Aunque habían tenido un mal comienzo, ambos jóvenes se limitaron a cumplir con las obligaciones que sus respectivos trabajos demandaban. Durante la primera semana Zelda estuvo alerta, observando cada movimiento que él hacia dentro del café, pero en ningún momento mostró señales de querer dañarle. Cuando el joven se limitaba a saludar con la cabeza cada vez que entraba en el pequeño café, se dio cuenta de que quería evitar todo contacto con ella de ser posible. A mediados de la segunda semana bajó la guardia y ya no se ponía incómoda cuando el hombre entraba al café para acomodar cuidadosamente los pasteles en el mostrador.
Se estaba haciendo tarde y otra vez habían tenido poca clientela. Tal vez no les ayudaba el hecho de que hacía tiempo no cambiaban el menú. O tal vez se debía a que la joven no era muy apreciada en el lugar. De cualquier manera, algo debía hacer, Effie estaba teniendo muchas pérdidas y no pasaría mucho tiempo antes de que tuvieran que cerrar el lugar. Zelda resopló fastidiada por el pensamiento y arrojó la cofia sobre la barra. Salió del lugar molesta haciendo sonar la campanilla de la puerta de entrada. Se sentó bajo la sombra de un gran roble que se encontraba en el jardín, tan viejo que le pareció que ya debía estar ahí cuando se asentó la aldea. ¿Qué le pasaba a la gente de Frewynd? ¿Por qué habían decidido vivir con el rencor de algo que había sucedido tantos años atrás? ni siquiera estaban seguros de qué injusticia había cometido el entonces rey que molestó tanto a sus vasallos. Bueno, tampoco podía culparlos, ella también había huido de una injusticia en su pasado, por eso pensó que encajaba perfectamente en Frewynd, aunque al parecer, nadie compartía su opinión.
Volvió adentro una vez que se tranquilizó, se sorprendió al encontrar la barra limpia y ordenada. Había tardado más de la cuenta, la hora de cerrar se aproximaba y al parecer el joven se había adelantado con la limpieza.
-No debiste hacerlo –dijo en voz alta para hacerse escuchar hasta la cocina, no hubo respuesta.
Era la tercera vez en la semana que el hombre hacía parte de su trabajo. A pesar de que había estado trabajando en el café durante una semana y media, difícilmente cruzaba palabras con ella. Aunque al principio le pareció correcto mantener su distancia, ahora resultaba extraño trabajar juntos todo el día sin hablar de nada, más allá del saludo y despedida, cruzaban palabras cuando era estrictamente necesario o cuando Effie les preguntaba cosas a ambos.
Afuera ya estaba oscuro cuando su amiga salió de la cocina seguida del joven, ambos se reían de algo gracioso que al parecer ella se había perdido. Effie siempre había tenido facilidad de palabra, tampoco le costaba mucho hacer nuevos amigos y al parecer este era el caso. Evidentemente ella era la única con una actitud hostil hacia el nuevo empleado del café, incluso sus amigos, ambos originarios de Frewynd se mostraban amigables con él. Suspiró cuando el joven se despidió de ambas y salió por la puerta haciendo sonar la campanilla, ella también había estado en esa situación, si sus amigos confiaban en él, entonces ella no tenía de que preocuparse. Pensó en una manera de entablar una conversación, pero no pudo evitar sonrojarse cuando recordó que había intentado golpearlo en su primer encuentro. ¿Y si creía que estaba loca? Tal vez por eso la estaba evitando.
LA mañana siguiente despertó decidida a hacerse amiga del joven, cuando entró en el café escuchó las voces en la cocina. Quiso unírseles, pero antes de dar un paso, el primer cliente del día anunció su entrada. Después de ese llegó otro y otro más. Le pareció extraño el inusual flujo de clientes, normalmente para las dos de la tarde difícilmente alguien se aparecía en el lugar, pero ese día algo parecía haber cambiado. Mientras preparaba café con la mente distraída, derramó la bebida caliente sobre su mano izquierda. Le pareció muy extraño cuando Link la condujo con rapidez a la cocina. Juraría que lo había visto salir a sacar la basura. Zelda no protestó y dejó que el joven le atendiera la quemadura.
-G-gracias...—murmuró con timidez, no podía dejar de pensar en que había intentado golpearlo. Link sonrió y negó con la cabeza.
-Ten más cuidado, por favor.
Después de ese pequeño incidente, la situación entre los dos pareció menos tensa, saludaba cada que entraba a la cafetería y lo felicitaba por su trabajo al final del día. También le pareció buena idea poner un plato más en la hora de la cena, si bien ella, Effie y Finnian siempre cenaban juntos, nada pasaría si ponía un cuarto plato en la mesa. Él aceptó de inmediato cuando le hizo el ofrecimiento, mientras su amiga sonreía de oreja a oreja.
Había pasado toda la tarde deambulando sin rumbo, pensando una y otra vez en el nuevo empleado. Torció la boca, intentando descifrar cuál sería la verdadera razón por la que se encontraba en un lugar como ese y cómo había logrado que el consejo, siendo tan estricto como era, hubiera permitido su estadía ahí.
Se detuvo frente al pequeño lago de Frewynd, la aldea no se encontraba ubicada en el oasis que todo mundo creía, pero si existía un pequeño lago que se encargaba de abastecer el lugar. Se acercó con curiosidad y no se sorprendió mucho al encontrarse con el hombre de cabello rubio. Link estaba sentado con las piernas separadas en el suelo frente al fuego con los pies descalzos y los pantalones arremangados hasta la pantorrilla. Sus brazos descansaban en sus rodillas y observaba con mirada ausente el pescado arder en el fuego. Suspiró con pesadez.
