Bucky 2
Sam se sentó en el mismo lugar en el que había estado Bucky.
—¿Quieres una manta? Comienza a hacer frío.
—No, estoy bien.
Sam guardó silencio y sin darse cuenta comenzó a golpear el piso con el pie repetidamente.
—¿Qué es lo que te molesta Sam? —preguntó Steve.
—Es este asunto del escudo Cap —respondió —, no sé si pueda con la responsabilidad. Yo no tengo superpoderes, soy solamente un humano.
Fue lo último que escuchó Bucky. Se había demorado en el pórtico para encender las lámparas del jardín.
—Como si los súper poderes pudieran solucionar algo —pensó Bucky alejándose de la casa de Steve —, a mí no me han traído nada más que problemas.
Caminó por las calles donde la gente cruzaba su mirada sin darse cuenta del terrible asesino que había sido. Las cosas habían cambiado mucho, ya no había niños jugando en sus bicicletas, sino que hoy todos pegados a algún aparato electrónico ajenos al mundo exterior.
Llegó a un parque, y se sentó en la parte menos iluminada. No supo cuánto tiempo pasó allí, en silencio, sin mover un músculo, como si las largas horas que pasó congelado se le hubieran hecho costumbre.
No supo ni cuánto tiempo se quedó en ese lugar, simplemente oscureció y para cuando notó lo que ocurría no tuvo más remedio que intervenir en lo que parecía un asalto a un hombre de la tercera edad que era acosado por varios jovenzuelos.
Fue como un reflejo, en un dos por tres redujo a los asaltantes, pero cuidando de no golpearlos con su brazo mecánico. Después de todo no quería matar a nadie más por muy delincuente o pandillero que fuera.
—Siempre puedo contar contigo amigo —oyó la voz de Steve.
Branes enfocó la mirada y vio a su entrañable amigo.
—¿Steve? ¿Qué haces aquí?
—Pensaba visitarte. Sam me dio la dirección.
—¿Y te dejó salir de casa solo y a estas horas?
—A decir verdad está allá —dijo señalando hacia un farol del parque —, le dije que no interviniera.
—¿Por qué hiciste eso?
—Para mostrarle que no estará solo, que siempre habrá alguien que se plante para defender al débil y oprimido. Alguien como tú.
L a expresión en el rostro de Barnes era de desconcierto. Bien, Steve se las había jugado el todo por el todo por su amigo cuando lo defendió del plan de Zemo, pero más allá de eso, nadie podría negar que sí mató y a muchos inocentes. ¿A qué se debía la fé que Steve tenía en él? Bucky todavía no se perdonaba esta etapa de su vida.
—Quiero que cuides de Sam, Buck —le dijo Steve —. Sin Tony y Natasha, estamos algo cortos de gente dispuesta a jugarse por los demás. Yo tampoco estaré mucho por aquí, lo sabes, pero me iré tranquilo sabiendo que tú estarás.
—En verdad Steve —dijo con una sonrisa a medias —, confiar en mí es lo más estúpido que puedes hacer, incluso estando yo presente. Supongo que al final el que se quedará con todo lo estúpido seré yo.
