Intentó abrir los ojos despacio, haciendo reaccionar su cuerpo lentamente, su cerebro no lo haría hasta que tomase su café-despertador.
Abrió uno y después el otro, recordando en una fracción de segundo dónde estaba y con quién. Su morena.
Ella estaba ahí, junto a ella y la observaba desperezarse con lo que parecía ¿una sonrisa?
–Buenos días- su voz era grave, acababa de recibir las primeras palabras de la mañana de la que le tenía el corazón en un puño. Se podría acostumbrar fácilmente a esto…
-Buenos días, señorita Mi… Regina- Iba a preguntarle qué tal había dormido cuando su teléfono sonó, aún sin lograr controlar sus movimientos cien por cien sumado a los nervios, no miró la pantalla y contestó directamente -¿Si?-
Era su amiga Lily. Era la única persona que sabía de sus sentimientos por su jefa. Eran amigas desde pequeñas, siendo el único apoyo que habían tenido la una en la otra en muchas ocasiones.
–Buenos días a ti también- miró de reojo a la morena y salió a la terraza, conocía a su amiga perfectamente, en cualquier momento comenzarían las preguntas indiscretas y las bromas incómodas.
–Buenos días, Lily. No vi que eras tú, perdona-
-¿Quién eres tú y que has hecho con mi rubia? ¿De dónde viene esa educación a primera hora de la mañana? ¡No me digas que ya has tomado café y hecho deporte porque me canso nada más oírte!- La rubia rompió a reír
–Perdona, no podía hablar ¿qué tal ese humor mañanero dragoncilla? Y no, no he tomado café ni salí a hacer deporte aún, creo que esta semana no voy a poder cumplir como de costumbre- un breve silencio se hizo en la línea y Emma supo que su amiga estaba cavilando algo.
–Swan, ¿qué me estás ocultando? ¿Qué hay tan grave como para que tú te saltes tus ejercicios?- ella miró hacia atrás y comprobó que Regina ya no estaba en la habitación, seguramente se habría metido en la ducha ya que tenían tiempo suficiente pero sabía lo exigente que era su jefa con la puntualidad
-Estás muy rara tú, incluso para no haber tomado aún tu café- se hizo el silencio unos segundos –Tierra llamando a Cisne blanco, repito, tierra llamando a Cisne blanco- La rubia respiró hondo y ese suspiró alertó a la del otro lado del teléfono -¿Se puede saber a dónde te has ido?-
–Bromas aparte, ¿va todo bien Emma?- Ella se giró y se quedó mirando al horizonte, observando el despertar de la ciudad –Pues no lo tengo claro, Lily. No sé si esto es genial o si va a convertirse en mi peor pesadilla-
-¿Pero se puede saber qué está pasando? ¡Desembucha!-
-La inútil de Kathryn hizo mal las reservas o los del hotel se pasaron de listos, sinceramente no sé quién es el culpable, pero estamos en la misma habitac…-
-¿QUÉ?- Casi podía ver a su amiga con los ojos como platos y la boca abierta. Por eso la llamaba dragoncilla, porque era tan expresiva y tan volátil que cuando se enfadaba parecía que iba a escupir fuego por la boca. Y cuando se sorprendía parecía que sus ojos te iban a comer. Prácticamente sentía que la estaba viendo ante sí.
-Lo que estás escuchando. Anoche compartí cama con la mismísima Regina Mills-
Emma hablaba nerviosa y acelerada, sin emitir apenas voz más allá de un susurro. Su corazón palpitaba en la garganta, decirlo en voz alta lo convertía en una realidad. No estaba soñando.
Dejó de escuchar a su amiga, solo la oía lanzar una pregunta tras otra, totalmente emocionada, mientras que ella solamente podía pensar en el agua de la ducha que estaba escuchando caer y en quién estaba dentro.
De pronto un grito la hizo aterrizar, Lily estaba tan alterada que si hubiera podido meter la mano por el auricular estaba segura de que ya no tendría pestañas del esmingón que le estaría dando para que reaccionase.
–Rubia, escúchame atentamente; esta es tu oportunidad. Has de aprovechar esta cercanía para cautivarla. Te conozco perfectamente y estoy segura de que si te conociera se enamoraría de ti. ¡Maldición, si yo siendo hetero me haces replantearme mi sexualidad cuando sacas tus armas!-
Antes de que siguiera hablando Emma la interrumpió
–Lily, no sigas por ahí. Ella nunca se fijará en alguien como yo. Al menos no en mí. Esta cercanía me la voy a tomar como un regalo y disfrutaré de ella y de los momentos que pasemos pero no quiero hacerme más ilusiones. No quiero sufrir más y si me imagino cosas que no son lo pasaré mal otra vez-
La morena suspiraba al otro lado, comprendía a su amiga. Llevaba toda su vida lidiando con el abandono y las pérdidas, y tras sufrir todo lo que ella llevaba pasado sólo tienes dos caminos: te conviertes en una tirana o te pones una armadura de diamante que te proteja.
