Regina palideció. No podía esperar dos días, y Emma sabía que ella no soportaba volar. Era lo que más odio y miedo le provocaba. Pánico.
–Se.. Señorita Swan, no se preocupe. – Aclarándose la garganta -Le agradezco me avise con tiempo, así podré tomar medidas. Viajaremos e.. en avión… No se culpe, yo misma le ordené que esa gestión la realizara la Señorita Nolan.-
La morena se pasaba las manos por el pelo, inquieta.
–Si le parece bien, pasaré a recogerla de camino al aeropuerto, así no tendrá que conducir y podrá tomar el relajante sin peligro. Por favor, acepte, es lo menos que puedo hacer-.
Regina dejó escapar una sonrisa tímida. Hasta en estas circunstancias la rubia lo conseguía…
-Se lo agradezco enormemente, Señorita Swan. Avíseme cuando venga en camino. Descanse, buenas noches.-
-Gracias. Buenas noches, Señorita Mills.-
Mientras cerraba la tapa del portátil, Emma paladeaba la tensión aún en su boca. Sintiendo como latía su cuello. Sorprendida y agradecida por la reacción de Regina, no se había molestado y además había aceptado de buen grado que fuera a recogerla al día siguiente. Tarareando la canción fue a meterse en la cama cuando repasando la imagen de la morena durante la conversación se le escapó una ligera sonrisa al recordar el sugerente escote que insinuaban los botones abiertos de la camisa, su pelo algo desarreglado y el carmín de sus labios algo borrado.
Esa mujer era condenadamente sexy.
Acabaría con ella… Cerrando los ojos tumbada de espaldas, tarareaba una canción que conocía pero hacía mucho tiempo que no escuchaba. Regina la estaba escuchando aunque parecía ser otra versión, se sonrió nuevamente pensando en la morena. Su morena. Ésta semana sería realmente complicada...
Dado el giro en el planteamiento del viaje, Regina decidió darse un baño y acostarse pronto. Mañana sería un día realmente difícil.
Una vez acostada en su cama, su mente no dejaba de rondar la conversación con Emma. Sabía su aprehensión con los aviones y se había tomado la molestia de avisarla, preocupada se había ofrecido a recogerla y además, estaba realmente bonita. Con su pelo recogido en un moño deshecho, sin maquillaje y con aquella camiseta que le había robado un suspiro.
Emma estaba aún más bonita que cualquier otro día.
Cuando su teléfono pitó, abrió el mensaje:
-"¡Buenos días! Saliendo, calculo 20-25min. Cuando esté frente a su casa la aviso, no pase frío esperando. Hasta ahora!"-
Una sonrisa surgió en los labios de Regina. Aquella muchacha la estaba haciendo sentir una colonia entera de mariposas en el estómago. No se reconocía y eso le hacía levantar todas las alertas. Miedos que desaparecían en cuanto la rubia estaba frente a ella y daban paso a un manojo de nervios.
–"Tenga cuidado"- Fue lo único que escribió mientras se organizaba para estar lista y bajar según la joven la avisase para no hacerla esperar.
Último repaso mientras miraba el reloj: bolso, maletín, maleta de viaje… Tenía la sensación constante de que olvidaba algo. Hizo y revisó su maleta dos veces y la sensación persistía. Su mente estaba en el equipaje para el viaje y revisar que fueran con el tiempo necesario cuando vio acercarse a Emma en su coche.
Un pequeño escarabajo amarillo.
Aún no se había subido y ya se estaba arrepintiendo de haber tomado la pastilla relajante para el viaje, no podía creer que fuera a subirse en semejante lata con ruedas.
–Buenos días, Señorita Mills. Déjeme su maleta- dijo una Emma sonriente mientras abría el porta equipajes.
–Buenos días Swan, ¿cree que entrará mi maleta en ese pequeño maletero?- su mirada desafiante y su sonrisa en los labios le hizo ver a la rubia que era una broma, igualmente dejó bien claro que con su coche sólo se metía ella, aunque siguiendo con el humor.
–Con mi chatarrilla sólo me meto yo, pero le sorprendería todas las cosas que hemos vivido juntos y nunca me ha fallado-
La sonrisa de Emma y el movimiento de cejas hicieron pensar a Regina qué tipo de cosas habrían vivido y durante unos minutos su imaginación tomó vida propia.
Estando en el atasco a la entrada del aeropuerto el canturreo de la rubia mientras tamborileaba con los dedos sobre el volante hicieron volver a Regina. Habían cruzado la ciudad en silencio y la morena no se había percatado del paso de los minutos ensimismada con sus pensamientos. De la historia de Emma y su coche, había volado su imaginación a cómo sería su vida fuera del trabajo, si tendría pareja, (queriendo descartar esa idea en el acto) cómo sería su familia, desembocando en los problemas que se encontraría al llegar a la delegación y esa suave melodía saliendo de la garganta de su asistente la trajo de vuelta.
