NA: No hay excusa, soy lo peor xD Solo espero que todavía haya gente esperando actualización :D
Recomendación musical: "Burn", Ellie Goulding.
Capítulo 11:
Día 39.
Los ojos de ambos estaban fijos en ese cartel, como si realmente esperaran encontrar la solución a aquel problema de repente. Ni siquiera pestañeaban mientras miraban el rostro de aquel chico, todavía sin salir de su asombro. No se había desvanecido del papel, y eso significaba que todavía había gente ahí fuera. No eran los únicos, no estaban solos.
Hermione estaba sintiendo un torbellino de emociones recorrer su cuerpo en aquel momento. Querían gritar, llorar, correr, saltar… y todo al mismo tiempo. Toda esa adrenalina concentrada en su pecho incluso podría haber provocado que repitiera el incómodo abrazo a Malfoy de unos días atrás, y tal vez lo hubiera hecho si no se hubiera escuchado un inesperado carraspeo al otro lado del local.
Se giraron bruscamente ante el sonido que provenía de las escaleras. El ritmo cardíaco de Hermione empezó a desestabilizarse al percatarse de la repentina presencia de aquella persona. Ni siquiera se dio cuenta de que había dejado de respirar hasta que necesitó tomar una bocanada de aire.
¿Ronald? Ronald, ¿eres tú?
Aquellas preguntas se repitieron una y otra vez en su mente. Se sentía tan sobrecogida que ni era capaz de articular palabra ni de apartar sus ojos de los rizos pelirrojos de su cabello.
La música, que había estado sonando todo ese tiempo, finalmente cesó por completo. Notó entonces que Malfoy ya no estaba a su lado. Supuso que seguramente hubiera ido a apagarla.
Aprovechó el momento para acercarse a aquella persona. Con cada paso que daba podía ver cosas que le recordaban a Ron, como el aspecto desaliñado de su cabello o las pecas atravesando su rostro… pero también podía ver algunas diferencias. La nariz de aquel chico no era tan respingona, sus orejas eran algo más pequeñas y el color de sus ojos definitivamente no era el azul en el que ella solía perderse un tiempo atrás.
Merlín, parecía como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez.
Por un momento había pensado que se trataba de Ronald, pero ahora, a tan solo unos pasos de él, podía confirmar que estaba equivocada. Llenó de aire nuevamente sus pulmones y se armó de valor para articular las palabras que rondaban su cabeza.
—No eres una alucinación, ¿verdad?
Quería comprobarlo. Solo quería comprobarlo. Porque aunque una parte de ella se sintiera desconsolada por el hecho de que aquel chico no fuera Ronald, otra mantenía el entusiasmo por, al fin, haber encontrado a alguien más.
—No, creo que no —respondió, moviendo torpemente la mano a modo de saludo.
Hermione salvó la distancia que los separaba y, sin previo aviso, se enganchó a su cuello en un tembloroso abrazo. De nuevo volvía a perder el control sobre sus acciones, ¿pero acaso podía luchar contra las emociones que sacudían su cuerpo y su mente en ese momento? Llevaban tanto tiempo esperando que algo así sucediera que no podía evitar preguntarse… ¿Se trataría todo de un sueño?
Sintió los brazos del chico aferrarse a su cintura, apretándola un poco más contra su cuerpo. No, por descontado que no estaba soñando.
—No puedo creerlo —logró balbucear al separarse de él—. Eres real.
—Sí, y menudo recibimiento —respondió con vergüenza—. ¿De dónde habéis salido? Sinceramente, ya había perdido la esperanza de encontrar a alguien con vida.
—Llevamos días rastreando cada rincón de la ciudad —explicó ella, girándose hacia Malfoy—. El esfuerzo por fin ha dado resultado.
El rubio se acercó a ellos manteniendo intacto su típico semblante inexpresivo. Hermione estaba segura de que compartía su alegría de haber avanzado en aquella pesadilla, aunque solo se tratara de un pequeño paso… pero también sabía que él no era alguien que expresara sus emociones tan fácilmente.
—¿Cómo nos has encontrado? —preguntó. Luego le tendió una mano al chico, quien se la estrechó con firmeza.
