NA: Aquí traigo un capítulo más de esta loca historia. ¡Muchas gracias a todos los que siempre dejan review y me hacen llegar sus impresiones sobre el rumbo que va tomando esto! De verdad, ayuda mucho a mi inspiración y ganas de seguir.

Gracias por vuestro tiempo.

Recomendación musical: "Winter", Birdy.


Capítulo 7:


Día 14.

Lo primero que encontraron fue una tienda de ropa. Hermione reconocía el nombre de la misma, aunque rara vez había comprado algo ahí cuando pasaba las vacaciones con sus padres. Era una tienda de moda donde todos los jóvenes compraban lo que supuestamente estaba "a la última". Por supuesto nunca coincidía con su estilo de simples vaqueros, camisetas anchas y sudaderas. Nunca se había explicado cómo se las arreglaban los chicos y chicas de su edad para ir todos igual vestidos. Ella siempre había preferido pasar desapercibida, ser fiel a su propio estilo. No dejarse influenciar.

Draco hizo saltar por los aires el candado de la reja, luego movió la varita para deslizarla hacia arriba y usó un simple "Alohomora" para abrir la puerta de la tienda. Dio un respingo cuando la alarma empezó a sonar, pero la desactivó al momento. También hizo que las luces se encendieran cuando pasaron dentro.

—¡Joder!

Todo fue muy rápido. Hermione vio pasar una luz violeta junto a ella, tan cerca que pudo sentir la energía desprendida por el hechizo erizar el vello de sus brazos.

Un maniquí salió volando unos metros más allá e impactó contra una columna de la tienda.

Cuando recuperó la calma y pudo asimilar lo que había pasado, se volvió muy lentamente hacia Malfoy.

—¿Qué haces? —preguntó, vocalizando más de lo necesario las palabras para hacerle ver lo ridículo de la situación.

—He visto esa cosa sin rostro y me he asustado —respondió él.

Ella resopló.

—Esa cosa se llama maniquí, y se usa para que la gente pueda ver cómo quedaría la ropa en un cuerpo humano.

—Eso parecía de todo menos humano —se quejó.

Hermione rodó ojos y cogió una cesta antes de irse directamente a la sección de camisetas básicas. Empezó a buscar su talla entre ellas.

—¿Y así reaccionarías si nos encontráramos de repente con otra persona? —Draco la miró entrecerrando los ojos, pero ella estaba demasiado ocupada intentando encontrar algo que le valiese como para darse cuenta de ello—. Es decir, imagina que vamos andando por la calle, doblamos una esquina y, ¡sorpresa! aparece alguien sin haberlo visto venir. ¿También le aturdirías? Porque el objetivo de esto es encontrar a alguien más para dar con una solución, no matar a las pocas personas que podamos quedar.

Él puso los ojos tan en blanco que casi le dolieron. También cogió una cesta del montón del que la había tomado ella.

—No hagas un drama de esto, ¿quieres? —caminó unos pasos en su dirección. Parecía un poco desorientado—. ¿Y para mí?

Hermione acababa de echar una camiseta blanca de manga larga a la cesta cuando levantó la vista para mirarlo.

—Oh, la ropa de hombre suele estar al fondo —dijo ella.

Él desapareció, dejándola con su difícil tarea de encontrar algo cómodo y calentito en una tienda de moda juvenil. Se dirigió a la zona de los pantalones y encontró unos jeans elásticos que parecían cómodos. La indecisión se apoderó de ella cuando encontró su talla y lo sostuvo un poco alejado para verlo mejor. El pantalón le parecía grande. Tenía la sensación de haber adelgazado en los últimos días. Encogiéndose de hombros, echó el pantalón de su talla en la cesta y metió también uno un poco más pequeño. ¿Para qué probárselo allí si podía llevarse ambos y utilizar el que más le conviniera? No iba a costarle dinero alguno.