No se manifestó, se quedó en la misma posición que estaba, con el codo sobre el borde de la puerta mientras observaba a través del cristal y disfrutando de esa pequeña intrusión en la intimidad de la otra. Cantaba bien aunque lo hacía bajito, como sin darse cuenta. Regina no pudo evitar seguir la melodía dentro de su cabeza, fue entonces cuando se dio cuenta de qué canción se trataba y la sorpresa la dejó al descubierto.
Emma reaccionó al ver el movimiento rápido de la morena
–Hola-
-Ya estamos llegando. Disculpe, me había ido a otro sitio-
-Preferí dejarla, me pareció que el silencio la relajaba.- Y tras esas palabras la morena se tensó. La otra se percató del cambio y alargó su brazo cogiendo la mano de su jefa -No se preocupe, son apenas dos horas de vuelo y no estará sola-
Lo último apenas pareció haber salido más allá de su garganta, pero Regina alcanzó a oírlo y se giró, mirándola a los ojos. Los ojos chocolate mostraban intranquilidad y miedo, pero su sonrisa hizo contener la respiración a la rubia.
Una vez llegando ya a sus asientos, la rubia decidió adelantarse a su jefa y tomar ella la ventanilla –Mejor así, se sentirá más cómoda- y una tímida sonrisa hizo sentir a Regina que después de todo, no sería tan malo.
Hacía muchos años que no volaba y esta vez se sentiría más protegida junto con su Emma. -Su Emma… Debía de dejar de pensar esas cosas, acabaría por salírsele todo de las manos si no se controlaba-. Pero resultaba difícil cuando ella no hacía más que robarle latidos a cada paso que daban. Se sentía una quinceañera…
Pensó en su yo, en la Evil Queen y en lo diferente que vivía todo. Se permitía sentir.
En el momento en que ya sentadas se ató el cinturón, su pierna empezó a marcar contra el suelo el ritmo de sus acelerados latidos y flashes fueron pasando por su mente. Su madre. Su estómago revuelto. La necesidad de gritar. El sudor calando su espalda. Aquellos movimientos que agotaban su autocontrol y como remate la penosa decisión de ir al minúsculo baño del avión. Como había vivido aquellos minutos que sintió como horas, aporreando la puert.. Y sintió una mano sobre su rodilla temblorosa. Abrió los ojos sobresaltada y Emma la miraba con compresión alentándola a tranquilizarse.
La rubia supuso lo que pasaba por su mente, no sabía exactamente qué le había ocurrido a su jefa para tener aquel pavor a volar, pero no pensaba preguntárselo. Sólo ver su estado, sus nervios, el terror en sus ojos… Tenía claro qué hacer durante el tiempo que durase el viaje.
Haría lo imposible por distraer a su morena para que no pensase, quizá no lograse su objetivo pero al menos haría lo posible porque fuera más llevadero. Extendió su mano y le ofreció un auricular.
La sorpresa en los ojos de Regina fue más que evidente, aun así alargó su mano algo temblorosa rezando para que no se notase mucho y lo cogió. Al ponerlo en su oído se sorprendió. Sonaba un piano fluido y envolvente. Cerrando los ojos se dejó llevar. Notaba el hombro de Emma pegado al suyo, acunada por su calor y la música de Yiruma se concentró en respirar hondo y controlar sus latidos.
Varias canciones después, abrió los ojos y fue consciente de que tenía la situación controlada. Una sonrisa apareció en sus labios y se sintió con fuerzas para mirar a su lado y observó de reojo la ventanilla pero sin querer prestar mucha atención por miedo a perder nuevamente los nervios, se centró en su acompañante. Tenía los ojos cerrados, estaba apoyada sobre el respaldo de su asiento con la cabeza ladeada. Dormía. Su rostro transmitía serenidad y dulzura.
Decidió sacar su reposa cabezas hinchable para colocárselo a la rubia ya que acabaría con el cuello dolorido de no cambiar su postura pero se dio cuenta de que se lo había dejado en casa. Finalmente sabía qué se le olvidaba y porque tanto mirar y revisar el equipaje. Así que cogió la chaqueta que tenía sobre sus piernas desde que se sentó en el asiento y doblándola improvisó un cojín colocándolo sobre el hombro de Emma para que apoyase la cabeza.
La rubia se removió en su postura y respiró profundamente. Aún dormida olió la chaqueta y una sonrisa vino a sus labios.
Regina contuvo la respiración al ver ese gesto. No quería decir nada. Ella estaba dormida y ciertamente su perfume olía a apetecibles manzanas. Necesitaba convencerse de que Emma sólo era amable con ella porque era su jefa, la realidad. Y así dejar de imaginar y soñar con imposibles.
Un cambio en el repertorio la sacó de sus devaneos, de pronto se escuchaba "Somewhere over the rainbow" y su hermana apareció en su mente, era una de sus canciones preferidas, precisamente por eso solía llamarla "bruja". Hacía mucho tiempo que no hablaban de tú a tú.