—Vivo arriba —respondió entonces, señalando al techo con un dedo—. He bajado en cuanto he escuchado la música.
—Nosotros acabábamos de encontrar el cartel que anunciaba tu concierto —comentó Hermione, su voz todavía con un deje agudo debido a la emoción.
—¡Lo sé! Estaba todo listo, esa misma tarde había estado aquí para prepararlo todo… pero cuando llegó la hora y bajé, no había nadie —rememoró, casi con emoción—. Esperé, esperé y esperé. Llegué a pensar que a nadie le interesaba mi música, pero luego salí fuera y tampoco vi a nadie. Ni siquiera estaba el portero que se suponía que debía controlar el tema de las entradas. De un momento a otro, las calles que solían estar llenas de vida se habían convertido en un escenario desolador.
Los tres se quedaron en silencio de nuevo, asimilando que aquella situación era completamente real, por muy descabellada que pareciera.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Draco con seriedad. Habían encontrado a otra persona, sí, pero si no tenía ideas nuevas que aportar para intentar solucionar aquello, en realidad seguían en las mismas.
Y como si hubiera podido leerle la mente, el chico dijo:
—¿Queréis subir a mi casa? Podríamos hablar sobre todo esto más tranquilamente —ofreció—. Y puedo hacer té.
Draco y Hermione se miraron a la vez. No tuvieron que decir ni una palabra para saber que estaban de acuerdo. Siguieron al pelirrojo fuera de aquella pequeña discoteca y entraron tras él en el portal colindante.
—¿Cómo has hecho para sobrevivir todo este tiempo? —se interesó Hermione mientras subían las escaleras hacia su apartamento—. Esto pasó de madrugada, todos los supermercados están cerrados.
—Al principio empecé a robarle la comida a mi vecino —confesó, riéndose por lo bajo—. Luego descubrí un supermercado 24 horas, y desde entonces estoy arramplando con toda su mercancía. Puedo ofreceros unas pastas que traje ayer.
Tal y como había dicho antes, su casa estaba situada en el primer piso de aquel edificio, justo sobre la discoteca en la que acababan de estar. La puerta estaba abierta, así que solo hizo un gesto para invitarlos a entrar primero.
Hermione se quedó admirando cada detalle de aquel espacio. La sala de estar era pequeña, se atrevía a decir que podía tratarse de la mitad de la mitad de la del piso que ocupaba, pero aun así tenía mucha más alma que el sitio donde vivía. Ese lugar era mucho menos lujoso, pero definitivamente más personal en todos los sentidos.
Se paró frente a una pintura colgada de la pared. Le sorprendió que no estuviera enmarcada, pero luego supuso que la habría pintado él. Las pinceladas eran perfectas. Casi se sentía dentro de aquel hermoso paisaje de colores cálidos.
—¿Lo has hecho tú? —preguntó, solo para salir de dudas.
—Exacto.
El chico se situó a su lado, entrelazó las manos a la espalda y fijó la vista en el lienzo.
—Tocas el piano, sabes pintar… ¿Qué otras cosas haces?
—Bueno, también canto. Hay quien dice que nunca se es lo suficientemente artista.
Draco se paseaba por la parte opuesta de la habitación, pero se estaba percatando de absolutamente todo. Podía ver la mirada sugerente del chico, y en respuesta, la sonrisa tonta de Hermione. No sabía en qué momento había pasado, pero sentía que había empezado a estorbar.
No pudo evitar rodar los ojos al ver que él también le devolvía la sonrisa. Sí, el alborotado cabello y las ropas holgadas realmente le hacían parecer un "artista", no tenía que seguir alardeando de ello.
Draco les dio la espalda, decidido a ignorarlos mientras paseaba los ojos por los libros que se almacenaban desordenados en la estantería, pero sus risas eran tan molestas que hicieron sumamente difícil su tarea autoimpuesta de desoírlos. Los miró por encima del hombro. Parecía estar viendo de nuevo a Weasley y a Granger haciendo manitas por los pasillos de Hogwarts. Era ridículo, pero ese tipo se parecía bastante a él. Alto, delgaducho, pelirrojo y pecoso. Solo faltaba que también fuera pobre, y con esas pintas no podía asegurar lo contrario.
