Apenas habían podido verse en todo el día, la morena había comido durante una junta con el resto de ejecutivos y ella se había tomado una ensalada en su misma mesa de trabajo junto a Ruby mientras seguían avanzando.
Al final de la tarde Regina la llamó por el comunicador y la convocó en la mesa de juntas, donde aún tenía su ordenador y todos los papeles tras la reunión que acababa de terminar y haciéndolos a un lado invitó a Emma a sentarse con un gesto, entonces la rubia reparó en los vasos de bebida para llevar y su jefa sonrió.
Comentaron cómo había sido su día mientras tomaban su café y chocolate caliente con canela respectivamente mientras la más joven iba tomando notas de las indicaciones que su jefa le daba sobre pequeños puntos a tener en cuenta para el desarrollo futuro de la delegación y también que pudieran ser relevantes para su informe. Así mismo ésta le comentó los avances que habían logrado sobre el dossier y cómo había recibido ya parte de la información de algunas de las delegaciones.
Avanzaba todo mucho más rápido de lo esperado gracias a la ayuda de Ruby, ya que habían elaborado un enfoque concreto hacia dónde dirigir la investigación y así obtener mayores resultados en el menor tiempo posible.
Tras comentar los puntos fuertes se instaló un ligero silencio. Ambas bebían de sus vasos mientras se quedaron pensativas hasta que Regina rompió la calma
–Emma, gracias por salir a defenderme antes –
Sus mejillas dejaban ver la conmoción por el hecho y por sus palabras en aquel momento, aunque las de la rubia no quedaban atrás.
–Es la primera vez en mi vida que veo y oigo algo similar hacia mi persona, y siendo franca tengo suficiente conocimiento de causa como para prácticamente afirmar que nadie lo ha hecho sin yo presenciarlo-
Los ojos de la morena estaban perdidos en la muesca que tenía la tapa de su vaso de café para llevar y con su uña se centraba en intentar quitarlo disimuladamente, evitando por todos los medios mirar a la otra a los ojos.
Emma tenía un corazón en cada oído, porque aquella intensidad y aquella velocidad era imposible que saliera de uno sólo.
Se quedó observando a la morena con la boca entreabierta por la sorpresa de las palabras de Regina, pero sobre todo por la franqueza y la transparencia que transmitían.
Verla hacerse tan pequeña mientras a la vez seguía siendo aquella imponente mujer que le robaba la capacidad de respirar la descolocaba casi tanto como le encantaba.
Emma se acercó a Regina, y teniendo el impulso de acariciarle la mejilla y hacerla girar para que la mirase a los ojos se contuvo, desviando su mano hacia una de las de la morena y dándole un pequeño apretón mientras acariciaba con su pulgar en el anverso de la mano no podía parar de repetir en su mente lo increíblemente suave que se sentía.
-Yo no me atrevería a afirmar con tanta rotundidad, Señorita Mills. Ha de perdonarse usted para lograr que los demás dejen de tratarla como aquella persona. Pero tenga claro que no todo el mundo la ha visto en el pasado como la Evil Queen ni necesita tiempo o hechos que demuestren quién es ahora-
Regina levantó la cabeza y clavó la mirada en los ojos que tenía en frente, perdiéndose en aquellas palabras y lo que significaban para ella. "Nunca me había fijado hasta ahora lo bonitos que son, ¿son verdes o azules?" La emoción la embargaba y se le aguaron los ojos sólo de imaginar que aquellas palabras pudieran tener un significado más allá de lo literal en sí.
Emma veía a Regina, no veía a la Evil Queen que había puteado a toda la empresa, incluso a ella misma. Y los nervios se apoderaron de su estómago, la piedra que intentaba digerir su cuerpo desde que escuchó a la rubia hablando por teléfono con " 'quien quiera que fuera aquella persona' -prefería no saberlo-", había vuelto y se hacía cada vez más grande. No sabía si quedarse con lo que le provocaba pensar en esa desconocida o con lo que movía en su interior mirarla a los ojos. "Espera, ¿había dicho esa desconocida? ¿Y quién te dice a ti que es una mujer, Regina? Maldita esperanza, ¡deja de atormentarme!"
Al fin la morena reaccionó cuando oyó unos golpes al otro lado de la puerta, se acercó a Emma y dejó un beso lento en su mejilla.
Antes de que pudiera reaccionar, dio paso.
