7 - Confesiones

Salió a la terraza y esta vez sí, pudo disfrutar de las vistas y el aire fresco. Envió un mensaje a Lily avisándola de que no podría llamarla, que se encontraba bien y al día siguiente hablarían.

Prácticamente en el mismo momento la morena contestó mediante un audio
–No hagas nada que yo no haría. ¿Y qué no haría yo…? Te quiero mi Cisne Blanco-

Emma contestó también con un audio mientras torcía la cabeza

Deja de azuzar, dragoncilla. He decidido no rayarme pero tampoco quiero irme a las nubes. Voy a disfrutar de estar con ella, pero no quiero hacerme ilusiones ni crear ninguna expectativa. Es sólo trabajo. Mañana hablamos. Sé buena y deja de lucubrar. Yo también te quiero, Cuídate.-

"Qué peligrito, madre. ¿Pero qué haría yo sin ella?"

Al darse la vuelta para entrar en la habitación vio a Regina en medio de la habitación, su cara era de total asombro. Le dio la tarjeta y le explicó el detalle por parte del hotel. Disfrutó de ver a su morena totalmente ruborizada y nerviosa.

Lo que Emma no sabía era que su estado no era debido a la cena en sí, que también, sino a lo que acababa de escuchar al teléfono. No sabía quién sería "isi driguincilla" pero no podía evitar pensar si lo que había dicho iba por Ruby. Prefirió no pensar en ello y disfrutar de la noche.

Se fijó en cómo estaba todo colocado, "The piano guys" sonaba desde el ordenador de la rubia y las velas sobre la mesa… Se acercó al ramo de flores que había sobre su silla y vio que tenía una tarjeta, al abrirla pudo leer

["Aprender a hacerse bien a sí mismo es a veces más difícil que aprender a hacer el bien a otros."
John Lennon. ]

Al levantar la vista se encontró con los ojos de Su rubia. La culpable de que ella se encontrase en ese punto en el que quería sólo ser mejor y enmendar sus errores. Por primera vez en su vida veía una fantasía en los finales felices y no simples pamplinas.
Quería realmente luchar por el suyo, y tenía claro con quién.

No sabía de quien hablaba en esa llamada, pero quería hacerse ilusiones. La observó y notó que estaba nerviosa.

–Emma, hay muchas formas de agradecer, muchos modos de poder transmitir lo en deuda que estoy contigo. Y créeme cuando te digo que no hablo únicamente del día de la huelga, ni de las horas que dedicas a tu impecable trabajo. Cómo no necesito nada más que mirarte y sabes lo que necesito. Ni a toda la paciencia que me tienes, ni a que después de tanto tiempo y todo lo que he hecho aun así saques la cara por mí. Me refiero a mucho más. Pero no hay palabras… -

En respuesta la rubia retiró la silla, ofreciéndola sentarse, con una sonrisa sincera. De esas que no suelen abundar, al menos en su vida. Y una vez en el sitio le escuchó decir en su oído, apenas en un susurro –Deje de hablar. Disfrute y sonría-

Sintió un escalofrío. Ya no sabía qué era lo que había en su estómago, pero lo que fuera que allí viviera últimamente era lo que menos le importaba en este momento.

Emma apenas podía oír la música, el corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento. Regina estaba preciosa. Un sencillo pantalón de pinzas, una básica blanca y un chaleco de corte encima, apenas sin maquillaje y con el pelo recogido a un lado. Nunca la había visto más real y auténtica. No quería que aquella noche terminase nunca.

"¡Me ha tuteado! Nota mental: poner un altar a las recepcionistas, Kathryn o a los Dioses de Kobol por orquestar esto. Gracias, gracias y mil gracias."

Comenzaron a cenar. Las copas, las miradas y la conversación distendida dieron lugar a una larga sobremesa. Hablaron de todo un poco, temas sin mayor trascendencia al comienzo de la botella, pero según se iban sucediendo las copas ambas quisieron profundizar en la otra.

Regina descubrió que Emma no tenía más familia que Lily, y se sintió realmente culpable por nunca haber mostrado el mínimo interés por la vida de quien hacía la suya más fácil. Se enfadó consigo misma al recordar cómo despreciaba en el pasado cada acto que hacía por ella.

La rubia debía de leerle la mente, porque con simplemente torcer el gesto la trajo de nuevo a tierra indicándole que no con la cabeza, que por ahí no.