–Rubia, prométeme que pase lo que pase o hagas lo que hagas tendrás cuidado y mirarás por ti. Eso incluye disfrutar el momento ¿Lo prometes?-
La rubia sonrió tiernamente, su amiga estaba siempre ahí para decirle lo que necesitaba oír, bien para afrontar y ver las cosas o para reconfortarla, como ahora –lo prometo, cariño, lo prometo-
-Sabes que estoy aquí, ¿no? da igual el momento, si necesitas hablar cuenta conmigo ¿hecho?-
-Sabes que sí, ¿con quién sino contigo?-
La rubia observó que ya no se escuchaba el ruido de la ducha, así que se despidió de Lily para comenzar a prepararse, tendrían un día duro por delante. Al entrar en la habitación se tropezó con Regina, ya arreglada. Se quedó obnubilada viéndola.
Llevaba una de sus faldas de tubo, pero con la abertura a un lado dejando entrever su muslo, un bolo de saliva no quería pasar por su garganta.
Una camisa negra de la que no sabría describir nada más allá de sus botones sueltos dejando entrever un sugerente escote. Aún no había pintado sus labios pero la conocía demasiado bien, sabía que acabarían de rojo escarlata. La iba a volver loca. Pasó a su lado y pudo paladear su perfume de manzana.
–Emma, pediré nos tengan preparados unos cafés para llevar y una vez en la empresa desayunaremos en el restaurante de al lado, así podemos tomarnos más tiempo y no ir tan apuradas ¿te parece bien?-
La rubia se fijó en sus ojos, su mirada era triste. Ese maquillaje siempre le hacía la mirada felina y ahora lo que veía le partía el alma.
Se dio cuenta de que su voz no era firme como acostumbraba. Había algo, pero no sabía detectar el qué
–Perfecto. ¿Va todo bien?-
La morena simplemente asintió con la cabeza y el superpoder de Emma detecto una mentira del tamaño del agujero de su estómago.
Correspondió al gesto y se encaminó a la ducha. Si ella no quería hablar no la obligaría pero acabaría por saber qué había ocurrido, la pesadez que le provocaba verla así la mataba.
Desde que tenía uso de razón tenía aquel superpoder como ella lo llamaba. Simplemente, sin saber cómo ella siempre detectaba las mentiras. Y nunca fallaba.
Tras colgar se queda observando el paisaje y su cabeza revive la conversación o lo que alcanzó a oír más bien.
El pinchazo del pecho le hace llamarse tonta una y mil veces.
En ningún momento lo pensó pero ¿cómo no iba a ser así? Pues claro que Emma tendría a alguien. Una persona como ella tendría a quien quisiera, ¿quién no iba a enamorarse de alguien como su rubia…?. "Espera. ¿Enamorarse? ¿Quién habló de enamorarse? Regina, aterriza que todavía te vas a pegar un castañazo de órdago."
Llamó a su hermana, para concretar la hora de llegada y acordar el orden de las reuniones. Sabía que Emma lo tendría todo aclarado y programado, pero necesitaba hablar con una voz amiga. La relación con Zelena no era de contarse sus cosas y comer los domingos, pero sabía que siempre estaba ahí aunque nunca recurriera a ella. Ni a nadie.
Según colgar el teléfono picaron a la puerta, era el servicio de habitaciones con los cafés. Hacía apenas unos minutos que los había pedido y la rapidez del servicio le sorprendió.
Sonó el teléfono y era Zelena otra vez, lo cogió mientras que con un gesto agradecía al camarero y le entregaba una propina.
