Carpetazo

-Señorita Lucas, por favor, haga pasar a la Señora Van Straten-

Tras colgar el interfono tomó varias respiraciones intentando controlar todas las sensaciones que la estaban invadiendo. Era consciente de que la Evil Queen había tomado las riendas pero a diferencia del pasado, ella seguía pilotando la maquinaria.

Aprovecharía el hierro que la cubría como armadura pero se prometió no perder el control en ningún momento. Ahora volvía a tener corazón y no dejaría que la misma persona volviera a arrancárselo del pecho.

Dos pequeños golpes en la puerta la hicieron aterrizar. Se sentó tras su mesa, cruzó las piernas y dejó que el veneno le recorriera las venas de nuevo.

-Adelante-

-Señorita Mills, la señora Van Straten-

Sólo dos palabras salieron de su boca -Que pase.- pero provocaron un estremecimiento en su "cuñada".

Sin llegar a salir por la puerta entró el que siempre había creído el amor de su vida. Obviamente los años habían pasado pero seguía siendo la misma; su largo pelo rubio, sus ojos azules… Estaba prácticamente como la recordaba.
Su forma de cerrar, un tanto brusca, la trajo de nuevo a la realidad.

-Hola, ojazos-

Una sonrisa en los labios de la que tenía delante no hizo que la situación fuera más cómoda. Ni que las formas con las que había impuesto el encuentro fueran menos desagradables.
Tampoco evitó que el abandono que sintió durante años la removiera por dentro.

-Hola, Mal. ¿A qué se debe tu visita?- Su tono cortante y distante incomodó a la otra, quien cambió su actitud.

-Gracias por recibirme- dijo escondiendo sus manos en los bolsillos.

-No es que tuviera mucha opción dadas tus formas-

Seguía sentada tras la mesa, optando por mantenerse dentro de sus murallas y acabar cuanto antes con aquella situación. Volver a ver a Mal no era ni parecido a como lo había imaginado.
Sintió su suelo temblar pero, a diferencia de todas las veces que se había imaginado aquello, no era de emoción.

Se sentía furiosa porque quien la había desgarrado marchándose sin mirar atrás, había decidido volver sin importarle el tiempo que estuvo a la deriva.
Y había escogido el peor momento.
Ahora que al fin el aire volvía a llenarle los pulmones y que no sobrevivía a base de pequeñas bocanadas que le impedían ahogarse.
Ahora que sonreír volvía a estar impreso en sus mejillas y en su corazón.

Porque volvía a tener corazón y no dejaría que aquella, ahora extraña, hiciera nada que le impidiera ser feliz con Emma.
No volvería a romperse.

-Siento mis formas. Ahora que al fin que tengo la posibilidad de tenerte frente a mí de nuevo y hablar contigo, no pensaba perder la oportunidad-

-Mal, he estado en el mismo lugar desde que te fuiste. Yo he sido la que no he tenido oportunidad de hablar contigo, pese a haberte buscado durante mucho tiempo.-

-Todo fue muy precipitado entonces... Mis padres no tuvieron más opción.- comenzó a acercarse y dudando se sentó en la silla de confidente mientras alargaba sus brazos intentando alcanzar las manos de la morena.
Regina las retiró, incómoda e irguiéndose aún más su postura.

-Yo sigo sintiendo lo mismo por ti, Regina-

El corazón de la ejecutiva latía desbocado. Contuvo la respiración y sus ojos se cerraron durante una fracción de segundo.
Apretando los labios y tomándose un momento para recomponerse, se sinceró.

-Mal, me alegra mucho verte. Me reconforta encontrarnos después de tanto tiempo y poder hablar, pero yo no soy la misma. Te aseguro que lo que hay dentro de mí no tiene nada que ver con la que conociste entonces. Empezando por mis sentimientos-

No podía engañarse, la Evil Queen había desaparecido en cuanto la vio entrar por la puerta. Tenía claro lo que sentía por Emma, pero tener delante a la que por tanto tiempo había sido su único amor y todo lo que por ella había pasado hacía que no tuviera claro qué era lo que sentía por Mal.

Pero, a pesar de las dudas, sabía que no la amaba.

