Tardó en abrir los ojos. Respiró profundo varias veces intentando situarse. Lo había sentido tan real… Se estremeció. Parpadeó despacio y comenzó a mover la mano izquierda, le dolía y aún sentía el cuerpo rígido. Buscó el reloj y no había sonado el despertador siquiera. Miró a su lado y la cama estaba vacía.
Acarició las sábanas con anhelo de lo que su mente había vivido y quería que sí fuera real. Quería olvidar aquella pesadilla pero deseaba con todas sus fuerzas fijar aquel otro sueño con su rubia y así no perder detalles valiosos.
Cuando vio la puerta de la habitación abrirse apareciendo Emma con dos vasos de café para llevar y una bolsa de papel junto con aquella sonrisa que le robaba el aliento, la sonrisa se dibujó en su cara y ya no se borró en prácticamente todo el día.
-Buenos días, majestad ¿Cómo te encuentras?- saludó Emma mientras dejaba el desayuno sobre la mesita sentándose en el borde de la cama y cogiendo la mano izquierda de Regina para comenzar a hacerle un suave masaje -¿aún te duele mucho?- La sonrisa seguía presente, pero la expresión de su mirada y las ojeras que acompañaban dejaban ver la preocupación.
-Buenos días Emma, estoy bien. Dolorida pero bien.- en ese mismo momento supo que no había sido un sueño, ¡se habían besado! -Gracias… Por todo.- ya sentada y frente a frente se inclinó dejando un beso en la mejilla de su rubia que hizo que ambas se sintieran como dos adolescentes cogidas en falta.
-He traído el desayuno, pero como no me dejas llevarte al hospital, he decidido cuidarte a mi manera… Para empezar nada de café. Hoy desayunaremos té de frutas del bosque y para acompañar nada de bollería industrial. Una ensalada de frutas para cada una, un sándwich vegetal con pan integral y tu batido nutricional; ese sólo traje para ti, de ese yo me libro. Lo siento…-
La cara de la morena era indescifrable; una mezcla entre sorpresa, ternura y diversión por ver a Emma tan compungida esperando su reacción.
-No sé qué decirte… Realmente creo que nunca nadie había hecho nada así por mí. Gracias es una palabra tan pequeña y dice tan poco...-
Esta vez fue la rubia quien acortó la distancia y acariciando su mandíbula la besó con apenas un roce de labios.
-Aquí no acaba la cosa, jefa. He llamado a la oficina y he comunicado que te has tomado la mañana libre por motivos personales. Ya he reorganizado tu agenda para entre esta tarde y mañana reajustar las reuniones que tenías y que así no se agolpe todo en el día de hoy. Sé que el día entero no me dejarías así que al menos que la tarde de trabajo sea algo más light. Espero no me despida por tomarme la libertad, señorita Mills, pero tenemos esa opción o la llevo al hospital ahora mismo.-
Ahí sí, la rubia lo dijo de forma contundente. Su voz era firme, intentando mostrar su inflexibilidad, pero sus dedos trituraban disimuladamente la costura del pantalón a la altura de la rodilla pensando en cuál sería la reacción de Regina. Faltar al trabajo no es que fuera algo que se pasase por su cabeza como opción, ella lo sabía. Y el hecho de haberse tomado la libertad de actuar sin su autorización podría traer consecuencias.
-Señorita Swan, no tomaré represalias al respecto porque tengo claras sus intenciones y comprendo sus motivos. Estoy de acuerdo en que es la mejor opción, pero no lo tome por costumbre.- respondió Regina seria, con su voz habitual que nada tenía que ver con el tono con el que últimamente se dirigía a la rubia –además, me apetece pasar tiempo con alguien a quien estoy conociendo y no me viene mal la mañana que me comenta.- dijo volviendo a ser ella, su Regina, mientras le guiñaba un ojo coqueta.
Habían desayunado en la cama y estaban en la terraza charlando tranquilamente, contándose anécdotas de la infancia y habían llegado a un punto en el que comentaban desde ambos puntos de vista cómo habían vivido los días anteriores todo el tema referente a Ruby. Hablaban entre risas y ambas eran sinceras aunque con cierta mesura.
Ninguna de las dos quería exponerse demasiado y los celos decían más de lo que callaban.
