.
Día 5: Relaciones
.
Noche
.
Fue su desnudo cuerpo ensombrecido por la noche. Las luces de una ciudad que respira la noche. El tenue y cálido aliento de él. Suspirando tan insistentemente en su nuca, relamiendo una y mil veces sus puntos erógenos con suma maestría.
Sin poder verlo a la cara, de espaldas a él, la sensación de sus manos en su cuerpo se multiplicaba. El sobrio gusto de una noche magistral hacia que sus manos se junten en su abdomen, que se despidan en un común acuerdo. Escalando hasta su pecho, la izquierda ascendió deforma tormentosa. Mientras la derecha bajo por su vientre pidiendo permiso para ingresar en su húmedo cuerpo.
Su lengua no se detenía un segundo de dar lamidas juguetonas en su cuello. Podía haber pasado mucho tiempo desde que no se acostaba con una mujer, pero no olvidaba como brindarle placer a una. Principalmente, si hablábamos de la hermosa Cortesana que tenía suspirando entre sus manos.
― Túmbate―suspiro ronco en su cuello, esperando a que esa mujer cediera a su petición.
Apenada hizo lo que él le pidió. Se reclino sobre el futon esperando a que la tocara.
Aun se preguntaba como había terminado en esas condiciones con él. Como su cuerpo estaba a merced de sus manos, de su lengua.
Se suponía que por pedido de Hinowa sería una cortesana durante una noche, entonces ¿Cómo fue que termino en esas condiciones con él?
Cubriendo su boca para no soltar esos gemidos que su garganta, insistentemente, reclamaba por liberar. Admitía que le gustaba como la estaba tratando, como se empeñaba en hacerla sentir placer.
De un momento a otro su cuerpo comenzó a rodar por las sabanas, dejándola ver la sonrisa creída y llena de pura satisfacción de él. ¿Divertido? Se mofaba de ella. Sabía que estaba haciendo un buen trabajo. Ella retomo su rubor, mientras presionaba sus dientes tratando de aguantar sus impulsos tsunderes y sacarlo de esa habitación.
― ¿Feliz?― volvió a hablar.
Ella quiso protestar tanto como pudiese, quería hacerse la fuerte, la que eso no le afectaba como él decía, pero sus dedos –los de él- la arremetieron con tanta insistencia que un sonoro gemido se deslizo de sus labios.
Eso ensancho su gran ego, ¿Quién decía que estaba obsoleto? ¡Ja!
― Se… se suponía que íbamos a beber― mascullo mordiéndose la lengua.
― ¿Quieres que beba?― esa pregunta llevaba un doble sentido que Tsukuyo no paso por alto.
Estirando su mano hasta su floreado kimono, esta le lanzo un kunai que Sakata Gintoki esquivo con esfuerzo. ¿Ni siquiera en un momento como ese podía dejar de ser un gorila?
Si bien, era verdad que solo beberían una poco de sake y ya. Pero el calor del alcohol, la lluvia torrencial que caía sobre Yoshiwara y los juegos de palabras –con comentarios sucios que se lanzaban- termino por incentivarlos.
El alcohol hizo su parte, les quitos sus inhibiciones. Les dio un calor inquieto que no supieron dejar pasar. Por una vez, Tsuki no sintió las ganas de golpear a Gintoki, aunque verdaderamente no estaba ebria y por lo que veía, Sakata tampoco.
― Se suponía que eras impotente― trato de no pensar en lo que harían, al menos no en el acto en sí. Una broma podía ayudar, ¿No?
― Estoy desnudo― se acercó a ella― Puedes comprobarlo por ti misma― ese hombre tenía la capacidad de abochornarla.
Reacia a obedecerlo, miro a un costado tratando de ignorarlo. No podía desviar demasiado el tema, lo tenía a él sobre ella, ambos sin ropa y a muy pocos centímetros de su cuerpo.
Su movimiento podía tomarse como un rechazo de su parte –aun si no lo era-, pero como hablamos de Sakata Gintoki, este no lo tomo de esa forma, más bien lo vio como una invitación. Dejando su cuello expuesto, él se zambullo contra su blanca piel.
Tenía tanto tiempo que quería hacerlo. Y no es que fuese un tsundere al igual que ella o que tenga su autoestima por el suelo como para fantasear que sería rotundamente rechazado, ¡No! ¡Gin no era así! pero un idiota no dejaba de ser idiota, incluso en esos temas. Para él, ella era especial. Y tal vez fuese por una estupidez similar por la que Hijikata se mantuvo alejado de Mitsuba o por otra bazofia como lo era ´´ser su amigo´´. Bien, no es que fuese una completa mierda tener una amistad o un sentido de camaradería, si no que esa misma unión que tenían les impedía escalar a otra más íntima.
