Sorpresa

La vio salir de forma apresurada y se acercó con temor a lo que pudiera encontrarse. Picó a la puerta y a pesar del silencio en el otro lado decidió entrar.

Según cruzó el umbral se acercó y la abrazó. Lloraba con la vista perdida y a Emma se le rompió el corazón al verla así.

-Regina, ¿Te ha hecho algo? ¿Te hizo daño?-

Solamente contestó negando con la cabeza y se aferró más al abrazo, calmándose poco a poco con el paso de los minutos.

-¿Quieres hablar de ello? ¿Prefieres que llame a Zelena?-

-No, se me pasará. Ahora sólo quiero estar sola-

Y tras darle un beso en la frente a la rubia salió de la sala de reuniones con su careta habitual recompuesta, mostrando un rostro inexpresivo. Al menos lo era para cualquiera que no la conociera, pero Emma veía el dolor y la tristeza en sus ojos.

En ese momento muchas cosas pasaron por su mente, pero dejando de lado los miedos sobre el futuro se centró en lo verdaderamente importante.
Fue al encuentro de Zelena y le contó que su hermana había salido porque quería estar sola y le pidió que velara por ella. Temía por su salud.

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Se pasó la tarde intentando trabajar, sin lograr avanzar pensando en cómo estaría Regina. El mensaje que Ruby le transmitió de parte de Zelena haciéndole saber que estaban juntas debía de tranquilizarla, pero su mente seguía siendo un ciclón.
Un pensamiento se había estancado en su frente y no conseguía apartarlo.
"¿Y si Regina se planteaba volver con Mal? ¿Y si ella seguía queriéndola?"

De su mente no salía la confesión que le había hecho la noche que jugaron a las preguntas. Claramente no era un tema superado y ella era la que sobraba.

Llegó la hora de volver al hotel y sobre su cabeza pesaba el nubarrón que la acompañaba, hasta que vio aparecer a su jefa, bastante más tranquila y sonriendo en cuanto la vio.

Camino al hotel no habían cruzado una sola palabra. La morena se mostraba retraída aunque no había cambiado la dinámica a la que se habían acostumbrado, seguían buscando recortar la distancia entre ambas cada vez que se sentaban en el asiento trasero del coche. Emma pretendió respetar el espacio que Regina parecía necesitar pero ésta no dio lugar a más dudas cuando la cogió de la mano manteniendo su vista distraída por la ventanilla, mirando a ningún lado.

Subían en el ascensor hacia su habitación cuando la morena rompió el silencio

-Había preparado una sorpresa para esta noche-

Emma reacciona con una divertida cara de interrogación y eso relaja a Regina, haciéndola reír.

-No me mires así. No es gran cosa pero, reservé mesa en el RestauranteCarabajio-

-¿En el Carabajio? Pero… ¿Cómo hiciste para conseguir mesa?-

La morena se echó a reír por la cara de asombro que veía y se encogió de hombros.

-Sé que ha sido un día extraño, pero… ¿te apetecería ir?-

Emma no se lo pensó dos veces, y sonriendo como una quinceañera asintió con la cabeza –Por supuesto, no me lo perdería por nada del mundo-

Las dudas permanecían pero pasara lo que pasase, disfrutaría de su morena el tiempo que fuera y no la dejaría sola ante el nubarrón que ella también tuviera en la cabeza.

Emma estaba en la terraza mensajeándose con Lily mientras esperaba que la morena terminase de componerse.

-"Está a punto de salir y no me pueden temblar más las piernas… Me temo que la cena sea para decirme que quiere volver a intentarlo con su ex, Lily. ¡Me voy a morir!"-

-"Vaaamos a ver, ¿puedes relajarte? ¿De verdad crees que te llevaría a SEMEJANTE RESTAURANTE para decirte algo así? ¡Relájate y disfruta! Y el disfruta te lo pongo en negrita y cursiva si hace falta."-

Emma se quedó en silencio, analizando las palabras de su amiga "¿será cierto?"