-Dame una oportunidad, Regina. Permíteme conocer a la persona que eres ahora y démonos tiempo para poner las cosas en su lugar-

Se estaba alterando, cada vez se acercaba más y la situación se ponía más tensa.

-Mal, no hay oportunidad ni tiempo que barajar. Tengo claro dónde y con quién quiero estar.-

-Comprendo. Hay otra persona. Simplemente me has dejado en el pasado sin pararte a pensar dónde estaba yo o cómo.- Se levantó de la silla y comenzó a dar vueltas mientras se peinaba el pelo con los dedos con gesto nervioso.
-Regina, llevo media vida esperándote…-

-Malvina, deberías tranquilizarte.- comenzaba a enfadarse con el tono de reproche que recibía –Comenzando con que quien se quedó esperando fui yo, tu simplemente te fuiste y no volviste a dar señales de vida. No puedes pretender que tras tanto tiempo simplemente me lance a tus brazos. Si no te importé entonces, ¿Por qué sería diferente ahora?-

-¿No di señales?- levantaba la voz y gesticulaba enfadada -Te envié cientos de cartas y no me respondiste ni a una sola. Escribí una carta cada mes, contándote todo lo que ocurría en mi vida, cuanto te echaba de menos y nunca recibí contestación. Hasta hace apenas un par de años... - se paró frente a la morena y mirándola a los ojos terminó por espetar lo que sabía que si no decía en aquel momento nunca más tendría oportunidad. –Me enteré de que tu madre había muerto e intenté acercarme a ti pero sabía que no me estabas buscando y- agachó la cabeza -el temor me pudo.-

-¿Cartas? Nunca recibí ni una sola carta tuya ¿Crees que si hubiera tenido idea de dónde estabas no hubiera ido a buscarte? Llegué a contratar a una persona para que te localizara, Mal- se levantó de la silla y se acercó a la ventana.

Por su mente pasaron las ideas como rayos, intentando procesar lo que estaba ocurriendo. Ella le había enviado cartas, la había esperado…

Pero nunca fue a buscarla. Mal si sabía dónde estaba ella y nunca regresó.

Tanto tiempo ansiando aquel momento y ahora solo deseaba que terminase pronto.

Mantuvo la vista en el horizonte. Había sufrido mucho con aquella historia de amor, pero no quería hacer sufrir a Mal. No podía mirarla a los ojos y decirle que no había intentos ni futuros que planear. Su único futuro era con su rubia, y no era la que sentía en su espalda sino quien la esperaba tomando un chocolate con nata y canela, y seguramente mordiéndose las uñas de forma distraída fuera de aquella sala. Se le escapó una leve sonrisa.

Sintió unos brazos rodeándola y se tensó. Delicadamente se deshizo del contacto

-No, no puedo.- Alejándose trató de buscar las palabras más delicadas que encontró. –Te he querido mucho. Durante muchísimos años creí que eras el amor de mi vida. La única mujer que podría hacerme feliz. Llegué a vaciarme en tristeza pensando que no volvería a verte, Mal.
Sigo sintiendo un enorme cariño y te quiero, pero no como tú quieres o esperas.-
No supo descifrar la mirada que tenía en frente. Era totalmente inexpresiva. –Lo siento-

Mal se dio la vuelta y sin despedirse siquiera, se fue cerrando la puerta tras de sí.

Regina se quedó mirando el picaporte, con la mente vacía sin saber en qué pensar o cómo reaccionar. Dentro sentía un torbellino de emociones y acabó por sentarse en una silla, mirando sus piernas temblar.

Acababa de dar carpetazo a lo que durante toda su vida había sido lo más importante. Y con un suspiro desató el nudo que llevaba alojado en su garganta desde que la vio aparecer, rompiendo a llorar.

Mi gentecilla,

Aún queda algún que otro bachecito para nuestra Queen, no me matéis...

¿Creéis que la visita de Mal acabará por hacer que se replantee lo que siente por nuestra rubia?

Hablando de Emma ¿Creéis que le quedarán uñas para cuando la conversación entre éstas dos termine? xD
Se aceptan apuestas.

Espero que os guste el capítulo.

¡Gracias por seguir apoyando la historia! 3

Besinos de chocolate,

·Antrilewis·