La oscuridad absoluta la rodeaba. Sentía temblar cada fibra de su cuerpo. Intentó moverse, estaba tumbada. Tenía atados los tobillos y las muñecas, con los brazos en su espalda, y una mordaza le hacía cada vez más difícil respirar. Cerró los ojos unos segundos y comenzó a contar hacia atrás desde diez. Tenía que lograr tranquilidad si quería recuperar el control.
Contuvo la respiración y agudizó el oído, silencio absoluto. Ni pasos, ni movimiento, ni respiración de otras personas. Estaba sola.
Comenzó a forcejear con las muñecas hasta que consiguió aflojar la cuerda lo suficiente como para pasar sus brazos por debajo de su cuerpo mientras se mantenía tumbada de medio lado hasta que haciendo un esfuerzo inconmensurable, pasó sus piernas haciéndose daño en su hombro derecho. Con ayuda de los dientes se sacó las cuerdas y se quitó las de los pies.
Seguía estando completamente a oscuras, así que no le quedaba ninguna otra opción más que comenzar a moverse lentamente mientras palpaba el suelo hasta encontrar algo que le indicara hacia dónde dirigirse, dónde se encontraba, qué hacía allí, quién la retenía…
Buscaba respuestas o quizá la pregunta que aún no se había hecho. Estaba confundida. Lo último que recordaba era… En el hotel. Le dolía la cabeza "maldita resaca…" y al tocarse la cabeza la notó húmeda y más dolorida aún
-¡No!-
De pronto todo se le vino fresco a la cabeza, recordó que no estaba sola antes de irse a dormir. Habían decidido tomar una última copa de vino y la pidieron a recepción. Se temió lo peor. Tenía que encontrarla. No se repetiría.
Regina se puso en pie, le costaba mantenerse erguida con sus músculos doloridos y tenía el equilibrio desestabilizado. Su hombro seguía quejándose pero tenía claro su objetivo, tenía que encontrar a su rubia.
Al cabo del tiempo, comenzó a oír un ruido constante, parecía ser un goteo
–Agua…-
Se dejó llevar, aunque no fue fácil, su cuerpo cansado cada vez oponía mayor resistencia y el eco de aquel lugar complicaba la tarea. Por un momento sintió que se alejaba del sonido, comenzó a oírlo más lejano y se paró, caminando en dirección opuesta recuperando el camino andado y acercándose de nuevo. Esta vez sí. Cada vez lo oía más cerca y a su vez comenzaba a aclararse lentamente la negrura que la envolvía.
En uno de los pasos que dio su pie se hundió bajo el agua, provocando un estruendo y haciéndola caer. La orilla del lugar no cubría mucho pero la sorpresa y la falta de reflejos hicieron que el agua entrase en su boca y se atragantó. Tras largo rato tosiendo, ya sosegada y más serena se arrodilló y bebió agua pero estaba salada, lo que la hizo toser de nuevo, agotándola hasta el extremo.
Rendida, Regina acabó por tumbarse en la orilla con medio cuerpo bañado por la marea y el agotamiento la venció.
Cuando abrió los ojos, o al menos lo intentó, algo la cegaba. Un potente foco se centraba en su vista e impedía que pudiera levantar los párpados por mucho que los forzara. Colocó sus manos frente a la cara para hacerse sombra protegiéndolos y al hacerlo se sorprendió al ver sus manos cubiertas de tela. Al cabo de unos minutos, cuando ya pudo más o menos ver, descubrió que eran vendas.
Miró a su alrededor y no se encontraba en el mismo lugar al que había llegado porque allí no había agua. Estaba en el claro de un bosque. Observó su ropa y estaba hecha de la misma tela que las vendas de sus manos. Su cabeza aún molestaba pero ya no dolía y su hombro podía moverlo casi perfectamente.
-¿Cuánto tiempo he estado dormida? O donde haya estado… O donde esté más bien- Susurró mirando alrededor de nuevo.
Intentaba identificar algo familiar, pero ¿qué iba a encontrar familiar en un bosque ella? Lo más parecido que había visto en su vida era el parque a dos calles de su casa.
–Emma-
Se puso en marcha, tenía que encontrarla, como fuera que hubieran llegado allí tenía que encontrarla.
-Buenas tardes, pensé que hoy también dormiría-
La morena reconoció esa voz al instante, se dio la vuelta prácticamente en un salto y sin pensárselo dos veces acortó la distancia que las separaba y rodeó el cuello de la rubia en un abrazo necesitado.
–Emma, me has dado un susto de muerte. Pensé te había pasado algo. No sé cómo llegamos aquí, pero no me vuelvas a hacer esto-
La rubia no respondió al abrazo, se quedó con las manos sobre los aparejos que venía cargando y su cara expresaba una mezcla entre incredulidad y asombro exagerados.
-Majestad, no sé a quién cree que se dirige pero le aseguro que no soy ella. Lo siento- Regina se apartó espantada, como si la rubia quemase.
-¿Has dicho majestad?- El tono de su voz había cambiado a uno frío, rudo, seco, sin ser amenazante pero denotaba que aquel título no era de su agrado.
-Mi señora, es mi reina, debo dirigirme así a vos-
Regina comenzó a dar vueltas en círculo, se pasaba las manos por el pelo y su respiración era agitada.
–Tengo que salir de aquí, tengo que volver, tengo que hacer por salir, tengo que volver a casa-
-Mi señora, tranquilícese, no la delataré, yo no la entregaré. Puede estar tranquila. La protegeré con mi vida si es necesario.- La rubia la miraba a los ojos, la había cogido por los hombros y la sinceridad que transmitía era absoluta –Conmigo estará a salvo. No soy ella, pero se lo prometo y se lo demostraré. Confíe en mí.-
Regina se había tranquilizado, se había quedado observando a aquella mujer. Era exactamente igual a su Emma, aunque todo tenía su motivo.