-"Rubia, ¡aterriza!"-

-"Lily, no voy a hacerte caso, lo siento. No puedo. No quiero hacerme ilusiones y llevarme otro bofetón"-

-"Eres la persona más cabezota que conozco"-

-"Pues te doy una pista, mírate al espejo jajajaja"- Por un momento ninguna de las dos escribió. El intento de tomárselo con humor no era tan fructífero como pretendía. –"Dragoncilla, si pensaba aprender algún día que soñar tiene un alto precio ya iba siendo hora…"-

Recibió un audio y se acercó el teléfono a la oreja para reproducirlo. No se fiaba ni un poquito de su amiga.

-Emma, date la oportunidad de ser feliz. Hazlo por mí, que quiero ir de boda y sabes que lo del anillo no es lo mío.-

Le dio la risa, sólo ella conseguiría sacarle una sonrisa en semejante momento.

Le envió el icono de un beso y un corazón como despedida y se guardó el teléfono en el bolso. Adoraba el vestido que se había puesto pero lo de no tener bolsillos nunca acababa por llevarlo bien del todo. Era rojo con escote a la caja, cuerpo ablusado y ceñido a la cintura. Con la falda suelta, de largo Chanel y asimétrico. Las mangas con estilo japonés le llegaban hasta el codo igualando el corte irregular del bajo del vestido.
Rompiendo con toda costumbre se había puesto unos zapatos de salón, los únicos con tacón alto que llevaba en la maleta, de color beige a juego con la pequeña cartera de mano que acabaría por llevarse alguna maldición aquella noche.

Cuando se giró, bolso en mano, con intención de dejarlo sobre la mesita la vio salir del baño y se quedó estática, sin ser capaz de apartar los ojos de ella. Aún no había acabado de vestirse y llevaba los zapatos en la mano, pero estaba preciosa. Llevaba una blusa escote barco, de seda, en color gris perla, con las mangas en vuelo recogido en la muñeca, formando volante en la bocamanga. Hacía una discreta transparencia sobre un body negro palabra de honor. Acompañaba de un pantalón de terciopelo negro, recto y estrecho en el tobillo y remataba en la cintura con un fajín de tafilete negro y sujeto con lazada.

Cuando reparó en la mirada de Regina, se dio cuenta de que la miraba con el mismo detenimiento que ella le había dedicado. Se quedaron fijas, la una en los ojos de la otra y se creó un momento. Uno de esos instantes que los grandes poetas definirían con hermosas palabras.
Contarían en versos cómo el silencio habló más de lo que sílabas encadenadas dirían, si encontrasen vocablos que definieran quienes eran en aquella habitación. En aquella mirada. Gritando desde los ojos de la otra lo que soñaban y querían. Que se amaban.

En medio de esa vorágine de emociones, viendo como la morena se mordía el labio sutilmente Emma sintió como le sobrevenía un estornudo que rompió toda la magia.

Tras el ataque de risa que les dio la rubia no pudo evitarlo e intentó poner en palabras lo hermosa que la veía.

-Regina, estas… Preciosa…-

Regina no pudo evitar sonreír, ruborizada.

-Y aunque parezca mentira, esa sonrisa es lo que mejor te queda-

Y tras haber terminado de vestirse y calzarse, salieron de la habitación camino del restaurante.

Estando en el ascensor fue la morena la que retomó la palabra rompiendo el silencio

-Estás deslumbrantemente bonita. Voy a ser la envidia de la noche-

Emma escondió la mirada avergonzada y sintió como la cogía de la mano.
Una vez subidas en el coche el ambiente extraño se había normalizado.

El restaurante era acogedor, sonaba música de fondo y ambas se sentían cómodas. Todo rastro de la tarde parecía haberse evaporado.

El Maître las guio hasta su mesa, en un reservado situado en una terraza de ambiente íntimo. La vista era espectacular. Varias fuentes y jardines se ocultaban tras una extensa arboleda que llevaba hasta el horizonte perdiéndose en el mar.
Decidieron decantarse por los platos típicos y eligieron un Potaje de Hinojo de primero, Emma se pidió un Plato Alpujarreño como buena valiente, mientras que Regina prefirió un Remojón Granaíno. Cada una en su línea… Para tomar un Garnata, crianza selección del 2012.

