Aquella llamada había hecho que Lexa lo dejase absolutamente todo incluido el estudiar para los exámenes para encontrarse con Raven en el apartamento de Luna.
Escuchar al fin su voz después de tantas horas de búsqueda la había tranquilizado en un primer momento, pero la conocía demasiado bien como para saber que algo no andaba del todo bien con ella.
Luna se había despedido de Raven para acudir al hospital pues tenía que cubrir el turno de noche junto a Clarke, y tras mucho hablar con Raven había convencido a la morena de que le contase a Lexa lo sucedido.
No había sido fácil en principio pero Luna resultaba ser buena mediadora. Había logrado que Raven calmase sus miedos y viese las cosas de otra manera actuando en consecuencia.
Lexa llego puntual tal como ella la esperaba y en cuanto Raven abrió la puerta, los brazos de la morena la rodearon en un apretado abrazo tan lleno de aprensión y angustia que ni Raven espero.
—Raven —murmuró Lexa al separarse buscando sus ojos sin soltarla—. ¿Se puede saber qué está pasando? ¿por qué estás aquí? ¿que pasa entre tú y Bellamy? ¿es verdad que os habéis acostado? ¿por qué demonios tenías el teléfono apagado? ¿y por qué no has venido a mi casa en lugar de venir a la de Luna? ¿estás bien?
Raven que se la quedo mirando algo aturdida por tanta pregunta tenía tantas cosas que contarle, tantas cosas que explicarle que iba a tener que reunir todo el valor que le era posible para hacerlo.
—Raven, ¿estás bien? —insistió Lexa atropelladamente al no recibir respuestas.
—Ahora lo estoy —contesto Raven tranquilizadoramente haciéndola entrar antes de cerrar la puerta del apartamento de Luna—. Lexa, hay... hay algo que he de contarte, siéntate por favor.
Lexa que se la quedo viendo supo de algún modo que aquella conversación no iba a gustarle y tragando despacio, se adentro en el salón sentándose frente a ella en el sofá.
—¿Qué ocurre? ¿Es por lo de Bell?
Raven sencillamente sacudió la cabeza débilmente, ahora mismo Bellamy era la menor de sus preocupaciones.
—No, no es eso. Hay algo importante que debo decirte, algo que sé que te va a molestar y de lo que no estaba preparada para hablarte.
El rostro de Lexa cambió tácitamente al oírla.
—¿Ha... ha ocurrido algo con Abby? ¿ella está bien? —ya que mantenían contacto con su antigua tutora, acudiendo a su mente algo peor—. No estarás embarazada, ¿no?
Raven que la escucho decir esas cosas se apresuro a negar con la cabeza, tranquilizándola al acercarse para sentarse a su lado.
—No, no. No es nada de eso, no tiene nada que ver con eso.
—Entonces, ¿qué es lo que va mal? —preguntó Lexa insistente y angustiada expectante.
Raven que evito mirarla no sabiendo bien como comenzar a contárselo trago nuevamente sintiendo sus manos temblar.
—Mírate, estás temblando Raven —dijo Lexa alcanzando sus manos para calmarla fijándose en la que tenía vendada—.¿Y esto? ¿qué ha ocurrido? ¿no habrás... no habrás intentado...? —el rostro le cambio en cuanto elevó su mirada queriendo encontrar sus ojos—. No lo habrás intentado de nuevo, ¿no?
El temor se apodero de Lexa en cuanto la imagen de Raven años atrás inconsciente en aquellos baños del centro de acogida que compartían apareció en su mente, y le encogió el estomago y el corazón.
Raven que se dio cuenta de lo que podía estar pensando, negó rápidamente.
—No, no. No es eso, cálmate. Yo...
—¿Tú...?
—No sé ni por donde empezar, Lexa —dijo Raven viéndola con inseguridad a los ojos a su lado—. Pero antes de que te cuente todo, necesito que me prometas una cosa.
—¿Qué cosa es esa?
—Que no te vas a enfadar, que no vas a poner el grito en el cielo y sobretodo que no vas a hacer nada ni a precipitarte. Prométemelo.
Lexa que se la quedo mirando largamente definitivamente supo que no le iba a gustar todo aquello pero accedió a fin de obtener respuestas y dejar atrás toda esa angustia.
—Te lo prometo.
—Bien, porque voy a necesitar que conserves la calma con todo esto para no perderla yo —repuso Raven tomando aire a punto de contarle todo cuanto había estado haciendo su vida pedazos aquellos últimos meses, pero sobretodo apartándola de ella y de quienes quería.
Lexa iba a tener que aceptarlo sin más y aunque Raven era consciente de su explosivo carácter, confiaba en que la morena cumpliría su promesa. Necesitaba que lo hiciese y que la apoyase en todo aquello en lugar de complicar la situación aún más.
Había llegado la hora de sincerarse con su casi hermana y poner las cartas sobre la mesa. Ocultándole la verdad solo la exponía, no la protegía y Luna bien sabía eso pues con su ayuda Raven lo había sabido entender y siempre le estaría agradecida por ello.
Continuara...