Era el señor Jones; -Disculpen la interrupción. Mi horario ha terminado y me preguntaba si podría robarle unos minutos a la Señorita Swan, directora-
Sin que Hook diera lugar siquiera a que Regina contestara, se dirigió a Emma
–Supongo su jornada también termina. Me preguntaba si querría que le enseñase la ciudad y quizás tomar después algo-
Miraba a la rubia con cara de pretender ser atractivo, contorsionando una ceja mientras una mueca parecida a una sonrisa se veía en su boca
–Señor Jones, le agradezco el ofrecimiento y efectivamente en breves finaliza mi jornada, pero ya tengo un compromiso-
Su voz salió con más fuerza de la que pretendía, el pequeño brote de rabia que sintió por la interrupción de aquel dandy había dado más dureza a sus palabras. Él hizo un asentimiento de cabeza y sin más, salió de la sala cerrando la puerta.
Regina soltó una carcajada. La rubia acababa de descubrir su nuevo sonido favorito y se juró que haría todo lo imposible por provocarlo cada vez que tuviera ocasión. Tener claro que no habría más, no significaba dejar de disfrutar de lo que tenían.
Cuando se giró observó cómo su jefa se limpiaba las lágrimas mientras seguía riendo
–Gracias, Swan. Esa cara quedará grabada en mi retina para la posteridad-
Tras unos segundos y recomponerse dio por finalizada la reunión. Mientras Emma iba a recoger sus cosas, se quedó pensativa "sus palabras textuales han sido 'ya tengo un compromiso' ¿Qué será lo que tiene que hacer? ¿Habrá acordado llamarse con su 'lo que quiera que fuera'?". El humor de la morena había dado un vuelco, recogió sus cosas y esperó a Emma en recepción. Al cabo de unos minutos su rubia apareció sonriendo y se obligó a no hacer caso a las mariposas de su estómago. Estaba teniendo una guerra interna entre "la piedra" y "las mariposas", y ella sólo quería que ambas desaparecieran y recuperar el control de su vida.
Se sobresaltó. Su rubia la estaba cogiendo de la mano, con cara de preocupación cuando fue consciente de que su mente había volado y sorprendida se encontró ya en la puerta del hotel. Emma la había llamado varias veces y no se había dado cuenta de ello.
–Señorita Mills, ¿se encuentra bien?- tras un silencio y la falta de reacción por parte de la morena -Está pálida ¿llamo a un médico?-
-No, no Emma, gracias. Estoy bien. Sólo me había ido a otro lugar- y una sonrisa intentó asomar sin éxito en los labios de la jefa.
Decidieron subir a las habitaciones para refrescarse antes de bajar a cenar cuando al acercarse al mostrador de recepción a recoger la llave de la otra habitación les atendió una nueva recepcionista. La rubia crujía sus nudillos nerviosa, pensando en un primer momento que esperaba estuviera solucionado, pero mientras la morena comenzó a hablar se sorprendió rezando a todos los dioses de Kobol por pasar una noche más con ella.
–Buenas noches, sean bienvenidas. ¿En qué puedo ayudarles?-
-Buenas noches, mi nombre es Regina Mills. Estamos alojadas desde ayer. Tenía reservadas dos habitaciones y debido a…"su inutilidad" un error, nos asignaron una doble. Su compañera la Señorita Mulán nos aseguró esta mañana que quedaría solucionado en el día de hoy.-
-Permítame un momento Señora Mills-
-Señorita-
-Perdone, Señorita Mills-
A Emma se le escapó una sonrisa. Esperaba que estuviera solucionado por el bien de la recepcionista, porque la mirada de Regina junto con el haberla llamado señora, no proponían ningún buen pronóstico para la empleada.
–Efectivamente, aquí está. Señorita Mills, habitación 108. Ahora mismo seguimos sin poder solventar la situación, la ocupación está completa y tras haber revisado la base de reservas nos confirman que hay una única reserva realizada a su nombre, por lo que hasta que no haya salidas no podemos hacer más.-
La morena echaba chispas
-¿Cómo? Pero eso es imposible, ayer mismo su compañera confirmó que existían dos reservas pero su ineptitud les llevó a interpretarlo como un error en lugar de realizar su trabajo y comprobarlo antes de anular una de ellas.-
Emma ya no sonreía, veía lo que se avecinaba y cogiendo aire se preparó para tomar las riendas de la situación.
–Señorita Mills, comprendo su molestia pero no puedo más que comprometerme a reservarles la primera habitación que quede libre.-
Y antes de que Regina pudiera abrir siquiera la boca, la rubia dio un paso más y cogiendo la mano de la morena quedando ocultas de la vista de la recepcionista, tomó la palabra.
–Está bien, por favor quede al cargo y nos avisa en el momento que eso ocurra. Manden a nuestra habitación una manta y una almohada más. Gracias.- y dándose la vuelta se dirigió al ascensor.
