Fue consciente de que estaba despertando, y por el dolor que sentía supuso que se había desmayado. Sin aún abrir los ojos analizó su postura y supo que estaba colgada de las muñecas por cadenas aunque aún tenía la del cuello, notaba el hierro helado. Las piernas no supo identificar en qué postura estaban, no las sentía. Tenía frío. Intentó abrir los ojos pero el izquierdo estaba bloqueado con algo, dolía.
Estaba sola, así que echó un vistazo general y vio que estaba colgando totalmente, sus piernas estaban dobladas y no tenía sensibilidad. Intentaba moverlas y no respondían. Estaba prácticamente desnuda y tenía rastros de sangre por todo el cuerpo.
Intentó pasar su cara por el brazo para apartar lo que bloqueara su ojo y se dio cuenta que no había nada. Era el propio párpado inflamado por lo que no podía abrirlo. Aún sin acabar de evaluar su estado para saber a qué se enfrentaba, vio entrar por la puerta a varias personas con cara de fiesta, parecía que aquello no había terminado. Ella decidió cerrar el ojo y seguir pensando en su rubia hasta que aquello terminara. No podía anestesiarse y dejar de sentir, pero podía decidir a donde llevar su mente para no estar allí.
Cuando volvió a abrir los ojos estaba en un paredón.
Aquello la hizo sonreír. Al fin terminaría.
Varios arqueros frente a ella, con los arcos tensados, quijadas prietas, hombros armados, mirada fija…
Todos untaron sus flechas en un líquido viscoso de olor fuerte y las puntas comenzaron a crepitar.
Una señal.
Cerré los ojos. Oí el silbido acercándose. Al fin estaría con ella.
Sentí como si cada uno de los huesos de mi cuerpo se fundiera mientras las puntas de las flechas rasgaban mi carne. Un grito salió desde mi garganta agudo, dolido y necesitado. Mi cara se contorsionó. No me reconocí en mi voz, pero las fuerzas me fallaban cuando las lágrimas me impidieron seguir manteniendo los ojos abiertos. Caí al suelo tras lograr desencajar las flechas que me atravesaban hasta llegar a la pared, sin ser capaz de hacer entrar aire en mis pulmones mientras en mi mente sólo tenía una imagen. Emma.
Los movimientos de mi cuerpo parecían ajenos, convulsionando por todo el dolor que estaba sintiendo y que no era capaz de procesar. Estaba durando demasiado y no me despertaba. Sólo quería volver a casa con ella. Apenas pude oír cómo se tensaban de nuevo los arcos y di gracias porque aquello terminase, cuando alguien dio la orden de parar acercándose a mí con un cuenco y dejó caer sobre mi mano aquel líquido abrasador mientras reía. Sentía como si me estuvieran arrancando la piel y la carne a tiras, cada uno de mis huesos se fundía con el dolor de mil agujas.
No iba a rogar, no iba a pedir clemencia, pero necesitaba volver con Emma y que aquello terminara ya.
-"Majestad" larga vida a la reina- una carcajada atronadora silenció todo a mi alrededor y el calor abrasador que me atravesó el cuello duró apenas unos segundos, pero me dejó sin aliento.
Todo se volvió negro. Era consciente de que estaba en shock, que podía pensar, así que el tiempo transcurría pero ella no tenía el control.
Estaba en ese lugar, en ese estado indescriptible con esas imágenes una y otra vez, sin lograr sacar de mi mente el dolor que se repetía, que sabía que no existía, que no era real, pero lo sentía en cada fibra de mi ser.
Sintió el frío calándole hasta los huesos y consiguió al fin respirar. Cogió una gran bocanada de aire que la hizo marearse mientras los oídos le pitaban y perdía el equilibrio, abrió los ojos y estaba en la bañera, sumergida bajo el agua gélida en los brazos de Emma que la miraba con ojos de pánico.
Tras unos segundos que su cuerpo comenzó a responder, pudo abrazarla con dificultad y sintió a su rubia aferrada a ella con desesperación. No sabía que había pasado allí pero estar en sus brazos llevaba todo a un segundo plano.
-Em.. Em..ma- temblaba, el frío y el dolor se mezclaban.