Draco decidió intervenir cuando la situación empezó a incomodarle demasiado.
—¿Dijiste que nos ofrecerías té?
Su voz hizo que él y Granger se separaran un paso al recordar que seguía allí.
—Oh, claro.
El chico se fue a la cocina y Draco aprovechó para acercarse a Hermione, que se había sentado en una esquina del roído sofá de la estancia. Después de asegurarse de que no podía verlo, sacó su varita y la agitó sobre el otro extremo para limpiar las migas de patatas fritas y galletas que había esparcidas por allí, luego volvió a guardarla y se sentó con disconformidad. Ella notó su expresión de repulsa.
—¿Por qué te sientas como si estuvieras en tensión?
Draco arrugó un poco la nariz, visiblemente molesto.
—No me gusta sentarme en sitios donde sospecho que hay chinches u otros parásitos similares. ¿Sería demasiado raro si insisto en tomar mi té de pie?
—Por lo que más quieras, no hagas eso.
—¿Por qué? ¿Te avergonzaría?
Draco parecía estar jugando con ella, pero igualmente Hermione asintió.
—Por supuesto que me avergonzaría.
—Entiendo —dijo él—. No quieres quedar mal con tu próximo ligue.
—¿Perdón?
El rostro de Granger se había tornado estupefacto. Antes de responder, el Slytherin miró con labios fruncidos el cuadro que había provocado tantas risitas tontas. Tampoco era tan bonito.
—Acéptalo, estás ligando en un mundo post apocalíptico —le dijo—. Prácticamente es un clon casi idéntico de tu novio, así que no está tan mal. Pero acabas de conocerlo, Granger, no corras tanto.
Hermione abrió mucho los ojos y la boca, pero de esta última no salió ni una palabra. Simplemente se quedó así por unos segundos, con una expresión que sugería a gritos un "no-me-creo-que-hayas-dicho-eso". En el fondo sabía que su única intención era molestarla, así que trató de recomponerse de tal acusación y encontrar el momento perfecto para responder.
—Por supuesto que no. Pero si lo estuviera haciendo, definitivamente eso no te incumbe.
—Tampoco me importa —replicó él, y aunque claramente no la creía, decidió dejarlo estar. Había tonteado con demasiadas chicas como para saber diferenciar cuándo mostraban un interés meramente cordial y cuándo se sentían atraídas por alguien, pero Granger podía engañarse a sí misma si lo deseaba.
La tetera silbó en el cuarto de al lado y, poco después, volvió a aparecer el chico con varias tazas y un plato de pastas sobre una bandeja.
—Perdonad, hace tiempo que no recibo visitas —se excusó.
Hermione le rió la gracia. Aceptó la taza que le tendió con gentileza y la rodeó con las manos para calentarlas. Se notaba a leguas que a duras penas podía mantener los ojos alejados de aquellas facciones tan idénticas a las de Weasley.
—¿Cómo te llamas? —quiso saber mientras Draco cogía la suya—. Con la emoción del momento hemos olvidado presentarnos como es debido.
—Michael. Michael Bright —respondió—. ¿Y vosotros?
—Hermione Granger.
—Draco Malfoy.
Ambos respondieron al unísono, cosa que solo hizo que tuvieran que repetirlo luego por separado.
—¿Draco? ¿Qué nombre es ese?
A pesar de que Michael estaba sonriendo, el rubio quiso fulminarlo con la mirada. O al menos hacerle sentir lo suficientemente incómodo como para que entendiera que con él no funcionarían ese tipo de bromas. Tal vez lo hubiera conseguido si Granger no hubiera intervenido inmediatamente para aliviar la tensión.
—¿Y qué has estado haciendo estos días? ¿Tienes alguna idea de lo que ha podido pasar?
El chico se sentó entre ambos en el sofá, profiriendo un largo suspiro que sonó casi dramático.
—No mucho. Tocaba el piano y escribía mis pensamientos para distraerme. Quién sabe, si todo esto se acaba algún día, seguramente esos escritos valgan oro.
