10 - Cuasi

Contenía el aliento, estaba tan sorprendida que no reaccionaba y aquello la estaba poniendo histérica. Miró a Graham y él le guiñó un ojo mientras se daba la vuelta acercándose a dos chicos que estaban ahora al lado del coche. Él les puso los brazos por encima de los hombros y juntos se acercaron al camión de helados, pero tampoco les prestó más atención, aquello lo veía por el rabillo del ojo. Así como que en la playa sólo había una pareja paseando cogidos de la mano y una chica sentada cerca de la orilla leyendo mientras su perro corría a su alrededor dando vueltas, yendo y viniendo al agua.

Pero todas esas acciones pasaban en otro mundo, a un ritmo muy lento mientras ella sólo fijaba la vista en Regina. Al fin la miró, y soltó de una vez el aire que estaba aguantando e inhaló profundamente de nuevo.
-Emma… -

-Antes de que diga nada. Simplemente creí que nos vendría bien salir de la rutina hotel-oficina-hotel por un día, y me pareció que éste podría ser un buen lugar. La llamada del bufete- carraspeó y cerró los ojos imaginándose las posibles reacciones – EraUnaMentira- dijo rápidamente mientras una sonrisa de circunstancia intentaba ocultar lo nerviosísima que estaba. Las piernas le temblaban tanto que si no fuera porque había enterrado los pies en la arena de tanto mover los dedillos, ya se habría caído.

Al abrir los ojos se encontró con la mejor sonrisa que Regina le había regalado nunca. La miraba con incredulidad, pero sonreía, así que respiró.

-Emma. Gracias… Me encanta. Y como bien dices creo que es algo que nos vendrá bien. Aunque confieso que no lo sentía necesario, el viaje me está sentando genial, pero me encanta tu sorpresa.-

Se miraban a los ojos y el gesto de la morena mordiéndose el labio inferior hizo que Emma sintiera un leve mareo –Será mejor que nos sentemos, el espectáculo va a comenzar en breves-

Se sirvieron el vino y observaron la puesta de sol en silencio. Pero no un silencio incómodo sino un silencio reparador.

-Creí le vendría bien distraerse-

-Emma, no estamos trabajando, puedes tutearme. Por favor…-

-Creí que te vendría bien distraerte, creo que el día ha sido algo duro-

-No más que para ti-

En ese momento Regina recapacitó. Analizó fríamente lo que estaba viviendo y la piedra que vivía en su estómago últimamente cobró vida de nuevo.
"¿Es esto una cita? Pero… ¿y Ruby?"

-¿Puedo hacerte una pregunta?-

-Eso es una pregunta-

Una carcajada salió de la garganta de Regina –No tienes remedio… - Se miraron a los ojos, manteniendo el contacto. Se estaba convirtiendo en algo habitual y ninguna de las dos parecía disgustada por ello.

-¿Cómo estás?- un gesto de extrañeza por la pregunta hizo que Emma frunciera el ceño –Con lo de que el día ha sido duro sé que no te refieres al trabajo. Algunos días son más cansados que otros y sé que esta semana está siendo muy intensa para ambas con todo lo que estamos gestionando en tan poco tiempo, pero también sé que el trabajo duro no te achanta.- miró un momento al horizonte y apenas quedaba un reflejo para apagarse del todo. Manteniendo la mirada a lo lejos continuó, queriendo dar cierta intimidad a la rubia con el tema. –Hablas de Ruby.-

-Oh…- Emma miraba a la morena, vio que rehuía su mirada y se sintió mal por ella –Sobre eso, siento lo ocurrido- su voz era apenas un susurro –Ella se lo pierde-.

Regina fijó la vista sobre los ojos verdes y confirmó –Ni idea tiene de lo que se pierde- su gesto desconcertó a la rubia –espero el viaje no te resulte muy desagradable por esto-.

Emma se sentía totalmente perdida. ¿Qué estaba queriendo decir? –Regina, el viaje me está pareciendo inolvidable. Sé que es trabajo, sé que comenzó accidentado, sé por lo que estamos aquí y estamos trabajando duro, pero te aseguro que estoy disfrutando como una enana- sostuvo la mirada –y no tengo nada en contra de tu hermana, me cae bien. Pero si Ruby se molestara en conocerte, si hubierais coincidido en otras circunstancias o si tuviéramos más tiempo aquí, te aseguro que se enamoraría de ti perdidamente. Sería idiota si no lo hiciera.-

La intensidad de aquella mirada le había robado el aire, intentaba llenar los pulmones una y otra vez pero flojeaba. –Emma, pero...-

-No hay peros, Regina. Sé que nada que te diga te hará sentir mejor, pero deja de dudar de ti. Sabes quién eres como profesional. Deja de dudar y aprende a ver de igual manera quien eres como mujer. Eres una gran persona, con errores y un pasado como lo tenemos todos, pero buena persona. Hasta que tú lo veas, yo lo veré por ti.-

Intentando contener las lágrimas Regina buscó las palabras que su garganta se negaba a decir.

