Our Child
Capítulo Seis: Realidad
…
-Erik, detente – ordenó Peter desesperado.
Erik volteó hacia él y vio a David dormitando entre sollozos contra su pecho. La imagen de su pequeño lo refrenó.
Logan respiraba a horcajadas. Ya la tensión en las garras había disminuido un poco al sacarlas a flote pero la vibración persistía.
Magneto dejó de torturarlo.
-Vamos, perro de mierda – le espetó a Wolverine -. Arreglemos cuentas abajo – y salió de la habitación.
Logan miró a su mocoso con los ojos enrojecidos por la tortura que había soportado. Respirando profundo, se incorporó mientras guardaba las garras, y siguió a Erik afuera. Peter apoyó lo cabeza en la almohada con un largo suspiro. David se sacudió un tanto molesto en sus brazos.
Wolverine y Magneto bajaron y se refugiaron en una de las salas más alejadas para estar apartados de los demás que descansaban arriba o se encontraban en el comedor.
Apenas entraron en ella, Erik le plantó una bofetada que Wolverine bien podía evitarla pero la aceptó para que Magneto pudiera descargarse.
-Bien, ahora que la dejaste salir, es hora de que hablemos – propuso Logan.
Pero Erik no estaba para pláticas y, lívido, lo tomó de los hombros para estrellarle la espalda contra una pared. Logan trató de defenderse pero Magneto ya le controlaba el metal de las garras, obligándolo a mantener los brazos abajo.
-No aprendes más, a pesar de lo caro que pagaste, sigues solucionándolo todo con venganzas – espetó Logan. Como respuesta, Erik lo empujó contra la pared con tanta fuerza que Wolverine soltó un aullido -. Si reaccionas así es porque no aprendiste nada.
-¡No trates de manipularme con el discurso de "la venganza no es la salida"! – gruñó Magneto -. Sabes que controlo tus garras y todo el metal de tu asqueroso cuerpo así que no eres adversario para mí.
-¿Me dejarás explicarte lo que pasó? – preguntó Logan en defensa propia. Erik movió los dedos para que las garras ocultas le lacerasen la piel y tras escuchar el gemido de dolor, asintió. Logan esperó a que dejara de torturarlo para hablar -. Sí, es cierto, hablé de más y tu hijo me escuchó pero antes quiero que sepas que ayer te tuve lástima pero también recelo porque la única vez que confié en ti tres años atrás, nos traicionaste a todos, hijo de puta.
Erik se apartó de su lado, lo suficiente para darle espacio para que se recuperara para hablar pero que no alcanzara a moverse mucho.
-Dime lo que tengas que decirme, después decidiré qué hacer contigo.
Logan sacó un habano de su pantalón y una cajita de fósforos. Otros se habrían sorprendido de su atrevimiento pero Erik, que lo conocía lo suficiente, no. Wolverine sacó un cigarro más para ofrecerle pero Magneto declinó con un gesto.
-Cuando Charles descubrió que esperaba a David, se alegró y se puso como loco esperando el momento que volvieras a visitarlo para contártelo – comenzó Wolverine tras inhalar una bocanada -. Yo me alegré por la criatura pero me entristecí por él porque pensaba que serías un cobarde y no te harías cargo y él se convertiría en un padre soltero con un hijo con tu sangre – fue a una silla y se arrojó en ella. Erik lo escuchaba atentamente -. Pero me sorprendiste, Magneto, a mí y a todos. Se nota que Charles te conocía bien porque nunca dudó de tu reacción. Te convertiste en la mejor pareja que mi amigo pudiera tener: tierno, solícito, protector y lo llenabas de mimos y cuidados. Además se notaba que estabas enloquecido con la criatura y lograste que cambiara la imagen sucia que tenía de ti.
-Amaba a Charles, aun lo amo – confesó Erik.
-Se notaba – contestó Logan y soltó un poco de humo -. También te integraste a la casa y empezaste a ayudar con los quehaceres.
-He vuelto a hacer eso.
-Bien por ti – contestó Wolverine y el mutante no supo si se burlaba o lo halagaba -. Los embarazos masculinos son difíciles y riesgosos. Tú ayudabas a Charles a soportar los malestares y a partir del séptimo mes lo contenías cuando sufría las contracciones falsas. ¡Eras un maldito ángel de metal! – Erik bajó la mirada porque el recuerdo lo hizo sonreír y no quería que su adversario lo notaba -. Todo era perfecto, era el final soñado de la novela rosa de la tarde, hasta que llegó la noticia de esos pendejos que jodieron a esos mutantes y enloqueciste. Charles quiso detenerte y lo mandaste a la mierda. Todo porque no sabes controlarte.