-Regina, tenemos que llevarte a un hospital. No sé qué te ha pasado pero no estás bien-
-Emma, estoy bien. De verdad, sólo ha sido una pesadilla. Te lo contaré todo-
La morena no hacía más que pensar en todo lo que había ocurrido en ese viaje y en cómo había echado de menos a su rubia, en cómo había deseado estar junto a ella de nuevo, en cuantas cosas le diría y ahora estando en sus brazos se había quedado muda.
-Lo primero es quitarte esta mojadura de encima y hacerte entrar en calor, te ha bajado la fiebre y ahora estás helada, pero no me atrevo a dejarte sola-
-No quiero estar sola-
Emma salió de la bañera y se quitó el pijama, saliendo a la habitación y volviendo con ropa para Regina y para ella. La morena intentó salir sola pero su cuerpo parecía como si hubiera realmente sufrido la tortura, su mano izquierda parecía inservible y sus piernas fallaban.
Emma se puso rápidamente ropa interior seca y una camiseta y se acercó a ayudarla. La sentó en el borde de la bañera, le quitó el pijama empapado y le secó el pelo con mimo, la vistió y la abrigó poniéndole una de las pequeñas mantas sobre los hombros. Entre ellas había ternura absoluta, la preocupación no daba lugar a connotación sexual de ningún tipo.
La rubia cogió a su morena en brazos y la llevó a la cama, mientras que apoyadas en el cabecero escuchó todo lo que le había ocurrido.
Le contó lo que recordaba, narrándole todo lo que sentía que había vivido. Desde el tiempo que pasó en la cueva hasta que apareció en el claro. Le habló de Mori y de cómo en ese momento fue consciente de dónde estaba. Se remontó a sus pesadillas de meses atrás, le habló de Archie y su terapia, de sus avances, de cómo se sentía con respecto a todo ello y de pronto calló.
Se vio sin valor para ahondar más y sincerarse sobre la realidad de su fortaleza afrontando toda aquella situación.
Siguió contándole, escapando de la mentira que sólo ella sabía que estaba ocultando pero que aun así le hacía sentir mal.
Y llego a lo más duro.
No entró en detalles, no tenía sentido preocupar más a Emma y rememorarlo realmente la incomodaba, pero su cuerpo habló por ella. Comenzó a temblar, sus miembros aún doloridos se encogieron y su mirada perdida la llevó a evocar de nuevo aquel momento y los sonidos la abordaron. El tensar de los arcos. El silbido de las flechas. El dolor atravesándola. El crujido de sus huesos quebrándose. El grito.
Una fuerte presión en el pecho la hizo volver en sí, Emma la tenía cogida desde atrás y la abrazaba prácticamente con todas sus fuerzas mientras la acunaba y le hablaba al oído
–…édate conmigo. Vuelve, respira hondo. Regina, estoy aquí. No te pasará nada. Te juro que no te pasará nada. No estás sola, estoy aquí contigo. Siempre estaré aquí, contigo-
-Lo sé, Emma. Lo sé- la fuerza del agarre aminoró, pero no la intensidad.
-Siempre has sido tú. Tú me has hecho volver.- la morena se giró sin salir del abrazo, y quedaron frente a frente -Tú has sido mi toma a tierra aun cuando mi locura pudo conmigo y recuperaste mi cordura apoyándome cuando nadie daba un céntimo por mí, ni yo misma.-
Su cuerpo seguía frágil, pero sus manos ya no temblaban por el shock. La rubia sonreía mientras seguía manteniendo la mirada y sus manos comenzaron a acariciar la espalda dentro del abrazo intentando transmitir sosiego
-Cuando las pesadillas comenzaron, cada noche me metía en ese mundo donde me torturaban sin cesar hasta morir y yo sólo quería desaparecer. Al darme cuenta de que si eso ocurría nadie me lloraría, nadie me echaría de menos, me di por vencida y me abandoné también en éste lado. Me has salvado, Emma. De tantos modos y maneras que no tengo palabras ni valor para enumerarlos.-
La sonrisa de la rubia estaba desapareciendo para dar paso al estupor. Su actitud cercana y cariñosa no había cesado pero los nervios se habían apoderado de ella
-Has ocupado y tomado tuyo el hueco donde antes dudaba si algún día hubo corazón, y estoy aterrada. Solo quise una vez en mi vida y llevo desde entonces pagando ese error, pero si hay algo que temo aún más, y esta noche lo he descubierto, es que perderte sería el daño irreparable que no estoy dispuesta a sufrir.-
La morena dijo las últimas palabras apenas en un susurro, la expresión de la rubia la estaba desconcertando, mientras que Emma se perdió en aquellos ojos que tantas veces había deseado poder observar detenidamente y se quedó en el momento, disfrutando y saboreando las palabras que habían salido de los labios de Regina "sus labios…" automáticamente sus ojos se desviaron y aquella pequeña cicatriz la atrapó.
