15 - El sueño

La tarde transcurrió entre videoconferencias con las demás delegaciones para ultimar los datos para el informe que estaba finiquitando y estar pendiente de Regina, que era como una chiquilla y andaba buscando el momento de poder escabullirse de ella para tomar café.

-Señorita Mills, en cinco minutos comienza la última junta. Le traigo su TÉ- puntualizó Emma mientras se acercaba a la mesa de su jefa, quien se hacía la desentendida mientras seguía tecleando en el ordenador.

-Emma, estamos solas, por favor tutéame. Y te lo ruego, déjame tomar un café. Un Sólo Café. Uno.-decía poniendo ojitos de cachorro –sino me voy a dormir en la última junta y a ver como explico que tú no me dejas tomar café para mantenerme con los párpados abiertos después de casi no pegar ojo en toda la noche- dijo con tono sugerente dando lugar al doble sentido para disipar la tensión.

-¿Has tenido flashbacks de esos?- preguntó con el entrecejo fruncido de preocupación.

-Ni uno sólo, es la primera vez. Prometido por Bulda- dijo Regina mientras levantaba la mano manteniendo el saludo vulcaniano. Acto seguido se miró la mano con extrañeza y sacudió la cabeza como si no entendiera de dónde había salido aquello.

-¿Bulda? – La rubia estalló en carcajadas -que sepa señorita Mills que sólo por eso que acaba de hacer y decir se acaba de ganar un café, ¡pero uno pequeño! ¡Y sólo uno!- Regina se incorporó del escritorio cogiendo a Emma por las mejillas y robándole un beso rápido que sorprendió a ambas.

La rubia se fue a buscar el café con los nervios a flor de piel "esta mujer acaba conmigo, con mi paciencia, con mis nervios y con mi capacidad de autocontrol… ¡Buf!"

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Saliendo de la oficina coincidieron en el ascensor con varios compañeros, entre ellos Killian, a quien Regina fusilaba con la mirada, además de Ruby con Zelena.

-Señorita Swan, ¿al cero?- preguntó él con una sonrisa salida de anuncio de pasta de dientes con un toque macabro.

-No, nosotras vamos al parking, pero gracias señor Jones.- Mantuvo una sonrisa cordial mientras sintió la mano de Regina deslizarse por su cadera haciéndola contener la respiración.

Todos deseaban salir e irse a tomar algo y el overbooking del ascensor hacía pasar desapercibido el contacto, lo que hizo que Regina aprovechase el momento y se colocase detrás de Emma cuando en la planta siguiente se subieron otros dos compañeros.
Realmente ya no entraba nadie más.

Llegaron a la planta cero, donde todos se bajaron debatiendo sobre a qué bar ir y nadie se dio cuenta de las dos personas que se quedaban allí dentro estáticas. Salvo Ruby, que se giró y cruzó la mirada con ambas instantes antes de que las puertas se cerrasen y una sonrisa perversa vino a su cara.

En cuanto quedaron a solas Emma se giró y enfrentó a la morena, mirándola a los ojos. Dio apenas un paso más y la encajó en la pared.

-¿Qué pretendía, señorita Mills?- su voz ronca y su respiración acelerada la delataron. Regina no se lo pensó dos veces y la besó apasionadamente.
Se dejaron llevar.

Sabían dónde estaban, sabían que en cualquier momento las puertas se abrirían de nuevo, sabían que no podía ser así, ni allí, pero el saber y el deber se van por la puerta cuando el querer y el desear se presentan… Y la cordura las abandonó.

Regina rodeó el cuello de Emma mientras la rubia se perdía en las caderas de la morena. Deslizó una mano por su muslo y alzó su pierna mientras…

De pronto la puerta del ascensor se abrió y ambas se sobresaltaron, aliviadas de que nadie estuviera esperando para entrar. Se miraron azoradas, se recompusieron entre risas y aún con el deseo en sus ojos, queriendo decirse mucho más y disimulando que iban cogidas de la mano fueron hasta el coche donde Graham las esperaba.
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Cuando llegaron a la habitación la morena se sorprendió al encontrar dos pizzas sobre la mesa de la terraza con una botella de sidra de manzana.

-Vamos a dejar el vino de lado por un día- dijo la rubia guiñando un ojo, sabía que la sidra le encantaba a Regina y ésta no dejaba de sorprenderse con las atenciones que recibía.

-¿Alimentos del demonio para cenar, señorita Swan? Tanto privarme del café y del vino para matarme con una pizza llena de grasas y calorías…-

La rubia estalló en carcajadas, dejó el maletín de la morena sobre la mesa y pasó al baño mientras oía a Regina refunfuñar. Al salir seguía riéndose por lo bajo

-Señorita "tengo que mantener la línea", tiene su baño listo, relájese que voy a pedir que nos calienten las pizzas así que sin prisa. Espero te guste la tuya, a pesar de ser un "alimento del demonio" – le dijo guiñándole un ojo mientras salía con las cajas en la mano.

Mientras la rubia se daba una ducha se quedó en la terraza disfrutando de la noche y seguía por momentos repasando todo lo que ocurría en aquellos días. Parecía mentira lo lejos que parecía estar su reincorporación a la oficina y tan sólo hablábamos de una semana.

