Ok, bien...
Ok. Bien. Dije que era una historia de tres partes pero en el proceso creativo de esas tres partes pasa que me desconcentré, me distraje, y, honestamente, ya no recuerdo qué demonios era lo que iba a poner en la tercera parte. OhcielosOhcielosOhcielos. EJEM. Esto me va a tomar más tiempo de lo que en un inicio pretendía. Gracias por leer yyyyy, una disculpa. Enorme. Del tamaño del mundo. Bye.
Que disfruten su lectura.
Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece.
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Paso II. Pegar.
Por Blue-Salamon.
La reunión con Eri no fue muy bien. En realidad, si Monoma tuviera que describirlo, la calificaría de pobre; una cita concertada sin demasiados resultados.
« —Me temo que no podré ser de ayuda, Eraser. »
En sus manos, sin embargo, permanece el cosquilleo de la activación de su poder al copiar otro. Y en su memoria aún está, intacta, fría y cruel, la sombra bajo la que todavía parece vivir una pequeña niña que ni siquiera alcanzaba aún su primera década de vida.
Y Monoma. Monoma no se sintió nunca más impotente que cuando notó que no podía hacer más por esa niña.
Aizawa se había encargado de llenar los huecos de la información que Itsuka le había podido compartir, por lo que la situación se había pintado de colores más gruesos y violentos. Naturalmente, en verdad deseó poder ayudar a una pequeña niña en apuros. Pero en vista de que su habilidad era cual; no podía hacer menos que observarla y comprender algo de la molestia causada a través de su cuerno imitado y pensar que tal vez la pequeña vivía bajo un constante dolor e intimidación por su propio poder, sintiéndose presente —e incontrolable— todo el tiempo.
—No puedo saberlo con certeza, pero tal vez a ella le moleste —es lo que puede decirle al profesor encargado de la clase A, con respecto a Eri, su cuerno y su poder. En ese momento, no se atreve a preguntarle directamente a la niña, por lo que le deja ese trabajo al mayor mientras da por concluida su intervención y, con aún algo de frustración en su ser, se marcha.
Llegando al edificio de su clase no se encuentra con una bienvenida ni nada por el estilo, estando el ala principal desierta. Al dirigirse a la cocina, sin embargo, se encuentra a Kendō, Setsuna y Yanagi por un lado y por el otro están Shishida, Awase y Tsuburaba ahí sin más, haciendo el almuerzo con bolas de arroz y usando unos delantales que no estaba seguro fueran totalmente de ellos.
—¿Y los demás?
—Entrenando, por supuesto.
Por supuesto.
Kendō parece querer ir a decirle algo pero él tan solo lo obvia y evita mirarla más, centrándose en su compañero, Jurōta, antes de dictar: —entrenamos juntos, Shishida. ¿Con quién habías hecho planes para entrenar?
Sus palabras suscitan interés en sus compañeros, que dejan un momento sus actividades para volvérselo a ver. Hasta que es Jurōta el que acapara la atención al comenzar a hablar: —Iba a pedirle a Tsuburaba que-
Shishida continúa explicándose y a Kōsei le suena bastante bien lo que menciona sobre combinaciones con él, que no le importa mucho si el muchacho de apariencia bestial estuviera hablando al aire y se añade sin pena a la conversación que le incumbe; ambos se enfrascan en una charla sobre movimientos y técnicas en conjunto a la que Setsuna no tarda en agregarse con entusiasmo. Awase se sigue haciendo las bolas de arroz y viendo que ya nadie le ayuda, Reiko se acerca a hacerlas con él. Kendō, por su lado, se mantiene mirándolo a la expectativa. Pero como Monoma se abstiene de siquiera mirarla, al rato se le acerca ella por cuenta propia: —Monoma-
—Dame diez minutos con tu poder y cinco más para aclarar detalles. También quiero pedirle a Ibara, Pony, Fukudashi y Kamikiri sus poderes prestados.
Los chicos vuelven a quedarse en silencio al escucharle hablar sobre sus especificaciones. Mas Setsuna es la única que consigue formular una sonrisa, inclinándose con una mano en la cadera; su cabeza reposándola sobre su otra mano hecha puño, su codo apoyado en la mesa. —Vaya. Alguien está haciendo planes macabros otra vez...