Draco bufó. Lo que creía, un muerto de hambre con aires de artista. Ellos estaban tan metidos en la conversación que ni Hermione ni Michael se percataron de su resoplido.
—También escribes… —la chica le dio un sorbo a su té, todavía humeante, y luego sonrió—. Yo he pensado en todo. Desde una invasión extraterrestre a un salto en el espacio-tiempo… No lo sé, en realidad estoy bastante perdida.
—Nadie está mentalmente preparado para encontrarse solo en el mundo de la noche a la mañana —apuntó el pelirrojo.
—Ojalá estar verdaderamente solo en el mundo en este momento.
Ambos miraron a Draco a la vez. Hermione puso los ojos en blanco.
—Discúlpalo, no es el ser más sociable del planeta.
—Así es, con todo esto estoy en mi salsa —dijo con sarcasmo.
Aquello provocó la risa de Michael, pero también una mirada de advertencia por parte de la Gryffindor.
—Si no fuera porque físicamente sois como la noche y el día, diría que sois hermanos.
—No, solo compañeros de… —los chicos enarcaron una ceja cuando se quedó callada de repente—, de la universidad. Compañeros de la universidad.
—¿Y qué estudiabais antes de que pasara esto? —preguntó. Draco desconocía el motivo por el que lo había mirado directamente a él.
—¿Qué estudiábamos? —preguntó él a su vez.
—Sociología —se apresuró a decir ella, fingiendo otra sonrisa para disimular el tic nervioso de su ojo.
—Qué extraño… —Draco y ella se tensaron en sus respectivos sitios. ¿Qué era lo que encontraba extraño? ¿Acaso no se había creído su mentira? Ambos lucharon internamente por conseguir que su nerviosismo no se hiciera demasiado evidente—. Las primeras personas que me encuentro y ya os conocíais de antes.
Hermione se hundió un poco en el sofá de puro alivio.
—Nosotros pensamos lo mismo en su momento, pero al parecer nada tiene sentido últimamente.
—Ya veo…
La conversación sobre las causas que habían provocado aquel desastre siguió, sin dar muchos frutos, hasta que las tazas estuvieron vacías y la habitación empezó a oscurecer.
—No hemos aclarado mucho, por no decir nada, pero gracias por el té —dijo Draco, levantándose con energía. Estaba claro que estaba deseando salir de aquel piso cuanto antes—. Creo que es hora de irnos.
—¿Vivís juntos? —se interesó Michael—. ¿Compartíais piso antes de esto, tal vez?
—Oh, no… pero como aparentemente solo quedábamos nosotros dos en la faz de la Tierra decidimos compartir el mismo bloque de apartamentos —aclaró ella a pesar de las evidentes muestras de aburrimiento por parte de Draco—. Podemos volver mañana, tal vez haya más gente ahí fuera así que cuantos más seamos en la búsqueda mejor.
—Me parece perfecto.
Draco observó con recelo cómo se levantaba y le tendía la mano para despedirse. Él dejó la taza sobre la mesa y estrechó su mano por mera educación. Luego puso los ojos en blanco cuando Granger le dio otro abrazo antes de irse. En pocos minutos, ambos se encontraron de nuevo en las desiertas y frías calles de Londres. Caminaron hasta un callejón cercano y se desaparecieron en sus respectivos apartamentos.
Draco no perdió tiempo en ponerse ropa cómoda. Llevaba toda la tarde queriendo hojear cuanto antes el libro que había traído de la sección prohibida, ya que tal vez pudiera encontrar una explicación al repentino descubrimiento de Bright aquel día. Quizás incluso fuera clave para revertir todo aquello y volver a la normalidad. No podía saberlo con seguridad, pero lo que sí sabía era que en el fondo no le daba buena espina. ¿Por qué era tan similar a Weasley? ¿Tenía eso algo que ver o solo estaba delirando?
Unos toques en su puerta le hicieron dar un respingo. ¿Cuánto tiempo llevaba sumido en la lectura de aquellas líneas sobre las artes más oscuras del mundo mágico? Se puso en pie, escondió de nuevo el libro y se apresuró a abrir.