-¡Tampoco tú sabes controlarte! – se defendió -. ¿O cómo fue que mi hijo escuchó eso de tu boca?
-Fuiste un cobarde y bastardo, Magneto – insultó Logan. Erik cerró los puños, el metal que había en la sala vibró pero no el de su cuerpo porque Magneto quería escuchar lo que tuviera que decirle -. Cuando llegamos al hospital, ya te habías ido. La criatura acababa de nacer y Charles no había soportado la cirugía. No fue eso lo que lo mató, ya había llegado en coma por tu culpa y con pocas probabilidades de supervivencia.
-¿Qué ganas recordándome lo que ocurrió? – gritó Erik -. ¿Crees que no me arrepentí cada bendito día? Me largué de allí porque no soportaba cruzarme con ustedes sí, es verdad, pero la verdadera razón por la que decidí irme fue porque me avisaron a mí primero que no había sobrevivido a la operación y que la criatura había nacido sana y salva. No lo soporté – reconoció lleno de angustia -. Pensaba en ese bebé mío y de Charles, y me preguntaba cómo podría sostenerlo, cómo podría mirarlo a los ojos sabiendo que se había quedado sin padre por mi culpa.
-¡Tú eras su otro padre, maldita sea! – brincó Logan del asiento por la furia.
-¡Él necesitaba a Charles, no a mí! – se defendió Magneto con los ojos rojos. Después pasó aire -. Yo necesitaba a Charles, sin él no podía cargar a mi hijo – suspiró para no llorar -. No quise saber si era niño o niña, no me atreví a tenerlo en brazos y conocerlo, solo quería huir para no lastimar a nadie más, especialmente a la criatura que Charles me había dejado.
Pero Logan no se conmovió. Quería que Erik se diera cuenta de lo que les había costado, especialmente a David, su acción vengativa y su posterior abandono.
-Al llegar al hospital, la noticia nos conmocionó a todos, hasta a Peter que ya se esperaba algo malo después de sacar a Charles de la cámara. ¿Sabes lo que fue tener que enterrar a Charles, a nuestro amigo y líder? ¡Fue un padre para muchos! Y ese bebé. ¿Quién de nosotros estaba preparado para atenderlo? Quedó solo y desprotegido. Lo cuidaron entre todos pero ninguno de ellos podía ser Charles o tú, los que él merecía que lo cuidaran. Sabes que yo voy y vengo, regreso aquí solo por Peter. Pero vi a lo largo de estos años cómo se jugaron por David. Lo que hicieron, lo que sacrificó cada uno por darle afecto, por educarlo y porque ninguno quería fallarle como le fallaste tú.
-¿Y eso te dio derecho ayer a decir enfrente de él lo que hayas dicho sobre mí? – recriminó Erik enojado -. ¡Hiciste que me odiara!
Logan sacudió la cabeza y soltó otra bocanada.
-Una criatura pura como ese niño no odia a nadie.
-Peor para ti – rebatió Magneto más furioso -. Lastimaste a una criatura pura.
-Es verdad – aceptó Logan con calma triste -. Arruiné lo que me contaron Peter y los demás que habías construido en estos meses y quiero arreglarlo.
Erik no se las creyó y volvió a lastimarlo con el metal de las garras. Logan soltó un chillido.
-Bien por ti, Lehnsherr – jadeó Logan en medio del dolor -. No aprendiste nada de la venganza parece.
-No me vengas con sermones – murmuró Erik entre dientes.
Logan soltó el cigarro y cayó de rodillas. Las cenizas encendieron la alfombra. Magneto se le acercó y pisó el habano para apagarlo y apagar la pequeña llama en la alfombra.
-Hace tres años intenté matar a unos homo sapiens por haber asesinado a algunos hermanos nuestros – recordó Erik -. Imagina lo que puedo hacer contigo que lastimaste a mi hijo.
-Vuelve a actuar igual – gimió Logan, desafiándolo en medio de la agonía -. Demuestra que eres el hijo de puta que te acuso ser. No harás más que darme la razón.