Encontró unos cuantos modelos más que también le gustaron, así que cogió un par de cada uno sin remordimientos. Luego caminó por la tienda hasta dar con una superficie con un letrero en color rojo que indicaba que todas las prendas allí amontonadas estaban al cincuenta por ciento. Fue directa a mirarlas. Por lo general lo que la gente no había querido comprar era exactamente lo que ella buscaba. Encontró un par de sudaderas con el logo de la Universidad de Londres estampado en el pecho (de una tela bastante fina para su gusto), un chándal que seguramente le estuviera algo grande, unas bufandas que no le vendrían nada mal para cuando fuera llegando el invierno, y unas cuantas camisetas de manga corta para estar por casa. Lo cierto es que estaba bastante contenta con lo que llevaba. Tal vez fuera poca ropa, pero siempre podía volver si necesitaba algo más.

Hermione echó un vistazo más a la tienda, pero ni las minifaldas ni los vestidos escotados eran de su estilo, tampoco aquellos pantalones cortos ni esas chaquetas de cuero. Y aunque lo hubieran sido no tenía sentido vestirse así cuando no había nadie en la calle para admirar tu modelito. No podía pensar que alguien pudiera querer arreglarse estando en su misma situación. Lo único que le apetecía a ella era ponerse ropa cómoda todo el tiempo, la desolación de las calles vacías no le animaba a nada más.

Cuando creyó tener todo lo que necesitaba de allí, fue en busca de Malfoy. Recorrió toda la tienda hasta llegar a la zona de hombres. Éste estaba de espaldas a ella, con los brazos en jarra y mirando a ambos lados. Su cesta estaba en el suelo, a su lado.

—Yo ya he acabado —le dijo, quedándose en la distancia. Su voz le hizo volverse para mirarla—. ¿Qué tal tú?

—¿No es obvio? —dijo, señalando su cesta vacía—. Toda esta ropa es horrible. He mirado cada prenda dos o tres veces, pero toda esta cantidad de ropa exactamente igual es… absurda. ¿Quién querría llevar algo como esto? —cogió una percha con un pantalón de hombre que se estrechaba más y más hasta llegar al bajo—. ¿Cómo diablos se supone que voy a meter el pie por ahí?

A Hermione la situación le pareció algo graciosa. Su indignación con la ropa muggle era algo cómica, sin embargo logró reprimir la sonrisa y se acercó un poco para ayudarlo.

—Los pantalones súper ajustados han sido la moda en los últimos meses —comentó—, en lo personal a mí tampoco me gustan.

—¿Quién inventa las modas aquí? Es ridículo.

Hermione asintió con la cabeza mientras miraba las otras prendas de esa parte de la tienda. ¿Podía imaginarse a Draco con esos pantalones rasgados por la rodilla o esa chaqueta color caqui con esos parches decorativos cosidos en las solapas? Definitivamente no.

—Mira, esto puede servirte —en una esquina había unas camisetas básicas como las que ella llevaba en su cesta. Tampoco era su estilo, pero al menos tendría algo limpio que ponerse por las mañanas.

Él hizo una mueca antes de recoger su cesta del suelo y acercarse arrastrando los pies.

—No he visto cosa más aburrida que esas camisetas.

Hermione lanzó dentro de su cesta media docena de ellas. También unos cuantos pantalones de chándal de la sección deportiva.

—Podemos ir a otras tiendas —ofreció—, aunque todas ofrecen más o menos lo mismo. También podrías volver a tu casa a coger la ropa de tu armario.

Él disimuló a la perfección el estremecimiento que acababa de sentir ante sus palabras.

—Vamos a otro sitio.

Antes de salir, Hermione se metió por detrás del mostrador y buscó unas cuantas bolsas para meter su ropa. Era mucho más cómodo que cargar con las cestas todo el rato.

Ambos caminaron en silencio unos minutos más hasta que Hermione divisó el nombre de otra tienda a lo lejos: "Intimissimi". Un rubor coloreó sus mejillas al decirle a Malfoy que necesitaba entrar en ese sitio. Había oído hablar del tipo de prendas que se vendía allí, pero nunca antes se había atrevido a ir. Su ropa íntima solía ser barata, no era algo que le molestara en absoluto. Pero a menudo sus braguitas daban de sí demasiado rápido o los aros de sus sujetadores se salían de su sitio y se clavaban en sus costillas de repente. Ahora podía hacerse con ropa interior de calidad sin pagar ni un penique. Y eso, definitivamente, sería un alivio a la larga.