—He hecho la cena —Granger, que ahora tenía puesto el pijama y sostenía una fuente de cristal tapada con papel de aluminio, lo miró de arriba abajo con sorpresa—. Pensé que ya te habrías duchado. Puedo venir más tarde.
—No, pasa. Me he entretenido leyendo un libro —respondió él, haciéndose a un lado para dejarla pasar—. No sabía que vendrías.
Ella lo miró con curiosidad.
—¿Interrumpo algo? —después de verlo negar con la cabeza, se dirigió a la cocina y dejó la fuente sobre la encimera—. Creí que cenar juntos se había vuelto una costumbre para ambos. Es decir, sé que no disfrutas de mi presencia, pero si quieres dejar de hacerlo solo tienes que decírmelo.
Draco levantó un poco el papel de aluminio para ver aquello que olía tan deliciosamente bien.
—¿Tú disfrutas de la mía? —la chica, que había empezado a coger los platos para poner la mesa, se quedó muda con su pregunta. Draco sonrió burlonamente—. Es cierto, que no soy pelirrojo.
Le quitó los platos de las manos y los puso frente a cada silla. El resto de la mesa se puso sola con un simple movimiento de varita.
—No sé por qué dices esas cosas.
—Yo tampoco.
Draco se encogió de hombros. Parecía divertido, como si disfrutara el hecho de decir cosas sin sentido solo para irritarla. Hermione suspiró, se sentó frente a él y se apartó un poco de carne y ensalada. Decidió no seguir dándole bola.
—No pareces contento de haber encontrado a alguien. Pensé que eso era lo que queríamos.
—Me alegraré cuando encontremos la forma de arreglar esto —respondió—. Es bueno saber que, al contrario de lo que pensábamos, no estamos completamente solos. Pero eso no soluciona nada.
—Bueno, para mí es un avance. Encontraremos la forma de arreglarlo —Hermione se metió un trozo de tomate en la boca, empezando a masticarlo mientras veía a Malfoy entrecerrar un poco los ojos. Cuando finalmente tragó, dijo—: ¿Qué pasa?
—¿Te refieres a… tú y yo?
—Estamos juntos en esto, ¿no? —la Gryffindor frunció el ceño con desconfianza—. ¿Qué ocurre? Hay algo más, ¿verdad?
Él parecía vacilante, como si no estuviera muy seguro de si la mejor opción era responder a su pregunta o quedarse callado. Después de unos largos segundos mirándose entre sí, decidió sincerarse.
—Te he ocultado algo.
Esa vez fue el turno de Hermione de entrecerrar los ojos.
—¿De qué se trata?
Dejó los cubiertos en la mesa. No había probado un solo bocado, ni siquiera se había servido nada en su plato. Hermione lo observó levantarse y salir de la habitación, pero se quedó sentada unos segundos más antes de decidirse a seguirlo. Cuando llegó al salón, Malfoy miraba fijamente un libro que sostenía con excesivo mimo entre sus manos.
—Ayer, cuando fui a Hogwarts, sí encontré algo que pudiera ayudarnos a solucionar este problema.
Hermione se acercó lentamente, casi con miedo. Cuando llegó a su lado, leyó con cuidado las palabras doradas que se acentuaban en la negra portada.
—Tenebris magicae: Secreta occultatum —murmuró.
—Es latín —aclaró él.
—Sé que es latín. Significa "Magia oscura: Secretos ocultos" —Hermione se tomó la libertad de quitarle el libro de las manos. Lo abrió por una página cualquiera y empezó a pasar las siguientes en silencio. Luego, cuando volvió a cerrarlo, miró al Slytherin directamente a los ojos—. ¿Por qué me mentiste?
Draco volvió a tomarlo, separándose de ella y sentándose en la mesa del salón.
—Pensé que sería capaz de hacerlo por mi cuenta, y todavía lo pienso… pero con la novedad de Bright, no sé. Tal vez sea más efectivo si un segundo par de ojos relee lo mismo que yo.
Hermione se sentó a su lado, abriendo el libro por la primera página. Se había sentido herida por su falta de confianza inicial, pero al menos había terminado confesando.