Magneto ejerció tanta presión que las garras comenzaron a salir sin que Wolverine cerrara el puño. Él simplemente las controlaba con su mutación. El dolor superaba lo humano.
-No tienes idea lo que construí con David y tú destruiste – dijo Erik marcado por el dolor -. David lo es todo para mí y le hiciste daño. ¿Qué puedo hacerte para que pagues?
-Tortúrame, mátame si quieres – lo retó Logan entre gemidos -. Demuéstrale a tu hijo que no cambiaste y eres tan vengativo como cuando le quitaste a su padre.
Erik dejó de ejercer la presión y las garras se ocultaron. Logan se frotó los puños. La piel continuaba ardiéndole por dentro y la presión había dejado rastros de sangre en sus nudillos.
-Eres tan poca cosa que no voy a gastarme con tu muerte – escupió Erik con desprecio y se alejó unos metros -. Dime qué decías cuando David te oyó.
Logan pasó aire una y otra vez para recuperarse. Se quitó un pañuelo para limpiarse la sangre y se incorporó.
-Le decía a Scott que habías asesinado a Charles y que por tu culpa David no podía disfrutar de él.
Erik tuvo ganas de lanzarle todo el metal de la casa y partirle cada hueso. Allí estaba el estúpido de Logan "boca larga" comentando lo que él no hubiera imaginado que David pudiera llegar a escuchar ni en su peor pesadilla.
Wolverine se puso en alerta. Esperaba a que Magneto le arrancara las garras y todo el adamantio de su cuerpo de un tajo pero Erik solo permaneció observándolo con odio.
-¿Cómo piensas solucionar toda esta mierda, Howlett?
-Quiero platicar con el niño cuando esté mejor para explicarle que esto no es verdad.
-Es la verdad para ti – observó Erik seco -. ¿Además de lograr que resienta a su único padre vivo ahora vas a mentirle?
-Erik – lo llamó como pocas veces por su nombre de pila -. Al ver tu comportamiento con él, al notar cuánto lo amas, me di cuenta de que lo que dije no era cierto para David. Charles murió por tu sed de venganza, es cierto, pero no lo asesinaste porque fue un accidente.
-Los accidentes son fatalidades – aclaró Erik trémulo -. Aquí no hubo ninguna fatalidad sino que la muerte de Charles fue una consecuencia directa de un acto mío.
-Tú no quisiste matarlo.
Erik sacudió la cabeza.
Logan se echó en el asiento de cuenta nueva, más relajado.
-Tú no quisiste matarlo – repitió -. Por lo tanto no lo asesinaste aunque tu accionar dejara mucho que desear, Lehnsherr. Es cierto que por eso David no pudo conocer a Charles ni Charles conocerlo a él, tampoco disfrutarse uno al otro, pero el niño te tiene hoy a ti, que se nota que lo adoras y te desvelas.
Erik pasó saliva. Nunca antes Howlett lo había elogiado. De a poco, fue calmando su ira y pensó en David y en cómo se sentiría si él dañaba a Logan. David quería a Logan y no podía hacerle eso.
-Hablarás con mi hijo – ordenó pausado y con fría calma -. Le explicarás lo que me acabas de decir, con otras palabras, por supuesto, acordes a su edad pero le darás este mismo mensaje. No te mato porque quiero recuperar a David.
Logan asintió.
Magneto dio media vuelta y se marchó para subir a la recámara del pequeño y comprobar cómo seguía.
…
Logan sabía cuando se metía en aprietos y asumía las consecuencias de sus palabras y actos. No decidió platicar con David porque temiera el control que Erik ejercía sobre el adamantio de su cuerpo sino porque sentía que era lo que se debía hacer.
Con la nueva visita, el pediatra concluyó que el niño estaba mejorando y que si progresaba adecuadamente no habría peligro de que contrajera neumonía. El tenor de su tos se iba reparando y sus pulmones sonaban mejor.