Esa mujer iba a acabar por volverla loca…

Emma se encontró con que Regina besaba el suelo por donde su padre pisaba, que fue la única persona que siempre la vio como ella era y no como el tiburón empresarial en el que su madre quería convertirla y finalmente logró hasta que "la rescataron" como ella dijo.

La sonrisa triste en los labios de su jefa le había hecho plantearse cuantas de aquellas veces que la veía ya en la oficina cuando llegaba aun siendo temprano, o cuando se quedaba todavía en su despacho al marcharse a casa, varias horas después del fin de jornada eran por trabajo y cuantas otras serían por huir de la soledad.

Alargó la mano hacia los chocolates que acompañaban a su postre y con la cuchara dejó uno en el plato de la morena.

Uno por cada sonrisa. Y hay bastantes, ya ve, pero ha de ganarlos- Eso y un guiño le regalaron varias sonrisas más durante la noche.

"¿Chocolate? Y que no pagaría yo por verla sonreír… ¡Hasta de mi chocolate le doy! ¡Pero qué está haciendo esta mujer conmigo!"

Acabaron por descartar el paseo, era tarde, pero sacaron las sillas a la terraza y se lanzaron con el champagne.

Señorita Swan, no por emborracharme se librará mañana de ir a trabajar, espero que sepa eso- y tras una mirada cómplice acompañada de risas –aunque sea consciente de que nos vamos a arrepentir de abrir ésta en cuanto suene el despertador- Más risas, y la rubia adoró ese Señorita Swan.

Era diferente. Todo era diferente… Y no quería ilusionarse, lo tenía claro, lo había decidido y lo había hablado con Lily (decirlo en voz alta era crear sentencia para ella) pero le estaba encantando este cambio.

Con la nueva botella, el cambio a la terraza y la casi total ausencia de luz afuera más allá que la ciudad iluminada de noche, habían pasado a un ambiente más íntimo. La música había desaparecido por las altas horas y porque se sentían cómodas en los pocos silencios que había, no necesitaban un relleno o un apoyo. Estaban ellas dos y valía.

La rubia propuso un juego: Turnos de preguntas. Era consciente de a lo que se aventuraba, pero no imaginó que podría ser tan peligroso…

-Bien, usted propone; yo empiezo.- y se aclaró la garganta, por aquello de intentar recobrar su solemnidad empresarial -¿Qué le parece Ruby?- su intento de parecer seria y profesional quedó un poco en el aire en el momento que su cara reflejó inquietud pero se amparó en la oscuridad que las rodeaba.

-¿Ruby? Un poco misteriosa por algunos detalles que vi, de otra manera me gustó trabajar hoy con ella. Es rápida y eficiente, tiene buenas ideas y sabe trabajar en equipo, es algo que valoro y agradezco mucho. Demasiadas zancadillas duelen pero también ayudan a apreciar más los buenos compañeros.- Regina sintió un pequeño pinchazo en el pecho por lo que aquellas palabras significaban. Emma estaba acostumbrada a sufrir en todos los ámbitos de su vida. Eso la hizo reafirmarse más aún en su postura.

-¿Y como mujer?-

-¿Co...Como mujer? Mmm, pues realmente no la conozco para opinar como persona, la verdad es que apenas compartimos unas horas de trabajo-

-No, Emma, me refiero a como mujer- Regina quería apretar las tuercas. Si realmente le gustaba Ruby como creía tras escuchar esa conversación por teléfono con Lily ahora que sabía que era como su hermana y no su pareja, debía hablar con la rubia.

Conocía a su hermana, y por lo que había observado estaba casi segura de que había algo entre ellas. Lo último que quería es ver sufrir a su rubia.
Aunque prefería no pensar en el hecho de verla con Ruby si ellas llegaban a entenderse…

-Es bonita. Sí, es bonita… Y simpática quizá. No sabría decir mucho más-

Aquello le estaba doliendo. Regina quería saber qué opinaba ella de Ruby, y tras haber visto ese comportamiento extraño en la nueva compañera supuso o le pareció que había algo entre Zelena y ella, pero… ¿Será que hay algo entre ella y Regina? Prefirió no pensar más y seguir disfrutando de la noche.

Mi turno. ¿Cuál es la mayor locura que ha hecho?-

La morena soltó una carcajada pero sus ojos no la acompañaban, aunque la oscuridad dejó eso en un segundo plano. Automáticamente se le vino a la mente EL momento. No había hecho muchas en su vida, pero aquella era su historia.