La chica se ríe al ver como al resto eso parece erizarlos como gatos, de pronto alertados por una amenaza venidera. Mientras que Monoma le regresa su gesto travieso con una sonrisa enigmática. Entonces, un par de ojos salen volando y revolotean alrededor del rubio. Luego también la boca se acerca por sí sola y dice algo de que « tiene curiosidad » y Tsuburaba da un paso hacia atrás, con la piel de gallina intentando disimular su breve estremecimiento, y evita por todos los medios ver las partes dispersas del cuerpo de la chica.
Monoma tuerce una mueca, entrecierra los ojos y trata de picar alguno de los que lo analizan revoloteando, curiosos, incitándole a que le cuente: —Eso es información clasificada, Tokage —la interrumpe en su cantaleta infinita para sacarle información. Entonces no tarda en recibir un gesto medio indignado, medio burlón, cuando Setsuna repite « ¿información clasificada? » y le echa una mirada a Kendō que elocuentemente le pide con gestos que regrese a completarse ella sola, cosa que Monoma pasa por alto e interrumpe continuando: —Pero, puedo asegurarles que no es nada macabro del todo —y a ninguno le sorprende que ya no hable tan solo para Tokage, sino que para todos en general; teniendo bastante claro que la atención de ellos se había quedado en él con preocupaciones que Monoma consideraba un tanto absurdas y exageradas—. Tan solo quiero investigar un poco sobre los poderes que no puedo copiar.
La chica vuelve a completarse a sí misma tan sólo después de asustar al pobre Tsuburaba, dejándole su brazo solo en los hombros y picándole una mejilla con el dedo suelto de la misma mano.
—¿Y el mío no se incluye en tu investigación? —le pregunta Tokage, divertidísima con la situación. Sabiendo el aprieto en que ponía a algunos cuando manifestaba su poder.
Monoma la mira con expresión de disgusto y suelta un par de risas falsas: —tu poder sí puedo copiarlo. Solo no me gusta la idea de desmembrarme a mí mismo.
—Pues, por eso, ¿no?
Setsuna se burla y tanto Awase como Kendō tratan de disimular la sonrisilla que se les ha puesto en la boca. Tsuburaba no puede reírse tan solo porque aún está muy perturbado con el chistecito de la chica colgándole el brazo; solo su brazo; a los hombros.
—Listo —la declaración de Reiko en voz suave es lo que da fin al interludio de ellos y con la comida lista para el resto de sus compañeros, parten al edificio reservado para que puedan llevar a cabo su entrenamiento; la comida se queda en un rincón a esperar a que terminen y llegue la hora del almuerzo.
Para entonces, Kendō no ha tenido ni una sola oportunidad de preguntarle a Monoma ni por sus intenciones con sus compañeros, ni por su colaboración con Aizawa en el asunto de Eri. Y cuando hace el intento: —Monoma, ¿podemos-
—Shishida, Ibara, Pony, Fukudashi, Kamikiri —entre algunos con mala cara y otros que tan solo se vuelven a mirarlo con interrogantes, otra vez, Monoma vuelve a ser el centro de atención de la clase—. Gracias por su colaboración.
Y no es que Monoma haga en realidad un gran esfuerzo sobre ello, o que a él le parezca la gran cosa incluso cuando, definitivamente, no es su costumbre esa la de andar dando las gracias de aquella manera. Pero su cabeza hasta se inclina un poco y el resto de sus compañeros se queda boquiabierto, se atraganta o llega a dejar botado lo que sea que estuviera haciendo para echarle una mirada de incredulidad.
Monoma los ignora deliberadamente, y sus ojos se encuentran con los de Kendō, como si no fuera suficientemente surrealista, juntando sus manos como si estuviera dando una plegaria: —¿puedo dejar hasta aquí el entrenamiento de hoy, presidenta?
Kendō parpadea. ¿Monoma en serio le acababa de pedir permiso para... acabar el entrenamiento antes que todos?
—Ehh, ¿sí?
Y dejando de lado si en realidad no estaba actuando como él, fue lo único que Monoma necesitó para echar a andar fuera del campo de entrenamiento reservado para su clase. Kendō no espera medio minuto más para apresurarse a seguirlo y colgársele casi del hombro con una mano, buscando detenerlo antes de que consiguiera escapársele. De nuevo.
—Oye, oye, oye. Espera —Kendō coge aire y una vez resuelto el asunto de conseguir dejarlo quieto, aparta su mano prontamente—. Deténte ahí mismo Monoma, necesito hablar contigo antes de que cualquier otra cosa pase.