Sabía que a su morena no le gustaba pero a ella la volvía loca. Y sin pararse a pensar en nada que fuera coherente, su mano izquierda se movió sola y su dedo índice delineó la cicatriz seguida de sus labios
–El primer día que te vi me impactaste. Nunca creí que una persona pudiera dejar tanta huella en mí en apenas unas horas. Tu mirada triste y perdida me atrapó. Lo primero que pensé fue "son los ojos más bonitos y más tristes que he visto en mi vida"-
La morena la observaba sorprendida y emocionada
-Comencé a trabajar para ti así que intenté dejar todo aquello a un lado y centrarme únicamente en lo laboral, pero cada día veía algo que me llamaba la atención: Tu forma de beber el café, tu cara de concentración, la forma de fruncir tus labios cuando estás enfadada, tus impresionantes trajes…-
Regina se sonrojó yambas sonrieron
-En ese momento no era consciente, todo fue un proceso en el que fui cayendo pero no vi el golpe hasta que caí en el pozo. Cuando recuperé la consciencia estaba perdida. Oír todas esas cosas sobre ti, ver cómo te hundías bajo el trabajo y a la vez ver cómo era totalmente invisible para ti había momentos que me hacía flaquear.-
Por los ojos de la morena se cruzó una mirada sombría e intentó retirar la vista pero Emma se lo impidió
-Pero llegaba el día siguiente, y veía en cada paso una nueva oportunidad. Sabía que no contigo, pero sí de estar cerca de ti. No quiero que sufras ningún daño y si pudiera te protegería de todos ellos. Lo que te aseguro es que no me perderás.-
La morena estaba emocionada, no estaba acostumbrada precisamente a palabras bonitas y sabía que la rubia era sincera. Notó como le limpiaba con el pulgar una lágrima rebelde que se había escapado. Bulda tenía el tamaño de Las Lágrimas de Pelayo.
Deslizó el pulgar por su mejilla sintiendo como el corazón le martillaba en los oídos y se acercó manteniendo la mirada. Apenas las separaban unos centímetros cuando sus ojos se desviaron hacia los labios que tanto deseaba y sin poder contenerse más la besó. Fue un beso suave y dulce, pero intenso.
Se separaron y Regina dibujaba una sonrisa mientras que Emma se mordía el labio sin poder creerse lo que acababa de hacer. Estaba intentando obligar a sus neuronas a reconectarse cuando sintió los labios que la volvían loca nuevamente sobre los suyos, esta vez el beso era necesitado.
Los brazos de Regina acabaron rodeando el cuello de la rubia mientras que Emma acariciaba su espalda.
La intensidad fue aminorando hasta que la obligación de respirar las hizo detenerse. Los miedos no habían desaparecido pero se habían trasformado. El rechazo ya no era un temor pero si el futuro.
Aún tenían unas horas por delante hasta amanecer y abrazadas se dejaron llevar, o al menos lo intentaron. Regina logró conciliar el sueño en pequeñas cabezadas mientras que Emma mantuvo la alerta sobre su morena. El día sería largo pero no podía haber comenzado mejor.
Mi gentecilla...
¡El momento esperado ha llegado! ¡Se han besado! jajajajaja
Me parecía un poco cruel haceros esperar una semana más xD
Espero que os haya gustado el capítulo, que haya logrado transmitir bien todos los puntos de vista. Cuando paso de narrador a pensamiento, vuelvo a narrador pero en primera persona... Son juegos que me gusta hacer pero no sé si logro que se perciban como en mi cabeza los planteo, jejejeje.
¡A por la semana! ;)
¡Gracias por leer la historia!
¡Besinos de chocolate!
·Antrilewis·