Esa pregunta no me la esperaba Swan-

-Vamos Mills, es la pregunta obligada en todo juego. Ya sé que tiene una, por su reacción no tengo dudas-

-Fue en la universidad. Aún vivía con mis padres. Las normas de Cora fueron ley allá por donde ella pisara y en mi vida no había mucha diferencia. Literalmente la pisó muchas veces.-

La morena sacudió la cabeza intentando salirse del pensamiento al que había llegado y volvió a centrarse en la pregunta de Emma, volviendo así también su sonrisa. La rubia comenzó a plantearse si había sido buena idea el juego, un deje de amargura tomaba la voz de Regina

Había una fiesta ¿qué sería de una facultad sin sus fiestas?, yo estaba en último año y aún no había pisado ninguna. Mi padre se enteró de que me habían invitado mientras Mal intentaba convencerme, pero yo sabía que mi madre no me dejaría ir. No me había permitido salirme de mis horarios jamás, no me iba a dejar salirme con la mía y menos para ir a una fiesta con ella.
Así que mi padre entró en mi cuarto y él improvisó todo el plan. Mal sólo podía entrar en casa cuando mi madre no estaba, obviamente ella no lo sabía. No toleraba
"esa clase de amistades", peropapá me apoyaba, como siempre hizo con todo.
Dio el día libre a Granny, nuestra ama de llaves, dio el día libre al chofer y él mismo nos metió en su coche y nos llevó hasta la fiesta. Me quedaría a dormir en casa de Mal y él nos cubriría con mi madre si ella llegaba antes o se enteraba de algún modo.
Fue la mejor noche de mi vida… Bailamos hasta que nos dolieron incluso las pestañas, bebimos lo justo para decir
"estuve en una fiesta universitaria" pero sin emborracharnos y después nos fuimos a dar un paseo por la playa.-

Tenía un tono de nostalgia y tristeza en la voz que encogió el corazón de la rubia. La mirada a lo lejos y su mente perdida le dieron la oportunidad de observarla más en detalle dejándose llevar por los movimientos de sus labios a pesar de la escasa luz…

-Ese día Mal se declaró. Hablamos durante horas y me sentí completa por primera vez en mi vida. Hicimos planes y soñamos despiertas hasta que amaneció y nos fuimos a su casa. Sus padres no estarían y ella había preparado una romántica sorpresa. Pero la sorpresa nos la llevamos cuando en la puerta de su casa estaba mi madre con su chofer, esperándonos. No tuve tiempo ni opción a despedirme de ella, me metieron en el coche y arrancaron sin dejarme ni siquiera mirar atrás.
Al día siguiente Mal y sus padres se habían marchado, nunca supe que ocurrió. Pero no tengo duda de que fue cosa de Cora.
Durante años intenté localizarla hasta que simplemente me di por vencida.
Mis padres se separaron unos meses después de aquello y yo me fui con mi padre, pero ni así me quité de encima la sombra de mi madre. Aún me pesa a día de hoy, con los años que lleva muerta. Esa es mi mayor locura… Y mi mayor demonio.-

La rubia había cogido de las manos a Regina en algún momento del relato. Había roto a llorar y ver a su morena así le estaba partiendo el alma. Alargó una mano para limpiarle las lágrimas

Regina, lo siento mucho, de veras. Por todo lo que has sufrido y por haberte hecho revivirlo ahora con mi estúpida pregunta. No quiero verte así-

-No lo sientas. Me alegro de habértelo contado. Nadie salvo Zelena y Mal, donde quiera que esté, saben esto de mí. Haberlo compartido contigo es mi forma de decirte que me importas. Y quien sino tú para saber el motivo de mi amargura si eres quien la está curando-

Sus miradas se eternizaron, ambas se quedaron atrapadas en sus pensamientos sin saber qué decir. La rubia reaccionó antes, incorporándose y dejando un beso en la mejilla de Regina.

Creo que ha sido un día suficientemente completo como para que le demos un respiro, pero te aseguro que ni la resaca de mañana me hará plantearme arrepentirme.- y comenzó a recoger el desastre de la terraza, acercándole a Regina un kleenex que había cogido una de las veces que entró mientras limpiaba.

Pasaron al baño por turnos, para desmaquillarse, lavarse los dientes y ponerse el pijama y cuando estuvieron en la cama sin mirarse, sin hablar, sin dudar… No hubo barreras ni tensiones como en la noche anterior, se acostaron y se dieron las buenas noches rezando por poder arañar unos minutos al reloj cuando sonara la alarma. Iba a ser un día muy largo.