No solo Erik se alivió sino cada miembro de la casa. David era querido por todos y todos estaban desvividos por su situación. La fiebre comenzó a ceder y cinco días más tarde ya solo guardaba reposo por prescripción médica pero pasaba el tiempo sentado en la cama, platicando como lorito y jugando con sus dragones. Seguía distante con Erik, no lo rechazaba más como esa vez en el jardín porque era demasiado bueno para mantener el rencor hacia alguien, pero no lo invitaba a jugar y si Magneto le hablaba le contestaba educadamente lo justo y necesario. Pero no armaba berrinches cuando lo iba a ver o le daba su medicina. David tomaba sus medicamentos sin problemas porque sabían rico. Se sentía mejor y estaba contento porque le habían explicado que pronto sus amiguitos podrían visitarlo. Algunos de ellos eran hijos de padres mutantes pero otros no y no tenían el gen en la familia. David se relacionaba tanto con unos como con otros sin problemas, así lo estaban criando porque era lo que Charles hubiera deseado con su utopía de conseguir la integración de las especies.
Esa mañana del quinto día, el niño estaba durmiendo. Dormía mucho y a cualquier hora para recuperarse. De repente, abrió los ojos y se los frotó, aturdido. Había soñado con Charles pero no podía recordarlo. Se asustó porque se dio cuenta de que no podía recordar el rostro de su papá, ni cómo era, ni cómo olía, tampoco su voz. Desesperado, salió de la cama a pesar de saber que tenía que permanecer en ella, se calzó sus pantuflas de conejo y abandonó la habitación. En el pasillo no había nadie porque todos estaban en el planta baja. David bajó con cuidado la escalera y caminó ligero hacia el despacho que había pertenecido a Charles. Abrió la puerta. El sitio estaba oscuro porque mantenían los ventanales y las cortinas corridas para evitar el polvo. David acercó una silla para pararse en ella y alcanzar el interruptor.
Con la luz encendida, buscó con la mirada el retrato que solían poner sobre el escritorio y allí lo encontró. Era una foto de la cara de Charles, mirando serio al lente de la cámara, cuando llevaba tiempo dirigiendo Westchester y unos meses antes de quedar encinta. David corrió a abrazarlo y lo contempló acariciando con sus manos regordetas el rostro de su padre. Trató de hacer memoria pero no podía recordar que el telépata lo hubiera cargado alguna vez, jugado con él, besado, abrazado o arrullado para dormir. No tenía un solo recuerdo de su padre. Angustiado, fue a sentarse en el sofá y lloró con el retrato estrechado con ambos brazos contra su pecho. Había dejado la puerta abierta y Hank y Erik pasaban por allí. El obsesivo de Hank la notó y se acercó presto a cerrarla. Enseguida oyeron su llanto, entraron y lo encontraron sobre el sofá.
-¡David! – se asustó Hank.
Erik le apoyó la mano sobre el hombro para calmarlo.
-Déjame a mí – pidió y le hizo un gesto para que se marchara. Notó que el niño sostenía el retrato de su amante -. Es hora de que tengamos una plática sincera de padre e hijo.
Hank lo miró dubitativo pero Magneto insistió.
-De acuerdo – aceptó finalmente -. Si necesitas ayuda, llama, Erik – y salió, cerrando la puerta en silencio.
Erik se acercó al sofá y se sentó junto a su hijo. David lo sintió llegar y sentarse pero siguió llorando desconsoladamente. Es que estaba tan triste que no le importaba si alguien se sentaba allí o no.
-¿Qué pasa, dragoncito? – preguntó Erik afectuosamente. Había oído que Hank lo llamaba "pequeño dragón" y había empezado él a llamarlo "dragoncito." Le acarició la cabellera -. ¿Qué te pasó para que dejaras la cama? ¿Una pesadilla?
-No sabo a papi – gimió y trató de secarse los ojos pero las lágrimas le seguían cayendo.
-No conoces a tu padre – tradujo Magneto y aclaró -. ¿Estás diciendo que no recuerdas a tu padre Charles?
-Yo no lo sabo – repitió David y sacudió la cabeza con énfasis.
Erik pensó que era lógico si había fallecido al nacer él pero no podía utilizar la lógica de un adulto con un niño de tres años. Recién lo comprendió y se dio cuenta de cómo razonaba David en su cabecita para procesar la tragedia. Los demás le habían contado la verdad: que Charles había fallecido durante su nacimiento y que ya estaba dormido cuando se lo quitaron de él. Pero el niño, con su imaginación, no pensaba que nunca se habían conocido sino que creía que en algún momento lejano habían estado juntos. Ahora recién entendía que ese momento no había existido y que él no poseía ningún recuerdo de Charles. Un golpe demasiado duro para su inocencia. A Erik, la revelación le rompió su corazón de padre. Lo cargó y sentó sobre sus rodillas, mientras que el niño seguía llorando y sosteniendo con fuerza la imagen.