Draco enarcó una ceja cuando se encargó de abrir el comercio y se dio cuenta de lo que había dentro. Se quedó en la puerta mientras veía cómo Hermione dejaba sus bolsas cerca de entrada y se acercaba a un perchero repleto de sostenes. Tocó uno de ellos a modo de comprobación. Tenía el relleno justo que solía usar, el tejido parecía bastante resistente, las bandas no eran demasiado finas y los tirantes eran ajustables. Descolgó la prenda de su percha y lo miró un poco más de cerca, pero de pronto se sintió algo observaba. Palideció un poco al encontrar a Malfoy apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y observándola con detenimiento.

—¿Nunca has visto un sostén o qué te pasa? —logró preguntar, un poco exasperada—. ¿Es que tú no necesitas ropa interior? Al fondo, ¿recuerdas?

Draco estuvo a punto de decir algo grosero, Hermione pudo verlo en la forma en que cambió su mirada. Pero al final no dijo nada. Apretó los labios en una fina línea, descruzó los brazos y, dedicándole una mueca, caminó por esa segunda tienda hasta la zona masculina. Casi que hubiera preferido oírlo despotricar contra ella en lugar de verlo tragarse sus palabras y alejarse en silencio. Era desconcertante.

Hermione sacudió la cabeza y trató de olvidarlo centrándose en encontrar la ropa interior adecuada para ella. Pasó de largo de la zona de lencería fina, también de la que era un poco más erótica, y se plantó frente a donde estaban las braguitas de algodón. Las de toda la vida, las normales que cubrían los glúteos enteros y no se metían en medio de ambos. No encontró ninguna cesta cerca, supuso que las habrían guardado en el almacén antes de que todo eso sucediera. Así que puso todo lo que iba a llevarse encima del mostrador. Cogió algunos sujetadores más, así como unas zapatillas de estar por casa y tres pijamas, dos de ellos de franela y el último algo más finito para los días calurosos. Se encontraba metiendo todo en las mismas bolsas de la primera tienda de ropa cuando Malfoy apareció de nuevo. Ella pensó que después de como le había hablado no iba a volver a dirigirle la palabra en un tiempo, pero en contra de todo pronóstico él habló como si no hubiera pasado nada.

—¿En todas las tiendas muggles hay un 80% de ropa de mujer y sólo un mísero 20% de hombre?

Hermione se levantó con las bolsas en la mano y salió por la puerta.

—En la mayoría. Me arriesgaría a decir que en todas —respondió.

Él la siguió fuera con su propia bolsa.

—¿Se puede saber a qué se debe ese menosprecio al hombre?

Hermione se pasó una mano por el pelo mientras cruzaba la carretera y sorteaba los coches parados en ella mientras se dirigía a un supermercado que conocía cerca del lugar.

—No se trata de menosprecio, es lógica pura. Por lo general son las mujeres las que compran más ropa en el mundo muggle. Los hombres suelen conformarse con un armario menos lleno, así que no es necesario ofrecerles tanta cantidad a ellos.

Draco parecía confundido.

—Eso no pasaba en el mundo mágico. No conozco a ningún hombre que se conforme con un armario sólo medio lleno.

Ella contuvo un repentino gemido de dolor que había tratado de escapar de sus labios al escuchar sus palabras. El hueco en su pecho se hizo mucho más profundo al recordar tanto a su amigo Harry como a Ron.

—Sí conociste a varios, sólo que no eran de tu círculo de amigos —Hermione tuvo que tomar una profunda respiración para sentir que el aire estaba llegando a sus pulmones. El recuerdo de sus seres queridos todavía era demasiado doloroso—. Harry tenía cuatro o cinco camisetas para pasar el año. Pantalones tenía incluso menos. Y Ron… —su voz se quebró al mencionarlo. Miró hacia otro lado para que no notara su rostro descompuesto.

—Si heredaba las túnicas de sus hermanos seguro que también heredaba todo lo demás —comentó él de manera despreocupada. En su tono de voz podía apreciar un pequeño atisbo de burla… pero ella se sentía demasiado rota como para decir algo más. Hubiera deseado poder defender el honor del chico al que había amado a pesar de ser cierto el hecho de que era el último hermano en heredar todo lo que soltaban los mayores, pero se había formado un nudo en su garganta y no encontraba su voz para discutir.