-Hermanita, sé que no sería a mí a quien se lo contases si te ocurriera algo pero, sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?-
Regina se extrañó -¿Por qué me dices eso, pelirroja?-
-Porque te noto extraña, y antes de que me digas que son ilusiones mías, recuérdame cuándo fue la última vez que me llamaste pelirroja- silencio
–Hermanita, ¿qué ocurre? Prometo dejar mi ácido humor de lado un ratito- silencio –Pero sólo un rato, así que suéltalo ya o se pasa el plazo y después atente a las consecuencias-
La morena sonrió
–Nada, estoy bien de verdad. Nada que una semana intensa de trabajo y un par de copas esta noche no solucionen-
-Regina…-
-Zelena…- Silencio
-¡Ay! Está bien, eres peor que un dolor de muelas hermana… Hay alguien, no me pidas más detalles porque no te los daré. Hay alguien pero se queda todo en un único interés por mi parte porque ella tiene ya a alguien en su vida. ¿Contenta? ¡Y ni una pregunta más!-
-Regina, siento eso sea así pero recuerda que las Mills logramos todo aquello que nos proponemos. Y más aún si de romance se trata ¿Has dicho ella? ¿La conozco?- no pudo evitar soltar un bufido –está bien, está bien, no preguntaré más. Pero hermanita, saca tus armas y sedúcela. Nadie se resiste a tus encantos- pudo adivinar una sonrisa pletórica y supo que no se escaparía a la segunda parte del interrogatorio. La oyó despedirse –Nos vemos en un rato, Queen.-
-Hasta dentro de un rato, bruja- Regina bloqueó su teléfono con una sonrisa triste.
La echaba de menos, y sabía que tenía razón pero estaba falta de información. Si tuviera todos los datos sabría que ella no seduciría jamás a Emma, porque no quería un rato ni un trofeo más en su cama. Ella le importaba de verdad. Pero claro, eso es algo que su hermana nunca se imaginaría de ella. Regina con sentimientos… ¡Ja!
"¿Regina? ¿Otra vez con esas?" Sacudió su cabeza y entró en la habitación.
La Emma sonriente que colgó tras la llamada "cin si drigincilla" se había evaporado. Estaba tan bonita como siempre. Aquellos vaqueros negros ajustados que poco dejaban a la imaginación, con una americana negra de manga tres cuartos y el recogido que dejaba ver perfectamente su cuello.
Ese cuello…
Una camisa de cuello mao y unos pequeños tacones, que pese a ser de apenas dos dedos, hacía que igualara su altura habiéndose puesto ella ya sus más de doce centímetros de aguja.
Preciosa, pero triste. Tenía la mirada huidiza y aun teniendo todo ya preparado no dejaba de andar de aquí para allá por la habitación.
-¿Lista? Nos han traído ya los cafés y tenemos el chofer abajo esperando para que nos lleve a la oficina-
-Sí, lista. Gracias Señorita Mills-
El gesto que provocó el trato en la cara de la morena llevó a que la rubia se justificase –Vamos camino a la oficina, entramos en horario laboral- excusándose con una tímida sonrisa.
La morena nada dijo, cogió sus cosas y salieron.
Ya en la recepción, se acercó al mostrador y fijándose en el nombre de la solapa se dirigió a la empleada
–Señorita Mulán, le pido por favor que para esta noche cuando regresemos esté solucionada la incidencia de nuestro hospedaje.-
Su mirada hizo que a la chica le temblasen las piernas
–Po..P..Por supuesto Señorita Mills, en ello estamos trabajando. Q…Que tengan un buen día-.
Una vez en el coche, Emma miró de reojo a la morena. Sonriendo interiormente porque sabía que había disfrutado intimidando a la recepcionista y con un peso en el estómago que no supo identificar ¿sería porque temía no encontrasen otra habitación para ellas? ¿O precisamente por si lo lograban? Prefirió desechar esos pensamientos de su mente. No debía hacerse ilusiones, su morena no dejaba de ser su jefa y punto.
De sus propios labios lo había escuchado, había alguien en su corazón. Aunque estuvieran en la misma situación y no fuera correspondido, no daba pie a ilusiones ni sueños de finales felices.
En un principio nada se salía de lo que esperaba encontrar; saludos cordiales, presentaciones, revuelo por donde quiera que ellas pasaran y asignación de lugares en los que establecerse para trabajar.
Lo que desubicó a Emma fue el saludo entre las hermanas. Hacía muchos años que trabajaba en la empresa pero nunca había conocido en persona a Zelena. Regina dirigía la empresa y su hermana se encargaba de la Dirección Comercial. Se apreciaba una complicidad y confianza entre ellas digna de su parentesco o de camaradería de años pero nada de abrazos fraternales ni acercamientos afectuosos.
Sabía que hablaban semanalmente a parte de las cuestiones laborales que tuvieran, Regina de hecho tenía esa llamada marcada en su agenda como parte fija de su rutina, pero llevaban mucho tiempo sin verse y la situación la desconcertó.
Aunque no pudo dejar de fijarse en la actitud picotera de la pelirroja con su hermana, suponía que sobre la conversación que había mantenido su jefa en la terraza del hotel y de la que ella había oído accidentalmente un fragmento. Se dijo así misma de tomar nota mental de lo que pudiera escuchar o captar al respecto.