Una vez que se cerraron las puertas fue consciente de que aún seguían cogidas de la mano, se giró a preguntar a la morena cómo estaba y vio que ella no apartaba la mirada de las manos.
–Disculpe, sólo quería calmarla, no debí de tomarme la libertad- y mirando nuevamente al frente, sonrojándose y dándose collejas mentalmente se soltó. O lo intentó, porque Regina la cogió de nuevo sin decirse nada.
Una vez en la habitación, la morena se soltó sentándose en una de las sillas y se quedó de nuevo pensativa. Emma se estaba preocupando, algo le ocurría a su jefa y era la primera vez que no sabía a qué podría deberse o cómo actuar. Su turbación estaba nublándole el juicio o estaba perdiendo su objetividad, como fuere tenía que recuperar el control.
Prefirió darle tiempo a Regina y pasar ella primero a ducharse. Decidió darse un respiro a si misma también y poner música mientras se arreglaba. Estaban siendo unos días muy extraños y estresantes a partes iguales.
Una vez en la ducha, mientras escuchaba Believer de Imagine Dragons se dejó llevar. Comenzó tarareando, pero la música la llevó a acabar cantando la canción sin recordar dónde estaba ni quien estaba al otro lado de la puerta.
A esa siguió Zombie de The Cramberries y otras más.
"…Dejaste de sentirte vacía por tu soledad,
Y apareció en tu vida la chica de tu sueños
otra princesa herida, y ella curó tu infierno…"
Su cara se puso colorada como no recordaba haberlo estado antes mientras terminaba de vestirse al percatarse de que canción era la que estaba cantando en ese momento. Enmudeció. Cuando reaccionó la canción seguía sonando y acelerada se acercó al teléfono intentando apagar el reproductor tropezando, haciendo sin querer que la canción volviera a empezar y cayéndose el aparato al suelo. Todas las maldiciones conocidas y desconocidas salían de su boca, hasta que logró pararlo. Su teléfono se había llevado un buen golpe, pero parecía estar en buen estado.
Mirándose en el espejo comenzó a reír. "Cuando salga de aquí voy a morirme de vergüenza, ¿Qué estará pensando? Ojalá haya salido y no haya oído nada…" Cogió su pequeño neceser con el maquillaje y salió del baño para que pudiera entrar Regina, no sin antes respirar hondo varias veces intentando apelar a la valentía.
La morena no pensaba perder la oportunidad de disfrutar del momento y meterse con ella, en el momento que su rubia salió del baño se quedó por un segundo sin palabras al ver a Emma con un vestido negro y sencillo que detallaba sus curvas.
Se le desbocó el corazón.
Aún estaba descalza y sin maquillar, pero podía asegurar que estaba preciosa así, sin necesitar nada más. Fue cuando vio que estaba colorada de vergüenza cuando recordó el episodio anterior y no pudo callar
–Señorita Swan, quizás debería prestarme esa lista de reproducción mientras me arreglo. Lo pensaba mientras la escuchaba, pero ahora que la veo… Lo confirmo-
Y ante la cara de sorpresa y el sonrojo permanente y en aumento de la rubia, le guiñó un ojo y entró al baño.
Según cerró la puerta el olor del perfume de canela la invadió y la imagen de hacía unos segundos amenazó con pensamientos no del todo aceptables. Haberla escuchado cantar no sólo había sido un disfrute para sus oídos y para su ego teniendo en su mano algunas bromas aseguradas, sino que aquella última canción podría ser una pequeña pista…
Emma salió a la terraza, había terminado de arreglarse y aún no había recuperado la calma después de los nervios. Apenas había puesto un pie fuera y tocaron a la puerta, era el servicio de habitaciones. Un carrito con la cena, velas, vino, champagne y dos ramos de flores, uno para cada una.
Al ver la cara de desconcierto de la rubia, el camarero se apresuró a aclarar antes de que le diera tiempo a preguntar siquiera. Cena por cuenta del hotel por todas las molestias ocasionadas, que esperaban pudieran hacer más agradable la estancia pese a las incidencias. Le entregó un sobre donde lo detallaba y se fijó en que iba dirigido a las Señoras Mills & Swan. Se le escapó una sonrisa… "Me gusta cómo suena".
Una vez el camarero se marchó, dispuso la mesa, la cena, el vino, las velas…
"Definitivamente, jamás voy a recuperar el color de mi cara…"
Los nervios la estaban carcomiendo. Se fijó en los ramos de flores. Eran rosas rojas, preciosos. Y se le ocurrió una idea…