-Ese fue un gran suspiro—dijo Zelda acercándose lentamente. Link dio un pequeño saltito de la sorpresa y después saludó torpemente—Tranquilo, hombre—dijo sentándose con poca gracia frente al fuego—¿Qué soy, tu jefe? –Preguntó riéndose.
El hombre la miró sorprendido por la familiaridad con la que se dirigía a él. Ella tomó la rama en la que se asaba el pescado y lo observó curiosa.
-¿Te molesta si lo pruebo? –preguntó mirándolo a los ojos.
Link observó los brillantes y dulces ojos azules de la muchacha, sus pestañas eran pobladas, largas y encorvadas, sus mejillas sonrojadas por eminente disminución de temperatura durante las noches en Frewynd, resaltaban armoniosamente junto con sus labios sobre la palidez de su piel.
-¡Oye! No seas envidioso, nada te pasará si me das un poco—dijo, haciendo una mueca de disgusto.
Parpadeó un par de veces antes de encontrarle coherencia a las palabras de la mujer. Asintió mientras las curvas de su boca se alzaban en una amigable sonrisa. La joven le devolvió el gesto y dirigió su atención al pescado asado.
Link estaba sentado frente a ella del otro lado del fuego, la observó detenidamente una vez más mientras ella trataba de enfriar su comida.
-Me estaba preguntando...—Dijo de repente, haciendo que el joven volviera en sí—¿te molesta mi presencia? –preguntó mirándolo a los ojos. Él parpadeó un par de veces, impresionado por su franqueza y sonrió mientras negaba con la cabeza.
-No podrías estar más lejos de la verdad—contestó sonriendo—pero para ser honestos, me he estado preguntando lo mismo.
Zelda le dio un mordisco al pescado y bajó la mirada mientras masticaba, buscando las palabras correctas. Tragó la comida antes de continuar hablando.
-Bueno, no me desagradas—dijo, encogiéndose de hombros—pero debo admitir que la primera vez que nos vimos dudé de tus buenas intenciones—Link hizo una mueca.
-¿Podría ser que mi aspecto no es de fiar? –preguntó ahogando una risita—Tal vez por eso merezco ser golpeado.
-Lamento eso—murmuró por lo bajo mientras alejaba el pescado—pero eres un Hylian.
Link la miró por un minuto y después arqueó una ceja, confundido.
-Ser Hylian no me convierte en un hombre sospechoso—argumentó aún con una clara sonrisa burlona en el rostro.
-A mí me parece que sí.
-Bueno, los antepasados de las personas de Frewynd eran hylians, incluso tú eres es una Hylian, pero contrario a tu opinión, no me parece que seas una mala persona.
-¿Cómo puedes decir algo así? Apenas me conoces…
-Bueno, me da la impresión de que eres una mujer amable—dijo sin apartar la vista de la joven—Tengo buen ojo para las personas, ¿sabes? –sonrió— Sólo soy un viajero, no debes preocuparte por mí—volvió a mirar el fuego—cuando llegue el momento de marcharme, me iré.
Zelda se dio cuenta de la mirada ausente del joven, tal vez él también estaba huyendo de algo. Se movió junto a él y tomó su mano, el joven la miró confundido y ella le sonrió para hacerle saber que las cosas estaban bien entre ellos. Él le devolvió la sonrisa, seguro de que había acertado una vez más.
Effie los miraba curiosa desde la cocina, no se había dado cuenta cuándo se habían vuelto buenos amigos. Normalmente ella evitaba a las personas, por temor a ser rechazada, pero con aquel joven había sido diferente. Aunque habían tenido una mala primera impresión, ahora parecía que lo habían superado. No estaba segura de por qué había insistido tanto ni de por qué se había auto proclamado el encargado del desayuno, pero no protestó. Su compañía le resultaba cálida y familiar, como si lo hubiera conocido de toda la vida. Había descubierto que el joven era un compañero inteligente de conversación, aunque con un pésimo talento de comediante. Le gustaba que el día terminara con una broma aburrida en un arduo intento del hombre por hacerla reír.
-Ya ha oscurecido y en este lugar parece invierno—dijo huraña mientras hacía una mueca de disgusto.
En Frewynd los calores duraban la mayor parte del año a diferencia del resto de Hyrule, en donde la temperatura se mantenía agradable en casi cualquier rincón del reino a excepción del pico nevado en donde si no ibas bien abrigado podías morir congelado y la montaña de la muerte a donde sólo Goron y los más valientes se atrevían a adentrarse ya que el volcán era inestable y arrojaba lava y rocas volcánicas casi la mayor parte del tiempo.
Link se rió mientras bebía el café que Zelda le había preparado, ella limpiaba la barra con un paño húmedo.
-Este lugar es horrible—dijo la joven—¿por qué has venido?
-Bueno, ya te lo he dicho antes—contestó, sonriendo. Giró la cabeza a la izquierda y miró el rostro de la joven—soy un viajero—Zelda se disculpó y sonrió encontrándose con la mirada con la de su amigo—¿y tú? Escuché de Finnian que tú tampoco eres de aquí.
La joven sonrió con mirada nostálgica y se encogió de hombros.
