-Identifíquese –Demandó uno de los soldados poniendo la mano en la empuñadura de su espada, era notoriamente más alto que los demás. ¿Qué debía hacer? No sabía ni si quiera en dónde estaba, si se presentaba ante ellos como la princesa que huyó hace años, seguramente no pasaría ni un día antes de que le cortaran la cabeza. Pasaron unos minutos en los que no contestó y los soldados, malhumorados por la impaciencia, le quitaron la capucha de la cabeza.
-Una mujer… ¿extranjera? –Dijo un soldado de mediana estatura al examinar la vestimenta de la joven. Zelda no podía distinguir sus caras por el casco que usaban. Al observar bien el hombre negó con la cabeza—Es una Hylian.
-¿Una fugitiva? –Comentó el más bajo moviendo la cabeza de arriba abajo, analizando la figura de la joven—Vaya… ¿me podré divertir esta noche?
-Probablemente… pero ya conoces al capitán. Es nuestro deber reportar primero que hemos capturado a esta mujer. –Zelda se sintió más tranquila al escuchar el ultimo comentario del oficial más alto. Caminaron en la dirección opuesta a la que ella había utilizado por al menos una hora más, para ese entonces Finnian y Effie ya debían de haberse dado cuenta de que algo no iba bien. Tal vez la saldrían a buscar.
Llegaron a lo que la joven pudo reconocer como un campamento, bastante escondido entre los arboles más juntos, algunos hombres cantaban y bebían junto al fuego. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para posar sus miradas curiosas sobre ella, gracias a las diosas le habían colocado la capa nuevamente. Entre tanta gente debía haber alguien que la reconociera. Sus custodios la empujaron hasta la tienda más grande del campamento.
-Capitán, hemos encontrado a una mujer extraña junto al manantial –la joven hizo un último intento por liberar sus manos, estaba tan cerca de la ciudadela, no podía rendirse ahora. El hombre colocó sobre el escritorio la daga que le habían encontrado bajo la capa.
-¿Le importaría contarme los detalles, señorita? –La princesa sintió que su corazón se detuvo, reconocía esa voz pues la había escuchado con anterioridad.
Uno de los guardias le quitó la capucha de la cabeza y por fin pudo ver la cara de su amigo nuevamente. Link estaba frente a ella, con el uniforme de capitán, sentado tras un escritorio. Pareció perder la compostura por un momento al ver los ojos azules y las mejillas rosadas por el frío de la joven, pero se aclaró la garganta mirando en dirección a los hombres.
-No ha querido hablar.
-Eso sería todo, pueden retirarse—Dijo con firmeza, de pronto le pareció una persona totalmente diferente a la que estaba acostumbrada a ver en el café. Incluso le pareció peligroso.
El soldado más bajo se quitó el casco, revelando su rizada cabellera marrón.
-Que la disfrutes—El capitán lo fulminó con la mirada, tomó la daga que le había sido decomisada a la joven y la lanzó en la entrepierna del soldado, estaba protegido por su armadura, pero eso no evitó que el soldado se quedara pasmado del susto.
-Te agradeceré que en el futuro no te atrevas a comentar cosas que comprometan la reputación de la señorita, soldado. Si en realidad valoras tu vida sal ahora mismo—Link no le quitó la intensa mirada de encima al hombre hasta que salió de la tienda, cerrando la lona tras él.
Mientras tanto, Effie y Finnian caminaban con dificultad uno tras otro, de vez en cuando el joven se detenía para ofrecerle ayuda a su amiga para caminar.
-¿En guerra? –Preguntó Effie mientras se levantaba las faldas y avanzaba con dificultad tras Finnian. Hacía rato que se habían infiltrado en las profundidades del bosque en búsqueda de la princesa.
-Así es, las fronteras están custodiadas por los soldados de Hyrule—La voz de Finnian sonaba angustiada, habían estado esperando que Zelda regresara por al menos una hora antes de preocuparse por ella. Estaban en los límites de un reino que se estaba preparando para la guerra, seguramente debería haber guardias alrededor.
Finalmente llegaron al manantial en las profundidades del bosque, en el suelo se encontraba el pañuelo que Effie había bordado para Zelda un tiempo atrás, siempre lo llevaba consigo. Finnian se apresuró a levantar el pedazo de tela blanca, no había duda de que la rubia había estado ahí.
-¡Debí haberle contado! –Finnian clavó su espada en el lodo que se formaba junto al estanque. Effie se acercó lentamente, y tomó el pañuelo observándolo con detenimiento.
-Finnian… ¿por qué nunca le contaste? –Preguntó Effie en voz baja aun mirando el pañuelo en sus manos. Hubo un largo silencio y después escuchó al hombre suspirar, cómo si ya estuviera decidido a decir toda la verdad.