-David, escucha – trató de llamar su atención pero era difícil calmarlo. Tuvo que darle masajes, secarle las mejillas y esperar con mucha paciencia. De a poco, el llanto del pequeño fue transformándose en hipidos -. David, atiende – lo miró a los ojos -. Tenemos que hablar tú y yo. Yo voy a prometerte que te diré toda la verdad de lo que tengas que saber y tú me responderás toda la verdad de lo que ya sabes. Solo así podrás comprender y aprender lo que pasó y nos pasa.
-¡Pero yo no sabo a papi! – insistió mientras lo miraba con sus ojazos enormes y respiró profundo para tragarse las lágrimas.
-No lo conoces porque nunca tuviste la oportunidad de verlo – explicó Erik con sinceridad. David hipó pero lo seguía mirando atentamente -. Cuando naciste, mejor dicho, antes de que nacieras, yo y él, hubo un problema y yo. . . Espera – suspiró, buscando la manera correcta de explicarle -. Iremos por otro camino, ¿qué sabes tú de tu nacimiento?
-Nada.
-No me estás entendiendo – soltó Erik un suspiro. Realmente necesitaba paciencia -. Me dijiste que te sacaron de él cuando estaba dormido.
Pero David ya no lo escuchaba, su atención estaba puesta en el retrato que ahora observaba nuevamente tratando de recordar algún fragmento, aroma, sensación, algo que lo conectara con Charles.
-David – lo llamó para recuperar su concentración. El niño parpadeó y finalmente apartó la vista de la foto -. Te quitaron de su barriga, eso lo sabes.
El niño asintió y volvió a mirar el retrato. Con tranquilidad, su padre se lo apartó para que le hiciera caso y lo dejó a un costado del sofá para que David se diera cuenta de que seguía allí.
-David, lo que voy a decirte es necesario que escuches para que puedas comprender lo que te pasa – Erik hizo silencio. Sabía que tenía que hablarle con la verdad -. Ni él ni tú pudieron conocerse, nunca se abrazaron, nunca se vieron, nunca se sintieron. Esto es triste pero es la verdad – David lloró de cuenta nueva. Acababa de darse cuenta por sí mismo pero era horrible confirmarlo de la boca de un adulto. Erik lo abrazó para consolarlo -. ¿Cómo nunca nos dimos cuenta de que no podrías entender esto? – se recriminó -. ¿Cómo ibas a procesarlo cuando eres un poco más que un bebé?
-¡No soy bebé! – se ofendió -. ¡Soy nene!
Erik rio. Al menos esa observación distendía el ambiente.
-Perdón, dragón. Eres un niño.
-¿No hay papi Chad? – preguntó David con temor.
Una vez más Erik tuvo que aclarar la pregunta para responderle.
-¿Qué quieres decir con que no hay papi Charles?
-¿No me quiede? ¿No me sabe?
-¡Por supuesto que te conoce y te quiere! – exclamó Erik sorprendido. Lo miró, David seguía expectante por entender -. David, ustedes nunca pudieron verse a la cara pero él te conocía antes de nacer.
-¿Cómo?
"Por la infinita paciencia del mundo, ¿qué le habían explicado los demás exactamente?," se planteó Erik.
-Porque estuviste en su barriga por nueve meses – soltó.
-¡Oh! – exclamó el niño.
-¿No lo sabías?
David asintió. Sí, eso le habían explicado alguna vez.
Erik comprendió cuán difícil era para el pequeño procesar la tragedia: le habían contado la verdad pero era tan angustiante que con su inmadurez no podía elaborarla. Decidió comenzar por el principio, contarle cuánto se habían amado él y Charles, lo que David había significado para ellos y, finalmente, ver la manera de que entendiera por qué su otro padre ya no estaba más. Mientras buscaba las palabras adecuadas, alzó el retrato y se lo pasó al niño. David volvió a apretarlo contra su pecho, pero ahora su atención estaba puesta en Erik. Quería conocer la verdad y quería escucharla de sus labios.
…
¡Hola!
Ahora al fin tendrán la plática de padre e hijo. Siento desilusionar si se esperaba una pelea campal entre Erik y Logan pero Erik tiene que cambiar ese carácter que tiene. Espero que les siga gustando. Gracias por el apoyo.
Besos a montones