Comieron y bebieron entre anécdotas, conversaciones sobre los gustos de la una y de la otra, mencionaron los libros; sus autores favoritos, música…
Podría resultar evidente que de forma meticulosa evitaban todo lo relativo a Mal pero eso no convirtió la noche en un mar de silencios ni en conversaciones banales.

Llegado el momento de los postres les ofrecieron la especialidad de la casa Helado de Pionono. Mientras lo degustaban se les acercó un muchacho con una guitarra ofreciéndoles tocar la canción que ellas pidieran.

Por un instante las dudas volvieron a la mente de la rubia, pero tras ahuyentarlas, se quedó mirando a Regina y tuvo claro qué canción quería elegir. Le preguntó al chico si la conocía y aunque fuera otra versión, ella le indicó y juntos se amoldaron. Regina estaba expectante cuando al escuchar los primeros acordes su curiosidad siguió en aumento porque pese a que le sonaba no lograba identificarla.

"Querría sujetarte las mañanas
hacer malabarismos con tu voz y con mi voz…"

Emma cantaba con delicadeza, se sentía totalmente eclipsada. Por un momento le vino una imagen de cuando ella comenzó a cantar estando abrazadas y sintió un calor en el pecho.
Aquella mujer que tenía delante se había presentado en su vida para recomponerla, sin tener en cuenta su decisión había tomado por cruzada hacerla feliz y se lo proponía en cada paso que daba.

"…querría abrirte todas las ventanas
pa' que nos diese la brisa del mar en el colchón
querría festejar tus alegrías
sufrir tus melancolías
y besarte en el corazón…"

Con aquella canción le declaraba sin medias tintas qué quería. Y la quería a ella.

"…querría guardar esta melodía y
escribirte una canción con todo lo que querría…."

Regina siguió disfrutando de la canción, emocionada. Emma se había acercado a ella y la cogía de la mano mientras cantaba.
Estaba viviendo uno de esos momentos que siempre consideró absurdos y ridículos. Totalmente innecesarios. Una forma de que las parejas expusieran a la galería un "miradnos, nos queremos".
Ella, que siempre había considerado las películas románticas un subgénero del humor. Ambos igual de innecesarios.

Allí estaba, con los ojos empañados en lágrimas y un nudo en la garganta. La sonrisa no podía ser más amplia y Bulda estaba de nuevo al acecho. Si el corazón le latía más rápido acabaría por electrocutarla.

Cuando acabó la canción se seguían mirando a los ojos. No se arrepentía de haberlo hecho pero era consciente de que aquello significaba que estaba totalmente expuesta ante Regina aún sin saber qué le rondaba la cabeza tras su encuentro con Mal. El guitarrista se había ido y ella iba a sentarse en su sitio cuando sintió a la morena tirar de su mano y atraerla hacia ella.

-¿Dónde se cree que va, Señorita Swan?-

Emma sonrió y se ruborizó, pero haciendo gala de su humor actuó como si nada

-Yo iba a sentarme, a acabar mi postre, ¿Por qué? ¿Necesitaba algo, jefa?-

-A ti-

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Música

Pasión Vega (2017) Querría
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Mi gentecilla :)

Espero que os guste el capítulo, contadme que os parece :D

Confieso que estoy enamorada de la escena en la que se quedan eclipsadas mirándose la una a la otra, en mi mente es mágico. Ese párrafo me dio un subidón en el momento que lo escribí. Se lo pasé a una amiga y le dije "creo que es lo mejor que he escrito en mi vida". Lo leí y releí tantas veces que si llega a ser en papel lo gasto. Hasta el punto de que no sabía cómo salir de ella, luego medité: "Pero bueno, ¡Emma la lía y listo" xD.

(Ahora lo leo y pienso: "pues bah")

Me sorprendo en que tonterías me engancho al bucle a veces...

Gracias por seguir leyendo y apoyando la historia... Me tenéis el corazón robao' 3

¡Besinos de chocolate, guapuras!

·Antrilewis·