuencias.
Sentía su vida cada vez más fuera de control y aquello estaba destrozándola de horrible manera.
La noche pasada había ido a cenar con Finn, un chico con el cual había tenido que hacer un proyecto de clase que el profesor de ingeniería mecánica le había pedido y en el cual no le había costado nada colaborar.
Habían quedado un par de veces en el Arkadia para tomar algo y ultimar los detalles del proyecto, le había caído bien. Inteligente, despierto y divertido había centrado su atención principalmente en el proyecto y tras compartir horas juntos en algún momento le había pedido salir.
Le apetecía hacerlo, Finn no solo le atraía, la distraía y eso era algo que anhelaba como nada en el mundo en aquellos momentos.
La cena había ido bien, la cita había ido bien pero le había preguntado el porque no había respondido al móvil ya que necesitaba algunos datos sobre el proyecto y Raven se había tensado. Había inventado excusas tontas, bagatelas que no habían terminado por resultar convincentes, no después de tantas llamadas en la mañana y la tarde y por las cuales había terminado por desmantelar el móvil y dejarlo escondido.
Habían seguido charlando un rato más pero en algún momento Finn debió hacer algo que la hizo saltar al intentar besarla porque terminó agarrándole con fuerza del pelo y golpeándole la cara contra el volante con tanto ímpetu que con su mismo anillo se cortó antes de salir del coche de mala manera.
Finn que gritó salió también del coche enfadado sosteniendose la nariz la cual sangraba a chorros exigiendo explicaciones a gritos, bastante más enfadado de lo normal
Raven le había increpado, incluso en algún punto le había lanzado uno de sus zapatos mientras alguien que debía haber contemplado todo avisaba a la policía y estos llegaban en pocos minutos allí.
Finn había terminado en el hospital y ella detenida por agresión.
¿Qué demonios estaba haciendo con su vida? ¿por qué ese alguien se empeñaba en destrozarsela de aquella forma? ¿por qué ese acoso?
No lo entendía, no entendía nada. No quería entenderlo, quería terminarlo. Quería acabar con él, quería acabar con todo e incluso quiso hacerlo pero Lexa llegó a tiempo y no tuvo ocasión.
No era la primera vez, unos años antes Lexa la había encontrado en el baño de la casa tutelada que las acogía a ambas con una sobredosis de pastillas.
Acababa de descubrir que Bellamy, el chico que habían enviado allí unos meses tras pillarle atracando una tienda y con el cual salía, la había estado engañando con otra y cuando el hermano de la chica en cuestión se entero, se lo hizo pagar a él a través de ella.
De no haber sido por la ayuda y constancia de Lexa, probablemente Raven habría muerto allí.
Aquello las unió más, convirtiéndolas en buenas amigas.
Bellamy jamás se entero de ello ya que Abigail, la tutora que les tenía bajo supervisión en aquel momento se encargo de tratar ese asunto de forma discreta y dadas las circunstancias y el tiempo que Raven se vio obligada a pasar internada en el hospital, Bellamy creyó que realmente alguna familia había terminado acogiéndola.
Lexa le detestó durante algún tiempo pero una noche, él terminó en algún punto hablándole sobre ella y sobre lo mucho que lamentaba haber sido un idiota con ella.
Cumplió los un par de meses más de condena y se marcho de allí y por casualidades del destino terminaron compartiendo instituto ya que la madre de Octavia y Bellamy, le matriculo allí a condición de volver a aceptarle en casa tras meses de ausencia.
Haber vuelto a acostarse con él había sido algo con lo que no contaba, algo que tampoco esperaba.
Se llevaban bien, Octavia con el tiempo había pasado de ser una buena amiga a casi una hermana y se había acostumbrado a tolerar la presencia de Bellamy a su alrededor con el tiempo.
Había llegado a no importarle el tenerle cerca, no eran amigos pero formaban parte del mismo grupo. Octavia, Bellamy, Lexa, Clarke, Lincoln y él eran un conjunto al que de cuando en cuando se añadía más gente.
Amigos y gente de los cuales Raven había comenzado a distanciarse con el afán de mantenerles fuera de toda diana y de todo lo que conllevase aquello.
Creía poder manejarlo sola, creía quizás que con el tiempo se cansaría y desistiría tal como Sinclair le había dicho pero no había sido así y las cosas iban de mal en peor.
Había llegado un punto en el que había tocado fondo, y en el que ya no sabía que hacer.
Aquella situación la había superado y había hecho algo que sencillamente habría deseado no tener que hacer, involucrar a Luna.
—¿Siete meses? —repitió Luna tocada al escucharla—. Raven...
—Lo sé... —murmuró abatida ella pasándose la mano por la cara sobrepasada entre lágrimas.
—¿Y Octavia qué dice? —preguntó preocupada Luna ya que compartían apartamento y debía haber notado aquello ya, ya que además compartían una estrecha amistad.
—Ella no lo sabe —murmuró Raven bajando la mirada con dolor al suelo—. Nadie más lo sabe...
Luna que cambió súbitamente la expresión de su cara se dio cuenta de la magnitud que había tomado todo y de lo tremendamente mal que Raven había debido pasarlo durante todo aquel tiempo donde había enfrentado sola todo aquel miedo y tanta calamidad.
—Oh, Raven... —le dijo Luna rodeándola con sus brazos y estrechándola contra si, queriendo consolarla de algún modo. Debía haberlo pasado tan mal.
Raven que sintió aquel tan necesitado abrazo, cerro sus ojos mientras volvían a llenarsele de lágrimas al sentirse tan vulnerable e indefensa no solo ante Luna, sino también ante si.
—No puedo más Luna... no... no puedo... —se afligió ella rompiendo a sollozar sobre su hombro totalmente abatida—. No puedo seguir así...
Luna que sintió aquel dolor casi como suyo quiso encerrarla, protegerla y guardarla dentro de si.
Tenía razón, no podía seguir así. Aquella situación debía ser insostenible y debían encontrar una manera de ponerle fin.
Abrazándola con fuerza acarició su espalda queriéndola reconfortar y que se sintiese bien allí, necesitaba llorar, necesitaba sacar fuera todo ese dolor o la devastaría.
—Tranquila, Raven, no te va a pasar nada... —prometió ella en un murmullo en su pelo—. No estás sola, yo estaré aquí... —murmuró posando los labios sobre su pelo cerrando sus ojos al sentirla llorar así—. Yo cuidaré de ti...
Fuese como fuese, nada malo le ocurriría...
La protegería con todo su corazón...
Continuara...