¿Y por qué dejaba justamente ahora todos esos fantasmas a un costado? Primero, porque gracias al alcohol, se había propasado un poco con ella. Toco su cuerpo e instintivamente la beso buscando una aceptación de su parte, ¡Maldito alcohol! Lo que nunca espero, fue que realmente seria correspondido tan fácilmente. Incluso pensaba que se haría de rogar, pero no.
El resto desencadenaría en las embestidas rítmicas que le estaba dando en esos precisos momentos.
De un momento a otro él se dio cuenta que todo estaba más que preparado e ingreso en su estreches, sintiendo su pureza ser arrebatada por él. No es que esperase que así fuese, pero sí que le agrado saber que era el primero.
Después que su cuerpo se acostumbre a su intromisión, tomando un movimiento de auto-penetración de parte de ella como una invitación a que continuara, Gin siguió sus deseos de retomar las embestidas.
De un momento a otro se pensó si ya estaba viejo, y es que su cuerpo le gritaba a cada instante que llegaría al climax con nada de haber comenzado. Tuvo que controlarse y tratar de aguantar acelerar sus movimientos. Realmente quería durar mucho más.
´´El viejo Gin-san no se rendirá´´ se repitió con todas sus fuerzas mientras escuchaba los suspiros y gemidos de ella. Sus ojos con algunas lágrimas, sus mejillas sonrojadas y sus manos aferrándose a las sabanas mientras su boca solo jadeaba insistentemente… ¡Estaba excitado! Gin quedo petrificado, se sentía nuevamente rejuvenecido por esa imagen tan erótica que tenía al frente de él.
¡A la mierda el auto-control!
Con el sonido de las aves y el frio del viento otoñal que se colaba por la ventana, sus perezosos ojos comenzaron a frotarse con su mano desnuda. Soltando un suspiro de satisfacción, se envolvió con las frazadas, buscando cobijo en el futon. Pero, la espalda de ella llamo su atención.
Sentada en la comodidad de su lecho, podía verla dudar de sus acciones. Enrojecida hasta las orejas, tanteaba con su mirada para saber si era posible mirar a Sakata o no, sin ser vista.
― Hey, ¿Qué, no tienes frio?―pregunto sin comprender su comportamiento.
Ella no lo razono, tomo su almohada y como buena tsundere trato de ahogarlo con ella.
No negaba que le gusto lo que había pasado pero… pero… seguía siendo Gintoki, y ella misma había entregado su virginidad. ¿Qué debería hacer en una situación así? Calmando sus ánimos comenzó a razonar, aunque sus manos persistían en su labor de ahogarlo.
´´Es verdad, yo misma lo permití. No puedo decir que fue un accidente, no estamos en la escuela. ¿Qué debería de decir? –Después de una noche de alcohol hicimos esas cosas y… bueno, supongo que todo termina aquí– ´´ Su expresión se tornó triste.
En medio de forcejeos idiotas y palabras inentendibles, Gin alcanzo a sujetar su muñeca, rogando porque lo liberara de ese pronto intento de asesinato.
― ¿Qué piensas que haces? ¡Casi me matas!― Tsuki no respondió. Comenzó a ponerse el kimono tratando de que él no vea su cuerpo, aunque era una absurdo que lo intentase.― ¡Hey! A dónde vas, aún no he terminado. La próxima vez no puedes ahogarme con la almohada, te quedaras viuda antes de pisar un altar―mascullando entre groserías, Gin dijo palabras muy serias para ella.
― ¿Viuda?―pregunto sin creerselo.
― Si, después de todo soy un humano ¿O no?―acaricio su cabeza y le sonrió con calma. Tsukuyo se sonrojo por sus palabras, ¿Acaso…?― Los gorilas tienen mucha fuerza, uno no puede confiarse de ellos. A sí que para la próxima guarda tus músculos de gorila o…― destruyendo la hermosa atmosfera que se había creado, Gin arremetió con todo el dulzor en el aire al llamar a la pobre Tsukuyo ´´Gorila´´.
Escuchándose solo los gritos de Gin mientras Tsuki soltaba improperios contra ese ser tan abominable, Hinowa no hacía más que sonreír.
Al parecer había sido una buena noche.