Regina estaría en varias reuniones donde la pondrían al tanto de la situación actual en lo referente al incidente y sobre la situación actual de la delegación, mientras que Emma avanzaría en su informe desde el despacho que habían asignado a su jefa, donde ella tendría también su puesto. Tras solicitar informes exhaustivos a todas las delegaciones ella prefirió comenzar con la que estaba, debido a la situación excepcional y a la comodidad de encontrarse en la misma ubicación.
Le presentaron a Ruby Lucas, quien se encargaría de ocupar el puesto de Directiva de la Delegación una vez se hubiera encauzado la problemática existente, y juntas estuvieron trabajando codo con codo en realizar un informe bajo todos los parámetros que afectarían a la empresa una vez que todo lo ocurrido saliera a la luz; económica, comercial y socialmente hablando. El mismo informe serviría para ambas en sus respectivos desempeños y trabajando de forma conjunta avanzarían más rápido.
Le cayó bien desde el primer momento. Tendría más o menos su edad, morena, un poco más alta que ella y vestía de modo bastante elegante aunque llamaba la atención el punto rebelde que marcaba su camisa. Era de color rojo (casi tan intenso como el carmín de sus labios y uñas) y tenía pequeños dibujos en color negro aparentemente sin forma, pero fijándose se podía apreciar que era la silueta de pequeños lobos aullando.
El trabajo evolucionaba rápidamente y en apenas tres horas tenían la mayoría de la información que necesitaban. Otras tres horas más y solamente les faltaría redactar y estructurar el informe. De pronto algo vibró en el bolsillo de la morena y se disculpó para salir un momento, pero antes de llegar a la puerta la pelirroja entró –Ruby, te necesi… ¡oh! Disculpen la interrupción. Señorita Lucas, por favor, venga a mi despacho- y Zelena se dio la vuelta sin más.
A Emma le sorprendió ese cambio pero siguió trabajando sin prestar mayor atención. Al cabo de un buen rato, volvió Ruby mostrándose nerviosa y agitada, y la rubia le preguntó si se encontraba bien o le ocurría algo pero ante la negativa de la morena, lo dejó estar y siguió a lo suyo.
Con toda la información recabada, y ya en los últimos pasos de la tarea apareció un hombre trajeado, vestido completamente entero de negro (camisa y corbata incluidas) y se quedó mirándola fijamente.
Le llamó la atención su mirada ya que llevaba pintada la raya del ojo y sumado al pendiente que llevaba, le daban un aire rockero. Él se acercó y se presentó
–Hola, amor. No nos han presentado, Killian Jones, Gerente Comercial de la delegación-
Emma extendió su mano para estrechársela sin muchas ganas, pero él en lugar de corresponder hizo un amago de llevársela a los labios, aunque sin completar la acción, como gesto de galantería. A la rubia le saltaron todas las alertas
–Pero todos me llaman Hook. Soy el mejor, y cuando echo el gancho a una transacción, nunca se me escapa- Dijo guiñándole un ojo.
Ella siguió observándole, para nada impresionada pero si expectante, no sabía si la sirena que oía en el interior de sus oídos se debía a la desconfianza que le provocaba, si era su gaydar dando aviso o si más bien se debía a su aspecto chocante. Ella siempre había llamado la atención porque a pesar de que se arreglaba y solían verla atractiva, se negaba a utilizar faldas de tubo, tacones de infarto o pantalones de vestir como uniforme.
A veces se los ponía, pero cuando le apetecía.
Ella se ceñía a sus pantalones vaqueros negros y americana, pero todos los demás solían vestir caros trajes y ropas más bien corporativas y ejecutivas. Él seguía esa norma no escrita que la empresa marcaba pero había algo en él que la desconcertaba.
–Swan, Emma Swan. Asistente personal de Regina Mills-
-¡Oh! Vaya, hueso duro de roer, te compadezco-
La rubia frunció los labios como gesto de disgusto con lo que acababa de oír y esa reacción no pasó desapercibida para Ruby
–Para nada, es una mujer con profesionalidad admirable y una personalidad arrolladora. Un orgullo trabajar para ella-
En ese momentose sintió un carraspeo, las hermanas Mills habían vuelto de la reunión. Zelena y Ruby salieron un momento para acabar de atender unos asuntos urgentes y tras la mirada de pocos amigos que recibió de la morena, Hook se disculpó y se marchó.
Regina se giró hacia Emma, quien se había sonrojado avergonzada por el momento y convencida de que su jefa había oído lo que había dicho llevada por la furia del momento, retiró la vista centrándose nuevamente en el trabajo.
Simplemente alcanzó a oír un –gracias- apenas susurrado y cuando levantó la cabeza se encontró con una Regina sonriente que salía de la oficina.
