.
Día 6: Flor
.
Demonio
.
Como la mujer de la noche que era, Tsukuyo andaba de un lado a otro en medio de la oscuridad. Y no es como si estuviese haciendo su trabajo de Hyakka, oh no. Esta es otra historia, donde su cuerpo no era humano y el simple roce de sus dedos pudría la más deslumbrante flor.
Por el año de año de 1900, donde los hombres de clase vestían trajes refinados, sombreros altos y zapatos bien lustrados. Donde las mujeres usaban hermosos vestidos ajustados, con faldas que caían grácilmente sobre su cuerpo, sin enaguas que abombaran sus ya delicados vestidos. En una época donde parecía ser el siglo de la abundancia, pues habían comenzado tan increíblemente bien, una mujer de cabellera rubia y ojos amatista llego a un hermoso y gótico palacio.
No era época de vampiros y esas cosas, las creencias absurdas se iban quedando en el pasado –claro que siempre estaban aquellos ancianos que seguían persistiendo con ellos-, y una mujer tan estrafalaria como ella, no pasaba desapercibida, pero por lo menos no se la acusaba de vampira.
Claro que no estaba de más la anciana que pasaba y apartaba a sus nietos de ella. Cubría el cuello de esos pequeños como si estuviera a punto de morderlos de un momento a otro.
Pero Tsuki no era así.
Ella era un demonio.
A diferencia de los vampiros, que solo bebían sangre para sobrevivir y mantenían poco raciocinio a la hora de atacar, ella podía controlarse. Podía comer cualquier comida humana sin asquearse y, de igual forma, mantenerse saludable. Claro que su amado néctar rojo era lo que más le gustaba. Aun así no perdía la cabeza por un poco de sangre.
No era un vampiro, era un Demonio.
― ¡Hey!, ¿Qué haces en nuestro jardín?― un niño se paró detrás del barandal de su alcoba. Sus rojizos ojos y su cabello enmarañado eran muy poco frecuentes.
Siempre se repetía lo mismo en su cabeza, ´´Eres un Demonio´´. Los vampiros a diferencia de ella, tuvieron una vida humana hasta que el cruel destino los compenso con una mordida filosa en sus cuellos.
Ella no tuvo una vida humana. Nació demonio y viviría hasta el final de los tiempos como tal. Jamás seria dichosa de tocar una simple y frágil flor.
― Estoy de paso―no sabía que más decir. Su olfato la traiciono, la arrastro por los páramos de la residencia Sakata. Tsuki quería observar la belleza de las flores, aun si era a distancia prudencial.
― ¿Qué tipo de respuesta es esa?―sus parpados bajaron en un signo de desconfianza― ¿No eres una ladrona o algo por el estilo?― su rostro infantil se crispo por el pánico― ¿Acaso eres un espíritu?, ¿El monstruo que roba a los niños lindos y de cabello rizado como el mío?― su espanto se debía a las malas anécdotas que recibía de parte de su cuidador, Hijikata.
― Puede ser―sonrió divertida antes de que el pequeño intentara observarla aterrado, pero ella ya no estaba.
― ¿A dónde…?―una brisa inoportuna lo hizo mirar a su costado derecho. Tsukuyo estaba sentada en el barandal con una sonrisa muy divertida. El pequeño tenía el rostro azul.
´´Mi vida corre peligro´´ pensó antes de retroceder unos pasos.
― Solo quería ver las flores―respondió rápida antes de que escapara. Ese niño era adorable cuando estaba asustado.
― ¿Eh? ¿Era eso?... ¿No eres uno de esos monstruos peludos de los que hablo Tío Gori…?― un golpe en su cabeza y un ´´No lo soy´´ calmaron sus dudas. La chica parecía muy refinada pero, realmente era un monstruo, ese golpe le había dolido ― Entonces… ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas vie…?― otro golpe en la cabeza.
― ¿A quién llamas vieja?― molesta por ese comentario peyorativo a sus casi quinientos años, Tsukuyo fue arrastrada a ponerle un alto a sus malos dichos.
― Lo siento―se sobo con dolor su parte afectada.
― Me llamo Tsukuyo― exhalo un poco del aire frio que congelaba sus pulmones añejos.
― ¿Tsukuyo? Soy Sakata Gintoki―respondió con duda― ¡Hey! Si eres mi hada de los dulces, ¿Podrías curarme de la diabetes? Quiero comer un poco de pudin―
― ¡Que no soy una de esas criaturas fantásticas!, ¿Qué tienes en la cabeza?―enojada por su interrogatorio se levantó del barandal. Había sido una completa pérdida de tiempo. Tsuki se lamentaba por no estar más atenta y evitar así ser vista por ese niño― Solo venia por una flor y…― La mano de él liberando su rostro de sus cabellos dorados, la tomó por sorpresa.
Acomodando su cabello detrás de su oreja y alzando una hermosa amapola roja que coloco con cuidado entre sus hebras.
― ¿Sabes el significado de las amapolas?―pregunto cuando termino de acomodar la flor.
Tsuki quedo callada, no podía decir palabra alguna. Pronto comenzó a sentir como la flor se reclinaba de manera cancina en su oreja. Marchita, al lado de un demonio. Antes de que Gintoki lo vea, esta escapo.
Sin detenerse en ningún momento hasta llegar a un tupido matorral, se sacó la dichosa flor. Muriendo por completo en su putrefacta mano, Tsukuyo pensó en la hermosa amapola. Era un sueño hecho realidad, al menos por unos segundos la sostuvo en su pelo hasta morir. Esa rojiza flor sobrevivió más que lo esperado.
Sonrió con satisfacción.
Tal vez volvería a ver a ese pequeño niño, solo para pedirle que deposite una Amapola roja en su cabello y volver a experimentar esa hermosa sensación.
.
.
.
Aclaraciones:
Amapola: En el antiguo Egipto esta flor denotaba Belleza y Juventud. Aunque después –la amapola roja- de la segunda guerra mundial, pasó a recordar el final de la guerra contra el nazismo (En especial Ucrania).
La elegí roja solo por el color de ojos de Gin.