Es lo más bonito que me ha dicho nadie jamás. Y no lo digo porque sean palabras bien adornadas, ni porque estemos aquí, ni porque seas tú. Hablo en serio, es lo más profundo y lo más sincero que he oído.
Gracias, por soportarme y molestarte en conocerme. Porque si alguien me conoce de verdad eres tú, Emma.-
intentaba disimuladamente secarse las mejillas –Pero aunque no cambiaría este momento por nada, no comprendo por qué me dices esto. ¿Por qué hablas de que Ruby se fije en mí? No tengo ningún interés- apretó sus manos disimuladamente intentando ocultar cuánto le iba a doler aquella respuesta -Ella te gusta, ¿no?-

-Regina… ¿Ruby? No. No, no, para nada. ¿Por eso tus preguntas sobre ella?- estalló en carcajadas, cayó sobre la manta agarrándose el estómago mientras los nervios y la tensión del momento y de los días anteriores se evaporaban en forma de risas. Cuando se estaba recuperando, mientras se secaba las lágrimas vio la cara de la morena y se le cortó el ataque de raíz.

Regina, no me gusta Ruby. Me parece simpática y trabajar con ella es agradable, sabe lo que hace. Pero no tengo ningún interés personal en ella más allá de compañeras de trabajo. Quizá amigas algún día si las circunstancias lo dan, pero no es ella quien me gusta.- volvió a reírse –tus preguntas… Madre mía… Lo interpreté como que era a ti a quien le gustaba. Perdóname. Me siento estúpida-

La vergüenza la estaba matando, no era capaz de mirarla a los ojos.

-Me estás diciendo que…- repasó mentalmente; el momento en el ascensor, la mirada en su oficina, de camino al bar, durante las copas... En cada momento en que ella creía que la rubia necesitaba apoyo realmente estaba cuidándola y mirando por ella. –La estúpida aquí soy yo Emma, perdóname.- intentó reír para aligerar el ambiente, pero la estupefacción que la asolaba podía con ella.

Se hizo el silencio entre ellas, mientras observaban las luces de los barcos a lo lejos. Ésta vez no era un silencio cómodo, ambas estaban inquietas.

Hizo lo posible por reponerse y repitiendo mentalmente el discurso de su rubia reparó en algo… -Has dicho "no es ella quien me gusta"- no era una pregunta. Tampoco estaba dirigiéndose directamente a Emma, pero lo había dicho lo suficientemente alto para que la rubia se volviera del color que últimamente le era habitual.

-Emmm, sí. Algo así dije.- Se rascaba la cabeza con gesto desenfadado, intentando encontrar las palabras que la ayudasen a salir del momento, pero se le adelantaron.

-¿Y puedo preguntar quién te gusta?- la observaba. El corazón martilleaba en los tímpanos. Temía que si respondía no pudiera oírla.

-Veras, en realidad ya lo has preguntado.- Su cabeza intentaba decidir en cuestión de milésimas de segundo mientras el aire no quería salir de los pulmones. "me voy a morir, me voy a morir, me voy a morir ¿le digo la verdad? Me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir"

-Y no me has contestado- el tono de voz de Regina era apenas un susurro. Definitivamente tendría que poner nombre a aquella piedra. Acababa de comprobar que tenía vida propia. Si abría la boca lo suficiente saldría corriendo.

-Si te contestara tendría que matarte- apenas un susurro que la morena escuchó perfectamente, viendo como aquellos ojos verdes la taladraban de nuevo. Se le secó la boca, la sonrisa pilla que puso la rubia hizo que tragar saliva fuera más complicado de lo que recordaba.

-Mátame entonces, pero tendrás que decirme también cuál es mi tono de llamada- la rubia estalló en risas –no puede matarme dos veces Señorita Swan-

Ese señorita Swan calló a la rubia de golpe. Su voz era un susurro ronco que le provocó un escalofrío.

Creo que hoy me moriré yo- dijo con el mismo tono de voz mientras se acercaba despacio a la morena. Apenas las separaban unos centímetros, totalmente perdidas la una en la otra. La mirada de Emma viajaba de sus ojos a sus labios y no se le pasó por alto como Regina mordía su labio por dentro. Vio como a la morena le daba un escalofrío y fue consciente de dónde estaban y la hora que era.

La noche se había cerrado completamente –tienes frío-. No fue una pregunta. Tampoco se separó al decirlo, fue un momento después cuando sus neuronas reconectaron y se quitó la americana y se la puso a la morena sobre los hombros.

Arrugó la nariz con gesto infantil –Creo que debemos irnos-

-Deber y querer…- sonrió la morena –Gracias- dijo mientras acariciaba la chaqueta.

Una vez en el coche no se sentó cada una en una ventanilla como solían hacer, ambas hacían lo imposible por mantener la cercanía que habían tenido mientras caminaban de vuelta desde la playa. Ya en el hotel subieron a la habitación sin ninguna de las dos mencionar la recepción ni el trámite de solucionar el problema de las habitaciones.

Mi gentecilla,
Aquí estamos, sufriendo con este par...
Despacín vamos avanzando, a pío campo pero vamos con ello. Jajajaja.

Espero lo disfrutéis :D

Muchas gracias por leer.

¡Besinos de chocolate!

·Antrilewis·