—Siempre es mejor trabajar en equipo —dijo.
—No es eso lo que nos enseñan en Slytherin.
Ella asintió para dar por concluida la conversación y, acto seguido, ambos se sumergieron en sus líneas. Sin embargo, Hermione apenas podía concentrarse en la lectura, y no precisamente porque le resultase difícil el latín. Su antebrazo estaba pegado al de Malfoy, quien sí parecía realmente centrado en lo que leía. ¿De qué otra manera hubiera permitido aquel inusual contacto sin perder los estribos? Hermione disimuló una profunda respiración. No, en realidad tal vez no entrara en cólera si llegaba a percatarse de aquello. Al fin y al cabo, apenas lograba reconocerlo. Era extraño pensarlo, pero él había sido su principal pilar desde que todo comenzara. Si no la hubiera buscado, ella seguramente seguiría recluida y llorando por las esquinas de la casa de sus padres. No sabía si habría encontrado la motivación suficiente como para salir de debajo de las sábanas y empezar a dominar la situación. Ahora era capaz de levantarse por las mañanas, de vestirse, de comer. Malfoy incluso le había sugerido visitar la universidad frecuentemente para encontrar la motivación que necesitaba.
Lo miró por el rabillo del ojo, su ceño ligeramente fruncido debido a la concentración. Se permitió hacerlo por más tiempo del necesario, más tiempo del que jamás hubiera imaginado. Se mordió un labio de manera instintiva. Físicamente era lo opuesto a Ronald. ¿Interiormente? De eso ya no estaba tan segura. Porque sí, tenía que admitirlo por muy reticente que hubiera estado al principio, Draco Malfoy la había salvado de morir de pena. Todavía sentía su corazón encogerse al pensar en sus seres queridos, pero ya no lloraba. Ya no quería ser la siguiente en desaparecer, ahora estaba decidida a encontrar una solución a aquel desastre… y por mucho que él se apellidara Malfoy, por mucho que la odiara o se comportara de cierta manera en algunas situaciones, estaba segura de que sin él no lo hubiera conseguido.
—Gracias —aquella palabra rompió la quietud del momento, haciendo que él se encontrara con su mirada al girar la cabeza.
—¿Qué?
—Gracias —repitió—. Sé que no he sido muy racional últimamente. Solo quería agradecerte la paciencia.
La expresión de Malfoy no cambió ni un ápice, ni siquiera cuando se dio cuenta de que su antebrazo rozaba el de ella. Sus manos estaban a escasos centímetros de tocarse, pero ninguno hizo ningún movimiento. Draco la miró de nuevo, esta vez con esa mirada penetrante que conseguía helarle la sangre a cualquiera.
—¿Te sientes mejor? —preguntó.
—Sí, gracias a ti.
Si dos meses antes le hubieran dicho que estaría teniendo esa conversación con Malfoy, Hermione se hubiera echado a reír. Las vueltas de la vida. Un día es tu enemigo y al siguiente el único que, aun pudiendo irse, se queda a tu lado. Estaban sobreviviendo, y lo estaban haciendo juntos.
El hecho de que por alguna razón no pudieran dejar de mirarse hacía de aquella una situación bastante incómoda, pero tal vez hubiera logrado ponerse mucho peor si no hubieran sido interrumpidos en ese momento. Miraron hacia el balcón casi a la vez. Aquello había sido un grito, ¿verdad? Y parecía de una mujer.
Ambos se levantaron rápidamente y corrieron hasta salir fuera, asomándose con violencia para mirar abajo, a la calle. Una chica caminaba por la carretera, entre los coches completamente inmóviles. Atónitos, la vieron secarse unas lágrimas antes de que volviera a repetir el grito de antes:
—¡¿Hay alguien?!
Se miraron un momento, él con sorpresa, ella casi enérgica.
—¡Aquí! —exclamó Hermione, moviendo una mano por encima de su cabeza para hacerse notar.
Cuando la chica miró hacia arriba, ambos se quedaron sin aliento.
¿Me dejas un review para no volver a tardar otro año en actualizar? xD
Cristy.