Primero por falta de tiempo y en los últimos meses porque no había encontrado suficiente valor para llamarla y exponerse ante ella ni ante nadie.
Sus cambios aún la hacían sentir vulnerable y necesitaba afianzarse. Convencerse de que seguía siendo la misma. Había momentos en los que dudaba si lograría seguir siendo ella después de dejar atrás a la Evil Queen.
Un gesto con la cabeza pretendiendo sacar esos pensamientos de la cabeza, hizo que se le cayera el auricular, lo recogió y se dejó llevar por la canción. Inconscientemente comenzó a mover los labios siguiendo la letra, haberla escuchado tantas veces de pequeña por Zelena, hizo que se la supiera, y con los ojos cerrados la disfrutó hasta el final. Cuando la última nota sonó, abrió los ojos para mirar la hora y se encontró con una amplia sonrisa y unos ojos que la observaban curiosos y traviesos.
–Apenas quedan unos minutos para llegar, no he mirado la hora pero si me he despertado es que estamos a punto. Soy como un reloj para eso- La rubia tornó su sonrisa en una expresión tímida –Gracias por su chaqueta- La morena le devolvió la sonrisa.
–Gracias a usted señorita Swan, por ayudarme a sobrellevar el viaje, y por esto- dijo devolviéndole el auricular –aprecio enormemente el detalle, y sus gustos musicales- un guiño se le escapó inconscientemente y Emma se ruborizó.
La megafonía del avión interrumpió el momento preparándose para el aterrizaje y el gesto de Regina cambió automáticamente. Se aferró a los reposabrazos de su asiento hasta que sus dedos se volvieron de color blanco. Comenzó a respirar agitadamente y queriendo pensar en que el despegue lo había conseguido afrontar con dignidad logrando contenerse intentó retomar el control. Pero la pista era más corta de lo habitual y los movimientos del avión eran bruscos.
Emma cogió su mano y comenzó a hablarle –Señorita Mills, escúcheme, no ocurre nada, todo va bien. Esta pista de aterrizaje es más pequeña y por eso se sienten más los movimientos del avión pero todo está bien.-
La morena apretaba la mandíbula y cerraba los ojos con fuerza hasta casi hacerse daño
– Señorita Mills, respire conmigo-
Pero ella seguía sin reaccionar, contenía la respiración
–Regina, mírame-
Y al fin reaccionó.
–Mírame, respira conmigo, todo irá bien. Es una pista pequeña y aterriza de forma más brusca pero todo irá bien-
Se miraban a los ojos, la rubia se había girado completamente en su asiento y tenía tomada a su jefa por las dos manos
–Estoy aquí contigo, no te va a pasar nada ¿me oyes?-
La morena no era capaz de articular palabra, únicamente consiguió asentir con la cabeza mientras continuaba imitando a su asistente, quien exageraba las respiraciones para obligar a su jefa a seguirla.
Cuando un pequeño frenazo se sintió, Regina cerró los ojos durante unos segundos, dando gracias por haber tocado al fin el suelo. Al abrirlos, Emma seguía ahí, en la misma posición, apoyándola y esperando hasta que ella se recuperase.
Cuando el avión se paró, Regina le dio un pequeño apretón en las manos, dándole las gracias y ahora fue la rubia quien guiñó un ojo a lo que ella respondió con una sonrisa.
La más amplia que le había nacido regalar en mucho tiempo.
Mientras iban en el coche, agotadas después de todo el día de trajín solucionando y gestionando se dieron unos minutos de silencio. Estaban tan cansadas que ni fuerzas para cenar tenían pero Regina no quería perder la posibilidad de compartir ni un solo momento con su rubia.
Tenía más que clara la situación, era un viaje de trabajo y nada más pretendía, pero sabiéndose afortunada por la oportunidad de conocer más a Emma, no perdería la oportunidad.
–Según la Señorita Nolan el hotel tiene restaurante, pero si lo prefiere podemos ir a otro lugar que le apetezca más-
-Se lo agradezco, pero me siento tan cansada que creo que no tengo fuerzas para caminar más de unos pasos. Ha sido un día intenso, ¿le importaría si ese plan lo dejamos para mañana y hoy cenamos en el hotel?-
El gesto de Emma dejaba ver un pequeño temor por molestar a su morena, pero ésta reaccionó sonriendo "No sólo no me ha dicho que no, sino que no descarta ese plan para mañana".
Una vez llegaron al hotel se asombraron por lo bonito que era. Aún no habían podido ni siquiera hacer el registro y llevar su equipaje, ya que del mismo aeropuerto fueron derechas a la comisaría. El inspector quería hablar con Regina según llegase y ésta prefirió hacerlo nada más pisar la ciudad.
El resto del día fue un no parar.
La recepcionista tomó los datos de ambas y tras firmar los documentos pertinentes les entregó la llave. Emma cogió la primera y Regina se quedó esperando por la segunda, pero al recibir el "disfruten de su estancia" por parte de la empleada, frunció el ceño
–Disculpe señorita, pero falta una llave-