Emma preguntó a la morena cómo se encontraba y viendo que su movilidad estaba prácticamente recuperada y los dolores eran mucho más llevaderos, le propuso su plan y Regina encantada se dispuso a llamar a Graham, a lo que su rubia se adelantó y con un movimiento de cejas entre sugerente y divertido le dijo que tenía todo controlado.
El plan consistía en un paseo al aire libre, pero para evitar ningún esfuerzo por parte de Regina, el coche las dejó al pie del Paseo donde ellas se sentaron en un banco a ver y disfrutar del mar. La preocupación de Emma no podía contenerse más y la morena se sentía mal por ser una carga.
-Emma, estoy bien, de verdad. Sólo estoy un poco dolorida por la tensión que pasé y mi cuerpo tiene que digerirlo, pero estoy mucho mejor. Tú me haces sentir mucho mejor.-
La cara de la rubia pasó de ser preocupación a una espléndida sonrisa.
-Sabes que diciéndome cosas bonitas no me dejarás más tranquila ¿no?-
Regina respondió con una sonora carcajada que llenó los oídos de su rubia, pero no fue a la única. Cerca de allí alguien se quedó totalmente impactada al reconocer aquella risa.
Comieron en un restaurante cercano donde la atención de Emma seguía estando presente y no permitió que Regina forzase su mano izquierda al cortar la carne.
–Emma, estoy bien ¡mira!- dijo mientras hacía rotaciones de muñeca, mostrando la casi perfecta movilidad que tenía –puedo mover la mano perfectamente y tengo fuerza, puedo sujetar el tenedor mientras corto la carne.-
Sonrió de medio lado, de forma perversa y levantando una ceja apuntó –le sorprendería de lo que soy capaz sólo con una mano, señorita Swan-
A la rubia la saliva se le hizo bola en la garganta y tragó de forma sonora mientras intentaba recobrar la compostura.
-Con que esas tenemos…- fue la única respuesta que dio la rubia, mientras levantaba las manos en señal de rendición. Pero su mirada lo último que daba a entender era que se rendía.
Caminando de vuelta al coche la morena va cogida del brazo de Emma y mientras bromean, Regina se para en seco al reconocer a lo lejos un andar peculiarmente familiar. Estrecha su agarre en el brazo que la sostiene y siente como se le cierra la boca del estómago. La rubia reacciona haciéndola volver y la guía al coche donde termina de recomponerse.
-Graham, al hospital más cercano, por favor. Ahora.-
-No, no Emma, estoy bien. Sólo me ha parecido ver a alguien y me ha sorprendido, pero estoy bien. Estoy contigo.- Regina sonreía. Había recuperado el color en sus mejillas y sonreía mientras sostenía las manos de Emma entre las suyas. –Gracias por no dejarme caer nunca-.
La rubia no las tenía todas consigo pero dio un nuevo voto de confianza.
-Nunca- dijo mientras le daba un beso en la sien.
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Fueron al hotel a recoger las cosas de trabajo y antes de salir por la puerta de la habitación ambas se miraron. En cuanto dieran un paso todo cambiaría durante unas horas. Fue la morena quien se acercó a la rubia y cogiéndola del cuello de la camisa le robó un tierno beso.
-Creo que no me acostumbraré a esto en la vida- dijo Emma con un adorable sonrojo.
-En las películas suelen decir "podría acostumbrarme a esto" pero tu versión es interesante- dijo Regina con guasa.
-Pues yo lo disfrutaré siempre, pero creo que nunca podré acostumbrarme y dejar de azorarme así- dijo mientras señalaba su cara, roja como un tomate.
La carcajada de Regina hizo que Emma no pudiera evitar morderse el labio y dejándose llevar, cogió a la morena por la cintura y la besó saboreando sus labios.
-Señorita Swan- dijo señalando la puerta, dándole paso.
-Señorita Mills- respondió mientras sonreía; arreglándole rápidamente con el pulgar el contorno del pintalabios corrido.
¡Hola, mi gentecilla!
¡Aquí estamos con una nueva entrega, amiguis!
Muchas gracias por seguir esta historia…
Espero que os siga gustando el rumbo de la trama.
Se vienen sorpresas, jejejeje.
¡Besinos de chocolate!
·Antrilewis·