Monoma se devuelve a la chica sin más opciones, configurando una sonrisilla de inocencia que a Kendō casi la hace reírse.
—¿Qué sucede, jefa? —su desdén, sin embargo, es claro. Pero Kendō considera que eso es un poco más como él que sus agradecimientos y peticiones pasadas—. Hoy me he comportado bien y he ayudado a mis compañeros incluso con lo difícil que puede ser entender el alcance de sus poderes con mi particularidad, ¿hay algo de malo en eso?
Es una trampa. Kendō sabe que esa es una pregunta con trampa y en su cabeza se dice que sabe exactamente cómo manejar a Monoma. A ese Monoma. Pero algo en ella se descompone porque no le cuadra del todo lo que el rubio hace. Lleva todo el día esquivándola con habilidad y ahora se hace deliberadamente de una apertura reconocible que la deja extrañada.
Kendō no entiende si lo que Monoma quiere es que ella se entere o no y si lo que necesita es su ayuda o tan solo quiere que lo deje en paz, así que. Se queda callada por unos cuantos segundos, sin saber exactamente qué decir o por dónde empezar.
—Ahh, ¿sí? Quiero decir —se interrumpe a ella misma antes de dejarse llevar por la premura que Monoma expresa sin ninguna palabra por sacársela de encima y continuar con lo que sea en lo que ahora esté envuelto—, técnicamente, no hay nada de malo —algo en su garganta se atora al tener los ojos de Monoma viéndola un tanto expectantes; otra chispa de una expresión que la hace sentir como si de pronto fuera una especie de entretenimiento para él, que parece tanto divertido como curioso cuando enarca las cejas y ella tiene que hacer su mirada a un lado sintiendo que se sonroja—, excepto cuando en la ecuación estás tú —Kendō frunce sus cejas y se traga sus nervios, antes de volver a mirarlo— y que nunca te había interesado probar con poderes que claramente no puedes copiar de la manera correcta.
Kendō señala. Y Monoma asiente, con cuidado, su cabeza moviéndose de arriba hacia abajo lentamente; su boca adelantándose a abrirse antes de que diga ni una palabra, antes de siquiera saber bien qué irá a decir; al final se encoge de hombros, de pronto, y suelta: —Sí. Tenía curiosidad y quise enfrentarme a un desafío —le resta importancia.
Por supuesto, Kendō no le compra aquella respuesta. Pero bien sabe que no lo va a sacar de ella: —¿bien? Bien —así que imita su gesto desinteresado, un tanto impaciente; más con ella misma que con Monoma—. Y bueno, ahora tu plan es... ¿marcharte? ¿Dejar el entrenamiento a medias? —su ceja se arquea, tan solo, sus palabras siendo bañadas con el tono de la incredulidad. Kendō sabe que eso no es a lo que quiere llegar; pero Monoma la ha confundido tanto con su actitud que se siente, torpe. Pisa en nuevo terreno, con un Monoma que ella no creía conocer.
Monoma calcula sus siguientes palabras y el efecto que tendrían en ella, así que, después de poner los ojos en blanco, juega a sacarse mugre de las uñas antes de dejar salir: —el entrenamiento físico es solo una parte del entrenamiento que debe tener un héroe, sobre todo uno como yo, que necesita pensar en tácticas para sacarle el mayor provecho a su poder y el de otros.
Kendō aguanta la respiración antes de dejarla ir en un suspiro: —a la biblioteca, ¿estarás en la biblioteca? —y cuando se lleva la mano a la frente, pegándose un pequeño golpe, es tan solo ella misma diciéndose que eso no es a lo que quiere llegar. « Concéntrate, mujer » y se soba el entrecejo.
Monoma deja a su cabeza responder por él con un movimiento afirmativo, ignorando el breve vuelco que da su corazón —por sentirse atrapado, se excusa él mismo—. Pero Kendō sólo sonríe hasta que obtiene un sí de su boca. Y Monoma no sabe bien dónde mirar cuando sabe que no debe verle la sonrisa o los ojos que se suavizan en su mirar con aquella amable curvatura de labios.
—¿Cómo te fue?
Es una sonrisa amable que a Monoma no le advierte de ninguna forma de lo que ella le va a soltar. Kendō se felicita una vez que consigue alcanzar el meollo del asunto y no repara en su falta de tacto hasta que observa a Monoma puesto en un aprieto.
—Ehh...
Su incomodidad, de hecho, es evidente, cuando Monoma apenas intenta desentenderse.