No tardaron mucho más en encontrar el supermercado. Malfoy hizo lo mismo que con las anteriores tiendas, quitó el candado, hizo subir la reja, abrió las puertas y silenció la alarma.

Cuando encendió las luces Hermione puso sus bolsas de ropa en un carrito y tiró de él por el establecimiento. Intentaba evitar que las lágrimas se agolparan en sus ojos, por más ganas que tuviera de echarse a llorar. Al menos había conseguido que sólo se humedecieran un poco.

Miró todos los productos de los estantes mientras tragaba saliva de manera compulsiva para deshacer el nudo de su garganta. Del primer pasillo cogió un par de paquetes de cereales, otro par de paquetes de galletas de chocolate y pan de molde blanco. Al pararse para coger una botella de agua fría del refrigerador lo vio por el rabillo del ojo rascarse la cabeza mientras miraba detenidamente cada cosa frente a él. Hermione abrió la botella y le dio un gran buche, luego la colocó en el carrito y lo dejó allí mientras volvía sobre sus pasos.

—Nunca has hecho la compra —dijo ella todo lo bien pronunciado que su garganta le permitía. No era una pregunta. Él asintió.

—Tenía elfos domésticos en casa.

Hermione hizo otro esfuerzo por seguir hablando.

—¿Qué te gusta desayunar?

—Empanada de calabaza y miel —respondió sin dudarlo ni un momento.

Ella suspiró y se acercó al estante más cercano.

—Barritas de cereales y miel. También las hay con frutos rojos o chocolate. Si no, también puedes coger galletas. No sé, echa en el carro todo lo que quieras. Es gratis y no se pone malo. Cuando acabes sígueme, vamos a la zona de comida precocinada. Te será útil al no saber cocinar.

El rubio siguió su consejo y echó en su carrito todo lo que le pareció apetecible. Luego siguió empujando su carrito tras Granger. Ella barrió toda la primera balda de aquella otra sección e hizo que una veintena de sobres de diferentes colores y tamaños cayeran dentro de su carro. También cogió algunos más para ella. A unos pasos de allí había bandejas con alimentos que parecían ya cocinados en su interior. Le dijo que cogiera lo que más le gustara, luego le comentó que le enseñaría a prepararlo todo cuando llegaran a sus apartamentos.

Hermione recorrió el supermercado con Draco siguiéndole los pasos y echando en su carrito casi las mismas cosas que le veía coger a ella. Yogures, leche, mantequilla, dulces, paquetes de patatas, bandejas de carne, pollo y pescado, nata para cocinar, pasta, huevos, futas y verduras. También papel higiénico, papel de cocina, cepillos de dientes y pasta, gel de ducha, champú, acondicionador y desodorante. Draco estuvo a punto de dejar caer en su carrito el mismo paquete de plástico cuadrado del que Hermione acababa de coger tres, pero luego entendió que aquello era… bueno, específicamente para la higiene femenina en esos días del mes.

Terminaron con unas pocas golosinas y unos helados. Ambos carritos estaban hasta arriba, tanto que era difícil seguir tirando de ellos. Hermione había empezado a empujarlo con todas sus fuerzas mientras se dirigía a la salida, pero casi se da de bruces en el suelo cuando éste se hizo tan ligero como una pluma de repente.

Se volvió para mirar a Malfoy. Éste se guardaba la varita en el interior de su túnica en ese instante.

—Avisa la próxima vez que hagas eso —se quejó ella.

Ambos recorrieron el camino de vuelta tirando de aquellos carritos hasta arriba de cosas que no pesaban más que un lápiz.

—Parece que no vamos a tener que volver en una buena temporada —comentó Draco.

Ella asintió una sola vez. Ese inusual tono amable que ponía al dirigirse a ella estaba empezando a estresarla. No sabía hasta cuándo podría aguantar a Malfoy comportándose de esa manera tan extraña con ella. No volvieron a hablar hasta llegar al edificio donde habían decidido instalarse. Él rompió el silencio cuando estaban a punto de subir las escaleras.

—Puedo reducir el tamaño de tu carrito para que sea más cómodo subirlo.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Hermione se volvió hacia él y frunció el ceño.