-La verdad es que soy un soldado Hylian—Dijo encontrándose con la mirada de Effie—la princesa siempre fue de naturaleza amigable, incluso cuando era una niña no le importaba jugar con los criados en el lodo. –Effie pudo ver la nostalgia en la mirada del joven. Le sonrió animándolo a continuar—la princesa y yo sólo habíamos cruzado palabras una vez cuando Impa decidió enviarla lejos del castillo—su mirada estaba perdida, pero continuó hablando—La entonces general me dijo que debía ser yo quien debía cuidar de ella, yo era joven y no tenía intención de abandonar mi vida en Hyrule. –Hizo una mueca de desaprobación, negando con la cabeza, después volvió a mirar a la joven—Link protestó. Él quería ser quien cuidara de la princesa. Él nunca había querido ser soldado, pero le había hecho una promesa a su madre que debía cumplir, tan sólo era un joven aprendiz pero era brillante, así que lo obligaron a quedarse para sustituir al viejo capitán que estaba por jubilarse—Effie lo miraba confundida.
-¿Link y Zelda ya se conocían? –Preguntó, interrumpiendo al joven. Finnian se encogió de hombros y negó con la cabeza. Sus mejillas y la punta de su nariz estaban rojas por el frío.
-En realidad no estoy seguro de por qué el capitán se ofreció, nunca los vi cruzar una sola palabra. –Effie arrugó el entrecejo. Le parecía extraño que Link se había ofrecido a dejar su vida atrás para mudarse a otro país; además, había ido hasta Frewynd–tal vez solo quería marcharse de aquí.
-¿Qué pasó después? –Preguntó.
-A pesar de que no estaba de acuerdo, me entregaron a la princesa para llevarla lo más lejos que pudiera de aquí. Mi padre era de Frewynd y yo había estado ahí cuando tenía diez—Finnian pestañeó un par de veces, cómo si hubiera vuelto a vivir en aquel día y tratara de regresar al presente. Sacudió la cabeza y continuó: -Frewynd es una ilusión para todos en Hyrule, pocos son los que saben de su existencia; no buscarían a la princesa en un lugar que no están seguros de si existe o no. Me pareció que era el lugar correcto. –Hubo un largo silencio y Finnian arrugó la frente, molesto por la imagen en su cabeza—Cuando llegamos coloqué su cuerpo inconsciente cerca del lago, mientras hacía los arreglos necesarios para mudarnos al pueblo. No pensé que alguien la pudiera encontrar ahí. Busqué un lugar para que pudiera quedarse y cuando volví por ella se había marchado… No creo que hubiera perdonado semejante error, yo aun no puedo perdonarme...
...
-¡¿Qué estás haciendo aquí?! –Preguntó Link en voz baja, pero con tono demandante, mirando la entrada de la tienda como para asegurarse de que nadie los veía. Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas y sin pensarlo se lanzó a él para abrazarlo con fuerza. El hombre se congeló aunque no pasó mucho tiempo antes de que su cuerpo cediera y correspondiera el abrazo, pensó que tal vez estaría asustada. Acarició delicadamente el rubio cabello de la joven hasta que se tranquilizó. Zelda recorrió con sus dedicadas manos cada facción del rostro de su amigo, quería estar segura de que era real. Después arrugó el entrecejo, molesta y lo abofeteó.
-¿Cómo pudiste dejarnos así? ¡Pensé que me habías traicionado! Obligué al pobre Finnian a contarme todo—Link se encogió de hombros y tomó las frías manos de la joven para calentarlas con las suyas—Pensé que no te volvería a ver…— Sonrió, enternecido por la evidente preocupación de la joven.
-No deberías estar aquí –Susurró volviendo a la realidad.
-¿Por qué no me has contado nada? –El joven hizo una mueca.
-Parecías estar muy feliz en Frewynd, no me atreví.
-¿Cómo podría ser feliz, si tú no lo eres? –El arqueó una ceja.
-Pensé que no te caía muy bien—Zelda negó enérgicamente mientras sonreía con los ojos enrojecidos por el llanto.
-Supongo que no te dedicas a la repostería—comentó mirando al hombre de arriba abajo, él solo se rió.
Después de ese inesperado hallazgo, tres días pasaron en un abrir y cerrar de ojos en ese lugar. Los soldados bajo el mando de su amigo no dejaban de molestarla con insinuaciones vulgares a las cuales simplemente no prestaba atención. El día anterior había regresado al bosque junto con Link en búsqueda de sus amigos, pero no habían tenido éxito, probablemente se habían dirigido ya a Castle Town.