Durante una fracción de segundo se le pasó por la mente imaginar que si se besaran, lo que allí ocurriera, de allí no saldría. Pero ella sólo podía pensar en que a pesar de ser exactamente iguales no era ella.
–…ajestad, ¿se encuentra bien?-
-Sí, sí, perdón. Estoy bien. Disculpe ¿cuál es su nombre?-
-Morrison, pero suelen llamarme Mori-
-Encantada Morrison, mi nombre es Regina. Por favor, obviemos el Majestad, el Señora y derivados- Mori frunció el ceño sin comprender pero no hizo preguntas.
-Mi seño… Regina, en cuanto caiga el sol comenzará la caza, deberíamos ponernos a cubierto. Será más seguro-
-Morrison, lo que voy a decir le puede sorprender, pero necesito que me escuche.- la rubia seguía manteniendo la misma postura pero el gesto de su cara había cambiado, ya no era confiado y seguro, su ceño estaba fruncido y su nariz un tanto arrugada "sus gestos son iguales, exactamente igual de adorables… ¡Céntrate Regina!" –Mori, le agradezco su confianza y su lealtad, pero lo que necesito precisamente es que me entregue, es complicado de explicar, aún más de entender y tenemos poco tiempo, pero éste no es mi hogar, y para volver a casa necesito morir aquí. No puedo estar en dos lugares a la vez ¿me comprende?-
La morena se mantenía serena y transmitía la paz suficiente como para que Mori no tuviera duda alguna de que lo que estaba escuchando fuera cierto. Seguía perdiéndose en aquellos ojos gemelos a los que adoraba pidiendo en cada segundo volver y dejar los miedos atrás sólo para poder hablar con Su rubia de una vez por todas.
-No puedo comprender Mi señora, pero aunque creo en su palabra no puedo hacer lo que me dice. Esos salvajes la torturarán y la matarán sin compasión. Tiene que haber otra salida, tenemos que encontrar otra forma. Yo misma lo haré si es necesario, pero sin dolor. A mi manera, no en una hoguera ni apedreada como un animal- Su mirada transmitía auténtico pavor solamente de imaginar lo que podría ocurrir. Aunque creía a aquella mujer que decía no ser su reina, físicamente eran iguales, no podía dejar que aquellos bárbaros hicieran daño a la persona que había salvado a una aldea entera simplemente sacrificándose en su lugar. Todos la llamaban Evil Queen. Todos contaban las crueldades que había cometido pero ella solamente tenía en mente las vidas que había salvado frente a sus ojos.
En ese momento comenzó a oírse el alboroto de una multitud, Regina supo lo que se acercaba, así que abrazó a Mori agradecida por todo y le pidió que se alejara, no quería que ella corriera la misma suerte, mientras ella se separaba en dirección contraria a la marabunta que avanzaba con estruendo. Quería alejarlos de ella todo lo posible. No la conocía, pero presentía que si veía lo que le harían intervendría y no quería el mismo futuro para ella. No era su Emma, pero era Emma al fin y al cabo. El nombre era lo de menos.
Cuando creyó estar lo suficientemente alejada, se subió a una piedra y se sentó a esperar, observando la puesta de sol e intentando mantener la calma. Era la primera vez que vivía todo esto desde esta perspectiva. Siempre había corrido, siempre había pedido ayuda, siempre había intentado salvarse, había implorado perdón y rogado una nueva oportunidad, pero nunca llegaba.
Cada una de las muertes era peor que la anterior. El dolor, el sufrimiento, la soledad, toda la saña y el rencor que veía en los ojos de los que la torturaban lo vivía una y otra vez tan real como que respiraba y que si dejaba de hacerlo se ahogaba, como ocurrió al lado de aquel lago salado.
Seguía sin encontrarle la explicación. Llegó a temer dormir por no poder volver, por morir de verdad en alguna de esas pesadillas, hasta que un día, mientras la soga rodeaba su cuello instantes antes de que la pletina se deslizase bajo sus pies, comprendió que si eso ocurría nadie la echaría de menos. No perdería nada, porque nada tenía.
Ese día dejó de tener miedo y comenzó a vivir.
Ahora sabía que no sólo había comenzado, sino que quería que su vida fuera larga, porque tenía un motivo, fuera con ella o no con quien la compartiera. Solamente porque ella existía. Sabía que no le importaba morir en esos sueños porque no dejaría de vivir, sino que despertaría en casa. Dolorida, angustiada, tras una mala noche, con la boca seca, sudorosa, y teniendo todo un día por delante en el que recordar esos flashbacks que la acechaban con lo que había ocurrido en aquel lugar, pero tenía el mayor antídoto que podría existir. Su sonrisa.
Comenzaron a rodearla, y ella se puso en pie mostrando sus manos para hacer ver que estaba desarmada. Lo primero que sintió fue un golpe en la cabeza y como le ponían una cadena en el cuello.
–Ahora no te nos volverás a escapar, zorra- dijo uno de ellos mientras le daba varias patadas en las costillas "piensa en Emma, piensa en Emma, piensa en Emma…".
¡Hola mi gentecilla!
Aquí estamos de vuelta.
No seré mala persona, no os voy a dejar así...
Este capítulo y el siguiente están ligados, se ve en el propio título, así que no os haré esperar una semanina y los subiré seguidos.
YEAH! ¡Doble actualización!
(Sí, ya lo celebro yo sola xD)
Muchas gracias por el apoyo y el mimo a la historia, sois unos soletes...
No me canso de repetirlo *Inserte corazoncito*
Contadme si os gusta el camino que está llevando la historia
Bien, prosigamos jejeje
¡Besinos de chocolate!
·Antrilewis·