—No necesitas decir mucho sobre Eri-chan —Kendō se apresura a aclarar—, solo quiero saber si pudiste ayudar a Aizawa-sensei con lo que quería que lo ayudaras.
Monoma mantiene su mirada fija en un punto muerto por el suelo un tiempo. El tiempo suficiente para que Kendō elabore teorías.
—Aún estoy en eso —le cede, después de haber negado con la cabeza y que la frustración le hiciera fruncir los ojos; sus manos también hechas puño. Exhala un último suspiro incómodo antes de volverla a mirar: —¿me vas a dejar ir o seguirás desconfiando de lo que hago como siempre?
Kendō se endereza y abre grandes los ojos antes de que de su boca, repentinamente apretada, se suelte una risa escueta, cuando luego dice: —no desconfío de ti, Monoma —ella misma se dice que, técnicamente, eso es verdad; a veces solo confía mucho en que Monoma hará algo que no debería de hacer (aunque esa no parecía ser una de esas veces)—. Todo lo contrarío. Por eso quise ayudarte y preguntar también.
A Monoma le parece increíble que así nada más Kendō pueda comportarse tan cándida como solo ella y de la nada afirmar sus, por lo que parecían, buenas expectativas con respecto a él.
—¿Que no era una persona perversa? —se burla, un poco; sarcasmo algo agresivo en alguna parte envuelto dentro de sus palabras.
Kendō ladea la cabeza antes de sonreír, sonreírle. Quitada de la pena.
—Eres una persona perversa, claro que sí —asiente para sí misma, yendo a fruncir el ceño de un momento a otro—: Siempre tienes más de una intención para hacer cualquier cosa y varias de ellas suelen ser en tu propio y único beneficio.
Aquello parece un reclamo. O un regaño, típico de Kendō. A Monoma no le sorprende escucharlo. Lo que sí lo sorprende es que hasta ahí no se haya terminado su discurso, porque de pronto Kendō cierra los ojos generando un expectante silencio cuando sus labios se aprietan y de un momento a otro recupera su misma sonrisa sin pretenderlo, cuando el aire se le escapa de los pulmones con la exhalación de una risa muy corta.
—Pero... —Kendō descubre su mirada para volver a verlo a los ojos—, muchas otras también son para el beneficio de alguien más. Y —ella alarga una mano para inusitadamente, de la nada, regresarle uno de los cabellos del flequillo a su lugar al chico—, considerando que quieres ser un héroe y no un villano, habla de que eres más... bueno que malo —carraspea, llevándose las manos hacia atrás de ella misma, balanceando su peso de un pie a otro y luego quedándose con uno pisándose la punta del otro ligeramente; es Itsuka revoloteando y sintiéndose como si acabara de perder la cabeza por unos instantes— y a final de cuentas, te gusta ayudar —porque está nerviosa y su cuerpo se mueve como si estuviera—, ¿no es así?
Es un pestañeo furtivo, lo que hace que Monoma no sepa muy bien cómo responder que. No, pero sí. No sabe porque ni siquiera él entiende bien qué es lo que lo impulsa a querer ponerse al lado de alguien y explicarle lo que no entiende, así mismo como lo que lo hace querer imponerse y mostrarse como alguien superior a los demás.
Y siente que se atraganta. Hombre, no sabe ni siquiera qué es lo que lo tiene tan nervioso y poco elocuente. Que primero asiente, luego niega. —Nah, no es...
Mentira, sí que lo sabe. Claro que lo sabe.
Kendō es muy lista. Una chica demasiado. Demasiado... para alguien como él.
—Eres... demasiado... amable, Kendō —Monoma traga saliva, lastimándose con el nudo en su garganta en el proceso—. Yo no.
Y. Debe de ser que hay algo raro en el ambiente. O algo que Kendō no sabe siquiera cómo explicar, lo que intuye que está ahí frente a ella, con Monoma siendo tan vulnerable y tan distinto. Tan inquieto y poco, capaz de reconocerse a sí mismo.
La locura se le escapa e incluso antes de que pueda preverlo cualquiera de los dos, ella hace un pequeño golpecito en la barbilla de Monoma, llevándola hacia arriba, alzándole el rostro. Acorta la distancia y le besa los labios.
—Tú sí —dice, tan solo un momento después—. ¿Por qué crees que Aizawa-sensei te pidió que ayudaras a una niña en la situación de Eri?