Vino a su mente el camino de vuelta al coche después de comer y aquella visión que la trastornó. No había vuelto a pensar en ello en toda la tarde y se le aceleró el corazón un segundo.
Seguramente el haber dormido poco y las emociones fuertes de los últimos días la habrían desestabilizado.
Tenía que escribir a Archie…

Cenaron tranquilamente y se acostaron pronto, habían dormido poco la noche anterior y sobretodo Regina necesitaba descansar.
Hacía lo imposible por mantenerse con los ojos abiertos pero los párpados le pesaban.

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Mi corazón latía como loco, sentía mi cuerpo estremecerse y al parpadear estaba allí, sentada sobre mí con sus muslos rodeándome y su vestido apenas cubría su ropa interior, totalmente descolocado. Mis manos recorrían su espalda, disfrutando al sentir como su cuerpo vibraba y dejé que se perdieran en su pelo. Solté el recogido de su melena y su mirada se volvió más salvaje, más intensa.

Mi mano derecha encontró la cremallera de su vestido y la fui bajando lentamente, disfrutando del momento en el que la tela se desprendía de su cuerpo y ella comenzó a moverse sobre mí. Sus brazos rodeaban mi cuello, sujetándose y acercándome, eliminando cualquier distancia entre nosotras.
Sólo quería sentirla.

De la forma más sensual, más sugerente y más erótica que jamás podría imaginar se quitó el vestido, haciéndome contener la respiración y teniendo frente a mí al cuerpo del deseo personificado en ropa interior. Lencería de color negro, sencilla, con pequeños bordados… No podía quitar los ojos de sus movimientos, de su cuerpo, mientras torturaba mi labio inferior con los dientes. Esa mujer acabaría por matarme.

Se acercó a mí y con su rodilla abrió mis piernas quedándose en el centro, deslizando su dedo índice desde mi mejilla hasta mi clavícula dibujando mi mandíbula y mi cuello hasta llegar al borde de mi camisa. Desabrochó los botones lo más lentamente que pudo mientras la rodeaba por la cintura y mis pulgares acariciaban casi imperceptiblemente sus curvas. Comencé a subir por su espalda y topé su sujetador mientras ella sacaba la camisa por mis brazos. La acerqué más a mí y se sentó sobre mis piernas de nuevo, esta vez a horcajadas permitiéndole más libertad de movimiento. Era incapaz de apartar mis ojos de aquella mirada penetrante, sugerente y cargada de deseo.
Pero aquella mirada me decía más.

Rocé el broche de su sujetador y lo abrí con un ligero gesto, deslizando los tirantes mientras acariciaba sus brazos con la yema de mis dedos. El contacto con su piel me quemaba. Deseaba darle y tener todo, pero no quería que aquel momento terminase nunca.

Iba a romper nuestro contacto visual, necesitaba verla. Necesitaba disfrutar de aquel momento que tanto tiempo había deseado, pero antes de poder siquiera parpadear ella me cogió por las mejillas y me besó de forma ardiente. Me costaba respirar, mi corazón latía en cada parte de mi cuerpo, mis oídos no podían diferenciar los sonidos con coherencia hasta que gimió en mi boca al sentir mis manos en sus glúteos acercándola más a mí.

Mi corazón dejó de latir.
O comenzó a latir tan rápido que no se distinguía un latido del siguiente, sólo sé que mis oídos pitaban y acabaría por desmayarme si no me tranquilizaba y cogía aire un momento.

Me levanté con ella, abrazadas, haciendo que sus piernas rodearan mí cintura, y la tumbé en la cama siguiendo sobre ella. Me alejé lo suficiente como para observarla y el aumento del pitido en mis oídos me dijo que no había sido buena idea
"Demasiada adrenalina para el 'body', rubia"…

Cuando abrió los ojos sobresaltada aún era de noche, se quedó observando y vio que seguían en la habitación del hotel. Miró a su lado y vio a la morena durmiendo mientras mantenía su mano cogida con los dedos entrelazados. "un sueño, fue un maldito sueño… ¡Venga ya!"

Intentó volver a dormirse pero la preocupación por Regina, que apenas había pegado ojo en toda la noche, y la perturbación que sentía, se lo impedían.

Mirarla dormir y observar su rostro en paz la hacía sentir bien, pero las imágenes de su sueño se entremezclaban y los ojos del ascensor la perseguían.

Miró el reloj, aún quedaban tres horas para amanecer. No podía salir a correr a esas horas y no se sentía cómoda dejando a la morena sola, así que optó por el plan b.

Como una adolescente hormonada se dio una ducha fría.

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Hola, mi gentecilla.
El capitulín de hoy es corto, pero podríamos decir que... "Intenso"xD.

En el próximo se revelarán incógnitas interesantes. La tensión entre ellas cada vez va siendo más potente y también más candente. jijiji.

Muchas gracias por el mimo y el apoyo a la historia. Sois unos cachinos de pan 3

¡Besinos de chocolate!
·Antrilewis·