Aunque era poco el tiempo que había estado en ese lugar, se había dado cuenta que la mayoría de los soldados eran extranjeros o criminales que fueron perdonados a cambio de sus servicios en el ejército. Su amigo evitó entrar en detalles cuando lo cuestionó, así que trató de indagar por su cuenta. La noche anterior intentó acercarse a las mujeres del campamento. Dos de ellas eran cocineras y viajaban junto a los soldados para proveerlos con tres comidas al día y ropa limpia. Ellas le contaron que el rey había tenido enfrentamientos con los demás lideres de las tribu que se negaban a reconocer su legitimidad y, aunque parecían saber más, resultaba evidente que estaban bajo las órdenes del capitán para no hablar de más de la cuenta.
Al sentirse derrotada se sentó frente a la fogata. Link le había pedido que se alejara de los soldados ya que debía ausentarse y no sabía con exactitud cuándo estaría de regreso. Si al menos supiera qué sucedía, intentaría ayudar a la causa. Volvió en sí al ver una carroza detenerse en la entrada del campamento. Arqueó una ceja, preguntándose cómo demonios habían logrado que semejante coche llegara hasta ahí. De ella bajó una mujer ayudada del cochero, usaba un vestido lila con cintas moradas, sus enormes pechos sobresalían debido a su ajustado corsé que acentuaba su pequeña cintura. Era alta, de piel pálida y cabello rojo. Una mujer con bastante presencia.
La mujer observó el campamento con evidente desagrado, abrió su enorme abanico que cubría sus pechos y posó su mirada curiosa sobre la joven. Avanzó con gracia en sus pasos y una vez que estuvo frente a ella, sonrió.
-Vaya… ¿no eres muy joven? –La voz de la mujer era suave y su mirada amable. Le hizo una seña al cochero para que se marchara y se sentó junto a la rubia. Se presentó como la señora Lauren, se trataba de una dama de sociedad que visitaba a su buen amigo Link de vez en cuando.
Más tarde se sentó alejada de los soldados en el comedor, en una esquina para no hacerse notar mucho. En realidad, no tuvo problemas para pasar desapercibida ya que toda la atención estaba dirigida a Lauren quien reía y bebía con ellos.
-Pareces un poco triste, niña—Lauren se sentó frente a ella en su mesa, olía a vino. La joven negó con la cabeza, sonriendo. –He escuchado que el capitán te protege—sonrío burlonamente—¿eres su amante? –Zelda sintió que le ardía la cara de vergüenza. La mujer se echó a reír, divertida por la inocente reacción de la joven. –Ya me imaginaba que no era el caso, ese Link no es como ninguno de estos cerdos. –Zelda trató de recuperar la compostura y se aclaró la garganta—Debió haberlo dicho para mantenerlos alejados.
Zelda asintió mientras bebía el vino de su copa de un solo trago ¿Realmente había dicho que eran amantes? Nunca se le hubiera ocurrido algo así.
-Vaya, parece que te has animado.
-Me preguntaba, señora. ¿qué tanto conoce al capitán? –preguntó la joven intentando no sonar muy curiosa. Pensó que esa era su oportunidad de sacar el tema.
-Todo el mundo conoce al capitán, niña—Dijo mientras saludaba a un hombre a lo lejos—Es bien sabido que, en todo el reino, no hay hombre más fuerte. Siempre he dicho que desperdicia su talento siendo un simple capitán–Zelda arqueó una ceja, no sabía que Link era así de reconocido. –Me parece que no eres de por aquí.
-Lo soy –Dijo mientras mordía un pedazo de pan, lo masticó y después lo tragó—pero me mudé a Frewynd hace años. No estoy al tanto de algunas cosas—La mujer hizo una mueca de disgusto, tomó la botella y se sirvió más vino.
-¿Frewynd? ¿Esa villa con la que todo mundo fantasea? –La rubia asintió—Creo que ya has bebido demasiado, cariño.
-Al dirigirme a la ciudadela, los soldados Hylian me han interceptado y me han traído aquí –La joven agradeció que Lauren le hubiera servido más vino y continuó-No han querido contarme nada, el capitán se ha ido y estoy comenzando a preocuparme—Bebió de la copa.
-Bueno—Dijo en voz baja inclinándose a ella para evitar ser escuchada— te lo has perdido todo. Han sucedido cosas terribles en estos últimos años. El rey ha muerto y ha señalado a su hija como la responsable, dejando a un perfecto extraño como su heredero, nadie sabe por qué. Un hombre bastante ambicioso, me temo. La gente está cansada de sus injusticias–Lauren miró hacia atrás para asegurarse de que nadie las miraba—ese hombre ha traído puras desgracias a Hyrule y mucho me temo que no se detendrá hasta lograr su cometido.