—¿A qué juegas?

Él parecía confuso.

—¿Qué?

—Que a qué juegas —repitió ella.

Draco la observó durante unos segundos antes de volver a responder.

—¿Puedes ser más específica?

Hermione bufó.

—Mírate. No pareces tú —sus ojos se toparon con la penetrante mirada grisácea del rubio y sus pensamientos se alborotaron un segundo en su cabeza—. Cuando nos encontramos en el castillo el día que pasó todo me hablaste con una arrogancia y una soberbia que, bueno, me la esperaba viniendo de ti. Pero luego apareces en mi casa unos días más tarde y eres alguien completamente diferente.

Las facciones de Draco se habían endurecido ante sus palabras, su ceño también se había fruncido, su nariz se había arrugado y su labio superior se había elevado un poco por un lado.

—¿Quieres que vuelva a comportarme como antes de todo esto? —dijo, escupiendo las palabras—. ¿Quieres que te mire por encima del hombro y te llame sangre sucia cada vez que nos encontremos en el rellano para salir ahí fuera a buscar a alguien más?

Hermione, lejos de acobardarse por el repentino cambio en el tono de su voz, cuadró los hombros y le mantuvo la mirada.

—Quiero una respuesta.

—¿Qué respuestas necesitas?

—No entiendo por qué de repente actúas con tanta amabilidad. Es confuso —dijo ella—, estresante.

—¿No puedes simplemente agradecer mi ayuda y punto? —él señaló los abarrotados carritos—. Si no hubiera sido amable contigo habrías tenido que volver empujando todo eso tú sola. Si quieres puedo volver a ser un borde contigo, pero no creo que eso ayude en absoluto. —hizo una pequeña pausa, pero Hermione no dijo nada—. ¿Crees que a mí me gusta esta situación? ¿Piensas que me parece agradable? No lo es, y no está siendo fácil acostumbrarme. Sólo intento ser cordial con la única persona que sé que sigue en la faz de la Tierra. ¿No has pensado que hubiera sido más fácil para mí quedarme en mi casa esperando a que todos volvieran? ¡Lo hice! Estuve encerrado allí durante días mientras esperaba a que mis padres regresaran, incluso que alguno de mis elfos domésticos apareciera de repente. Pero adivina qué, nadie entró por la puerta en todo el tiempo. Sé que te disgusta la idea de que yo sea la persona que sigue cerca de ti, créeme, es recíproco. Hubiera sido menos duro tener al lado a un amigo en vez de tener que tragarme todos mis principios e intentar mantener una relación de cortesía contigo a pesar de que nunca nos hemos llevado bien —Malfoy estaba dejando salir todo de una vez—. No ganamos nada insultándonos. Tal vez cuando consigamos la clave para hacer que todo vuelva a la normalidad podamos hacerlo de nuevo. Pero ahora lo más sensato es unir fuerzas para descubrir qué diablos ha pasado aquí. Tú sabes cocinar y conoces la ciudad. Yo tengo mi varita. ¿Necesitas más razones para intentar llevarnos mínimamente bien?

Hermione tragó saliva y se dio la vuelta. Cogió su carrito sin esfuerzos y se dispuso a subir las escaleras. Lo cierto era que a pesar de ser ligero tenía que tener cuidado para no caer nada al suelo. Además, el carro daba en las paredes y en la barandilla.

Draco llegó arriba un segundo después que ella, cargando su carrito bajo el brazo. Había reducido el tamaño de éste, tal y como le había ofrecido a ella minutos antes.

Cuando Hermione quiso caminar hasta tu apartamento Draco agarró su brazo con fuerza. Ella lo miró con los ojos anegados en lágrimas, pero él no dijo nada al respecto. En cambio apuntó la varita a su carrito y lo hizo pesado de nuevo. Querría comer alimentos que llenaran su estómago, no cosas tan ligeras que ni las sintiera bajar por su esófago.

Ella parpadeó una vez y un par de lágrimas resbalaron por su rostro. Luego se soltó de su agarre con un rápido movimiento y empujó con fuerza toda la compra hasta entrar por la puerta abierta de su apartamento. Desapareció por ella cerrándola de un portazo.


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Cristy

Capítulo editado el día 14/01/2018