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Día 2: Futuro

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Sendero Vacío

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Fue un camino largo el que encontró. Su vida se vio oculta en las sombras del poderío de Hosen, cansina y perversa. Tsukuyo estuvo muchos años en la oscuridad, pero fue un destello plateado lo que la salvo de perecer de esa forma.

No era como si terminaran escapando, volviendo a sus casas, ellas no sabían qué hacer con su vida. Siempre fue así y siempre lo seria. Aun así… las gracias que todas las Hyakka tenían para él nunca se desvanecerían.

Porque fue Gin, fue la Yorozuya, quien les devolvió el sol.

Sabía que a su alrededor, todos los que peleaban estaban completamente agradecidos con ellos. Trabajos simples, trabajos complicados, pero todos tenían mas que elogios para esa pequeña familia… y Tsukuyo no era la excepción.

― Tenemos que cubrirlos― Sarutobi y Zenzou desplegaron sus tácticas mientras las espaldas de esos dos niños se alejaban en el horizonte.

Como deseaba ir junto a ellos, buscarlo y agradecerle por todos esos días, esas enseñanzas y esas vivencias. Su forma de ser, parecía un ermitaño a veces, soltaba frases simbólicas. Prácticamente te obligaba a continuar. Caerte era normal, pero permanecer en el suelo no era una opción.

Tal vez por eso se enamoró de él. Por eso lo espero por esos dos años y aun esperaba a que vuelva.

Las peleas continuaron, atacando y cubriendo. Cayendo y levantándose. Acompañando a sus camaradas y amigas. No se dejaría vencer hasta volver a verlo nuevamente.

Con sus ojos amatistas vio la esperanza en muchos otros, esperando a que ese sujeto de la permanente volviera. Con sus frases poco cuerdas, con su fanatismo por la leche de fresa. Sería tan normal verlo caminar en zigzag después de una noche de alcohol.

Tsukuyo no se contuvo al sonreír ampliamente, todos lo hacían porque a pesar de estar en medio de un campo de batalla, la esperanza era lo último que se perdía.

Todos vislumbraban un futuro prometedor, junto a un hombre con la permanente alborotada, seguido fielmente por sus dos compañeros, y su perro leal. Toda una familia.

Seguramente fue esa credulidad, ese aire de confianza lo que la llevo a estrellarse con la dura realidad, después de verlos regresar.

Cuatro personas llegaron ante ellos, pero ninguno era gintoki.

Uno de ellos era zura, quien llevaba en brazos a un desfallecido Yoshida Shouyo. Su cuerpo infantil estaba en un letargo tan tranquilizador que contrastaba con la angustia que se sentía en el aire.

Heridos y desganados, tanto Shinpachi como Kagura, se inclinaron ante ellos pidiéndole disculpas.

Tsuki no supo que decir. Nadie emitía sonidos.

― Lamentamos no poder salvarlo…― Shinpachi se quebraba mientras su rostro se empapaba con sus propias lagrimas.

― A pesar de que él siempre…― No era necesario que diga nada, Kagura estaba tan destruida como su camarada.

Sadaharu, quien había vuelto a la normalidad se recargo sobre sus hombros e hizo la reverencia como el resto, aullándole a la tragedia.

El resto fue historia, Tsukuyo no sabia que pensar, que sentir más que el dolor de la pérdida.

Ella se había enamorado de él. Quería devolverle la ayuda que recibió de su parte, expresarse tan gratamente por los sentimientos que le había provocado.

De eco solo tenía el llanto y las lamentaciones de muchos, pero también la comprensión y el consuelo para los más afectados.

¿Porque todo era tan vacío?, ¿Por qué ya no podía ver ese futuro tan prometedor y brillante?

¿Continuaría?, se preguntó mientras dejaba caer las lágrimas, enjugando sus ojos.

´´―Siempre…―´´ fue la ventisca y las hojas que corrieron cerca suyo lo que trajo la imagen difuminada del hombre que amaba ´´―Siempre debes continuar―´´